Buscando el momento mágico

Kairos es una antigua palabra griega que significa el momento adecuado, el momento oportuno. Para mi: el momento mágico. Los griegos tenían dos palabras para referirse al tiempo: Cronos y Kairos.

La primera se refiere al tiempo cronológico o secuencial, la segunda significa el momento indeterminado donde las cosas especiales suceden. Mientras la naturaleza de Cronos es cuantitativa, la de Kairos es cualitativa.

Estar en Kairos es tener la inspiración, es estar con la musa, son esos momentos que sabes, que sientes, que te da la espina que es necesario actuar en algo porque si no el momento se difumina.

Estar en Kairos es estar en el momento preciso en el cual te sientes en sintonía, te sientes alineada para hacer cualquier cosa que quieras. Estar en Kairos es estar en tu máxima plenitud de explorar el ahora y de saber que aquello que puedes hacer está en armonía con lo que está sucediendo.

¿Se pueden crear momentos Kairós? Estar en kairos es estar en una búsqueda permanente de estar en sintonía con lo que esta pasando. Es estar en el aquí y en el ahora, es vivir en conciencia constante, es sentirse merecedora de lo mejor y adueñarse del destino.

Lo que yo hago para tener mas momentos Kairos es tener momentos de silencio, de escucha interior, de consciencia constante. Es soltar esa rara costumbre que hemos adquirido de vivir bajo presión, para responder a obligaciones que generamos a su vez,  para sentirnos ocupados y crear resultados. Hace tiempo me descubría a menudo llenando el día de obligaciones, de cosas poco importantes que me mantenían muy ocupada. Hasta que logré darme cuenta que la vida no se mide en tiempo sino en momentos. Que la vida no se cuenta por la cantidad de cosas que hago, sino por su calidad y por la ruptura que hago de esa continuidad.

El tiempo en Chronos es lineal, es el transcurso del tiempo sin más, que se va consumiendo, es cuando estamos conectados con la velocidad.

Nos movemos en Chronos cuando vivir es un medio, no una finalidad. Nos ponemos en Chronos cuando estamos en una reunión aburrida y la cabeza vuela hacia otro lugar. Vivimos en Chronos cuando hacemos el mismo trayecto en coche, casi por inercia, sin reparar en el recorrido, ni en el paisaje.

El tiempo Kairós, evidentemente, es lo contrario. Vivimos en Kairós cuando hacemos algo atentamente, poniendo los cinco sentidos en ello. Cuando el tiempo es la finalidad. Vivimos en Kairós cuando viajamos y disfrutamos del viaje en sí, admirando todo el paisaje.

¿Es posible vivir siempre en Kairós? Después de leer, hace unos años, Elogio de la lentitud de Carl Honoré, experimenté que es posible cambiar el modo de vivir la vida, recuperando así el control sobre el tiempo (Kairós), y que no sea el tiempo quien me controla a mi (Chronos).

Desde entonces, si bien algunas veces me pongo en modo autómata y funciono en Chronos, intento ser consciente de ello y cambiar a Kairós para participar en él y perder así la noción del tiempo: el tiempo sin tiempo.

Hace algunos años, escribiendo un cuento que compartí en uno de mis cambios de proyecto empresarial, hablaba de “el Padre Tiempo” (el Pare Temps en català, que em sembla molt més bonic). Ese es el responsable de equilibrar nuestras vidas participando en ella, siendo consciencia en todo momento.

¿Cómo? De momento solo tengo un camino: estar involucrada completamente en aquello que hago, sin divagar en el pasado o el futuro. Experimentando y agradeciendo ese preciso momento. 

Y tu ¿cómo haces para vivir en Kairós? 

Ya me contarás!

Gemma Segura Virella


De cómo una maga me dio una receta mágica que me cambió la vida

Hace años, después de una larga enfermedad mental que casi destroza mi vida, decidí buscar una pócima mágica, algo que hiciera encontrarme con la paz mental.

