Brisas de mar

Llevo tu sabor en mi esencia, de otra forma jamás me hubiese unido a ti.

En mi cuerpo incrusto tus lágrimas, olas de mar que me trae el océano.

Buscas el mismo amor con la misma intensidad, con la que amastes en otra vida.

El tiempo es para los que tienen vida eterna, no para los mortales que lo vivimos como sino nunca se acabara.

¿Por qué decirte que no te quiero?

Es demasiado pronto hasta para enamorarse. Al igual que es demasiado pronto para negarse.

El amor produce vértigo y es ese vértigo, es donde  te reconozco y te anhelo.

Tu voz es como la brisa del mar, con la que dulcifico mis  sueños.

No hace falta que te diga que te vayas lejos de aquí porque ya lo estás, nos separan.

Me miras, incluso cuando tengo los ojos cerrados y duermo, las heridas de guerra que llevo en la piel se sanan.

Aún así, no quiero todo el amor que tienes reservado para mi.

En las trincheras no se sufre de vértigo; no salgas fuera, es mejor ponerse a salvo.

Julia Socorro


 

La raíz

Trabajo con las palabras, con su significado, con su interpretación, con sus matices, sus silencios y sus olvidos. Busco en su interior nuevos reflejos, pequeñas inspiraciones que aparecen súbitamente y te deslumbran, apenas unos instantes, de manera que, si no estás mirando, se pierden tal vez para siempre.

Vivo de las palabras y aunque de tanto en tanto me desbordan y me canso de ellas (una vez os lo conté) en realidad siempre vuelvo a por más, como un viajante sediento que descubre un manantial de agua fresca y ya nunca se aleja tanto como para no poder regresar cada noche.

No recuerdo el día que me atraparon, seguramente fue estudiando su poder para arruinar vidas o enriquecer vanidades. Fue todo un descubrimiento encontrarme con ese poder casi mágico que desprenden, con esa energía que poseen y que explota ante tus ojos cuando crees que sabes más de lo que sabes.

Una palabra sana, o mata.

O hiere, o ama.

O agradece, o desmiente.

O susurra el amor eterno.

O te despedaza.

Nadie sabe de donde surgen, ese es otro de sus misterios. Tal vez alguien las inventa todas y no nos damos ni cuenta, como si fuera uno de esos duendes ocultos que reparan zapatos por la noche o pintan el cielo de estrellas. El duende de las palabras las sabe todas, la que existen y sobre todo las que todavía no han nacido.

Tampoco nadie sabe adónde van cuando desaparecen. Cuando llega su momento, se retiran consumidas por la tristeza, como esos viejos elefantes que emprenden su última senda al sentirse viejos e inservibles. Nunca vuelven de ese sitio, las palabras se pierden en el olvido y jamás regresan.

Nos hablamos con ellas, nos amamos o nos despreciamos, pero somos palabras. En realidad, como dijo el poeta:

Nosaltres, ben mirat, no som més que paraules

Si voleu, ordenades amb altiva arquitectura.

A veces, cuando nadie me mira, me permito creer que soy yo quien las domina, que surgen de mi mente con la fuerza de un océano y se desbordan arrastrando todo aquello que me place. Y, sin embargo, sé tan poco de las palabras…

Nada de lo pueda decir, pensar o crear perdurará en el tiempo más allá de las palabras con las que construyo mis ideas, mis amores, mis deseos o mis más oscuras fabulaciones. Pasarán a través de mí y seguirán su camino sin volverse atrás, sin reconocer mi voz, sin recordar mis sueños o mis fantasías.

Entonces seré como el viento, que no necesita de las palabras para existir.

Seré como la niebla que no necesita de las palabras para esconderse.

Seré como aquello a lo que no sabemos nombrar.

Seré silencio.

Víctor Panicello


 

La pérdida de un ser querido

Diario de una exploradora emocional: capítulo 12.

Experimentar la pérdida de un ser querido es una de las oportunidades que nos da la vida para conocernos profundamente.

La perdida se da de muchas formas. Cuando la muerte física llega es muy gráfico. Independientemente de si es algo repentino o tras una larga enfermedad, hay alguien que deja de estar pero no de existir.

Porqué sigue en todas y cada una de tus células en forma de vivencias, de momentos y recuerdos, en tu genética. Y nace un antes y un después, nada será igual. La vida sigue, tu sigues y alguien (a veces tan amado) ya no estará más.

Y lo natural es dejarse llevar por la emoción del miedo, la ira, la impotencia, la tristeza. Y es humano embargarse de pensamientos, quedarse en la mente y complicarnos más la vida dejándonos llevar por esas no confortables emociones, el hastío y la apatía.
Si la naturaleza ha sido benévola te habrá ido preparando de forma progresiva para que vayas haciéndote a la idea del significado de la muerte. Si no lo ha hecho, aun sesga más tu corazón y te parte en dos.

En ocasiones la pérdida no es física ni es en presencia. Ésta es de las que cuesta darse cuenta, es de las que llega cuando ha pasado un tiempo y tiene doble mirada. Hay enfermedades en las que la persona se va marchando progresivamente, ya no está intelectual ni emocionalmente, solo queda su cuerpo físico y algunos pequeños instantes. Y un buen día te das cuenta que echas de menos a alguien que está aun cerca, pero que se fue hace ya tiempo, quizás años.

Puedes dejarte llevar por la mente, también, envolverte de un futuro incierto y aterrador. Y de una pena inmensa, enorme. Por los que están al lado, sufriéndolo. Por uno mismo y por el sino del enfermo.

