¿Qué más puedo pedir?

Diario de una Exploradora Emocional. Capítulo 18

Este fin de semana me he ido al Pais de las Maravillas.

He caído profundo persiguiendo un conejo mágico, harta de sus trucos y engaños.

Curiosamente su ruta ha sido un paseo por mi infancia, mostrándome momentos e instantes imposibles de volver a vivir, más que en la caja de los sueños. Sin permanecer mucho tiempo allí la primera catarsis ha llegado bajo el Faro inmóvil del recuerdo, aquel que ilumina aunque nadie esté haciendo girar su brillante y potente luz. No volverá a habitarlo nadie, pero ningún barco se estrellará por que sigue iluminando hacia dónde es posible dirigirse. Es precioso abrazar el dolor, sin caer en el sufrimiento, cuando tomas consciencia de su legado.

Viajar a lo profundo sola, sin sentirme sola, ha sido un reto fácil de superar gracias a todos los que siempre están.

Sin preverlo, cada una de las importantes personas de mi vida han aparecido en distintas formas dando aliento para seguir por este bosque encantado. ¡Que importante es compartir la vida!

Mantener mi sadhana y el contacto con mi cuerpo, ha ayudado a limpiar y sanar viejas y recientes heridas. A compadecerme de las cicatrices propias, tanto como abrazo las de los que amo.

Ha llegado el momento de aceptar y abrirle los brazos al amor propio, sin miedos. No basta con saber qué es lo que merezco, hay que dejárselo sentir. Permitir(te) que te amen bonito y disfrutarlo. Comprender que aunque el conejo corra delante mostrándote claroscuros, confías en tu alma para que te guíe. Ella ya se encarga de situarse al lado de las que vibran adecuadamente para ti, sólo hace falta reconocerlas. Cuidarse entre ellas, luego viene dado.

Parece que la meditación para conseguir mayor prosperidad y abundancia está logrando su propósito, mi cuarentena aún no ha terminado y solo está trayéndome Amor.

¿Qué más puedo pedir?

Patrícia Arner Gusart


 

Preguntas

Ella le preguntó ¿que por qué me amas?
El respondió
Porque me haces disfrutar del presente cada momento que estamos juntos
porque me encanta abrazarte antes de dormir y justo al despertar
porque vivimos cada momento con magia
porque sabemos de dónde venimos y a dónde nos dirigimos
porque me dejas quedarme en silencio entre tus brazos
porque contamos con la libertad de querernos sin esperar nada a cambio, sin apegos
porque mirarnos a los ojos es saberlo todo
porque estar contigo es estar en paz
porque amo tus abrazos de energía
porque da igual la distancia para sentirme cerca de ti
Por todo eso te amo
Y ella le respondió a él
tus ojos me lo decían, pero quería escuchar tu voz
Álvaro Alcántara

Tengo memoria de pez

Tengo memoria de pez, tanta que tienen que relatarme una historia del pasado para estar en el presente.

Esto me viene de dos constelaciones:

  • La primera, es un patrón aprendido de mi padre, que es otro pez.
  • La segunda, es muy Saura. Lo descubrí en el Festival de Cine de San Sebastian pasado: construyo la vida desde ese paréntesis donde leo el presente, miro hacia el futuro y no recuerdo el pasado.

De mis cinco hermanas, hay otra que tiene memoria pez. Lo curioso es que mi padre y ella son horoscopos de mar. Se ve que viví una metamorfósis y cambié mi habitat terraqueo por estar a su lado. Y me pinté de azul el alma, me decoré la piel con sal y navegué la vida serena admirando la paz silenciosa que no me explicaban y que sólo la vivíamos mirándola.

Tengo fría la piel, mi abuela materna, una mujer de las montañas, siempre me lo decía: “manos frías, manos frías…” Ella nunca descubrió el placer de bañarse en el invierno del Atlántico. Cuando congelas tus pechos desnudos y los peces se acercan a la orilla a cebrearte la piel.

Probar el goce del abrazo en una vibración ondulada, que desafía las normas del amor, enviándote energías a las escamas mojadas con la ternura armónica del agua.

Llevo los abrazos serenos del mar en mi aura y tengo memoria de pez.

La vida también se aprende con esa capacidad de estar en tu centro, sin recordar el ayer y queriendo nadar siempre hacia delante. Hay personas que se empeñan en relatarme historias del pasado para estar en mi presente. No entienden que lo que me importa es mojar mis escamas, dormir con el sabor de la sal y retar al mar helado.

Soy un pez de agua fría, un león soleado en las rocas, un espíritu solitario. Me viene de dos constelaciones, una es un patrón aprendido y la otra, sigo descubriéndola.

No, no es que tenga olvidos, es que cambié mi habitat terraqueo por el azul salado de la vida serena del mar. Vivo hoy, olvido el ayer y diseño el mañana. Por eso, mi hermana afirma que somos mujeres con memoria de pez y mi padre dice, que si un pez nace el agua está más adecuado e integrado en la especie, que un león, que se hace pez en vida. Eso no quiere decir que el resto de los leones no puedan ser peces.

Julia Socorro


 

Hay que ser valiente para dejar que el sufrimiento se manifieste

 

La felicidad está de moda, creo que ya lo he compartido en algún otro post. Pero la felicidad a cualquier precio ha creado una nueva clase de discriminación, la de los que sufren. Hay que ser valiente para dejar que se manifieste ese sufrimiento y luchar contra una corriente de pensamiento que promete que una se sentirá mucho mejor si genera un estado mental centrado únicamente en lo positivo.

Es cierto, no seré yo quien os lo niegue, que una actitud positiva nos permite conectar con la creatividad e incluso la responsabilidad, pero eso no asegura que el sufrimiento desaparezca o que alcancemos nuestros deseos solo por ser positivos. De vez en cuando el sufrimiento llamará a tu puerta y cada persona decide cómo lo recibe.

Considerar el lado más brillante de la vida es conectar con la luz y solo ella te permite entrar en la oscuridad, pero las emociones no confortables, como también el sufrimiento, forman parte de la vida y nos aportan información importante sobre aquello que nos rodea y sobre lo que debemos poner conciencia y atención.

Intentar suprimir estos pensamientos tiene efectos nocivos en la salud y el bienestar. Otra cosa es alargarlos, pero hay que verlos, aceptarlos y dejarlos pasar.

Se trata de tomar decisiones y actuar sabiendo y aceptando que van a suceder cosas, algunas de las cuáles no queremos que ocurran, pero no debemos permitir que nos desconectemos de la alegría y de las ganas de experimentar.

Solo desafiando nuestro propio e interno status quo podemos imaginar un mundo interior diferente y para ello hay que dejar que todo lo que somos aparezca.

Se trata de asumir responsabilidades y tener conciencia que la solución nunca la tienen los demás. La responsabilidad es tuya. Y para ello, hay que ser valiente para dejar que el malestar y el sufrimiento se manifiesten.

Gemma Segura Virella