Te digo adiós, pero no me arrepiento de nada

Finaliza otro año y, como ya lo fue el 2015, ha sido un año lleno de vida. Otro año más en el que miro atrás y recuerdo los últimos 364 días. Otro año más repleto de nuevas personas, de nuevas sensaciones, de nuevas emociones, de nuevas perspectivas, de nuevas risas, de nuevos detalles, de nuevas situaciones, de nuevos sueños, de nuevos abrazos, de nuevos proyectos, de nuevas formaciones, de nuevos mundos y muchas sorpresas. Otro año más donde la gran mayoría de todo lo sucedido no estaba planificado.

Te digo adiós, pero no me arrepiento de nada de lo que hemos vivido juntos. De nada de lo hecho, ni de lo dicho, ni de lo sentido, pues hemos vivido momentos únicos, hemos sentido cosas extraordinarias y hemos hecho juntos cosas irrepetibles. Quiero agradecerte tu compañía, todo lo que me has permitido, enseñado y aprendido juntos.

Contigo, he aprendido a descubrirme un trocito más y a contactar conmigo de otras maneras, a tu lado me he convertido en un poquito más de mejor persona. Hoy nos despedimos pero te recuerdo para decirte todo aquello que quizás no te dije hasta ahora, pero que seguro ya sabías:

Hemos aprendido que la vida, en realidad, es un juego en el que lo único y verdaderamente importante es amar y ser amado, reconocer y ser reconocido. Hemos aprendido que el amor es algo mágico e inexplicable, una pequeña explosión interna que te permite descubrir tu verdadera esencia y la de otras personas. Hemos aprendido a mirar a los ojos a quiénes nos importan y hablar con ellos a través de las miradas, los gestos y los silencios. Hemos aprendido a amar la vida y las personas con sencillez. Hemos aprendido a valorar lo que tenemos y a merecer lo que deseamos. Hemos aprendido a vivir un pedacito más y a cumplir anhelos y pasiones. Hemos aprendido a conectar de verdad con el miedo, porque solo así es posible aceptarlo para liberarlo.

Te digo adiós, pero no me arrepiento de nada. Ha sido un año lleno de cambios, en el que también he hecho las paces con la pequeña “fierecilla” que a veces llevo dentro. Te agradezco, a partes iguales, los fracasos, porque me han dado mayor seguridad y confianza, nuevas perspectivas y nuevas direcciones. Agradezco las nuevas personas que has permitido que formen parte de mi vida y han contribuido a hacer de ti un año maravilloso. Y te agradezco todos mis amigos y mis amores de siempre.

Así que no pienso olvidarte. Formas parte de mí. De mi historia, de mi vida y de mi persona. A partir de mañana no seguiremos juntos el camino, pero has sido un año auténtico, sincero y maravilloso.

Tampoco pienso olvidar, aunque haya sido duro y doloroso, que una amiga, un alma preciosa, bondadosa y amorosa decidió, el jueves 29 de diciembre, continuar su camino en otro plano –amoret, aquesta preciosa canço és un record per a tu-.

Desde que sentí que había llegado tu final, hace algunas semanas, he estado inmersa en un vaivén de sentimientos, pensamientos y emociones: ¿Cómo despedirse de alguien cuando no estás preparada? ¿Como despedirse de un ser querido cuando sientes que le quedaba mucho por compartir? ¿Cómo darle la bienvenida a la muerte cuando deseas estar viva? ¿Cómo será ese camino en el que te embarcas a partir de ahora?

Vivir la vida, hacer realidad los sueños y esforzarnos por vencer todos los obstáculo que encontremos en el camino. Un día la muerte también vendrá a por mi y cuando llegue, que me encuentre ligera de deudas, sin deber tiempo, sonrisas, reconocimientos, palabras alentadoras, abrazos, caricias y perdones. Que me encuentre, como decía Helen Rowland, sin quejarme que las locuras que más se lamentan en la vida son las que no se cometieron cuando se tuvo la oportunidad. Que la señora muerte me encuentre sin dejar una carpeta de “pendientes” en mi vida.

Pat, si hay algo que aprendido de tu partida, es que hay que agradecer cada día la vida, que la línea que separa la vida de la muerte es muy delgada y que cada mañana tenemos un precioso regalo que hay que experimentar de la manera más plena posible. Gracias por haberme permitido aprender y compartir algunos minutos de tus últimos días.

