Autoestima 6.0

Tener una gran autoestima puede provocarte problemas de muy diversa índole y magnitud. Lo normal es que andes por el mundo con la convicción de que tus decisiones son siempre acertadas. Como eso entrará, antes o después, en conflicto con las decisiones de otras personas, tu autoestima te hará creer que son los demás quienes no entienden, no analizan o no enfocan bien los temas. Eso evitará que fomentes tu autocrítica y que no veas tus errores, lo cual sobrealimentara esa autoestima que ira creciendo y creciendo hasta que se convierta en un peso difícil de soportar.

Con demasiada autoestima a tus espaldas, corres grave riesgo de volverte ególatra, egoísta, egocéntrico y diversos egoloquesea más. Verás el mundo a través de unas gafas que no enfocan más que en una dirección, la que concuerda con tus ideas preconcebidas. De esa forma, todo cuadra y vivirás en el mundo de los idiotas que creen saber más que los demás.

A pesar de todo, mejor tener autoestima que no tenerla o que esta tienda a caer en picado en cuanto alguien cuestiona tu manera de ser o de vivir.

Aunque parezca que sea contradictorio – no digo que no lo sea – las personas con una baja autoestima no siempre lo parecen. Algunas se muestran más bien engreídas, agresivas o con esos aires de emperador/emperatriz que todos hemos visto en determinados personajes de nuestro entorno. Suele ser una defensa para evitar que nada ni nadie les haga dudar porque si eso ocurre, si una visión diferente del mundo logra penetrar la coraza, las dudas se desatan y entonces puede pasar una de estas dos cosas:

– que se enroquen y nieguen la realidad.

– que se derrumben y se vuelvan autodestructivas.

En lo primero se parecen a las personas con demasiada autoestima pero la tendencia a la autodestrucción es una característica intrínseca que produce estragos, sobretodo en los más jóvenes y vulnerables. Muchos de los problemas de salud mental que agobian a la sociedad en la que vivimos tienen su origen en esa baja capacidad para valorar lo que hacemos bien y en cambio destacar nuestras equivocaciones – que no siempre lo son –

Deberíamos hacer un esfuerzo para cultivar la gestión de la autoestima desde pequeños. En realidad, eso no es tan difícil, basta con no decir: “muy mal” cuando se comete algún error y tratar de decir “esa no es la mejor solución”.

Y si tenemos que escoger, mejor que sobre que no que falte.

Un auténtico imbécil que sabe de todo es difícil de soportar pero por lo menos vive feliz consigo mismo.


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