Admiro

Anoche estaba tumbada mirando los defectos de la pintura en el techo blanco cuando sentí un saltamontes en la almohada de al lado. Ya tuvo que ser alto el salto, para llegar vivo a la tercera planta del edificio, tanto como es la admiración hacia el ser humano:

Admiro la capacidad de amar que desarrollan algunas personas que se trabajan la comprensión en la adversidad. Logrando conspirar siempre en pareja, entendiéndose y divirtiéndose en el camino de la vida, por muy caótico que sea el pedregal.

Admiro a las personas que luchan con valores comunes porque son capaces de dar saltos astrales, como el que dio el saltamontes anoche, con mesura y elegancia. Haciendo de este viaje un crecimiento personal, sin tener que sacrificar la confluencia que has creado con tu otra mitad.

Admiro a las personas que se fusionan en un abrazo colocando sus cuerpos en posición fetal, como si fueran dos embriones en el vientre de la madre, mientras surge entre ellos una conexión silenciosa, sin la represión del mundo amoroso.

Admiro a los seres humanos que dan un segundo paso y se intensifican físicamente. Se expresan desde la soledad de sus heridas y traumas con una inmensa protección, sanándose y haciéndose cómplices de sus perezas.

Admiro a esta sociedad que no ha invertido en la educación emocional interna. También admiro, a las parejas que toman consciencia de su niñez en una familia o en una cultura competitiva, mirándose, luchando y fortaleciéndose mientras se degustan el uno al otro.

Admiro cualquier comienzo emocional donde dos personas que empatizan, deciden darse la mano y andar juntos.

Admiro los proyectos donde se escribe un diario de amor compartiendo, comunicándose y diseñando las mismas intenciones, aún pasando alguna adversidad como el mito griego narcisista, la época azul de Picasso o Munch.

Admiro a la gente que sólo medita cuando se da cuenta que se olvidó de meditar y lo hacen de salto en salto, como si fueran ranas.

Admiro a las parejas que tienen relaciones descompensadas y perseveran en aprender a conocer y manejar nuevas herramientas, logrando programarse y desprogramarse sin perder la percepción.

Admiro a los seres humanos que vienen a este mundo a vivir, observar y marcharse.

Julia Socorro Santana


 

6 comentarios
  1. Adriana Alterachs
    Adriana Alterachs Dice:

    Increíble lo que ha dado de sí un saltamontes…en los sutiles detalles podemos encontrar insospechadas nobles verdades como “Admiro a los seres humanos que vienen a este mundo a vivir, observar y marcharse.”

    Muchas gracias por la aportación y el obvio recuerdo que se nos va.

    Responder
  2. Leticia
    Leticia Dice:

    Es de admirar que seas capaz de descubrir la belleza en las cosas “insignificantes”. Qué bonito relato Julia. Gracias por compartirlo.

    Responder

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