Que tus despertares te despierten

La vida, mi vida al menos, está construida gracias a las personas que forman parte de mis historias, porque la vida es una gran historia formada por diferentes capítulos.

Esta mañana me he levantado conectada con una preciosa oración judía de Rosh Hashana, un texto que es una manera deliciosa de desear a las personas amadas que cada uno de sus días sean plenos, enriquecedores e inolvidables.

Hoy, antes de iniciar mis vacaciones, me gustaría desearos que vuestros días sean así: Plenos, Enriquecedores e Inolvidables.

Que tus despertares te despierten, y que al despertarte, el día que comienza te entusiasme y que jamás se transformen en rutinarios los rayos del Sol que se filtran por tu ventana en cada nuevo amanecer.

Y que tengas la lucidez de concentrarte y de rescatar lo más positivo de cada persona que se cruce en tu camino.

Y que no te olvides de saborear la comida, detenidamente, aunque “sólo” se trate de pan y agua.

Y que encuentres algún momento durante el día, aunque sea corto y breve, para elevar tu mirada hacia lo Alto y agradecer, por el milagro de la salud, ese misterio y fantástico equilibrio interno.

Y que logres expresar el amor que sientes por tus seres queridos.

Y que tus brazos, abracen.

Y que tus besos, besen.

Y que los atardeceres te sorprendan, y que nunca dejen de maravillarte.

Y que llegues cansado y satisfecho al anochecer por la tarea satisfactoria realizada durante el día.

Y que tu sueño sea calmo, reparador y sin sobresaltos.

Y que no confundas tu trabajo con tu vida, ni tampoco el valor de las cosas con su precio.

Y que no te creas más que nadie, porque, sólo los ignorantes desconocen que no somos más que polvo y ceniza.

Y que no te olvides, ni por un instante, que cada segundo de vida es un regalo, un obsequio, y que, si fuésemos realmente valientes, bailaríamos y cantaríamos de alegría al tomar conciencia de ello.

Como un pequeñísimo homenaje al misterio de la vida que nos acoge, nos abraza y nos bendice.

 

Un abrazo grande y cálido. Nos vemos en septiembre queridas amigas y amigos!

Gemma Segura Virella


 

Eres tú y el camino

Pronto llegará el momento, ese día de reflejos perdidos que ya nunca trucarán los sueños y será entonces cuando ya nada se interpondrá entre lo que eres y lo que quisiste ser.

Puede que te sientas abandonado por la vida, puede que requieras esa muleta de ayuda que siempre rechazaste porque nunca creíste ser más débil que el peor de tus pecados.

Te cuesta aguantar tu propia mirada porque no llegaste allí donde jamás se pone el sol y donde la felicidad se cuece a fuego lento. No conquistaste la tierra del sabor a sal y del perpetuo viento del sur, allí donde los suaves perfumes esconden la podredumbre que crece en tu interior.

Y, sin embargo, nunca fuiste más libre, más fuerte, más pleno. Nunca como ahora tuviste la posibilidad de tomar el camino más suave y pasear tus deseos por la tierra roja de sangre y de miedo. Nunca como ahora fuiste tú y esa soledad que te acompaña, te mima y te consuela cuando el dolor es demasiado intenso.

Atrévete a salir de la jaula y enfréntate a todo aquello que cargas con el dolor de los deseos perdidos. Mastica tu ira, déjala fluir por tus venas y siente como se abre paso por tu cuerpo, despertándolo, con dolor, con deseo, con esperanza, con la decepción del tiempo perdido y los errores omitidos.

El tiempo ha barrido el camino de tu regreso y ya nada ni nadie te espera.

Las lágrimas han sembrado el huerto de tus quimeras y el fruto de tus ambiciones explota saciándote de calma y de una extraña indiferencia ante las miradas ajenas.

Eres tú, con tus manos, con tu sexo olvidado, con tu cuerpo formado, con las heridas sanadas, con los gritos oscuros, con el placer recibido, con la sonrisa abierta, con el puño cerrado, con el corazón abierto y calmado.

Eres tú, solo eso.

Eres tú, solo eso.

Solo eso.

Tú.

Víctor Panicello


 

Quiso

Ella sabía que el tiempo pasa y se empeña en hacer surcos en el alma. Por eso, de vez en cuando le gustaba reencontrarse, con sigo misma y con el. Y recordar porqué estaban juntos. La razón era sencilla: para no olvidar la esencia que un día les hizo removerlo todo y luchar por un proyecto común.

