Juntar Palabras

Leo en mi muro de Facebook todo tipo de chorradas cargadas de ese tono cursi con el que algunos tratan de encarar la vida. Acostumbran a disfrazarse de pensamientos profundos, pero no tienen nada de eso, sólo son series de palabras que, bien combinadas, nos hacen creer que el mundo no es como es, que la vida nos sonríe, que somos amados o que hoy nos espera una emocionante aventura al salir de casa.

Palabras.

Vivimos un tiempo en el que las palabras se prostituyen por culpa de quienes han descubierto su potencia y su valor como elemento para cambiar la realidad. También por culpa de todos aquellos que aceptan los mensajes como camino para no tener que recurrir al pensamiento.

Palabras vacías.

Nos hartamos de leer en los periódicos aquello que nos dicen que pasa cuando, a poco que tengamos un sentido crítico de la existencia, veremos que no son más que mentiras. Las aceptamos porque nos permiten sentirnos ajenos a lo que pasa y así poder centrarnos en lo nuestro, ya sea el futbol, el trabajo, el dinero, las pequeñas recompensas que nos damos o esa tecnología que nos deslumbra y nos esclaviza.

Palabras falsas.

Combinar los conceptos, dotarlos de sentido metafórico, hacerlos bellos y sutiles, dibujar un mundo de felicidad… nos tranquiliza y nos ayuda en el arte del autoengaño. Por eso corremos a compartirlo con todo el mundo, para hacernos ver a los demás qué privilegiada visión del mundo nos perdemos sino comulgamos con el mundo del “soma”.

Palabras que consuelan.

La manipulación de la realidad empezó cuando alguien utilizó una palabra para definir un concepto que era su contrario y así seguimos, refinando la técnica para enseñar un mundo que no existe, en el que nos permitimos ignorar el sufrimiento ajeno o incluso justificarlo con palabras que no dicen lo que deberían decir. Es entonces cuando nos convertimos en cómplices de lo que sucede, aunque nos escondamos tras nuestras propias palabras

Palabras que dañan.

Vivimos en ese Candy Crush absurdo en el que cualquiera se atreve a juntar palabras de un mismo color para vencer la reflexión, el espíritu crítico, el análisis, la rebelión y así nos convertimos en lemas. Aceptamos lo que nos dicen porque una palabra convertida en bandera es fácil de seguir y nos ahorra tiempo y esfuerzo.

Palabras que nos convierten en contenedores.

Es así como avanzamos, juntando palabras que nos guían hacía un lugar en el que, cuando lleguemos, no habrá nada más que un gran muro de palabras. Será entonces cuando aprendamos de golpe todo aquello que olvidamos.


 

El picador de piedra y amarse a uno mismo

Dice la leyenda que un humilde picador de piedra vivía resignado en su pobreza, aunque siempre anhelaba con deseo convertirse en un hombre rico y poderoso. Un buen día expresó en voz alta su deseo y cuál fue su sorpresa cuando vio que éste se había hecho realidad: se había convertido en un rico mercader.

Esto le hizo muy feliz hasta el día que conoció a un hombre aún más rico y poderoso que él. Entonces pidió de nuevo ser así y su deseo le fue también concedido. Al poco tiempo se dio cuenta que, por su condición, se había creado muchos enemigos y sintió miedo.

Cuando vio como un feroz samurai resolvía las divergencias con sus enemigos, pensó que el manejo magistral de un arte de combate le garantizaría la paz y la indestructibilidad. Así que quiso convertirse en un respetado samurai y así fue.

Sin embargo, a pesar de ser un temido guerrero, sus enemigos habían aumentado en número y peligrosidad. Un día se sorprendió mirando al sol desde la seguridad de la ventana de su casa y pensó: “él sí es superior, ya que nadie puede hacerle daño y siempre está por encima de todas las cosas. Quiero ser el sol!”

Cuando logró su propósito, tuvo la mala suerte que una nube se interpuso en su camino entorpeciendo su visión y pensó que la nube era realmente poderosa y que era así como realmente le gustaría ser.

Así, se convirtió en nube, pero al ver como el viento la arrastraba con su fuerza, la desilusión fue insoportable. Entonces decidió que quería ser viento. Cuando fue viento, observó que aunque soplaba con gran fuerza a una roca, ésta no se movía y pensó: ella sí que es realmente fuerte: quiero ser una roca! Al convertirse en roca se sintió invencible porque creía que no existía nada más fuerte que él en todo el universo.

Pero cuál fue su sorpresa al ver que apareció un picador de piedra que cortaba la roca y empezaba a darle la forma que quería pese a su contraria voluntad. Esto le hizo reflexionar y le llevó a pensar que, en definitiva, su condición inicial no era tan mala y que deseaba de nuevo volver a ser el picador de piedra que era al principio.

Hay momentos en la vida que necesitamos detenernos para ver quién somos y quién queremos ser. Hay días que necesitamos mirar hacia dentro para volver a amar lo que vemos. Hay veces que necesitamos ponernos otras gafas para mirar desde una nueva perspectiva lo que nos gusta de nosotros mismos. Hay instantes en que necesitamos mirarnos con ojos enamorados a nosotros mismos, a pesar de las imperfecciones.

Estos momentos nos ayudan a hacer balance, a hacer un plan para aumentar nuestro capital humano. Y sólo podemos hacerlo cuando somos capaces de amar quien somos.

En eso estoy… ¿te apuntas? 😉


 

 

Queda prohibido

Muy buenos días y feliz retorno a la normalidad de septiembre. Volvemos, después de unas merecidas y fantásticas vacaciones.

Y lo hacemos con el siguiente poema de Pablo Neruda:

Queda Prohibido

Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarte un día sin saber qué hacer,
tener miedo a tus recuerdos

Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quieres,
abandonarlo todo por miedo,
no convertir en realidad tus sueños.

Queda prohibido no demostrar tu amor,
hacer que alguien pague tus dudas y mal humor.

Queda prohibido dejar a tus amigos,
no intentar comprender lo que vivieron juntos,
llamarles sólo cuando los necesitas.

Queda prohibido no ser tú ante la gente,
fingir ante las personas que no te importan,
hacerte el gracioso con tal de que te recuerden,
olvidar a toda la gente que te quiere.

Queda prohibido no hacer las cosas por ti mismo,
no creer en Dios y hacer tu destino,
tener miedo a la vida y a sus compromisos,
no vivir cada día como si fuera un último suspiro.

Queda prohibido echar a alguien de menos sin alegrarte,
olvidar sus ojos, su risa, todo,
porque sus caminos han dejado de abrazarse,
olvidar su pasado y pagarlo con su presente.

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen más que la tuya,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha.

Queda prohibido no crear tu historia,
dejar de dar las gracias a Dios por tu vida,
no tener un momento para la gente que te necesita,
no comprender que lo que la vida te da,
también te lo quita.

Queda prohibido no buscar tu felicidad,
no vivir tu vida con una actitud positiva,
no pensar en que podemos ser mejores,
no sentir que sin ti este mundo no sería igual.

Y queda prohibido prohibir lo prohibido. Feliz retorno y un placer volver con todos vosotros  😉