Conversando con feedbacktoday

Hace unas semanas tuve el enorme placer de ser entrevistada por Feedbacktoday.

Aunque podéis leer la entrevista y ver el vídeo desde el siguiente enlace, me gustaría reproducir algunas de las palabras y desearos, al mismo tiempo, unas felices vacaciones.

“El mindfulness, un concepto que es cada vez más conocido, tiene que ver con vivir el presente. Pero, no se crean que se trata de un vivir despreocupado e irresponsable. Al contrario, se trata de ser consciente del presente que se vive, para poder vivir más, mejor y más enfocados. Eso tiene muchos beneficios de orden físico, mental y espiritual. Y lo mejor es que sirve tanto para las personas como para las organizaciones.”

“El mindfulness nos muestra que lo importante es el modo en que vivimos, experimentamos y sentimos todo lo que nos va sucediendo en cada momento.”

“Si no somos conscientes del presente, no podemos aspirar a disfrutarlo.”

“Cuando percibimos cómo el aire entra y sale de nuestro cuerpo y nos llena de vida, comenzamos a ser conscientes de nuestro aquí y de nuestro ahora.”

“Si actúas desde la convicción de que cualquier cosa que hagas trasciende a la gratificación del momento, serás más feliz.”

“Sólo hay dos cosas que cuentan. El amor y las relaciones con los demás. Todos necesitamos que nos amen, nos acepten y nos reconozcan.”. 

Perfil de Gemma Segura Virella

Explica que en el mundo de la educación hay dos tipos de perfiles: los profesores, que enseñan, transmiten conocimiento y algunas veces emocionan, y los maestros, que tocan el alma de quien les escucha y ayudan a transformarle. Entre unos y otros, pacientemente, Gemma camina. Hoy el oficio de Gemma Segura es el de inspirar vidas, proyectos y organizaciones. Hacer que la gente sea consciente de las decisiones que toma y de los caminos por los que anda. Cosa seria.


 

Mirando las musarañas

Según el psicólogo y padre de la Terapia Centrada en la Compasión Paul Gilbert, pasamos un 47% de nuestro tiempo diario con la mente en modo piloto automático, con el cuerpo presente y la mente ausente.

Si tomamos por bueno el dato, resulta que nos pasamos poco más del 50% de nuestro tiempo siendo productivos, desde una óptima economicista y profesional, porque el resto del tiempo nos lo pasamos mirando las musarañas.

Las empresas americanas lo tienen claro, por ello dedican parte del tiempo, esfuerzo y energía en aplicar programas Mindfulness con las personas que forman parte de la empresa. Dedican tiempo y energía en incorporar el entrenamiento mindfulness para desarrollar y practicar habilidades de atención, concentración y conciencia plena. Programas que se acompañan de prácticas, programas de salud y bienestar para el cuerpo, la alimentación consciente y responsable y el entrenamiento mental y emocional. Desde trabajar algunas horas o días en casa hasta priorizar los resultados por encima de las horas de trabajo. Esa mala práctica que tenemos en nuestro país de estar en la oficina o puesto de trabajo cuantas más horas mejor, no es nada beneficiosa para nadie.

Desde hace un tiempo se está empezando a tener en cuenta no solo los conocimientos teóricos y técnicos y las habilidades de gestión, sino también la capacidad de atención consciente. Así, el estar atentos de forma consciente a nuestro mundo interior y exterior pasa a ser un valor más de la persona y del líder en las empresas: decidir a qué le ponemos foco en la vida y en el entorno laboral.

El valor de la atención consciente y plena nos debería ayudar a generar empresas y economías sanas, prósperas, responsables, humanas, compasivas y conscientes, que posibiliten la salud y el bienestar personal a nivel físico, mental, emocional y espiritual. El mindfulness y la plena consciencia aplicada a cualquier actividad en la vida puede ayudarnos en el camino.

La mente suele recibir la denominación de órgano del sufrimiento porque tiene la capacidad de arruinarnos la vida con su incesante deambular. La mente nos pertenece, pero no siempre hace lo que nosotros deseamos. Tal vez la mente comprenda que los pensamientos pueden ser engañosos, pero el cuerpo no suele hacerlo. El cuerpo no sabe si la mente percibe correctamente el mundo exterior o sólo está alucinando. Y responde a todos los mensajes que le envía la mente como si fueran correctos. Pero hay una manera de transformar esta aparente desventaja en ventaja.

Cualquier forma de atención mental que distrae a la persona de sus inquietudes y ansiedades habituales puede producir relajación. La respuesta de relajación es un mecanismo innato del hipotálamo y funciona con independencia de la voluntad de la persona. La capacidad de relajarse es un don natural de todos los seres humanos. Aparentemente el secreto para relajar el cuerpo, el corazón y la mente es liberarse de las preocupaciones que están de más.

