Durmiendo sin ti

Voy a anidar en tu alma

esperando a que vuelvas

el tiempo no importa

no importa la espera

me quedaré recordando

una vida entera

una historia de amor

toda nuestra leyenda.

Si me duermo en tu ausencia

y regresas y me encuentras

abrazado a tu almohada

oliendo tu esencia

acércate muy despacio

susúrrame lo que sea

bésame sin descanso

hasta que el día amanezca

y despertaré feliz

sintiéndote a mi vera

agarrándome a tus manos

recorriendo tus caderas

acariciando tu cuello

sabiendo que ya estás cerca.

Alvaro Alcántara


 

¿Qué es lo que mi mundo aporta al mundo?

Diferentes tradiciones, filosofías y religiones del mundo, en especial las de Oriente, han señalado desde hace siglos que los seres humanos no somos tan libres como pensamos. Nuestros comportamientos e incluso nuestros pensamientos, emociones y sentimientos son una respuesta automática que obedece a una amplia gama de condicionamientos determinados por el momento histórico, la sociedad, la cultura y el contexto familiar en el que nacemos y crecemos.

La buena noticia es que, al mismo tiempo, podemos desarrollar nuestra conciencia de lo que sucede fuera y adentro de nosotros mismos. Estar plenamente conscientes y atentos no es algo que pueda describirse con palabras, es más una experiencia o un estado del Ser que un concepto o idea. Si todos desarrollamos el amplio potencial de nuestra conciencia podremos ser responsables de la forma que vivimos y no seguiremos culpando a alguien o algo más por la vida que llevamos o por el estado actual del mundo en que vivimos. La siguiente buena noticia es que tenemos una maravillosa herramienta para que nos ayude: el Mindfulness.

Mindfulness se refiere a ese estado de atención plena o consciente e implica ser consciente de todo lo haces, dices, sientes, vives.

Si de algo estoy plenamente convencida, es que para ser responsable de mi propia vida debo tener la conciencia despierta. Significa que entiendo que mis decisiones y acciones tienen consecuencias y que solo si me esfuerzo a través de la práctica continua y continuada puedo transformar mi modo de vida y, por ende, a mi misma, para ser más dueña de mi vida en beneficio de mi misma y de quiénes me rodean.

Todas las personas hemos vivido experiencias mindfulness en la vida, un claro ejemplo es cuando contemplamos un atardecer sublime junto a un ser querido y nos sentimos profundamente conmovidos y disfrutando del presente tal cual es. La práctica de la meditación es una de las vías a través de las cuales podemos cultivar mindfulness y hacer que esos momentos mágicos de conexión con la vida se repitan.

Si vamos corriendo a todas partes, sin aprender a vivir en lentitud, adoptamos esa velocidad como un modo de vida, como una forma del Ser y comenzamos a ser autómatas y nuestras respuestas ante los estímulos de nuestros sentidos y nuestra mente dejan de ser creativos. Ya no tenemos tiempo para un café con los amigos, para contemplar un bonito atardecer o para sentarnos en cualquier lugar y disfrutar de ver pasar los minutos.

Desde la plena conciencia, el zumo de la vida -esos pequeños momentos placenteros de atención plena-, momentos de entrega total al privilegio de seguir vivos, se vuelven momentos extraordinarios. Desde la plena conciencia, descubrimos que nuestra vida se ha vuelto así porque nosotros lo hemos elegido a través de decisiones y acciones desconectadas de la conciencia. Lo hemos hemos elegido porque nos hemos dejado atropellar por una agitación colectiva y por unas poco sabias proclamas modernas.

En algunos de mis momentos mindfulness me pregunto ¿Por qué hemos renunciado a ello tan fácilmente? ¿Por qué nos resignamos a convivir más tiempo con la niebla que con las olas que vienen y van en la playa? ¿Por qué hemos olvidado vivir poéticamente?

A cada instante de la vida podemos elegir el estilo de vida. A cada instante de la vida podemos elegir el silencio. A cada instante de la vida podemos elegir la lentitud. A cada instante de la vida podemos elegir la plena conciencia. A cada instante de la vida podemos elegir una vida sabia.

Tengo algunas preguntas que me acompañan desde hace algunos años. Una de ellas, quizá la más compleja, es ¿Qué es lo que mi mundo aporta al mundo? Necesitamos desacelerar, reflexionar, inhalar, exhalar, conectarnos con nuestras necesidades más profundas y observar la vida que llevamos tal y como es.  ¿Qué me estoy dando y qué estoy dando a los demás?

Dice Humberto Maturana, “nos enfermamos al vivir un modo de vida que niega sistemáticamente el amor” y me quedo con su respuesta para responder a mis preguntas.

El desafío de la sabiduría es sencillo, que no fácil: Ser siempre consciente de mis capacidades y hacerme responsable de mis decisiones. ¡Ese es uno de los regalos vitales que nos ofrece el mindfulness!

Gemma Segura Virella


 

Poesía… eres tú

Bécquer nos dejó este poema:

“¿Qué es poesía?, dices mientras clavas

en mi pupila tu pupila azul.

¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?

Poesía… eres tú.”

Y si el poeta de hoy empezara con esta pregunta: ¿Qué es presencia?

La presencia tendría que ser, vivir tu tiempo y llenar con tus energías ese espacio que has diseñado. Que estés conectada con lo que prefieres. Simplemente porque hoy somos aprendizaje en los encuentros. Unos encuentros más plenos y con menos miedos, si nos abrimos a sentirlos desde la presencia.

