Sintiendo el ahora

Diario de una exploradora emocional: capítulo 3

He dejado lastre atrás, he borrado de la memoria RAM las limitaciones y también del disco duro.
Ahora voy como un Kamikaze, una loca que no le teme a (casi) nada por que ha borrado a lo que tenerle miedo. Un animal que se mueve a su antojo en busca únicamente de cubrir sus necesidades básicas: físicas, mentales y espirituales. A lo loco …
O quizás estoy mucho más cuerda…
Verás, ahora no pretendo nada. Disfruto más de vivir sin expectativas marcadas, así tampoco me exijo que el resultado sea uno concreto, no fuerzo ninguna situación.
Voy por el mundo con la mirada de una niña que llega por primera vez a un aeropuerto para volar. Me maravillo de las gentes, las sonrisas y el brillo de los ojos. No espero que me roben, no tengo miedos ni prejuicios y como soy feliz, atraigo felicidad.
No sufro, no juzgo, fluyo y dejo ser. ¿De verdad que ésto es ser una loca?
Ahora es todo mas sencillo, sólo vivo lo que me está pasando. No recuerdo aquello que me hizo feliz y que ahora anhelo por que lo añoro. No proyecto deseos de futuro que me inquieten y me impulsen a la frustración.
Ahora vivo, siento, río, lloro, salto, corro, duermo, sueño, leo, canto, bailo, grito, escribo, medito. Ahora soy.
Y a veces, muchas veces, me permito reconocer que no estoy en el presente. Que me encuentro en mi mente recordando, proyectando, anhelando y frustrándome.
Y es solo entonces cuando me puedo volver a dar la oportunidad de Re-conectarme con mi ahora.
Patrícia Arner Gusart

Algún día

Algún día te contaré, que una noche de insomnio estuve mirándote durante varias horas por el mero placer de hacerlo; que no paro de soñar con paisajes lejanos donde estamos los dos; que a veces me gustaría salir corriendo a escondernos de todo y que no cejo en mi empeño de hacerte feliz

Te contaré, quizás algún día los planes que tengo para nosotros, planes para dentro de muchos años, para dentro de algunos años, para dentro de algunos meses, para estos días…para hoy

Te contaré también que nunca pensé que llegara este momento de encuentro conmigo, pero gracias a ti. Un momento en el que he aprendido a disfrutar por fin del presente, olvidando el pasado y sin pensar mucho en el futuro.

Quizás te cuente que un día salí caminar, solo, en busca de porqués y al cabo de unas horas me di cuenta de todos los porqués desembocaban en ti

Pero no te contaré que me sigue estremeciendo mirarte, que la ausencia de ti se vuelve dolor si el tiempo se alarga, que mis manos siguen pidiendo acariciarte cada noche

Tampoco te contaré que muchas noches sueño que pasan los años y seguimos juntos y veo nuestra imagen delante, caminando de la mano por esa playa vacía, por la orilla del mar donde terminan muriendo las olas a nuestros pies, borrando todos los recuerdos malos, dejando la arena lisa, para seguir escribiendo en ella un futuro lleno de pasión

Ni te contaré que tengo en la cabeza mil versos guardados para regalártelos uno a uno, poco a poco, para que no te aburras de ellos. Que algún día me gustaría juntarlos todos y escribirte un libro, porque no se si habrá algo más hermoso que alguien te escriba desde el corazón y te lo entregue; entregar el corazón en forma de versos es convertir el amor en una obra de arte eterna

No se si algún día te lo contaré…o quizá te lo escriba todo en una sola hoja para que sepas que sigo ahí, a tu lado.

Álvaro Alcántara


 

No somos nada

Cuando pienso en mi mismo, nunca me imagino como realmente soy. Me miro en el espejo y apenas me reconozco (debe ser cosa de la degradación silenciosa a qué nos somete la edad).

Sin embargo, no es solo eso (ojalá lo fuera). También trato de verme con los ojos de los demás, escucharme con sus oídos, juzgarme con sus sensaciones o comprenderme con sus corazones. Y lo que encuentro no siempre me gusta. Es más, a menudo no sé quién es ese que opina sin que se le pregunte, discute sin sentido, razona sin argumentos o juzga sin conocer la verdad.

Soy yo… o mejor dicho, somos yo.

Hace ya tiempo que no intento abarcarme en todas mis dimensiones, eso sería Misión Imposible (la V o la VI, no sé cual me tocaría), ni tan siquiera conocerlas o entenderlas. Sin embargo, no deja de sorprenderme la capacidad que tenemos de mentirnos a nosotros mismos. O quizás no nos mintamos, solo nos aferramos a las cosas que no sabemos cómo cambiar.

No me gusta que mi cuerpo pierda fuelle o que se deje arrastrar a una partida de desgaste que tiene perdida de antemano. No me gusta sentir cómo lo pierdo, cómo deja de ser mío para ser de nadie. No me gusta aprender a convivir con ese que ni siquiera se parece a mí.

Pero en eso no tengo elección… o tal vez sí (siempre puedo luchar contra el tiempo, pero da pereza y además es inútil y a menudo un tanto penoso). Me resigno a aceptarme y a veces lo consigo.

