La importancia de lo importante

Hoy me he puesto a escribir y las letras se han juntado solas;

han formado “te echo de menos” por sí mismas, cobrando vida

como adelantándose a mis pensamientos,

como dejando claro lo importante del momento.

Lo importante de la vida es que lo importante sea lo importante

y nada más importante que aquello que te saca una sonrisa,

que te da la mano al borde de la cama para que te levantes y vivas,

aquello con lo que sueñas cuando estás solo durmiendo en lugares extraños.

No se muy bien donde quiero estar, pero quiero que sigas estando tu,

quiero que me mires de nuevo a los ojos y me hables en silencio

que tus manos despierten mi piel con su roce,

que tus brazos rodeen mi cuello de nuevo, acercándome a tu boca

Se que a veces la distancia se interpone, el tiempo nos separa

pero cuando esto ocurre, lo mejor es pensar en lo importante de nuevo,

en que los momentos de felicidad están nuestras manos,

que solo depende de nosotros el multiplicarlos

Liberar la mente, olvidar el pasado, ignorar el futuro, acariciar el momento,

pensar que cada segundo que pasa ya forma parte de tu historia

y que cada instante sea único, sea infinito, sea mágico,

y que lograr que lo importante…sea lo importante.

Tú eres lo importante.

Álvaro Alcántara


 

Imagina un lugar…

Imagina un lugar donde de un salto despegas y aterrizas al bonito punto de una nueva historia.

Imagina un lugar donde el agua es sólida, la luz es líquida, el cielo un río congelado que fluye bajo tus pies.

Imagina un lugar donde tu mente se abre sin límites, más allá de las paredes que te rodean.

Imagina un lugar donde la libertad es tan dulce com un salto de agua, ligera como una pluma que mece el aire tebio de la mañana.

Imagina un lugar donde la primavera deviene una avalancha de rosas blancas, un torrente de dulzura que inunda la tierra.

Imagina un lugar donde tu barco atesora toda la sabiduría y el horizonte ofrece todo aquello que necesitas.

Imagina un lugar donde el tiempo se cuenta con tics y tacs, pero el espacio se mide en puestas de sol.

Imagina un lugar donde cada sendero te lleva a casa.

Imagina un lugar donde las finas agujas de los pinos acarician la sal de mar, donde la aventura descubre un corazón que espera.

Imagina un lugar donde las palabras te cobijan, las ideas te apoyan, y los pensamientos te guian hasta el secreto escondido del laberinto.

Imagina un lugar donde los ladrillos arraigan al sol, donde los brotes se despegan suavemente como los rayos del sol y con la fortaleza de una roca.

Imagina un lugar donde el fuego te hace cosquillas y no te quema la piel, con el eco resplandeciente de una estrella.

Imagina un lugar donde la música se filtra a través del cálido oreo de una noche de verano, y el viento te invita a bailar un vals ligero y lento hasta el amanecer.

Imagina un lugar donde los castillos y las nubes se reúnen en las casillas de un tablero de ajedrez y el mundo se encuentra en la mano del ganador.

Imagina un lugar donde los flecos de espuma y la rumor de las olas salen de tu maleta para penetrar en tus sueños.

Imagina que ese lugar es ahora.

Gemma Segura Virella


 

 

¿Para qué vivimos?

¿Te has planteado para qué vivimos? Según mi opinión, todos vivimos para ser felices, para sentirnos bien en cada momento de la vida. Eso es lo que buscamos y lo que deseamos para nosotros y para cualquier persona que amamos.

Según los neurocientíficos, eso depende, en gran medida, de lo que pensamos. Por ello, hay que pensar bien para sentirse bien. Y para ello, lo primero que tenemos que saber hacer es reconocer y dar espacio a nuestras emociones y después, saberlas gestionar. Somos altamente imperfectos, forma parte de nuestra divinidad, así que cuando otros cometen errores, como hacemos nosotros mismos, hay que aceptarlo.

Pensar, a diferencia de lo que creemos, es más emocional que racional. Para pensar y hacerlo bien, hay que aprender a detectar lo que sientes, también cuando te sientes mal. Esos momentos en los que en lugar de empezar a buscar culpables fuera, debemos mirar lo que ocurre dentro, porque lo que hay que cambiar es nuestra percepción.

Mi primer consejo es que debemos aprender a pensar bien de uno mismo. Todas las personas necesitamos sabernos y sentirnos aceptados, reconocidos, valorados, queridos, respetados y ayudados; por encima de cualquier otra cosa somos seres relacionales y emocionales. Lo que no necesitamos es sentirnos cuestionados, aleccionados, reprochados e ignorados. Los pensamientos negativos hacia uno mismo y hacia otros son muy dañinos, por eso hay que mantener pensamientos positivos el máximo tiempo posible, aunque sea imaginando aquello que nos gusta y nos hace sentir bien, así conseguimos que el pensamiento negativo tenga el menor espacio y tiempo posible. Nuestro cerebro se modifica continuamente en base a aquello que hacemos, pensamos y sentimos. Así que si no queremos sentirnos mal, debemos aprender a sentirnos bien.