Ya sabéis que El Camino del Mago es un blog coral, por ello pedí al resto de Magos unas palabras para este año que despedimos:

Para Víctor Panicello su 2016 han significado 12 meses vividos en 365 días, en casi 8.800 horas, en más de 500.000 minutos, en infinidad de momentos que pasan y que ya no vuelven… como debe ser. No es vida la que no fluye, la que no se descompone, la que no se olvida.

Aferrarnos al pasado o al futuro es casi tan malo como aferrarnos al presente futuro. En este año que también nació para morir, para extinguirse, nada ha sido lo que esperaba porque no esperaba nada. Las cosas han llegado, han estallado ante mis ojos, mostrándome su belleza, su mezquindad o su escondido atractivo. Las cosas han pasado y ya no las recuerdo.

Ha sido mi año del principio del olvido, de la conciencia de que realmente a ese árbol al que nada le importa mi presencia en este mundo, tampoco le importa el calendario, ni el tiempo que tanto nos obsesiona.

Ha sido mi año sin tiempo.

Álvaro Alcántara  dice que a veces pensaba que las cosas malas suceden porque sí, porque tienes mala suerte, porque todo te cae a ti, pero lo cierto es que la mayor parte de todo lo que nos sucede es el resultado de lo que pensamos, de lo que soñamos, de lo que deseamos, … lo he aprendido este año y este año he aprendido también que no hay nada como soñar a lo grande para que te ocurran grandes cosas. También que pensar en positivo atrae la buena suerte y que si nos planteamos hacer algo nuevo cada semana surgirán mil oportunidades inesperadas.

He aprendido que hay que llevarse bien con el dinero para que este se lleve bien contigo y también que hay que quedar con los viejos amigos cara a cara para que te cuenten lo que no te contarían en un triste mensaje instantáneo o por teléfono.

He aprendido que las personas no me hacen cosas, sino que hacen cosas y en mi mano está la forma en que me van a aceptar. He aprendido que las relaciones pueden cambiar de manera drástica si no se cuidan y que no hay nada como brindarle tu ayuda a alguien para que te abra su corazón.

Y por último diría que he aprendido que los pilares básicos de tu vida son los que te hacen levantarte cada mañana, así que nada mejor que acostarte y levantarte dando gracias a la vida por lo que tienes. Son bastantes cosas las que me ha dado este año, ¿no?

Llego el momento de despedirnos de ti. Para ello te dejamos con esta maravillosa canción de Giant Rev, porque como dicen Pau Sastre y su grupo:

La vida tiene sus propias maneras de mostrarnos como estar en ella, solo tienes que fluir y sentir que naciste para estar vivo.

Un fuerte abrazo y hasta siempre 2016.

Gemma, Víctor y Álvaro.


 

La importancia de la palabra

Diario de una exploradora emocional: capítulo 5

Me he dado cuenta que cuando el amor falla no Soy.
En cualquier parcela de mi vida, pero especialmente cuando falla el amor hacia mi misma.
Si no lo siento, estoy vendida. Y me hablo mal y me pienso mal y, por consiguiente, hablo mal y pienso mal a los demás.
Mi maestro de yoga, Ardaas Singh, me explicó la importancia de la palabra. Su vibración es tan potente que va más allá de lo tangible. Tiene efectos en ti y también en los demás y hay varias cosas a tener en cuenta antes de soltar una “perla” por la boquita.
Aquello que digas debe ser verdad, pero verdad objetiva no un “a mi me parece que…” Tiene que ser necesario, por que si no va a contribuir a un futuro mejor, para qué?. Y, sobretodo, debe ser amable. Por que si es amable  sale desde el amor, el amor hacia el otro y el Amor propio que no ha reaccionado a nada, el que sabe responder desde la mente neutral.
Y te diré algo que no había pensado jamás: si es verdad, es necesario y es amable, resulta que ni te justificas ni te quejas. Por que va implícito en amarte tanto que no necesitas explicarte más. No te quejas por que lo que te ocurre ya que comprendes que está bien como llega y debe ser. Y amas tanto al otro, que no hay nada que reclamar.
Entonces no te permites caer en esos juegos mentales de víctima-acosador que nublan, limitan y hacen sufrir. Por que si hablo bien, mido mis palabras en función a esas bases creo un buen pensamiento y me amo.
Y es importante amarse bien, si estoy en paz conmigo lo estoy con el mundo exterior. Emano y recibo buenas energías.
Y poco a poco consigo que la opinión personal de mi misma sea la más importante a tener en cuenta. Porque es fuerte, segura y se ama hasta con aquellas cosas que le gustan menos, aceptándolas igualmente.
Y si siento ese amor, Soy.
Patrícia Arner Gusart