A veces.

Para todo lo demás… depende de si soy capaz de iniciar por fin el camino del retroceso. Esa fase de retirada en la que más que avanzar, nos replegamos sobre lo que somos y dejamos de lanzar cohetes que explotan y desaparecen en una fugaz imitación de aquello que quisimos ser y que nunca logramos alcanzar. No es fácil, lo reconozco. Hasta los más brillantes generales pasaron por la incertidumbre de aceptar que llegó la hora del repliegue.

A veces para volver a atacar con más fuerza.

A veces para no volver más a la batalla.

No se trata de ver las cosas con otras gafas, sino de ponérselas por fin (la vista ya tampoco es la que era) y tal vez así descubriremos cuál es el camino y dejaremos de seguir avanzando por todas las sendas que nos salgan al paso.

¿A quién le importa lo que somos? De verdad, ¿a quién?

Esa capacidad de percutir en todos los frentes debe ir dejando paso a nuevas generaciones que creen saber mejor que nadie por donde hay que tirar. Lo creen como lo creímos nosotros antes y muchos otros antes que nosotros.

Intento fundirme con el paisaje, pero cuesta tanto renunciar…

Y aun así, siento en el alma que sé más que antes, que conozco mejor las cosas y a las personas, que entiendo las emociones, que comprendo lo pequeño y aborrezco lo grande.

¿Me equivoco?

Seguramente, porque conforme aprendo, siento la necesidad de saber menos. Conforme avanzo, me siento más cómodo en mi pequeño rincón del mundo, mientras decrezco, siento que vuelvo a la nada, a la tierra, al olvido, a lo que fuimos.

No somos nada y, aunque a veces cueste admitirlo, nunca lo fuimos.

Víctor Panicello


 

Sí, yo creo en la magia

Hace justo seis años inicié una nueva vida. Empecé a vivir desde otro nivel de conciencia y a crear la vida con la que llevaba años soñando. Paso a paso comenzó una transformación personal y vital que, de forma imperceptible, me ha mostrado quien soy hoy y que de forma perceptible me llevará hacia quien seré mañana. Confiando en mi misma, en mi poder personal, en mis virtudes y talentos y en mi capacidad de crear.

Todo empezó cuando le perdí, poco a poco, el miedo al rechazo, a la crítica, al juicio, al fracaso y me atreví a hacer cosas que hasta entonces no me había permitido. Desde ese nuevo nivel de conciencia, mi vida empezó a transformarse como por arte de “magia”.

Sí, yo creo en la magia.

Ya os conté en uno de mis post, que me gusta utilizar la palabra magia para referirme a la capacidad de transformar (alquimia) y a lo que no podemos explicar con palabras. Muchas veces, para referirnos a sentimientos como el amor, la felicidad o cuando nos pasa algo que no conocemos su causa, decimos que “hay magia”. Momentos en los que sabemos que algo especial e inexplicable acaba de suceder.

En estos seis años he conseguido todo lo que he deseado, he vivido y experimentado cosas increíbles y extraordinarias, he conocido personas maravillosas, mi vida y yo hemos cambiado tanto que estoy segura que si lo hubierais vivido vosotros, también creeríais en la magia.

En la vida, algunos caminos no son fáciles, pero el mío lo ha sido mucho. Es cierto que para llegar a descubrirme he tenido que aprender a aceptar todos esos espacios oscuros, que no feos, de mi personalidad, he tenido que hacer un profundo trabajo emocional y de autoconocimiento, y, por encima de todo, pasar a la acción y mirar cara a cara a todo aquello que desconocía o que hasta entonces negaba.

Ahora sé que el miedo no me da miedo. El miedo se ha convertido en seguridad y confianza. Seguridad de ser yo misma y confianza en sentir que todo forma parte de mi vida. Una vida de la que me siento plenamente orgullosa.

También escribía en el mencionado post, que todos llevamos un mago dentro, que todos tenemos en nuestro espacio más interior una luz que nos guía para hacer realidad el plan que hemos venido a experimentar y materializar en la vida. Ese mago posee toda la sabiduría y es nuestra verdadera conciencia. Y cuando lo descubrimos, recordamos y conectamos con quienes somos en realidad.

Hace poco más de 6 años me desperté una mañana con el firme propósito de hacer una parte del Camino de Santiago (y lo hice). Entonces no sabía que detrás de esa decisión se escondía la necesidad de un viaje interno en el que uno aprende a conocerse un poco más a sí mismo.

Ahí se gestó mi maga interior y desde entonces el camino me ha regalado el coaching esencial y el relacional, el mindfulness y el Thetahealing. Y una familia mágica, repleta de personas especiales, divinas y bondadosas. Personas que me hacen sentir especial y querida. Personas que viven desde el amor, porque saben que el amor es lo único que trasciende el tiempo y el espacio y el que nos permite la conexión con quiénes y con qué nos rodea. Sin todas ellas no estaría hoy aquí, ni sería quien soy ahora. Gracias, gracias, gracias.

Por todas ellas ¡Sí, yo creo en la magia!

Gemma Segura Virella