No puedes cambiar tu mundo si no cambias tú

Cientos de historias nos cuentan que todo empieza cuando ya no puedes más, que la decisión de cambiar de rumbo llega precedida de un tiempo de angustia, estrés y vacío personal. Es entonces cuando llegan las preguntas: ¿Para qué hago todo esto? ¿No hay más opciones para mí? ¿Cuándo perdí el control de mi vida? ¿Vale la pena seguir así?

Si ya te has hecho las preguntas, antes o después tendrás claro que no, que no vale la pena continuar, que no tiene sentido lo que llevas haciendo desde que decidiste que una cosa era lo que a ti te gustaba… y otra muy distinta era lo que el mercado ofrecía, lo que otras personas esperaban de ti o incluso lo que te contaban sobre ser realista.

Es entonces cuando empieza el miedo, el vértigo, la ansiedad y nuevamente el miedo.

Porque desde que eras pequeño has oído decir que más allá de la autopista no hay nada, que más vale ser cola de león que cabeza de ratón. Quizás en estos últimos tiempos has empezado a sospechar que hay mucho de engaño en esa visión única y hasta es posible que hayas adivinado alguna luz tenue en esas tierras oscuras que se supone que hay más allá de la seguridad que siempre has conocido. Pero tienta tanto sentirse arropado por las rutinas…

Sin embargo, realmente ya no puedes más y saltas al vacío. Dejas lo que siempre has conocido – y probablemente odiado en secreto – y te lanzas… o tal vez simplemente te han empujado sin tú esperarlo porque ya no sientes el falso entusiasmo, ya no te crees los falsos titulares ni aceptas que todos somos iguales.

Y ahora has de volver a empezar… o tal vez empezar simplemente.

Si es así, si este es el momento, hay dos cosas que deberías saber:

  1. Si esperas tener lo mismo que antes (dinero, estabilidad, seguridad), olvídalo, date la vuelta si todavía puedes y vuelve a meterte en la autopista aunque sea con el coche más viejo y haciendo cola detrás de los que van más rápido.
  2. Jamás disfrutarás tanto de la vida como cuando la sientes tuya realmente. No importa lo que hagas, no importa si lo consigues o no… pero has cambiado.

Ahora eres realmente tú y el mundo es ya un lugar diferente.


El email más corto del mundo

Hace muchos años empecé a trabajar en una empresa nueva con gran ilusión. Yo debía dar servicio a muchos clientes a través del correo electrónico y es bien sabido que los emails los carga el diablo… De eso quería hablaros.

Se daba la circunstancia de que entre mis clientes había muchos latinoamericanos y empezaron a llegarme correos largos, muy largos, algunos no acababan de entrar en la bandeja de entrada de tan laaaaaaaargos que eran. Y yo allí esperando a que se descargasen.

De hecho, creo que un día recibí el email más largo que jamas se haya escrito. Fijaros que ahora me arrepiento de no haberlo guardado. Y lo peor de todo, es que venía sin petición, pero bueno, eso ya os lo contaré otro día.

Yo no entendía nada. Me preguntaba por qué me escribían emails taaaaaaan laaaaaargos: ¿que no sabían que yo tenía muchos clientes a los que atender?, ¿qué pensaban cuando se ponían a escribir, que solo los tenía a ellos?, ¿que no veían que me quitaban tiempo para atenderlos a todos como es debido?

Yo elucubraba y no entendía. Y es normal, porque si no escuchas, si no dejas de pensar tú, si no paras ese run-run, no hay forma de comprender.

Fuera del trabajo, cuando estaba con mis amigos siempre les comentaba que me llegaban correos que, para una petición sencilla, me daban antecedentes familiares de hasta tres generaciones atrás, que me parecía que vivía en Cien años de soledad.

No podía con aquello. Así que un día decidí que cuanto más largo fuera el email recibido, más escueta sería la respuesta enviada. Y acabé por escribir alguna vez algo como lo que sigue:

Hola Ana.