Tengo la suerte de tener una amiga maga. Lo sé, es una suerte. Hay quien tiene amigos brokers, bomberos o científicos. Yo tengo una amiga que es maga y que se llama Gemma Segura. Los magos tienen la capacidad de meter sus manos en el pecho de las personas, sin que lo noten y acariciarles el corazón ¿no es genial? Es una capacidad que todo el mundo tiene, pero que solo los magos la desarrollan. Ojalá todos hiciéramos “la carrera” de mago. El mundo estaría plagado de personas impertérritas con sonrisas eternas. Mi amiga hizo el curso de maga y le dieron un diploma CUM LAUDE con cátedra incluida. Desde entonces se dedica a acariciar corazones por ahí, así a diestro y siniestro.

Pues escribí a mi amiga y le pregunté. Querida maga, ¿tienes algún remedio para acallar mi mente? Ella abrió su libro de maga. Un libro grande y pesado, lleno de pócimas mágicas para el alma y de conjuros para todo tipo de dolencias físicas y del corazón. Después de consultar un par de páginas, me envió un pergamino donde se hallaba la receta para acallar el ruido interior. Esa receta se llamaba meditación.

Comencé a leer los escritos que ella me había recomendado. Me retiré todos los días un buen rato en silencio y durante muchos meses seguidos. Hasta que por fin la paz fue abriéndose camino en mi mente. No desapareció el ruido interior, pero sabía lo que era y cómo tratarlo.

El ruido siempre está ahí. Ese diálogo interior que comienza cuando despiertas y no calla hasta que te acuestas. El ego, el loco del ático como yo digo. Nunca para. Es el creador de escusas, el encargado de ponerte todos los peros del mundo a cualquier atisbo de salir de tu zona de confort. Ese pesado que te recuerda lo bien que se está en el sofá viendo la tele, en lugar de comenzar ese curso que te has propuesto hacer; lo guay que es echarse la siesta en vez de dar un paseo largo que te ayude a deshacerte del michelín ese en el que te fijas al mirarte al espejo. Es su función. Es su cometido.

Pero no pasa nada. Viene de serie. Es como la radio de los coches. Está ahí aunque no la pidas. Pero eso sí, nadie te obliga a escucharla. La meditación te permite oír el ruido pero no hacerle caso. Es darte cuenta del diálogo interior pero sabiendo que no te pertenece. Tu YO esencial decidirá lo que debes hacer, no el loco del ático.

Por eso, una vez que los años han pasado y que la meditación aún forma parte de mi vida, quiero hacer 2 cosas:

  1. Recomendaros a todos que lo hagáis. Son 20 minutos al día. Pero es como barrer la mente para dejar que el polvo vuelva a acumularse pero sin que se note mucho. Es saber que hay algo en lo que aferrarse en momentos de estrés. Es no dejar llevarse por el ego y sus charlitas. Se trata de coger las riendas de tu mente y ser capaz de enfocarte. Poner foco en el momento. Pararte y saber que todo es efímero, que todo pasa y que nada se queda.
  2. Darle las gracias a mi maga, La Gemma. Porque ella me dio la cerilla para encender una vela que aún sigue encendida. Me entregó una receta mágica para el alma. Nunca sabré como agradecértelo. Tan solo se me ocurre decirte un “gracias, querida maga” que si pudiera esculpiría en lo alto de una montaña frente a tu ventana para que lo vieras cada vez que abrieses la ventana.

Me voy a meditar un rato.

Álvaro Alcántara

Un paseo por la vida

Vivimos dirigidos por una serie de pensamientos, conductas y reacciones emocionales memorizados (temor, culpabilidad, falta de autoestima, enfado, prejuicios…) que son muy adictivos y que funcionan como programas informáticos instalados en el subconsciente.

Aprender no es suficiente. Has de aplicar lo que aprendes, y cuando empiezas a experimentar las emociones de esa experiencia, entonces literalmente das nuevas señales a tus neuronas y creas nuevas sinapsis: a eso se le llama evolución.