En cualquier caso aparecen muchos miedos. Y con ellos la oportunidad de plantearte qué hay de ti en todos ellos, qué tiene que ver con tu modo de reaccionar automático, qué es posible sanar y cómo vas a experimentar esos cambios.

Es paradójico pensar la gran oportunidad de vivir plenamente, sin límites, que se brinda tras una muerte o pérdida.
Habrá muchos que no puedan o quieran comprenderlo. Que el dolor pese tanto que necesite más perspectiva y tiempo.
Pero esta exploradora emocional hace siempre una lectura de mejora en cada situación, tras muchas lágrimas y previo a muchas otras. Las recientes pérdidas cercanas y propias me han dado la posibilidad de evolucionar como mujer, como hija y como madre. Han abierto puertas que ni siquiera sabía que estaban cerradas. Me han dado más opciones para Amar y Amarme.

Patrícia Arner


 

¿Quién sabe?

Dos pececitos nadaban en el agua cuando se encontraron con un pez mayor que nadaba en dirección opuesta, que les saludó con la cabeza y les dijo:

Buenos días chicos, ¿cómo está el agua?

Los dos pececitos siguieron nadando durante un rato, hasta que uno de ellos miró al otro y le preguntó:

¿Qué diablos es el agua?

Esta breve historia pone de manifiesto que los hechos más obvios y fundamentales de la vida suelen ser los más difíciles de ver y expresar. No es novedad que parte de mi actividad profesional y personal está vinculada con la meditación. Y, para mi, la meditación tiene ciertas semejanzas con la jardinería y una de ellas es la importancia de la preparación.

El mayor error que cometen los jardineros principiantes es plantar las semillas sin haber preparado el terreno. Extraer piedras de los arriates antes de sembrar requiere un esfuerzo físico continuado. En paralelismo con la mente, descubrir los patrones mentales y conductuales que nos generan sufrimiento también precisa de un esfuerzo mental sostenido y modificarlos requiere aún mayor esfuerzo. Cambiar estos patrones exige un cambio en la visión de la vida y suele ser un proceso largo y abrupto. De todos modos, no hay razón para que nos desmoralicemos con ello, solo debemos recordar que resulta más beneficioso emprender este trabajo interior con suavidad y sentido del humor que con el equivalente mental del pico y la pala que utilizan los jardineros para sacar las piedras de la tierra.

Hay muchas cosas que desconocemos, muchas más de las que conocemos y es un alivio desprenderse del apego a nuestros puntos de vista y a nuestras opiniones, especialmente sobe aquello que no conocemos. Y así puede formarse un mantra en la mente: ¿Quién sabe? El no saber no tiene que ver con el desconcierto ni la confusión, consiste en mantener la apertura mental respecto a cuestiones fascinantes para las que no tenemos respuesta de momento. Y esto, lejos de ser un problema, constituye un soplo de aire fresco.

Ser conscientes implica tener presente qué es verdaderamente importante en las actividades diarias que llevamos a cabo en la vida. Es posible que la mayor parte del tiempo hayamos de recordárnoslo o incluso admitir que no tenemos ni idea de qué se trata, ya que fácilmente perdemos de vista la dirección y sentido de nuestra vida. Pero incluso en los peores momentos podemos dar un paso atrás y comenzar de nuevo, preguntándonos, como por vez primera con una mirada nueva: ¿Qué es verdaderamente importante aquí?

Cada experiencia es única y existen infinidad de causas y condiciones que dan lugar a cada momento. Incluso cuando nos esforzamos en contemplar una experiencia desde todos los ángulos, no es posible cubrirlas todas. Por mucho que nos esforcemos nuestro discernimiento siempre será incompleto. Nunca contaremos con toda la información ni conoceremos todas las causas que han dado lugar a una situación, ni siquiera podemos prever todas las consecuencias de nuestras acciones. Siempre existe un grado de incertidumbre en todo, pero una vez aceptado no debemos perder la confianza y lo mejor es atemperar las acciones con humildad y prudencia y, algunas veces, admitir que no tenemos respuesta y descubrir después que ahí está justamente la magia.

Como dijo F. Scott Fitzgerald: La prueba de una inteligencia superior reside en la habilidad de albergar dos ideas opuestas en la mente y mantener la capacidad de actuar.

Gemma Segura Virella


 

Afuerismos

Aforismos que salen fuera del corazón: Afuerismos:

  • La magia en tus ojos me dice más que tus palabras.
  • Los silencios ayudan a tu mirada a contar las historias de tu alma.
  • Solo el tiempo y el roce me regalan la virtud de leer en tus adentros desde tus afueras.
  • Me soplas en la boca susurros de cristal que amenazan con anidar en mi garganta, dibujando palabras de amor que tengo que desenredar de tu madeja de sentimientos.
  • Acércate otra vez así y no necesitaré nada más.
  • Las heridas de la rutina hay que coserlas con el hilo de la pasión.
  • Si estamos juntos sin hablarnos durante un rato y somos felices es porque sabemos lo que estamos pensando.
  • Te regalaría mi corazón otra vez si te conociese hoy.
  • Pasan los años y me sigue estremeciendo la suavidad de tu piel.
  • Me siento orgulloso de que hayamos reinventado nuestras vidas.
  • Llevas muchos años al comienzo de mi lista de agradecimientos al universo.
  • Te propongo olvidarlo todo cada mañana y conocernos como si fuera el primer día.

Alvaro Alcantara