Cuando nos relajamos, el pulso se vuelve más lento y la presión sanguínea disminuye. La respiración es más profunda. El cerebro deja de emitir ondas beta, las que corresponden al estado de vigilia y alerta, y comienza a emitir ondas alfa, que indican distensión. Parte del flujo sanguíneo que irrigaba los músculos se dirige al cerebro y a la piel, produciendo una sensación de calor y serenidad mental. La tensión de los músculos disminuye y nos sentimos tranquilos. Nuestra capacidad de imaginar y fantasear nos genera un estado de ansiedad permanente. La consecuencia es la angustia, una de las principales causas de las dolencias físicas y mentales que hoy padecen muchas personas.

Una herramienta eficaz para combatir la angustia es la respiración consciente, una técnica de meditación orientada a interrumpir el círculo vicioso del estrés y que utilizamos en cualquier enfoque mindfulness, desde el minuto uno. La mente y el cuerpo funcionan como una unidad psicofísica tanto para generar tensión como para permitir la relajación. Si deseamos aplicar este principio para crear estrés, será suficiente con que dejemos de respirar para que de inmediato nos sintamos ansiosos. Del mismo modo, cuando albergamos ideas que generan ansiedad, nuestra respiración se tornará agitada y superficial. El ciclo negativo de pensamientos molestos y mala oxigenación puede intensificarse hasta convertirse en un ataque de pánico.

Podemos utilizar la respiración para interrumpir ese ciclo. La respiración profunda puede aliviar la tensión y detener la ansiedad. La respiración consciente consiste simplemente en prestar atención y llevar voluntariamente el aire hacia el abdomen. Si nos concentramos en la manera de respirar, nuestra atención se dirigirá inmediatamente al aquí y ahora, y nuestra mente se aquietará. Este sencillo método es muy efectivo para gestionar el estrés.

Gemma Segura Virella


 

Estamos en el camino de la muerte

Hace algunos años leí el libro de Michael Singer, La liberación del alma, y he recuperado algunas de sus ideas para compartir algunas reflexiones con vosotros.

En general, hablar de la muerte es algo tabú. En nuestra cultura occidental es incómodo y poco agradable hablar de la muerte, pero para la filosofía oriental es algo natural y, además, se considera a la muerte como una maestra. Para ellos, la vida y la muerte forman parte de lo mismo y nos conecta con la gran Fuente que nos une a todos.

¿La muerte, una maestra? Resulta algo paradójico ¿verdad? Pero para Singer nada ni nadie puede enseñarte más de lo que te enseña la muerte. Es ella quien te enseña que tú no eres tu cuerpo, quien te cuenta lo insignificantes que son las cosas materiales, quien te muestra que todos somos iguales a pesar de las riquezas, la raza o el país de origen. La muerte nos hace iguales en un solo instante.

Comprender la maestría de la muerte significa conectar con la sabiduría. Una inspiración que te llegue, puede ser la última; puede ocurrir en cualquier momento, en cualquier lugar… y la mera posibilidad de contemplar esa posibilidad es aprender de la muerte.

La muerte ayuda a resolver o minimizar problemas, permite relativizar las miserias de nuestro día a día. Si cada vez que tuviéramos un problema fuésemos conscientes que una sola respiración lo puede cambiar todo, probablemente viviríamos al máximo la vida. Si mañana al despertarte supieras que solo te quedan inspiraciones para una semana ¿qué sentirías? Ya sé que cuesta imaginarlo –nuestra mente no tiene experiencia en ello y no sabe en qué carpeta del ordenador cerebral buscar– pero ¡inténtalo! ¿Cómo te sentirías sabiendo que todas las personas con las que conectarás mañana serán las últimas que verás? ¿Te relacionarías de forma distinta? ¿Te molestaría de ellas lo mismo que te ha molestado hasta ahora? ¿Te seguirías quejando de lo mismo que el resto de los días? Siente y reflexiona sobre cómo sería tu vida si mañana fuera tu último día. ¿Cambiarían tus prioridades, tu forma de pensar, tus gustos, tus sueños?

La muerte nos enseña que a menudo malgastamos el tiempo, lo tiramos sin más a la basura porque no vivimos desde la consciencia de la muerte. ¿Qué hacemos con nuestra vida?

Así que un interesante ejercicio es preguntarnos de forma regular cómo viviríamos cada última semana de vida, con la clara intención de mirar a la muerte a la cara. Y ello solo es posible si hacemos las paces con nosotros mismos, de forma que no nos preocupe aquello que ocurra mañana.

