Va a ser que no voy a perderme todo lo que me gusta

He oído que las cosas que van despacio ni se olvidan ni tienen un tinte indiferente.

También he oído que hay personas muy empezadas incluso antes de fecundarse.

He tenido el inmenso placer de oir esta respuesta de uno los grandes pensadores de este siglo:

Va a ser que no voy a perderme todo lo que me gusta. Darío (7 años).

Las nuevas generaciones cuando estén en edad laboral tendrán el centro más claro que muchos de los que creeemos tenerlo hoy. Es más, ya hay muchas personas dispersas en este universo que reciben en su nómina un concepto invisible y no al uso, que es el pago con tiempo.

Págame con tiempo, no con dinero. El KPI de la Felicidad cuenta como un hito para gerencias y RRHH en las empresas donde saben que el éxito radica en la comunidad. KPI: key performance indicator & Indicador clave de rendimiento. 

El tiempo permite no perderte nada de lo que te guste.

El tiempo permite tener una sociedad más libre para pensar, para hacer deporte, para vivir momentos inolvidables con la familia y amigos, y hasta para aprender a no hacer nada. Por eso cuando te encuentras con personas empezadas incluso antes de ser fecundadas, lo percibes en su aura. Hasta puede que sientas escalofríos, de lo anormal que es cruzarse con seres de luz con ese centro tan equilibrado que van por inercia propia, gestionando el tiempo en sus negocios.

Nuevos modelos de pensamiento y rentabilidad están logrando que el trabajo se integre como una tarea sana y tan sana como son las bondades del apio. Esto hace que podamos hablar y compartir sobre mindfulness ahora mismo.

El tiempo para no perderte nada de lo que te guste no se mide en ocho horas laborales al uso. Se mide en ocho horas rentables en la curva máxima de plenitud y energías del ser humano, dejándo además las horas de convivencia social y familiar destinadas al gasto de energías del resto del día.

Aboguemos por no perdernos nada de lo que nos guste. Ayudemos a los grandes exploradores, genios y pensadores a integrar la transformación humanista con el mismo empeño que participamos en la transformacion digital. Sobretodo porque automatizar los procesos significa ganarle tiempo a la vida, y que sirva la revolución digital para integrar la economía humanista en las empresas.

Dejemos que la fuerza del mindfulness nos acompañe en esta integración.

Leamos este recado que nos dejó un símbolo empresarial que tanto admiramos. Escuchemos a lo sabios, porque estoy segura de que sabemos hacerlo mejor:

  • Steve Jobs nos dejó esta reflexión: He llegado a la cima del éxito en los negocios. A los ojos de los demás, mi vida ha sido un símbolo de éxito. Sin embargo, aparte del trabajo, tengo poca alegría […] Solo puedo llevar conmigo los recuerdos que fueron fortalecidos por el amor.  Artículo en este enlace. 

Julia Socorro Santana


 

Menudo veranito potente

Diario de una exploradora emocional: capítulo 11

¿Vacaciones? Técnicamente si, emocionalmente no.

Esto del desarrollo personal y la elevación de la conciencia está muy bien. Amplías perspectiva sobre ti mismo y facilita las relaciones pero, francamente, es tarea ardua y dura de cojo…

Alguien me decía el otro día que le resultaba confortable y una maravilla hablar con alguien como yo que le transmitía calma y paz. Cuando terminó su argumentación le dije que soy hiperactiva y quemó mis excesos de energía con el deporte pero que sobretodo la meditación y el kundalini yoga eran quienes me habían “salvado”. ¡Quedó sorprendida!

Os contaré que llevo hoy exactamente 102 días seguidos practicando una meditación, la Shabd Kriya, cuyos efectos dice Yogui Bhajan ser los siguientes: “Efecto estimulador del crecimiento y la personalidad. Da Brillo y el brillo da paciencia, que es la primera condición del Amor real. En el Amor, otorgas sin fijarte en todos los errores del otro, así como el sol otorga luz y calidez a las personas“.

Vamos, trabajando la paciencia y la compasión a tope.

Pero no sólo con estar 32 minutos con un patrón respiratorio concreto y un mantra se obtienen estos beneficios, no. Ésto no es ir a un súper y comprar una manzana todos los días, la manzana hay que comérsela. Y resulta que, milagrosamente, todos los astros se alinean para que trabajes la paciencia y la compasión en tu día a día y ….. que fácil era pensar sólo en los 32 minutos invertidos.