Ante los malos momentos, esos en los que se hace difícil pensar bien cuando la cosas van francamente mal, es el momento de hacerse la gran pregunta ¿Para qué vivo? nos ayudará a relativizar, a aceptar y a reenfocar.

¿Cuándo fue la última vez que te apasionaste por algo, que te desviviste por ello porque la emoción te consumía? ¿Dónde se han escondido la chispa que iluminaba tus ojos y la ilusión que despertaban tus palabras? ¿Dónde ha ido a parar tu pasión, tu entusiasmo, tus ganas de vivir?

Emilio Duró dice que : “El 80 ó 90% del éxito en la vida está en la actitud, el 10% es conocimiento. Lo importante es la actitud con la que te enfrentas a la vida y a los problemas. Aquí es donde entra el coeficiente de optimismo. […] La Nasa, cuando tiene que enviar un tío a la Luna, no mira la inteligencia, mira el coeficiente de optimismo. ¿Tu te imaginas ir de aquí a la Luna con un pesimista? Nos vamos a caer, se oye un ruido… ¡Lo matas, te aseguro que lo matas!”.

Tu cerebro no ve nada más que lo que tus emociones quieren, y por eso hay personas que hagan lo que hagan consiguen salir adelante, y hay gente que haga lo que haga, siempre termina por hundirse.

Antes de hundirte tus emociones radiaban optimismo, y por eso los problemas los veías como retos que siempre conseguías superar. Antes solías vivir cada día, cuando te hundes solo te conformas con sobrevivir. Por ello tienes que volver a encontrarte, cuanto antes, a ti y a la razón que te hace levantarte con ganas por las mañanas y preguntarte ¿para qué vivo?

Córtate el pelo, vete de compras, haz ejercicio, búscate hobbies, renuévate por dentro y por fuera. Todo depende de tu perspectiva y de la felicidad interna que haya dentro de ti.

Gemma Segura Virella


 

 

 

 

¿Dónde va el amor que sobra?

¿Dónde va el amor que sobra?. No tengas miedo, no te voy a preguntar, ya tengo la respuesta. ¿Dónde va el amor que sobra?, ¿Es posible que se esfume así sin más?. Esto me lo pregunté en bucle durante años, meses, días, minutos. Sin respuestas. La soledad se apodera de uno cuando pierde el amor y con ella llega el vacío y finalmente la desolación. Vivir con un alma desierta no es fácil. La lucha por encontrar aquello que llena es encarnizada. Uno no se da cuenta de que no ha perdido el amor, si no que se ha perdido a sí mismo. Porque no somos conscientes de nuestra propia entidad, de nuestro valor, lleno de defectos y virtudes, venimos programados por la genética, cultura, posición social y momento histórico, y de este galimatías es difícil entresacar la verdadera humanidad del yo, tantas veces infravalorado y otras tantas sobrevalorado, sin equilibrio, y no nos enseñan a buscarlo.

Así te sientes extraño en ti, te pierdes en un mundo que no es el tuyo pues no buscaste en ti cuando lo tenias todo, y cuando todo lo pierdes: incógnitas, vacío, desolación, vacío una vez más, minuto tras minuto, día tras día, mes tras mes, año tras año, incógnitas. Sin respuestas.

Busqué en otras personas de otros países, ¿Dónde va el amor que sobra?, ¿Es posible que se esfume así sin más? Sin respuestas, o estas aún me alejaban más en mi universo confundido. Confusión. Por la confusión se camina y confuso se vive. Decisiones no convincentes y hay que seguir caminando y luchando en esta guerra encarnizada . Busqué en otros hombres, que no eran tu. Tu eres el amor que tengo de más, que necesito dar, que me sobra. Algunos hombres ayudaron a encontrarme, otros me hablaron de química, bendita química, y otros ni lo intentaron, y esto que es paradójico me arrojó las respuestas a la cara. Y paré, me sinceré con mi yo y con el de los demás, tampoco ellos se merecen mis mentiras, no era sano para ninguno. Y cuando las aprehendí pude ser dueña de mi misma, pude respirar y disfrutar con mi alma y cuerpo enteros. Desolación, vacío y soledad dejaron de ser protagonistas en mi viaje.

El amor que sobra no se esfuma así sin más, es parte de nosotros y permanecerá siempre. El amor que sobra nos caracteriza, nos hace conscientes de nuestra capacidad de amar y amar es infinito y no excluyente. Todo es susceptible de ser amado.

Y aún habiendo resuelto el acertijo de mi viaje, todavía queda algún resquicio de aquellos protagonistas de entonces, pero ya no les temo ni me arañan. Son pequeños compañeros de fatigas contra los que he dejado de luchar. No es posible una vida sin un mínimo de sufrimiento al igual que no es posible una vida sin un mínimo de felicidad. Elijo la vida con un mínimo de sufrimiento porque a este se le puede domar muchas veces. Así que amor aunque me hagas débil al igual que todos los sentimientos que son puros, elijo una vida en la que estés un poco, a una vida en la que por tenerte entero te anhele. Te comparto conmigo misma.