Sí.

Saludos.

David

Lo más corto que pude sin perder las formas y manteniendo la cortesía: el email más corto del mundo. Y sabía perfectamente que el mensaje que enviaba no sería bien recibido pero, ¿acaso no me faltaban ellos al respeto con esos emails tan largos y tan bien educados? Lo que yo quería era dar una lección y eso siempre nos hace ser desagradables, no veía que el que tenia que atender y aprender era yo.

No recuerdo cómo fue pero, con el tiempo, me fui acostumbrando. Supongo que uno no puede enfadarse todos los días. Acabé entendiendo que era su forma de expresarse, que no me querían ningún mal y que en sus países, eso era ser educado.

También aprendí técnicas como la lectura en diagonal, el releer cuando es necesario y el ir directo al último párrafo, que es donde normalmente está la petición.

Y acabé incluyendo frases de cortesía antes y después de la frase en la que explicaba la solución del problema.

Y todavía aprendí más, y es que si no puedes cambiar al otro, lo mejor es que te adaptes tú.


Conciencia Cuántica

La crisis actual nos muestra una clara necesidad de transformación de la realidad y la conciencia. Se nos ha derrumbado un mundo que ya no sirve, que pone el dinero y lo material delante de la persona y la vida.

En los últimos cien años la física cuántica y otras áreas de la ciencia y del saber nos han estado mostrando que el mundo no es como pensábamos. No está hecho de objetos sino de relaciones. Se entiende mejor con el lenguaje de la imaginación, la creatividad y el corazón que con el de las leyes, fórmulas y conceptos: Una nueva realidad está naciendo y vivimos entre dos mundos, entre dos realidades.

Lo poco que sé sobre el tema, que me parece muy interesante, lo he entendido gracias al libro de Jordi Pigem (2013): La nueva realidad. Del economicismo a la conciencia cuántica. Barcelona, Kairós.

En el libro, Jordi analiza las contradicciones de nuestra economía como caso clínico de lo obsoleto, para llevarnos a la nueva realidad que revela la neurociencia y la física. Que no es otra que la que se practicaba hace miles de años en culturas más sabias, que debería guiarnos hacia una sociedad más justa (yo diría equilibrada) y una vida más plena.

Jordi nos describe en su libro un mundo por llegar en el que veríamos:

«la prosa al servicio de la poesía,
»la razón al servicio de la intuición,
»lo material al servicio de lo personal,
»lo analítico al servicio de lo holístico,
»lo metódico al servicio de lo espontáneo,
»lo cuantitativo al servicio de lo cualitativo,
»la información al servicio de la imaginación,
»lo calculable al servicio de lo creativo,
»lo tangible al servicio de lo intangible,
»lo mecánico al servicio de lo vital,
»el poder al servicio del amor,
»el tener al servicio del ser.»

Me pido el billete de Ida a ese mundo. ¿Te consigo también el tuyo?


La Formiga i la Cigala

Coneixeu una adaptació anònima de la Faula de la Formiga i la Cigala?

Hi havia una vegada una formigueta i una cigala que eren molt amigues.

Durant tot l’estiu i la tardor la formigueta va treballar sense parar, emmagatzemant menjar per a l’hivern. No va aprofitar el sol, ni la brisa suau del final de les tardes, ni les xerrades amb els amics prenent una copeta, després d’un dia de feina.

Mentrestant, la cigala només feia que cantar amb els amics per tots bars de la ciutat. No es va deixar perdre ni un minut tan sols. Va cantar durant tot l’estiu i tota la tardor, va ballar, va aprofitar el sol i va gaudir molt sense pensar ni preocupar-se del mal temps que havia d’arribar.

Passats uns dies va començar el fred de l’hivern. La formigueta, exhausta de tant treballar, es va ficar en el seu pobre cau que era ple fins al sostre de menjar.