Cambiar significa ir más allá del entorno, el cuerpo y el tiempo. Podemos hacer que el pensamiento sea más real que cualquier otra cosa, y lo hacemos a diario: si estamos conduciendo por una carretera pero concentrados en nuestro pensamiento, no vemos la carretera, no sentimos nuestro cuerpo y no sabemos cuánto tiempo ha pasado. Ese estado es el que utilizamos para crear.

Una vez tenemos una visión, nuestro comportamiento debe responder a las intenciones. La mente y el cuerpo deben trabajar juntos. Tenemos que escoger de manera distinta de como hemos escogido para que pueda suceder algo nuevo. Si quieres crear una nueva realidad personal, tienes que, literalmente, convertirte en otra persona.

Si podemos enseñar al cuerpo a confiar en el futuro y vivir en la alegría, creamos nuevas conexiones. Una atención clara y una emoción elevada cambian el destino.

En las diferentes prácticas que me han ayudado a esa evolución el Mindfulness tiene un papel muy importante, porque es una forma de regresar a uno mismo, de reconectar y reintegrar una práctica que hemos perdido con el transcurso de los años. En un inicio me ayudó a mejorar el bienestar y la salud y en una segunda fase me ha permitido conectar con mi esencia.

Está de moda ser feliz, pero la felicidad no es algo que nos pongamos poner y combinar con unos pantalones. En realidad ser feliz es una decisión que hay que tomar todos los días, y poco o nada tiene que ver con lo que pasa ahí afuera, fuera de nosotros.

A veces es necesario pasear de la mano con la tristeza para entender que en la otra, nos espera la alegría. La serenidad con la que afrontamos todo lo que la vida nos pone por delante y la actitud con la que damos la cara a los problemas, nos convierte en personas únicas y especiales. Una flecha puede ser disparada solamente si es tirada hacia atrás. Cuando la vida te arrastra con dificultades, que lo hará tarde o temprano, tal vez signifique que vas a ser lanzado hacia algo grande. Cuando eso suceda, que sucederá, sólo concéntrate, respira y mantén tu dirección. Deja que las cosas sucedan.

Hace ya un tiempo que descubrí que todavía estoy aprendiendo a conocerme y día a día descubro algo nuevo en mí. Algunas cosas me gustan y otras no tanto. Y en este viaje, a veces voy tan despacio que me pierdo o me aburro, en cambio otras pierdo el equilibrio. Pero también sé que la el viaje no es una carrera, es un paseo por la vida.

Gemma Segura Virella


La vulnerabilidad está repleta de riquezas

“Sé que la vulnerabilidad es el núcleo de la vergüenza y el miedo, pero también es el lugar donde nace la dicha, la creatividad, la pertenencia y el amor…la vulnerabilidad es el lugar de nacimiento de la conexión y la ruta de acceso al sentimiento de dignidad”.   -Brene Brown.

Un niño jugando se cae y llora, su madre amorosamente se acerca y lo protege. Un ser querido y cercano fallece y nos sentimos tristes. Nos enfermamos y sentimos malestar físico y emocional, y anhelamos más que cualquier otra cosa recuperar nuestra salud. Reconocemos que la persona que partió deja un espacio vacío en nuestras vidas, y al mismo tiempo nos deja una enseñanza; que esta vida es muy valiosa y breve como para vivirla con trivialidad.

Dolor, enfermedad y muerte… sin duda, la vulnerabilidad es parte innegable de nuestra condición humana.

La vulnerabilidad es un territorio que puede parecernos agreste y lúgubre, sin embargo, está repleta de riquezas esperando ser reveladas: nuestra compasión, nuestra capacidad de empatizar y acompañar a los demás, nuestra capacidad de estar plenamente presentes depende, en gran medida, de reconocer primero nuestra condición vulnerable, pues a partir de ese reconocimiento tenemos la posibilidad de ser genuinos y estar con el corazón abierto con los demás.

