El tiempo de la rabia

A menudo la veo en sus ojos cuando les llevo la contraria o simplemente cuestiono aquello que ellos defienden como principio de vida. Muchas veces incluso sin llegar a dirigirles la palabra, solo por el hecho de estar ahí, metiéndome en sus asuntos.

La ignoro.

Sin embargo, sé que está ahí, añadiendo combustible a esas vidas perdidas, quemadas, consumidas por el odio hacia todo y hacia todos, sobre todo hacia sí mismos. Ese es el alimento del que se nutre esa rabia, del odio, de la no aceptación de las propias debilidades y de reflejarlas en los demás.

Me odio… te odio.

Un animal en un laberinto, busca y busca la salida. Recorre obsesivamente los caminos, ansioso por encontrarla, se desgasta, se agota, se deprime y finalmente se odia a si mismo porque no es capaz de encontrar su salvación. No sirve para nada y siente como la rabia crece en su interior, apoderándose de todo, alimentando su odio….

Se consume y se pierde.

Nada de lo que hagas por él servirá sino vences su rabia. Si le ofreces tu mano, la morderá, aunque eso suponga su condena. Si le ofreces tu alma, la pisara, aunque eso implique que viva para siempre en su propio infierno. Nada de eso le importa cuando surge la rabia.

Nada puede con ella, nada que no sea el amor y la paciencia incondicionales.

A continuación, reproduzco un fragmento de “Pedres al camí”, novela juvenil publicada por editorial Comanegra y que he llevado a cabo junto con un grupo de chicos y chicas con conflictos dentro del sistema educativo:

El que habla es un educador de una Unitat d’Escolarització Compartida, donde se intenta dar una nueva oportunidad a estos chicos. Sin duda se trata de alguien que posee esas dos cualidades necesarias para apagar el incendio de la rabia: amor y paciencia. El curso está a punto de acabar y muchos de ellos finalizan su etapa en ese entorno protegido:

– Dejadme que os hable de una cosa que todos vosotros tenéis en común… Una cosa que traéis en la mochila cuando llegáis y que, ahora que estáis a punto de iniciar una nueva etapa, os pido que dejéis aquí, entre estas paredes que os han aguantado uno o dos cursos y que seguramente no volveréis a ver nunca más.

La expectativa generada acalló a todo el mundo. Tenían curiosidad por saber qué era aquello que todos compartían.

Joan sabía que aquello les llamaría la atención.

– Pues bien, hoy que estáis a punto de marcharos para tratar de ir siguiendo vuestro camino, os pido que dejáis aquí la rabia.

Nadie dijo nada. Buena señal.

– Ya sabéis de qué hablo. Mirad, algunos de nosotros llevamos haciendo este trabajo ya hace bastantes años y cada vez que llega un chico o una chica nueva, lo primero que hago es mirarlo a los ojos y… ¿sabéis qué veo?

– ¡Que están to rojos porque va fumao! – dijo Ariadna haciendo reír a la mayoría.

 – A veces también – respondió Joan sin inmutarse porque era rigurosamente cierto – Pero no quiero decir eso. Le veo la rabia … una especie de fuego interno que todos tenéis escondido en el fondo de vuestras miradas, siempre dispuesto a haceros explotar o a haceros desaprovechar oportunidades o a meteros en problemas por cualquier chorrada. La rabia que os gobierna y que a menudo no os deja ni pensar.

– Tiene razón – añadió Soco.

– No entro en sí es justa o injusta, en si tenéis motivos para sentirla o es si en realidad os apuntáis porque os es más cómodo no tener que enfrentaros a según qué. No juzgo, pero sí que os digo una cosa: si ella gana, vosotros perdéis. Siempre, aunque pensáis que habéis ganado, estáis perdiendo. Si ella manda, vosotros vivís a su servicio… y ahora que llega el momento de marcharos de aquí, os pido que la soltéis. Echadla para siempre de vuestras vidas porque es una carga que os aplastará antes o después.

Sabía que ahora lo estaban escuchando de verdad.

Todos ellos conocían la rabia y su poder.

– Ahora es el momento. Tiene que acabar el tiempo de la rabia.

Víctor Panicello Monterde


 

Por lo que puede ser

El post de hoy está dedicado a aquellas personas que ven y viven la vida “por lo que puede ser” y no “por lo que no puede ser”.

Personas que presentan al mundo las verdaderas causas, capaces de transformar el mundo en un lugar mejor.

Personas que han descubierto que para darle sentido al mundo actual, es necesario establecer algo más que empresas que ganan dinero y relaciones instantáneas, superficiales y temporales.

Personas que han decidido ser motores del mundo e iniciar el interesante viaje que nos permite cambiar corazones, mentes y acciones de las personas. Personas que han decidido cautivar al mundo. Lo has leído bien: cautivar al mundo, a tu mundo.

Para poder cautivar hay que apuntar alto, cuanto más altas sean tus metas, más necesidad tendrás de cambiar los corazones, las mentes y las acciones de las personas. Si necesitas cautivar a la gente, significa que estás haciendo algo importante. Si haces algo importante, necesitas cautivar a la gente.

Para poder cautivar hay que gustar a otros. ¿Alguna vez te ha cautivado alguien que no te gustara? Lo dudo. Así que el primer paso para cautivar es conseguir gustar a la gente y para lograrlo, necesitarás aceptar a los demás y encontrar en ellos algo que te guste.