Una tarda, algú va trucar a la porta cridant-la pel seu nom des de fora i quan va obrir la porta va tenir una gran sorpresa. Era la seva amiga la Cigala que anava dins d’un Audi i que portava un valuós abric i anava plena de joies.

La cigala li va dir:

Hola amiga, me’n vaig a passar l’hivern a París. Podries cuidar de casa meva?

La formiga li va respondre:

I tant amiga, sense problemes. Però què ha passat? On has aconseguit els diners per anar a París, per comprar aquest cotxe, aquest abric tan bonic i aquestes joies tan maques?

I la Cigala li va respondre:

Imagina’t que estava jo cantant en un bar la setmana passada, quan un productor de musicals se’m va acostar i em va dir que li agradava molt la meva veu. He signat un contracte per participar en un Show de Música a París.

– Per cert, necessites res de París? – va dir-li la Cigala.

Oh si, i tant, va dir la formigueta. Si et trobes a La Fontaine (autor de la faula original) engega’l a pastar fang de part meva!!!

El meu aprenentatge de la faula: Treballem, però gaudim de la vida, només en tenim una i és meravellosa. Si no trobes allò o aquells qui busques no et desanimis, potser no estàs buscant allò que de veritat desitges. Així que deixa’t anar i sigues feliç.

Mi Elemento

El Elemento, un excelente libro escrito por Sir Ken Robbinson, explica que necesitamos ser quien realmente somos y darnos la oportunidad de desarrollar nuestra pasión sin miedo, sintiendo la emoción de crear.

Según Robinson, el Elemento es ese espacio secreto donde convergen las cosas que nos apasiona hacer con las cosas que se nos da especialmente bien hacer. El elemento tiene dos características y dos condiciones. La capacidad y la vocación son las características, y la actitud y la oportunidad las condiciones. Tenemos unas características que nos definen y unas condiciones que hay que potenciar.

Para llevar a la práctica y conseguir encontrar ese espacio, existe una secuencia que nos lo permite conseguir:  lo Entiendo; me Encanta; lo Quiero y ¿Dónde está?

  • Lo entiendo es la capacidad. La facilidad para hacer una cosa, la percepción intuitiva o comprensión de qué es esa cosa, cómo funciona y cómo se utiliza. Es el hecho de encontrar y desarrollar nuestras fuerzas creativas y llegar a ser quien realmente somos.
  • Me encanta es la vocación. No es solo un tema de capacidad natura. Para estar en el Elemento necesitamos apasionarnos, encontrar placer en lo que hacemos y decir “me encanta, no puedo imaginarme haciendo otra cosa diferente”.
  • Lo quiero es la actitud. La perspectiva personal que tenemos de nosotros mismos y de nuestras circunstancias, en ángulo desde donde miramos las cosas, nuestra disposición. Es el punto de vista emocional. El éxito obtenido (o que queremos obtener, o que vamos a obtener como resultado) comparte actitudes como la perseverancia, la confianza en uno mismo, el optimismo, la ambición y el entusiasmo.
  • ¿Dónde está? es la oportunidad. Si no se dan las oportunidades necesarias es posible que nunca conozcamos nuestras aptitudes y hasta dónde nos pueden llevar. Todo depende de las oportunidades que se nos presenten, de las que seamos capaces de crear y de si sabremos aprovecharlas.

De igual forma que es imprescindible y recomendable encontrar nuestro elemento, ese espacio donde de verdad seremos nosotros mismos, es necesario que nuestro proyecto, nuestra idea innovadora o nuestra empresa encuentre su Elemento. ¿Cómo? Pues creo que nos puede servir el mismo ejemplo: atendiendo a las capacidades, descubriendo la pasión, disponiendo la actitud de acción y creando o aprovechando las oportunidades.

Pensemos en la siguiente pregunta ¿si pudiéramos hacer aquello que de verdad deseamos hacer, qué nos gustaría estar haciendo? Esa es la pregunta que cualquier persona debería saber responder.

