Aprendo sobre mí, gracias a los otros

Diario de una exploradora emocional: capítulo 9.

Existe la creencia que permaneciendo en tu interior, sólo o aislado, es cuando mejor te conoces. Esos gurús que hablan de sentirte bien a solas para sentirte bien con los demás tienen una gran parte de razón. Yo no lo dudo, es más, sostengo que nadie puede hacerse más feliz que uno mismo en completo equilibrio. Pero si opino que depende mucho de cada uno y de su relación consigo y con su entorno.

Los monjes budistas buscan la elevación hacia la infinidad y la conexión con su verdadera identidad aislándose, retirándose como ermitaños, meditando durante horas hasta llegar al nirvana. En un mundo dónde, sin preocupaciones, desde el silencio, en el ayuno y la observación máxima consiguen, no todos, incluso levitar del suelo. Y para las personas de a pié, en un arranque de necesidad de respuestas, se producen procesos de acercamiento hacia la espiritualidad dónde se busca imitar éstas actitudes que ayudan a la elevación. Y se ponen de moda el yoga, el mindfulness, las dietas concretas, los retiros, la ropa blanca, las bicicletas, etc…

Pero yo me pregunto ¿Es esto real? ¿ Es necesario?

Yo no vivo aislada en lo alto de un monasterio, corro arriba y abajo de clase en clase evitando resbalar en chanclas cuando salgo de la piscina, me maquillo los ojos para estar más mona (waterproof, claro) a veces mi ayuno consiste en comer a las 16,15 una ensalada o un sándwich en el coche en la puerta del cole, medito en el tren con las gafas de sol puestas o hago un pranayama para calmarme porque me siento nerviosa o buceando en la mente, también grito cuando me cabreo si fallo a portería y cargo con el cuerpo haciendo falta si no llego al balón, tomo cerveza, bailo reggetón y digo estupideces y la cago.

Y medito tooooooooodos los días y practico deporte y yoga tooooodos los días y estoy más cerca de mi verdadera esencia, de lo que jamás antes había estado de forma consciente. Muestro mi amor a las personas que amo sin tapujos ni miedos y a lo grande. Y cuando el maldito miedo aparece por algo, también lo muestro y me lo miro a los ojos, cara a cara, para superarlo.

Y todo esto es posible porque vivo en comunidad, porque aprendo de cada una de las personas con las que convivo, mis compañer@s de trabajo, mis amig@s, padres, pareja e hijos. Cuando me relaciono con ellos se destapan esas creencias y límites que me he impuesto a lo largo de los años, que he heredado o simplemente me he creído sea consciente o no. Y es entonces cuando tras las fricciones, decido hacer algo con ellas, aceptarlas, superarlas y convertirme en una versión mejorada de mi misma. Algunas veces tras unos días de drama, eso si…

Y estoy segura que todo esto que aprendo de mí, no lo haría aislada. No me conocería más, ni me querría más, ni estaría más iluminada…

En Kundalini Yoga decimos que el yoga que practicamos es el yoga de la familia, el de la experiencia, el del día a día. El que se compagina con la vida cotidiana. La vida Sana, Santa y Feliz al final es la que haces con plena conciencia, meditando, corriendo, cocinando, trabajando, surfeando o bailando. Y todo eso es mucho más verdadero cuando además lo compartimos con los otros, relacionándonos.

Patrícia Arner Gusart


 

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