Un día, años atrás ambos se dieron cuenta de que habitaban en vidas vacías y sin sentido. No tenían un rumbo definido. Los días amanecían grises, fríos y sin ganas de seguir. El universo les dio la oportunidad de ordenar sus almas, les dio una segunda oportunidad para conseguir la felicidad. Ambos fueron capaces de ver esa oportunidad y comenzar a crear un nuevo futuro, una nueva vida.
No quería olvidar nunca que caminaban juntos, de la mano, por un camino en el bosque, en dirección a un claro donde pasarían, ojalá decía, el resto de sus vidas. Un lugar donde corre el agua clara, donde poder respirar hondo y la paz inunda el momento. Ese lugar imaginario donde quería estar con él, para siempre. Donde me levantarse cada mañana a su lado y poder acariciarle y descansar en sus huecos. Momentos que se volverían eternos y donde ya nada importaría, excepto ella y él.
Quiso volver a recordar que una vez fue en su busca, porque él estaba allí esperando. Le encontró y entonces la invadió la felicidad. Esa felicidad que siente cada vez que se abrazan y se dicen que se aman.
Quiso decirle que le seguía amando. A pesar de los días sin verse, de los malos momentos, de los vientos en contra y las noches de mala mar. “Te sigo amando y sigo a tu lado en el camino que nos lleva a ese claro del bosque, donde solo estaremos los dos.”
Álvaro Alcántara

Irse no es dejar de estar

Sobrevivimos gracias al amor entre las montañas y valles de la vida. Irse no es dejar de estar, porque nunca dejarás de estar en mi, por mucho que lloré por el bonito amor que me ensañas cada día.

Amor de madre, amor de hermana, amor de amiga, amor, amor, amor… Sino no es por el amor… ¿Cómos sobrevivimos a la adversidad de la vida?

Estás y ocupas las sensaciones que acaricio, las que me bebo en cada copa de champan celebrando que seas yo.

Estás y ocupas cada brisa de aire en cada viaje, donde cruzo calles que me narran la vida.

Siempre estarás y pocos amores ocuparán el mínimo espacio que albergo en mi corazón.

He sobrevido sin saberlo la infancia más feliz, que un ser puede tener, gracias a tu amor, su amor y el amor en sí.

He cruzado puentes andando y ríos naufragando, porque la fuerza que me acompaña en cada paso, la que me quería arrastrar a la cascada, la contuve firmeza, tan firme era, como tu devoción por mi.

He llorado tu ausencia antes de que te vayas, tan solo por ponerme a imaginarme cómo me mantrendría con vida, sin poder acaricir tu piel suave, llena de pliegues. Esa piel tan vivida que tanto imploro y amo.

Vivo horas de insomnio custodiando tu salud, el aire que respiras y no siento libertad, si te vas.

Sobrevivimos gracias al amor, ese amor que no se encuentra fácilmente en esta vida.

No todos los seres de luz entran en nuestro corazón. Por eso, al encontrarte sé que algún día, también serás parte del amor.

Irse no es dejar de estar. Los vínculos son conexiones para toda la vida. Una vida que no se sobrevive a menos cero grados, sin el placer de ser la persona más amada.

El placer se sentirse así, se nutre con personas sabias que llegan a ti. Es verdad que el ser humano cuando se transforma, logra tal sabiduría. También es verdad, que muchas veces caminamos hacia el fin del camino, sin encontrar ninguna prueba de amor que nos permita sobrevivirlo de forma apacible, sino que llegamos llenos de heridas y desorientados.

Ser la mujer más amada no es lo mismo que ser la mujer más satisfecha.

Llorar de amor por quererte tanto, es un regalo de la vida. Incluso cuando cantas las canciones más románticas en la barra del bar con tus amigos, porque en ese momento activas el clico del amor que empieza de nuevo sin explicación, y de forma inconsciente. Entonces, volverán los días felices, bajo la penumbra de los amores ya vividos.

Morir de amor, ante la soledad más inmensa que es quedarse en la orfandad.

Morir de amor, ante la soledad tan intensa que es quedarse sin los proyectos de futuro soñados juntos.

Cuidar de ti, antes de que deje tu corazón de palpitar, me colma tanto, me sosiega con tanta paz, que siento la iluminación del arco iris en mi. No temas si tu mano transmite frío a la mía, porque esas horas que nos velan antes del último suspiro, te daré calor.

Irse, no es dejar de estar.

Julia Socorro


 

Esto ya no va de paciencia

Diario de una Exploradora Emocional, capítulo 19:

Escribir implica ordenar y embellecer ideas, darles forma, comprenderlas. Describir emociones y sensaciones no es fácil, por intangibles.

Ellas aparecen sin previo aviso, algunas arrollan y hay que reconocerlas antes de que te lleven por delante. Comprender que ellas no son tu mismo, que sólo hablan de como te sientes ahora con algo que acaba de ocurrir. Y que si rápidamente te disocias de ellas, las puedes observar con admiración y curiosidad.