La vulnerabilidad nos permite conectarnos con nuestra humanidad compartida, sin tratar de ocultarla ni tampoco exagerándola; tenemos la oportunidad de observarla en su dimensión justa, y en ese momento tocar nuestra naturaleza más profunda.

Atender a aquello que nos hace sufrir en un contexto de cuidado puede ser transformador. Reconocer nuestras ansiedades, miedos y vergüenzas, darnos permiso para sentir estas emociones incómodas, y con la práctica de la atención plena poder cuidar y aceptarnos a nosotros mismos. Podemos sentir nuestro dolor físico o emocional y podemos decir respetuosamente: te honro y decido darme un momento para que te manifiestes. Con la práctica de prestar una atención amable, podemos no negar ni ocultar nuestros dolores y abrir un espacio de aceptación para aquello que nos esté ocurriendo. Optar por no huir del dolor ni exagerarlo, dándonos el tiempo, espacio y la calidez que necesitemos, reconociendo nuestra vulnerabilidad, podemos practicar la compasión hacia nosotros mismos y hacia los demás.

Entrar en contacto con nuestra vulnerabilidad requiere de coraje. Es más fácil negar o desconocer nuestra naturaleza vulnerable, privilegiando así la apariencia sólida y fuerte. Contactarnos con nuestra vulnerabilidad implica realizar un ejercicio de honestidad, asumir riesgos y afrontar el temor a ser dañados. Al entrar en contacto con lo que nos hace vulnerables, también entramos en contacto con lo que nos hace sensibles y empáticos, que al igual que los demás seres anhelamos vivir en paz, sentirnos reconocidos y validados y tener una buena vida.

Reconocernos como vulnerables no es lo mismo que ser débiles, y esta confusión puede llevarnos a no aceptar quienes somos y querer ocultar nuestra condición. La debilidad está asociada más bien a una actitud  temerosa, de huida y de no afrontamiento ante la experiencia. En cambio, entrar en contacto con la propia vulnerabilidad requiere de valentía, aceptar que no somos ni súper-hombres ni súper- mujeres, sino más bien somos seres humanos, seres sensibles, complejos y contradictorios.

Detenernos y darnos un espacio para apreciar quienes ya somos y no a una imagen de nosotros mismos, es un valioso paso para encontrar un genuino bienestar.

La vulnerabilidad está asociada a nuestra sensibilidad, a reconocer en nuestra experiencia que somos seres transitorios e impermanentes, (que podemos sufrir, podemos enfermarnos, y que más temprano o más tarde también moriremos) por lo tanto, nos hacemos un flaco favor a nosotros mismos si gastamos nuestro valioso tiempo y energía ocultando nuestra condición vulnerable. Podemos tomar la decisión hoy de comenzar a acogerla compasivamente y entrar en contacto con ella, para desde allí tener la posibilidad de ser más conscientes de nosotros mismos, reconociendo el tesoro que es el estar vivos, tener salud y tener la capacidad de expresar afecto y aprecio por nosotros mismos y por quienes nos rodean.

La vulnerabilidad es también darse cuenta que hay que agradecer que estamos vimos, porque la vida es un regalo. No valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos, pero la vida es un precioso regalo.

Dale un espacio a tu propia vulnerabilidad, a cultivar una actitud de cuidado, gratitud y aprecio por estar vivo y por quien eres.

Gemma Segura Virella


¿Quién sabe?

Dos pececitos nadaban en el agua cuando se encontraron con un pez mayor que nadaba en dirección opuesta, que les saludó con la cabeza y les dijo:

Buenos días chicos, ¿cómo está el agua?

Los dos pececitos siguieron nadando durante un rato, hasta que uno de ellos miró al otro y le preguntó:

¿Qué diablos es el agua?