Vamos a morir. Lo sabemos. Lo que no sabemos es en qué momento. Recordarlo de vez en cuando nos hace disolver los problemas que generamos, incluso aquellos que parece que son de verdad… La muerte lo transforma todo en un pis pas.

No se trata de cambiar tu vida porque en realidad no creo que sea posible, pero lo que sí puedes es cambiar cómo la vives. No es aquello que haces, sino en lo bien que te sientes al hacer cosas y conseguir ser capaz de enfocar y vivir el presente sin temer lo que viene después. Solo así es posible mirar cara a cara a la muerte y disolver los miedos y las dudas. La vida lo es todo en sí misma y la relación y conexión con ella es lo que le da sentido.

La voluntad de vivir la vida, de experimentar y sentir a cada persona, cada oportunidad, cada momento, como si fuera el último, es lo que de verdad le da sentido a la vida. Aquello de “tienes todo el tiempo del mundo” no es verdad, lo único que tienes son momentos en el tiempo y si estás ocupado en pensar, creer, juzgar, resistir o pelear, no los estás viviendo.

Para acabar el post de hoy, recuerdo una de las ideas que más me impactaron del libro: la muerte nos ha hecho la promesa de que todas las cosas son temporales y simplemente están pasando a través del tiempo y del espacio. Solo al final descubriremos que la vida pertenece a la muerte. Por ese motivo, debemos agradecerle a la muerte que nos regale un nuevo día en cada amanecer.

Así que, si es cierto que debemos ser agradecidos, lo mejor es dejar de desperdiciar los momentos, experimentando aquello que somos y nos sucede, en vez de soñar lo que querríamos que sucediera. Estamos en el camino de la muerte, así que mejor vivirla intensamente.

Gemma Segura Virella


 

Soy, somos

Miro a menudo por la ventana, la de plasma, la que tengo en el comedor de casa, y observo cómo me muestra el mundo desde todos los puntos de vista. Me fascina lo que veo a diario: desde lo más intelectual a lo más burdo, desde lo más bello a lo más abyecto, desde lo más solidario a lo más sádico, desde lo individual a lo colectivo… y ahí me detengo ahora.

Reconozco que a veces me tienta lo colectivo, ese sentimiento de “pertenecer a algo” de “sentirse parte de un todo” que parece simplificar la vida de aquellos a los que seduce. Veo esa especie de felicidad en sus rostros, ya sea en los que siguen a un equipo de futbol como si fuera una nación propia, en los que confieren a sus ideales políticos el rango de religión, en los creen tener una vida propia en la vida de personajes públicos… Compartir ideas, fanatismos, creencias o incluso intereses reconvertidos en modos de vida, nos convierte en algo colectivo.

Lo mejor que tiene eso, es que nos permite enmascarar quienes somos, diluir nuestra personalidad en algo indefinido, en ese ente colectivo que nos libera de responsabilidades y de decisiones individuales. ¡Qué bien se vive en esa zona de irresponsabilidad!

Cuando siento la presión de un vida centrada en mí mismo, en mis pensamientos, mis sentimientos, mi visión de las cosas, mis opiniones, mis fracasos, mis logros, mis frustraciones y mis miedos, a veces – solo algunas veces- me decido a dar el paso y formar parte de algo colectivo. No me importa lo que sea, un club deportivo, un partido político, una entidad solidaria, una asociación de buscadores de conchas, un club de fumadores de opio… lo que sea que me permita diluir esa presión y aceptar el dogma de lo fácil, de lo primigenio. Somos, en lugar de soy, libera mucho.

Si somos, yo no soy. Si somos, yo no decido, Si somos, yo no asumo culpa alguna.

Sin embargo, algo falla siempre que me acerco a ese momento crucial de mi vida, algo indefinido que me obliga a replantearme la situación y que me acaba llevando siempre de vuelta al huerto de lo individual, de lo cercano, de lo propio, de lo que puedo hacerme responsable aunque duela.

A menudo confundimos lo individual con lo egoísta, con el individualismo más egocentrista y eso… es un error. Pocas cosas hay más egoístas que ese “nosotros”, que esa visión unilateral y unidimensional que sale de lo colectivo. Lo digo porque, muy a menudo, frente al “nosotros” están “los otros” Y es en esa visión del “bando contrario” de donde surge el conflicto.

Desde mi mundo no hay otro bando, solo otros cientos de miles de mundos a los que conocer, entender, aprender, comprender, apreciar o incluso rechazar. Lo hago sabiendo que cometeré errores, injusticias e incluso alguna que otra estupidez, pero lo asumo.

Cuando soy yo, no soy parte de nada y lo soy todo contigo.

Víctor Panicello