Lo que anoche me enervó de rabia y enfado, esta mañana se ha despertado en forma de falsa calma. Y tras mi práctica meditativa y sacar la basura mental, brotaron las lágrimas de tristeza y aceptación. Dándome nuevos puntos de vista, serenidad y bienestar. Si me hubiese quedado en la primera parte, no habría descubierto nada nuevo y, con seguridad, provocaría sufrimiento a corto plazo.

Es increíble y difícil de explicar los beneficios que la meditación ha causado en mi salud mental y física. Cómo ayuda a que mi verdadera identidad sea cada vez más visible, motor de mi vida y me permita brillar.

Cuándo sabes que estás alineado con tu propósito vital, todo fluye y poco influye.

Mi reto actual es justamente ese, permitir que la vida fluya sin que siquiera yo influya. Que los miedos ni paralicen ni provoquen, que el premio sea la calmada fe de seguir en el camino adecuado, rodeada de las personas justas, confrontando las situaciones sobrevenidas con la mayor de las sonrisas por el aprendizaje y las lecciones superadas.

Esto ya no va de paciencia, ni del arte de saber esperar. Va de sentirse en paz con certeza infinita.

No es poca cosa, lo sé.

Pero no me achanto, a ello voy. Y a 8 días de llegar a la 90a de la meditación para lograr la Prosperidad y la Abundacia, aquí queda eso.

Patrícia Arner Gusart


 

La vida bella

Esta vez lo haré, me comprometo a tratar de ser optimista.

Cuando nazca el día, me levantaré y daré las gracias al universo por dejarme existir. Si está nublado, daré las gracias a las plantas que, con su aportación de oxígeno, me permiten respirar. Si se me han muerto algunas por no regarlas, daré gracias al gato, por serme fiel y buen compañero, aunque nunca acuda a mis llamadas o me lance la zarpa si intento jugar con él.

Saldré a la calle con una sonrisa, porque me siento vivo, aunque la tos me mata y la espalda no me deja ponerme derecho del todo. Saludaré a mis vecinos con cariño y les recordaré con amabilidad que llevo tres noches sin dormir porque a sus hijos les gusta el rap latino a todo volumen. Conduciré disfrutando del paisaje, el mismo que veré durante la próxima hora detenido en la autopista por una retención monumental, la de cada mañana.

Empatizaré con mis compañeros, mis colegas de profesión y contemplaré con ellos las dos mil fotos del fin de semana en la playa con sus hijos, suegra, amigos, hijos de sus amigos y dos nuevos novios para sus hijas adolescentes. Centraré mi atención, viviré el poder del ahora en cada expediente que pase por mis manos, a pesar de que sean siempre los mismos los que reclaman más atención social y que el mundo sea más justo con ellos.

Disfrutaré de la comida que me llena el plato y bendeciré mi suerte si consigo encontrar el trozo de carne sumergido en esa salsa oscura que me sirven cada día. Oleré el café de máquina, intenso y me transportaré con él al lavabo, con urgencia, tratando de no tocar nada de ese santuario de pequeños seres con caparazón que comparten la madre tierra con nosotros. Benditos sean los animales y los insectos que reptan.

Disfrutaré de vuelta a mi hogar, trataré de que mis hijos se den cuenta de mi presencia y hablaré con ellos entre pausa y pausa de alguna de las mil partidas que juegan a diario. Me mostraré atento y agradecido con esa persona que comparte mi vida, mis sufrimientos y que me responsabiliza de sus limitaciones y sus frustraciones con una intensidad única e incomparable.

Veré caer la luz y suspiraré en el crepúsculo que se adivina tras la capa de contaminación que cubre nuestras vidas. Elevaré con él mi espíritu mientras escuchó los gritos de agradecimiento a la vida de la banda adolescente que destroza el parque infantil. Serenaré mi alma con la Luna llena que debería estar en alguna parte de ese cielo gris que cubre nuestras cabezas. Brindaré con ella con vino del Mercadona y buscaré un Almax para la acidez que me provocará ese licor de los dioses.

Finalmente, cuando este día llegue al ocaso, me dormiré en el sofá hasta que alguien me dé un suave codazo en las costillas. Conectaré la alarma por si vuelven los ladrones que asolan el barrio y daré gracias con la posición del loto muerto de cansancio, pensando que el colchón no pasa de este trimestre.

Cuando pierda el contacto con este mundo, roncaré suavemente mientras el gato salta sobre mis partes nobles y alzaré un grito al cielo.

La vida es maravillosa, solo hay que saber mirarla con unas gafas opacas.

Víctor Panicello