Esta breve historia pone de manifiesto que los hechos más obvios y fundamentales de la vida suelen ser los más difíciles de ver y expresar. No es novedad que parte de mi actividad profesional y personal está vinculada con la meditación. Y, para mi, la meditación tiene ciertas semejanzas con la jardinería y una de ellas es la importancia de la preparación.

El mayor error que cometen los jardineros principiantes es plantar las semillas sin haber preparado el terreno. Extraer piedras de los arriates antes de sembrar requiere un esfuerzo físico continuado. En paralelismo con la mente, descubrir los patrones mentales y conductuales que nos generan sufrimiento también precisa de un esfuerzo mental sostenido y modificarlos requiere aún mayor esfuerzo. Cambiar estos patrones exige un cambio en la visión de la vida y suele ser un proceso largo y abrupto. De todos modos, no hay razón para que nos desmoralicemos con ello, solo debemos recordar que resulta más beneficioso emprender este trabajo interior con suavidad y sentido del humor que con el equivalente mental del pico y la pala que utilizan los jardineros para sacar las piedras de la tierra.

Hay muchas cosas que desconocemos, muchas más de las que conocemos y es un alivio desprenderse del apego a nuestros puntos de vista y a nuestras opiniones, especialmente sobe aquello que no conocemos. Y así puede formarse un mantra en la mente: ¿Quién sabe? El no saber no tiene que ver con el desconcierto ni la confusión, consiste en mantener la apertura mental respecto a cuestiones fascinantes para las que no tenemos respuesta de momento. Y esto, lejos de ser un problema, constituye un soplo de aire fresco.

Ser conscientes implica tener presente qué es verdaderamente importante en las actividades diarias que llevamos a cabo en la vida. Es posible que la mayor parte del tiempo hayamos de recordárnoslo o incluso admitir que no tenemos ni idea de qué se trata, ya que fácilmente perdemos de vista la dirección y sentido de nuestra vida. Pero incluso en los peores momentos podemos dar un paso atrás y comenzar de nuevo, preguntándonos, como por vez primera con una mirada nueva: ¿Qué es verdaderamente importante aquí?

Cada experiencia es única y existen infinidad de causas y condiciones que dan lugar a cada momento. Incluso cuando nos esforzamos en contemplar una experiencia desde todos los ángulos, no es posible cubrirlas todas. Por mucho que nos esforcemos nuestro discernimiento siempre será incompleto. Nunca contaremos con toda la información ni conoceremos todas las causas que han dado lugar a una situación, ni siquiera podemos prever todas las consecuencias de nuestras acciones. Siempre existe un grado de incertidumbre en todo, pero una vez aceptado no debemos perder la confianza y lo mejor es atemperar las acciones con humildad y prudencia y, algunas veces, admitir que no tenemos respuesta y descubrir después que ahí está justamente la magia.

Como dijo F. Scott Fitzgerald: La prueba de una inteligencia superior reside en la habilidad de albergar dos ideas opuestas en la mente y mantener la capacidad de actuar.

Gemma Segura Virella


 

¿Qué es lo que mi mundo aporta al mundo?

Diferentes tradiciones, filosofías y religiones del mundo, en especial las de Oriente, han señalado desde hace siglos que los seres humanos no somos tan libres como pensamos. Nuestros comportamientos e incluso nuestros pensamientos, emociones y sentimientos son una respuesta automática que obedece a una amplia gama de condicionamientos determinados por el momento histórico, la sociedad, la cultura y el contexto familiar en el que nacemos y crecemos.

La buena noticia es que, al mismo tiempo, podemos desarrollar nuestra conciencia de lo que sucede fuera y adentro de nosotros mismos. Estar plenamente conscientes y atentos no es algo que pueda describirse con palabras, es más una experiencia o un estado del Ser que un concepto o idea. Si todos desarrollamos el amplio potencial de nuestra conciencia podremos ser responsables de la forma que vivimos y no seguiremos culpando a alguien o algo más por la vida que llevamos o por el estado actual del mundo en que vivimos. La siguiente buena noticia es que tenemos una maravillosa herramienta para que nos ayude: el Mindfulness.