Aparecen situaciones que jamás antes hubieras imaginado y otras que ya ocurrían y tu perspectiva y reacción era otra. Situaciones que te remueven de tal manera que entras en catarsis constante. Experiencias que ayudan a transformarte, previa sensación que te estás volviendo loca.

Y todo esto amenizando tu vida cotidiana, combinando los vaivenes de tus emociones con los hijos, los dramas familiares y de pareja, el trabajo y con mis hormonas. Si señor, santas y estupendas hormonas y la variación de los 11 puntos lunares de las mujeres. Lidia tu con los dos  días y medio en los que, sabiendo que en realidad nada ha cambiado, todo parece un desastre y te caes fatal tú misma. Días en que las heridas profundas afloran y sólo sirve acallar la mente viendo Juego de Tronos o Vikings ¡Viva Ragnar Lodbrok y Ladgerda, gracias por tanto!

Por suerte para mí, este camino no lo estoy haciendo sola. Tengo a una hermana de Alma conmigo que me ha acompañado en esta locura diaria. Me ha sostenido y ha sido la voz de mi conciencia en no pocas ocasiones. Y lo que comenzó siendo una cuarentena para eliminar un mal hábito, va camino de conseguir que el hábito sea quien yo soy. Ella fue la primera en decirme que, “al que quiera apuntarse al carro de meditar diariamente, hay que avisarle de la dureza y el compromiso personal que eso supone, que no es un paseo por la playa. Aquí se llora, y mucho…”.

Y, aún así, muy feliz de caminar este camino. Dejando el verano atrás (casi) y esperando el fresco y húmedo otoño.

Patrícia Arner Gusart


Las cosas que importan

Pasa el tiempo y las cosas ya no me importan. Ni tanto, ni poco, no me importan nada. No sé cómo se llama ese proceso de desinterés que vivo con cierta indiferencia porque, naturalmente, tampoco tengo gran ansiedad en saber ni el nombre, ni la razón de esa impostura mía.

No me importa.

A veces, echando la vista atrás, tengo la sensación que hubo algún momento en la vida en que todo parecía brillante, misterioso, como puesto allí precisamente para que yo lo descubriera y me entusiasmara y me ilusionara y tal vez incluso me emocionara… bueno, no tanto.

Todo es relativo, valorable o incluso asumible, entonces, ¿para qué tanto interés? Si en el fondo la reducción intelectual de la propia experiencia nos lleva a concluir cosas como: lo único importante es el amor, entonces todo debería simplificarse mucho más.

Si tienes amor, importas.

Si no lo tienes, no.

Lo malo es que el amor es inoportuno y a veces aparece y luego se marcha.

Algunas veces no aparece.

Algunas personas no lo llegan a conocer nunca.

¡Y qué más da! Los que han llegado a disfrutar con esa intuición quasimística acaban por estropearlo, olvidarlo, vulgarizarlo, rechazarlo o abandonarlo. Y aún con eso, siguen con sus vidas dejando atrás loquerealmenteimporta.com. Si les preguntas lo negaran porque así se niega la impotencia de no saber qué hacer con eso que se supone que es lo único importante en esta vida.

Pierdes al amor y ya nada importa, así que o te quedas enganchado al amor – te guste o no – o te quedas en el margen, en ese estadio nebuloso de los que pierden el rumbo.

Y yo creo que soy de esos, de los que perdieron la partida de su destino y andan por el mundo respondiendo que “no” a todo. Poniendo cara de sueño ante las propuestas de aventura, desmontando con un gesto cualquier atisbo de entusiasmo juvenil por un mal amanecer o por un paisaje solitario, desgastando tanto vocerío inútil y cansino.

No tiemblo con una flor, ni vibro con una sinfonía, me molesta el agua de mayo y hasta el rocío de primavera resbala sobre mi piel. No me acurruco ante la chimenea, ni saboreo los placeres de un buen libro. No reparto sonrisas de buitre ni ansío conocer mis límites.

Me importa una mierda el destino, la historia pasada o presente. Aborrezco las notas dispares de esa canción legendaria y apenas levanto la vista cuando Saturno se come a sus hijos.

No me importa lo mucho que vivo.

No me importa lo mucho que sueño.

Es en este camino donde voy dejando caer todo aquello que sobra, todo lo que no es más que una ilusión repetida, todo lo que me induce a sentir que soy algo, o que algo de lo que veo es realmente algo.

Si juego bien mis cartas, llegaré al final con la misma soledad infinita con la que di principio a mis días.

Toda la vida tratando de ser para conseguir finalmente no ser nada.

Víctor Panicello