Esperando en el vacío

¡Espera! ¡Ten paciencia!

Estas dos ideas se configuran en nuestra mente desde que tenemos uso de razón. Nos programamos para la espera, para el aplazamiento de aquello que deseamos y al final, aceptamos gustosos que será en el futuro cuándo podremos disfrutar de la vida. Tal vez, cuando tengamos treinta, o cincuenta… seguro que en la jubilación (ese será el momento definitivo para empezar a disfrutar de la vida)

¡Lucha por ser alguien el día de mañana!

Así de claro, porque hoy, a estas alturas, todavía no eres nadie. No importa la edad que tengas, no importa el camino que hayas recorrido o lo que te haya costado. Siempre hay un sacrificio más por hacer, una meta nueva por alcanzar, algo especial que espera tu llegada.

¿La muerte?

Tal vez, por eso muchos mueren con la decepción de no haberse lanzado al vacío. Se sienten engañados, estafados, vendidos, timados…

¡Espera!

¿A qué exactamente? Al éxito profesional, a una vida social llena de relaciones sin sentido, al amor programado según la edad, a la maternidad/paternidad, a esos bienes indispensables que no necesitas.

Recuerdo de pequeño como me sentaba en la cocina y ayudaba a mi abuela a pelar habas (ya sé que suena a antiguo, es que lo es). A mí me encantaba comérmelas crudas, pero no me dejaban. Y no porque pasara nada por hacer desaparecer unas cuantas de todo ese montón. Sin embargo, no me permitían disfrutar de ese pequeño placer.

¡Espera!

Era simplemente por adiestramiento, por convención social, por esa idea de domesticar los impulsos infantiles que nos convierten en imprevisibles, en apasionados, en irreflexivos.

¡Ten paciencia!

Y así nos va… esperando que la vida vaya pasando ante nuestros ojos mientras creemos que llegará el momento, nuestro momento.

Algunos descubren que todo era falso, que no hay que esperar a nada, que hay que abalanzarse sobre las cosas, sea el amor, el sexo, el riesgo, las emociones, la ambición o el deseo.

Otros siguen esperando.

Y, aun así, aun sabiendo que todo era mentira, seguimos afrontando la vida con el freno de mano puesto, como si realmente existiera ese mañana perfecto donde se colmaran nuestras ansias más secretas. Para colmo, algunos prevén que eso no sucederá en esta vida, sino en la siguiente, en la no existencia, en la reencarnación o en el nirvana.

Y les creemos.

Esperamos.

Morimos con la sonrisa puesta.

Espera si te apetece, pero yo ya nada temo.

Víctor Panicello

Fotografía: Miquel Gasull


 

Jugando contigo

Duermo y sueño que te has ido, que marchaste de repente

que no dejaste una nota, que huiste no se hacia donde,

me despierto angustiado y tardo unos minutos en saber donde estoy,

aún confundiendo el sueño con la realidad, una pesadilla que se disipa

Pero no, estás ahí, una noche más, a mi lado, quieta, tranquila,

dormida soñando dios sabe qué, respirando lenta, abrazando la noche.

Me acerco despacio, aprovecho los débiles rayos de luz que atraviesan la persiana,

que dibujan tu silueta, lo demás lo adivino, me lo invento, lo imagino.

Dejo pasar unos minutos observándote en la semioscuridad, aprovechando tu ausencia,

para contemplarte, para acercarme y oler tus poros, sacrifico el silencio y me acerco,

buscando tu piel bajo la ropa, acariciando cada curva, cada retazo de tu cuerpo,

te despierto hundiendo mi cara en tu cuello, besando los latidos de tu corazón,

que resuenan silenciosos contra mis labios, como marcando la cadencia de la pasión.

Por fin despiertas, te giras y me regalas una mirada, tus manos calientes me recorren,

me acarician renaciendo cada vello, inspirando mis deseos, sugiriendo amor

y luego amor y pasión y besos y suspiros, piel con piel…..

y de nuevo la noche, la quietud, el silencio, la oscuridad…los sueños

Álvaro Alcántara


 

Nunca es tarde para ser feliz

Hace unos días finalicé la relectura del libro de Miríam Subirana, La Gran Liberación. Me sirvió para volver a conectar, de una forma clara y diáfana, la diferencia entre el Mindfulness y el Heartfulness. Desde el heartfulness se hace evidente que el mindfulness se queda corto, que no es posible utilizar la palabra “mente” para designar un modo de vida en el que primordialmente se promueve actuar desde el corazón.