Mindfulness se refiere a ese estado de atención plena o consciente e implica ser consciente de todo lo haces, dices, sientes, vives.

Si de algo estoy plenamente convencida, es que para ser responsable de mi propia vida debo tener la conciencia despierta. Significa que entiendo que mis decisiones y acciones tienen consecuencias y que solo si me esfuerzo a través de la práctica continua y continuada puedo transformar mi modo de vida y, por ende, a mi misma, para ser más dueña de mi vida en beneficio de mi misma y de quiénes me rodean.

Todas las personas hemos vivido experiencias mindfulness en la vida, un claro ejemplo es cuando contemplamos un atardecer sublime junto a un ser querido y nos sentimos profundamente conmovidos y disfrutando del presente tal cual es. La práctica de la meditación es una de las vías a través de las cuales podemos cultivar mindfulness y hacer que esos momentos mágicos de conexión con la vida se repitan.

Si vamos corriendo a todas partes, sin aprender a vivir en lentitud, adoptamos esa velocidad como un modo de vida, como una forma del Ser y comenzamos a ser autómatas y nuestras respuestas ante los estímulos de nuestros sentidos y nuestra mente dejan de ser creativos. Ya no tenemos tiempo para un café con los amigos, para contemplar un bonito atardecer o para sentarnos en cualquier lugar y disfrutar de ver pasar los minutos.

Desde la plena conciencia, el zumo de la vida -esos pequeños momentos placenteros de atención plena-, momentos de entrega total al privilegio de seguir vivos, se vuelven momentos extraordinarios. Desde la plena conciencia, descubrimos que nuestra vida se ha vuelto así porque nosotros lo hemos elegido a través de decisiones y acciones desconectadas de la conciencia. Lo hemos hemos elegido porque nos hemos dejado atropellar por una agitación colectiva y por unas poco sabias proclamas modernas.

En algunos de mis momentos mindfulness me pregunto ¿Por qué hemos renunciado a ello tan fácilmente? ¿Por qué nos resignamos a convivir más tiempo con la niebla que con las olas que vienen y van en la playa? ¿Por qué hemos olvidado vivir poéticamente?

A cada instante de la vida podemos elegir el estilo de vida. A cada instante de la vida podemos elegir el silencio. A cada instante de la vida podemos elegir la lentitud. A cada instante de la vida podemos elegir la plena conciencia. A cada instante de la vida podemos elegir una vida sabia.

Tengo algunas preguntas que me acompañan desde hace algunos años. Una de ellas, quizá la más compleja, es ¿Qué es lo que mi mundo aporta al mundo? Necesitamos desacelerar, reflexionar, inhalar, exhalar, conectarnos con nuestras necesidades más profundas y observar la vida que llevamos tal y como es.  ¿Qué me estoy dando y qué estoy dando a los demás?

Dice Humberto Maturana, “nos enfermamos al vivir un modo de vida que niega sistemáticamente el amor” y me quedo con su respuesta para responder a mis preguntas.

El desafío de la sabiduría es sencillo, que no fácil: Ser siempre consciente de mis capacidades y hacerme responsable de mis decisiones. ¡Ese es uno de los regalos vitales que nos ofrece el mindfulness!

Gemma Segura Virella


 

El verdadero motivo de los gritos

Cuenta la historia que un hermoso día, un maestro pregunto a sus discípulos lo siguiente:

  • ¿Quién de vosotros sabría decirme cuál es el motivo por el que la gente grita cuando está enfadada?

Los discípulos se quedaron pensativos, intentado dar su mejor respuesta al maestro.

  • Yo creo, que porque perdemos la calma– contestó uno de los discípulos.