Para poder cautivar hay que ganarse la confianza. ¿Te ha cautivado alguna vez alguien de quien no te fiaras? Eso también lo dudo. La gente confía en ti cuando estás informado, cuando eres competente, cuando piensas en grande y cuando creas situaciones de valor seguro. En una sola frase: “Cuando haces cosas buenas y las haces bien”.

Para poder cautivar hay que prepararse. Las grandes ideas cautivan, las estupideces, no. Así que hay que crear algo grande, comunicarlo en términos claros, sencillos y comprensivos, y trabajar mucho para ponerlo al servicio del mundo.

Para poder cautivar hay que cumplir. A los que cumplen les va mejor que a nadie, desde siempre. Lanzar algo grande significa involucrar a la gente en ello, conseguir que lo prueben/acepten para que después te ayuden a difundirlo.

Finalmente, para poder cautivar hay que saber de magia. Una vez has creado el hechizo, hay que hacerlo durar y conservar y eso es un proceso, no una tarea concreta.

¡A cautivar!

Gemma Segura Virella

 

PD: he decidido hacer una prueba y grabar el post en audio… A ver qué os parece 😉


 

¿Dónde estabas?

Me pregunto donde estabas cuando la luz no existía

cuando la penumbra se aferraba a mi alma con grilletes imposibles,

en ese entonces en el que el rumbo está allí donde habita el azar

en un espacio gélido, gris, áspero, disonante….

Quizá desde allí comencé un viaje de búsqueda aún sin saberlo

hacia un lugar indeterminado, desde el fondo del alma

donde los sentimientos duermen escondidos entre la maleza

donde la luz no llega salvo unos pocos minutos al día.

El viaje comenzó frente al espejo, en un encuentro con un desconocido

al que comencé a hacer preguntas, como jarros de agua arrojados a la cara.

La verdad a veces duele, pero es en ese momento cuando es más necesaria

y a mi la verdad me arrancó el corazón por unos instantes, devolviéndomelo limpio.

Solo entonces, cuando me descubrí te descubrí a ti también

me sacaste del agua agarrándome de la mano y llevándome a la superficie

hacia la luz del sol, donde la brisa del mar te acaricia y el calor calienta la piel,

donde duermes en la orilla y dejas que las olas te arropen.

Allí me quedé y allí habito. Espero quedarme por mucho tiempo contigo

paseando por la playa, mirando al horizonte, disfrutando del silencio

escuchando los pájaros marinos, hundiendo los pies en la arena,

entrando en el agua poco a poco….donde el tiempo se detiene.

Álvaro Alcántara.

Fotografía: Miquel Gasull.


 

Mi vida está llena de polaridades

¡Si, lo admito, Mi vida está llena de polaridades!

Amor-límites, libertad-seguridad, riesgo-confianza, alegría-tristeza, luces-sombras, apego-distancia, pereza-determinación, acción-indecisión, trabajo-diversión, … Incluso para vivir en presente necesito conciliar en mi mente mi pasado y mi futuro. Mi vida está llena de pura dualidad y los extremos que forman esos estados representa una fuerza a través de la cual se manifiesta la polaridad. Al final he aceptado que necesito esas propiedades opuestas para poder vivir y cumplir mis sueños. Porque cada polo es en realidad una atracción, una tendencia, una preferencia hacia algo en particular.

Os confieso este secreto porque tengo la certeza que los conflictos se generan en nuestra conciencia por la tensión que nos genera el tener que elegir, siempre, entre dos polaridades. Cada decisión deja de lado otra y muchas veces lo vivimos como un sacrificio que lleva a la ansiedad. ¿El antídoto? Aceptar las dos polaridades sin rechazar ninguna, sin sentir que nos falta algo o que estaremos incompletos sin lo otro.

Todos tenemos lo que yo llamo una matriz personal, un tipo de vibración que nos acerca o nos aleja de los estados de felicidad. Nuestra realidad siempre tiende a buscar armonía con nuestro estado de conciencia, por ello si la realidad que vivimos no nos encaja, debemos cambiar los patrones de conducta que se repiten y que configuran esa matriz personal.

A mi me ayuda, para conseguirlo,  aceptar y equilibrar esa tensión que me generan los polos opuestos, esas polaridades que os contaba al principio, en el deseo de encontrar la unidad. Esa aceptación crea al final un estado de resonancia nuevo que me permite nuevas miradas internas y externas para poderlas integrar. Si descarto una polaridad estoy, en realidad, imposibilitando la polaridad, porque el fondo contiene a la forma y la forma es parte del fondo.

La última parte de mi confesión semanal se llama Amor. Solo es posible la verdadera transmutación de la polaridad si dejamos entrar, en ese espacio vació que une ambos opuestos, al amor. Él es el único capaz de inundar, integrar y eliminar los imposibles. Y para ello, me acompañan la energía y la voluntad para no quedarme estancada y aceptar que estoy viviendo esa situación bipolar y experimentando la tensión que me genera. ¿Fácil? Para nada y me quedo enganchada en algunos momentos, pero es posible!

Un día me contaron que la polaridad es una creación del ego, el otro polo de la unidad, donde todo y nada se funden. Con los años descubrí que es imprescindible abrazar los dos estados, el de vació y el de plenitud para poder dar espacio al equilibrio, ese punto donde se intercala el balance para trabajar juntos en un propósito mayor.

¿Fácil? Para nada, ¡pero es posible!

Gemma Segura Virella