Según Subirana la gran liberación tiene que ver con trascender el ego y vivir nuestra identidad (nuestro verdadero ser) de forma genuina. Un vida sin ruidos, pensamientos inútiles o sentimientos innecesarios. En definitiva, un estado de consciencia plena que incorpore el mindful y el hearful a la vez. Una forma de vida conectada, desde un corazón generoso, compasivo, respetuoso, despierto, abierto y consciente y creando relaciones positivas que incidan en nosotros, en nuestro entorno y en el mundo.

Otro de los extraordinarios libros que también tiene relación con la idea de vivir nuestra identidad de forma verdadera es The Hearts Code, de Paul Pearsall. En él se describe el funcionamiento del corazón y se introduce la idea de una energía universal asociada a este órgano. De este modo el corazón no se limitaría a ser solamente una extraordinaria bomba de doble cámara, sino que pasaría a representar el centro neurálgico y gestor de nuestra existencia. Tanto energéticamente, generando un campo magnético cinco mil veces más potente que el genera el cerebro, como funcionalmente almacenando en sus células nuestras más íntimas tendencias y actitudes ante la vida y todo lo que ella representa.

Me faltan conocimientos y criterio para poder evaluar este libro, pero considero que su lectura puede sumirnos en una profunda reflexión acerca de nuestra verdadera naturaleza. Nuestra razón de ser probablemente no esté tan vinculada al cerebro como actualmente se predica. Vivimos en una época en la que este órgano esta siendo idolatrado en gran medida como único responsable de nuestras experiencias.

La moderna neurociencia parece en muchas ocasiones empeñada en encontrar los mecanismos cerebrales que hacen que nos sintamos de una manera determinada. Una vez descubiertos estos mecanismos se deduce una relación de causalidad directa entre ambos elementos. Pongamos, por ejemplo, que se observa que una región determinada del cerebro se activa cuando una persona siente alegría. De este hecho podría deducirse que esa alegría se produce gracias a la activación de esas áreas concretas del cerebro. En raras ocasiones se plantea otra posibilidad, sin embargo existen otras posibles interpretaciones.

Una explicación alternativa de esta causalidad nos viene dada al considerar el concepto de correlación. La correlación implica ocurrencia simultanea pero no causalidad. En este ejemplo, bajo una perspectiva de correlación, podríamos decir que cuando sentimos alegría se activan ciertas áreas cerebrales y punto Según este punto de vista la ocurrencia conjunta no implica que uno de los dos fenómenos haya sido originado por el otro.

Rizando aún más el rizo podríamos incluso afirmar que el estar alegre es lo que produce que ciertas áreas del cerebro se activen. La verdad es que en muchísimas ocasiones no hay modo alguno de saberlo: ¿estamos alegres porque se activan ciertas áreas del cerebro o el hecho de estar alegres es lo que origina que esto ocurra?

El cerebro es impaciente, egoísta, arrogante y cruel, explica el Dr. Pearsall. Por lo tanto, el cerebro mata el corazón. Por otro lado, el corazón muestra paciencia, unidad armoniosa, amenidad agradable, humilde modestia y tierna bondad.

“Si pudiéramos desbloquear el código del corazón y vivir según éste” dice Pearsall, podríamos descubrir nuevas formas de entender esas curaciones misteriosas, podríamos aumentar nuestra conciencia e incluso crear una forma de vida en torno a la alegría y la salud.

Sabemos que el corazón ama y siente pero ¿es posible que también piense, recuerde, se comunique con otros corazones, ayude a regular la inmunidad y contenga información almacenada circulando a través de nuestro cuerpo? Algunas investigaciones sobre la memoria celular apuntan a que es el corazón y no el cerebro el recipiente de los secretos que conectan la mente, el cuerpo y el espíritu. Si ponemos más corazón en nuestras vidas tal vez descubramos nuevas formas de comprender la consciencia y la sanación humana. Vivimos en un mundo regido por el cerebro. Disfrutamos de los inventos y la tecnología pero el corazón nos pregunta si podremos sobrevivir en este mundo tan cerebral.

Aunque se pueden hacer múltiples críticas a la tesis Pearsall, no se puede negar que su obra ofrece una magnífica combinación de ciencia y testimonios que permite percibir la inteligencia del propio corazón. Pearsall propone, en su libro, la práctica de la cardio-contemplación, derivada de la técnica de cuadro congelado desarrollada por investigadores del Instituto de HeartMath (California), en la que se propone que congelemos las situaciones o las escenas de estrés para poderlas considerar desde una perspectiva más calmada y centrada en el corazón. Esta técnica involucra el permanecer inmóviles, quietos y permitir que ocurra la respuesta de resonancia. Sin duda se trata de una vía interesante para silenciar nuestro agitado cerebro. La probaremos en alguna sesión de Mindfulness 😉

Retomando la idea inicial, estoy convencida que debemos reclamar y apostar por el concepto Heartfulness, porque hace referencia al corazón, a pesar de ser todavía un gran desconocido.