La no presencia ocurre cuando el crecimiento personal no está a la par con las personas con las que compartimos. Entonces, hay conflictos internos porque no hay sintonía, ni en experiencias, ni en búsquedas, ni en preferencias.

Disfrutar de la responsabilidad individual de sentirte, como única respuesta para asumir esa responsabilidad de quien eres y lo que quieres en este viaje, es estar presente en ti.

La no presencia, es no asumir esa responsabilidad.

La no presencia, es falsear el amor y los registros emocionales, mientras se cruza una marea oscura del yo interior, convirtiendo el presente en pasado como solución.

Presencia es algo parecido a, permitirte estar en el momento presente cuando vas a convivir con los demás. Estar en el contexto, sentirlo y compartir disfrutando de ese halo de vida. Mirar a los ojos y sonreír, porque cuando una persona vive en su presencia es más bella, expresa luz desde sus pupilas y todos los segundos de vida que regalas, es arte.

Presencia es sentir en frecuencia con tu pareja, en algo tan sencillo como bajar unas escaleras mecánicas, deseando acariciar… cogiendo de la mano a ser que es tu maestro. Emocionándote y sintiéndote una persona dichosa por labrar la vida, con su días de sol y sus días de nieve.

¿Qué es presencia? Dímelo tú…

Julia Socorro Santana


Y a eso se le llama sacrificio

Diario de una exploradora emocional: capítulo 10

Llevo un tiempo con la palabra SACRIFICIO en la cabeza, aparece por todas partes… En el trabajo, hablando con los niños sobre la escuela y las obligaciones, en forma de ofrenda en la serie que me tiene enganchadísima “Vikings”…

Tengo que reconocer que durante mucho tiempo era una palabra cuyo significado me repateaba, me ponía los pelos de punta. Y puede ser por mil motivos, probablemente alimentado por la época en la escuela de monjas y todo lo que envuelve a la religión y el sacrificio de Jesús en la cruz.

De pequeña también era una gran exploradora de experiencias y empecé muchas actividades que al cabo del tiempo me aburrían y dejaba acabado el trimestre. Y no era una cuestión de falta de interés ante las dificultades, cuando algo me cuesta más me motiva, soy “doña retos”. Era una cuestión de apasionamiento y excitación. El sacrificio tenía una connotación peyorativa que iba en contra de ese apasionamiento, lo veía como una rendición, resignación… Asignar tiempo y esfuerzo a algo que no me motiva, aguantando sólo por el compromiso personal momentáneo y decidido de cualquier manera, sin reflexión previa.

Cuando inicié la formación como profesora de Kundalini Yoga y me nombraron los 7 pasos imprescindibles de la felicidad, flipé:

  • El 1er paso es el Compromiso. En cada vida tú estás destinado a comprometerte. El compromiso te da carácter.
  • El 2º paso es el Carácter. Esto es cuando todas tus características, facetas, flaquezas y hechos, están en tu control. Yin y Yang se juntan y están equilibrados. El carácter te da dignidad.
  • El 3er paso es la Dignidad, la gente confía en ti. Te aprecia y respeta. Esto facilita la divinidad.
  • El 4º paso es la Divinidad, cuando no proyectas dualidad a la gente. Confían en ti inmediatamente y no te tienen miedo. Esto te da la gracia.
  • El 5º paso es la Gracia. Dónde hay gracia no hay interferencia, no hay brecha entre dos personas, ningún motivo oculto. La gracia te da el poder del sacrificio.
  • El 6º paso es el Sacrificio. Puedes aguantar cualquier dolor por esa persona. El sacrificio te da la felicidad.
  • El 7º paso es la Felicidad.

Me quedé bien jodida… ¿Qué significa que para ser feliz tengo que admitir y tener el sacrificio incorporado en mí como algo bueno? ¿Qué aquello que me haga sufrir me llevará a la felicidad? ¡Pero bueno! ¿Estamos locos? ¿Dónde está aquella afirmación de que si fluye todo sin trabas (ni sacrificios) es que estás en el camino adecuado?

¡Ay amiga! Que equivocada estaba… ¿Para qué unía el sufrimiento al sacrificio? Cuántas experiencias han pasado por en medio que me han hecho revisar, comprender e integrar. Algo tan, tan básico y sencillo; y tan difícil a la vez.

En primer lugar hay que comprometerse con uno mismo, con tu verdadera esencia, con sus necesidades, sus características perfectamente imperfectas, con tu propósito divino y con tu entorno, con tu área de acción e influencia. Y hacerlo desde la profunda convicción y desde el Amor.

Y cuando hay amor, no hay lugar para el sufrimiento. Puede existir el dolor, físico o emocional, pero donde haya amor no hay cabida para el miedo. Y, por tanto, no sufres, te compadeces de ti (y del otro), te cuidas (y le cuidas). Para mantener el NO sufrimiento, aliviando ese dolor en la medida de lo posible.

Y a eso se le llama SACRIFICARSE. Y esto te lleva a la felicidad, porque desde el amor sólo puede sentirse la felicidad de Ser, en tu máximo potencial creativo. Y, ¿No es el verdadero amor el deseo inevitable de ayudar al otro para que sea quien Es?

Patrícia Arner Gusart