Sombras que resplandecen

Me despierto y me sorprendo buscando tu sombra en la noche

esperando encontrar en ella algún vestigio de ti,

quizás el eco de tu voz o el olor de tu piel

Solo encuentro ausencia de ti y recuerdos que se vuelven eternos,

sensaciones placenteras de momentos de felicidad,

momentos fugaces que llegan, pasan, se van…

Me pregunto si el amor nace en algún lugar en especial

o si se encuentra quieto, agazapado esperando nuestra llegada,

escondido en una esquina del alma

No te encuentro pero se que estás a mi lado,

lo se porque noto tu calor cerca de mi,

puedo escuchar como me susurras un te quiero

Espero que estés ahí, como siempre,

esperando sin esperar, queriéndome sin ambages

amándome tan solo por el placer de hacerlo

 

Me gustaría que así fuera, un amor del color del atardecer,

que no dejas de mirarlo por si algún día llega un viento

que se lleva sus hojas hasta otro lugar aún no escrito

Un lugar donde exista otra esquina en otra alma

donde respire silencioso ese amor de nuevo eterno,

de nuevo mágico, sutil, suave, sedoso…

 

Álvaro Alcántara


 

Una vez tuve una idea

Fue un momento especial, casi mágico.

Surgió de repente, sin apenas esfuerzo, como si hubiera estado ahí desde siempre, en estado latente, acumulando calor y energía para poder sobrevivir y crecer.

Recuerdo que cuando sentí su presencia por primera vez, pensé que era un error o, en el mejor de los casos, un espejismo pasajero.

Pero se negó a desaparecer y su presencia se hizo cada vez más evidente, más llamativa. Me despertaba por las noches, empapado en un sudor frío que me dejaba despierto y preguntándome qué demonios me estaba sucediendo.

A mí, que en mi vida no había llegado a tener jamás un solo pensamiento realmente original, ahora me asaltaban las dudas perpetuas de vivir un proceso para el que no estaba preparado. Una maldita idea que amenazaba mi estabilidad emocional, que había construido a base sobre todo de inapetencia, de inacción, de inconsciencia y de impotencia.

Durante un tiempo no sucedió nada, al menos de cara hacia afuera. Nadie sospechaba que en mi interior había estallado un proceso de crecimiento que me fascinaba y me tenía atrapado en su magia y su potencia.

La idea dejó de ser un esbozo y se consolidó, alimentándose de una ilusión que yo mismo creía extinguida hacia tiempo. Su presencia se convirtió en algo que pasó de ser temido a ser deseado y decidí dejar de luchar y entregarme.

Volví a leer.

Busqué alimento para ella y sentí como absorbía cada matiz de conocimiento que yo era capaz de asumir. Los nutrientes fluían por mi cuerpo y llegaban a mi mente con una velocidad que no sabía que pudiera existir en mi interior.

La mayoría de los que me rodeaban, acostumbrados a ignorarme, no se dieron cuenta de los cambios que esa gestación estaba provocando en mí. Solo los más cercanos empezaron a sospechar que algo extraordinario estaba sucediendo cuando abandoné las largas horas de letargo mental y pasé a mostrarme curioso, incisivo e incluso ingenioso.

Tuve que disimular.

Un día de finales de invierno, supe que por fin había llegado el momento. Después de largas semanas de espera, ella, mi idea, estaba lista para salir, para ver la luz, para enfrentarse a su destino

Y yo al mío.

El feliz acontecimiento tuvo lugar un martes, en pleno apogeo del marasmo productivo en el que vivía de 8 a 17 horas, todos los días sin falta desde alguien decidió que ya era un adulto..

Ese día, con la emoción a punto de desbordarse a través de mis ojos, ahora llenos de vida, sentí que no podía reprimirme más.

Levante la mano y, ante la mirada escrutadora de todos los que me acompañaban en ese ritual diario de aburrimiento extremo, reuní todo el valor que había acumulado en esos tiempos agitados y expresé mi intención de dejar nacer esa idea.

Lo dije en voz alta.

– Venga señor Álvarez, déjese de ideas, que aquí no se le paga para pensar.

Fin de todo.

Víctor Panicello