Birgit Darmat.

Nota: Este maravilloso y mágico bloc nació con la idea de compartir las voces, las ideas y las reflexiones de aquellas personas que quieren aportar su propio paisaje vital. El post de hoy es autoría de una de nuestra lectoras y amigas, que prefiere publicar con seudónimo. Quiero agradecerle a Birgit Darmat su confianza y su generosidad, por querer compartir sus palabras en este espacio. Gracias de corazón y deseo que este sea el primero de muchos otros regalos. ¡Un abrazo querida amiga! 

Si deseas compartir tus reflexiones en nuestro blog, estás invitado a hacerlo. 🙂

Gemma Segura Virella


 

Cada peldaño necesita su tiempo

El ascensor del éxito suele estar estropeado, por eso hay que subir la escalera peldaño a peldaño. Joe Girard.

Que el camino al éxito -nada más y nada menos que conseguir aquello que deseas- no pueda hacerse en ascensor y sea necesaria una escalera, no es para hacerlo difícil y doloroso. Es, simplemente, porque cada peldaño necesita su tiempo, necesita su experiencia y necesita que pases por él. En realidad, cada paso es un pequeño triunfo que te lleva al éxito final.

En realidad, nuestra vida es como una larga escalera. Peldaño a peldaño visualizamos y experimentamos los rellanos, cada peldaño nos permite ganar perspectiva para llegar al siguiente rellano. Como decía Francisco de Asís, en todo proyecto lo mejor sería comenzar con lo necesario, avanzar en la conquista de lo posible, seguir sembrando posibilidades, creando circunstancias hacia lo anhelado, y perseverando conquistaremos lo que parecía imposible cuando comenzamos a andar“.

Un cuento sufí glosado por el místico y espiritual indio Osho, entre otros, explica lo que un rey pidió a los sabios de su corte:
Me estoy fabricando un precioso anillo y quiero ocultar bajo el diamante algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de deses­peración. Tiene que ser muy breve de modo que pueda esconderlo allí.

Aquellos eruditos habían escrito grandes tratados, pero no sabían cómo darle un mensaje de solo dos o tres palabras que pudiera ayudar a su rey en esos momentos en los que él consideraba que esa ayuda podría marcar la diferencia.

Sin embargo, el monarca tenía un anciano sirviente que era como de la familia, el cual le dijo:
No soy un sabio, ni un erudito, pero conozco el mensaje que buscas, porque me lo dio un místico hace tiempo.

Dicho esto, el anciano escribió tres palabras en un pequeño papel, lo dobló y se lo entregó al rey con la advertencia.

No lo leas, mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo solo cuando todo haya fracasado y no encuentres salida a tu situación.

El momento llegó cuando el país fue invadido y el rey tuvo que huir a caballo para salvar la vida mientras sus enemigos le perseguían. Finalmente, llegó a un lugar donde el camino se acababa al borde de un precipicio.

Entonces se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró el siguiente mensaje: “Esto también pasará”.

Mientras leía aquella frase, los enemigos que le perseguían se perdieron en el bosque, al errar el camino, y pronto dejó de oír el trote de los caballos.

Tras aquel sobresalto, el rey logró reunir a su ejército y reconquistar el reino. En la capital hubo una gran celebración y el monarca quiso compartirlo con el anciano, a quien agradeció aquella providencial perla de sabiduría. El viejo le pidió entonces:

Ahora vuelve a mirar el mensaje.

Al ver la cara de sorpresa del rey, explicó:

– “No es solo para situaciones desesperadas, sino también para las placenteras. No es solo para cuando estás derrotado; también sirve cuando te sientes victorioso. No es solo para cuando eres el último, también para cuando eres el primero”.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y entonces comprendió.
Recuerda que todo pasa –le recordó el viejo sirviente–. Solo quedas tú, que permaneces por siempre como testigo.

Como en este cuento tradicional, si entendemos que las emociones no somos nosotros, sino que se trata de estados transitorios de nuestra mente para adaptarnos a la vida, dejaremos de sentirnos sobrepasados por ellas. Las emociones son una brújula, pero nosotros decidimos el rumbo de nuestra existencia.

En realidad, el futuro es presente porque el mañana es lo que construimos hoy. Por eso merece la pena no olvidar que los peldaños de lo que está por venir se asentarán sobre la firmeza que construyamos en los escalones de hoy. Y cada escalón andado es una obra en sí misma que se merece ser pisada fuerte y bien.

“No me preguntes hacia donde me dirijo,  ya que viajo por este mundo ilimitado,  donde a cada paso que doy es mi hogar”. Es una frase de la película: Zen. La vida de Dogen, de Tanmei Takahashi.

Gemma Segura Virella