Cuando estás en tu Elemento es cuando realmente eres consciente de aquello que te apasiona y te llena de energía. Donde eres, más que en ningún otro lugar, tú mismo. Por ello cuando estás ahí tienes más capacidad de decisión, de acción y de conexión con el resto del mundo.

El concepto de “Elemento” además es amplio y cada persona debe encontrar su propia definición para experimentarlo en libertad y desde la autenticidad. Porque nada ni nadie tiene derecho a decirte qué y qué no puedes ser o hacer.

Finalmente, si descubrimos nuestro Elemento y animamos a otros a que encuentre el suyo, las oportunidades para el crecimiento personal y colectivo serán infinitas. Por si os ayuda, yo encontré el mío 😉

¿Te atreves a descubrir el tuyo?


 

Paràbola de l’Àliga

Hi havia una vegada un home que, mentre caminava pel bosc es va trobar un aguilot. Se’l va emportar a casa seva i el va posar al seu corral, on aviat va aprendre a menjar el mateix menjar que els pollastres i a comportar-se com ells.

Un bon dia, un naturalista que passava per allà, li va preguntar a l’home per quina raó una àliga, la reina de les aus i els ocells, havia d’estar tancada al corral amb els pollastres.

– Com que li he donat el mateix menjar que als pollastres i l’he ensenyat com un d’ells, mai ha après a volar -respongué el senyor-. Es comporta com els pollastres i per tant no és una àliga.

– Però… -va insistir el naturalista- té el cor d’àliga i amb tota seguretat se la pot ensenyar a volar.

Després de molt discutir, els dos homes van convenir en esbrinar si era possible que l’àliga volés. El naturalista la va agafar i posar als seus braços i suaument li va dir:

– Tu pertanys al cel i no a la terra, obre les teves ales i vola.

Però l’àliga estava confusa, no sabia què era volar i quan va veure els pollastres menjar, va saltar i es va reunir de nou amb ells.

Sense desanimar-se, al dia següent, el naturalista va portar l’àliga a la teulada de la casa i la va animar tot dient-li:

– Ets una àliga, obre les teves ales i vola. Tu pertanys al cel i no a la terra.

Però l’àliga tenia molta por al món desconegut i va saltar novament a buscar menjar com els pollastres.

El tercer dia, el naturalista es va llevar de matinada, va treure l’àliga del corral i la va dur a la muntanya. Un cop allà, va alçar la reina de les aus i la va animar tot dient-li:

– Ets una àliga i pertanys tant al cel com a la terra. Ara, obres les ales i vola.

L’àliga va mirar al voltant, cap al corral i cap al cel. Però va seguir sense volar.

Llavors el naturalista la va aixecar cap al sol, l’àliga va començar a tremolar i va obrir lentament les ales i, finalment, amb un crit triomfant, va volar allunyant-se cap al cel.

És possible que l’àliga recordi encara els pollastres amb nostàlgia, fins i tot és possible que de tant en tant torni a visitar el corral.

Però, que ningú sàpiga, l’àliga no ha tornat mai a viure una vida de pollastre. Sempre va ser àliga, malgrat que fos domesticada com un pollastre.

Aquesta paràbola em fa pensar que potser els humans quan no érem humans érem àligues. Connectats a la saviesa d’allà on venim, vivint en comunió amb tots els altres éssers vius que hi havia al planeta i l’univers.

Quan vam començar a ser homes, potser ens vam desconnectar d’allò que érem i d’on veníem. Des de llavors potser vivim com pollastres sense saber que som àligues. I esperem que arribi algun naturalista, o milions d’ells, i ens diguin que hem de volar. Que estenguem les ales. Però les nostres pors ens fan seguir al corral.

Passi el que passi, no mirem enrere, mantinguem-nos ferms i anem sempre endavant. Som àligues i podem de volar.