Gemma Segura Virella


 

Te deseo que encuentres todo lo esperado

Los inicios hacen que las cosas se vuelvan únicas y valiosas. Destacan la maravilla de cada experiencia. Nos recuerdan que debemos ser conscientes de cada paso que damos. En general, solemos comprender que las cosas son transitorias sólo cuando cobra importancia el final, cuando algunas veces es demasiado tarde para volver atrás. La mejor manera de convertir un final en algo beneficioso es proyectarlo en el futuro mientras todavía tenemos oportunidad de modificar el presente. Como dicen los maestros Zen: “Muere antes de morir; solo así podrás vivir verdaderamente”.

Iniciamos un nuevo año, con 365 días (361 a día de hoy) y los voy a vivir repletos de gotitas de felicidad eudaimonia (de daimon: genio o acompañante del alma, entendida como plenitud del ser), aquella que te permite conectar con tu sentido de propósito y dirección en la vida. Decía Plutarco que conocer nuestro daimon era conocerse a un mismo, ese espíritu que nos guarda y asedia, como una estrella flotando sobre la tierra, conectada al alma.

En el post de hoy me permito compartir contigo algunos deseos para este nuevo año:

  • Este año es tu vida. Haz lo que amas, y hazlo frecuentemente.
  • Si no te gusta algo, cámbialo.
  • Si no tienes suficiente tiempo, déjate en paz.
  • Si estás buscando el amor de tu vida, detente: te estará esperando cuando empieces a hacer las cosas que amas.
  • Deja de analizar demasiado, todas las emociones son bonitas. La vida es simple.
  • Cuando comas aprecia cualquier bocado.
  • Abre tu mente, brazos y corazón a nuevas cosas y gente, estamos unidos en nuestras diferencias.
  • Pregúntale a la próxima persona que veas cuál es su pasión, y comparte tu sueño inspirador con ella.
  • Viaja frecuentemente. Perdiéndote te encontrarás a ti mismo.
  • Algunas oportunidades sólo llegan una vez, aprovecha la foto.
  • La vida es acerca de las personas que te rodean, y las cosas que creas con ellas. Así que sal y empieza a crear.
  • No hay que ser amigo de todo el mundo, pero hay que ser parte del mundo de los amigos.
  • La vida siempre se hace corta. Vive tu sueño y haz realidad tu pasión.
  • Busca tu verdad y sumérgete en tus experiencias.
  • La verdadera meta en la vida eres tu mismo.
  • Delira a ratitos, porque la locura también es síntoma de buena salud mental.
  • Perderte puede ser la solución para encontrarte.
  • Ama al mundo del que formas parte.
  • Disfruta de ser imperfecto porque en este mundo hay que ser capaz de vivir cada día como si fuera el último.
  • Borra de tu diccionario el para siempre y el nunca, porque no existen.
  • No confiés en que lo que tienes lo vas a tener siempre. Valora lo que tienes y confía en lo que eres.
  • Aprende a simplificar y a centrarte en lo que te da vida.
  • Es mejor sentir que entender, así que no te preocupes si a momentos no entiendes nada.
  • Recuerda que muchas situaciones se resuelven cuando se tiene serenidad para encontrar las mejores soluciones.
  • Según el refrán “la esperanza muere al último”. No la pierdas nunca para no perder el sentido de las acciones de la vida.
  • Por mucho que llueva, el sol siempre acaba saliendo.
  • Algunas cucharadas de humildad y generosidad endulzan algunas relaciones y situaciones.
  • Modifica los malos hábitos para que tu cuerpo esté sano durante el viaje.
  • Diviértete, ríe, baila y ten fuerzas para seguir al pié del cañón cada día.
  • Déjate llorar. Libera y desbloquea.
  • Cumple siempre tus promesas, especialmente las que te hagas a ti mismo.
  • No dejes que nada ni nadie te quite tu actitud.
  • Que el amor sea siempre tu guía.

Hace unos meses, un amigo de tertulias literarias me dijo “Amo la vida”. Precioso ¿verdad? Pues acabo con ello: Te deseo que encuentres todo lo esperado y que Ames la Vida.

Feliz año queridos!

Gemma Segura Virella