El maestro no se quedó del todo satisfecho con la respuesta y dijo:

  • Lo que no entiendo es por qué se gritan, cuando la otra persona se encuentra a su lado, ¿vosotros lo entendéis? ¿creéis que no es posible hablarle en un tono más bajo?

Los discípulos se esforzaron en reflexionar y dar sus respuestas, pero ninguna le agradó del todo al maestro, no conseguían dar con la pieza clave. Al ver que los alumnos se estaban quedando sin respuestas, el maestro les dijo:

  • Queridos, os voy a explicar cuál es el verdadero motivo de los gritos. Cuando dos personas se enfadan, sus corazones se alejan mucho el uno del otro. Entonces, para poder cubrir esa distancia generada y poder escucharse, han de gritar. Mientras más enfadados se encuentren, más alejados se encontrarán y más habrán de gritar.

Explicado esto, el maestro hizo una pausa y volvió a lanzar una pregunta a sus discípulos:

  • Si eso ocurre con las personas que se enfadan, ¿Sabéis que sucede con las personas enamoradas o las que se aman? Si os dais cuenta, ellos no se gritan, ellos se hablan de forma dulce y suave. Esto es debido a que sus corazones se encuentran muy cerca. Y ¿qué pasa cuando se enamoran aún más?, pues que el tono de voz baja tanto que la gente que se ama lo convierte en un susurro, la distancia entre ellos es mínima y su amor es muy cercano, y además, crece, y crece tanto que ya no hace falta que se susurren, sino con sólo mirarse ya se están diciendo todo. Esta es la situación de cercanía entre dos personas que se aman.

Y concluyo, dándoles el siguiente consejo: “Cuando discutáis, no permitáis que vuestros corazones se alejen, no os digáis palabras que os distancien todavía más, puesto que llegará el día en que esa distancia sea tan grande, que no encontrareis el camino de regreso”.

Esta bonita historia nos cuenta que el amor siempre susurra y nunca grita, que los susurros son el idioma del corazón y aunque muchas veces el ruido mental no nos permite escuchar esos susurros, ahí están.

Aprovecho para desearos una feliz Semana. Abrazos!

Gemma Segura Virella


 

Nunca es tarde para ser feliz

Hace unos días finalicé la relectura del libro de Miríam Subirana, La Gran Liberación. Me sirvió para volver a conectar, de una forma clara y diáfana, la diferencia entre el Mindfulness y el Heartfulness. Desde el heartfulness se hace evidente que el mindfulness se queda corto, que no es posible utilizar la palabra “mente” para designar un modo de vida en el que primordialmente se promueve actuar desde el corazón.

Según Subirana la gran liberación tiene que ver con trascender el ego y vivir nuestra identidad (nuestro verdadero ser) de forma genuina. Un vida sin ruidos, pensamientos inútiles o sentimientos innecesarios. En definitiva, un estado de consciencia plena que incorpore el mindful y el hearful a la vez. Una forma de vida conectada, desde un corazón generoso, compasivo, respetuoso, despierto, abierto y consciente y creando relaciones positivas que incidan en nosotros, en nuestro entorno y en el mundo.

Otro de los extraordinarios libros que también tiene relación con la idea de vivir nuestra identidad de forma verdadera es The Hearts Code, de Paul Pearsall. En él se describe el funcionamiento del corazón y se introduce la idea de una energía universal asociada a este órgano. De este modo el corazón no se limitaría a ser solamente una extraordinaria bomba de doble cámara, sino que pasaría a representar el centro neurálgico y gestor de nuestra existencia. Tanto energéticamente, generando un campo magnético cinco mil veces más potente que el genera el cerebro, como funcionalmente almacenando en sus células nuestras más íntimas tendencias y actitudes ante la vida y todo lo que ella representa.

Me faltan conocimientos y criterio para poder evaluar este libro, pero considero que su lectura puede sumirnos en una profunda reflexión acerca de nuestra verdadera naturaleza. Nuestra razón de ser probablemente no esté tan vinculada al cerebro como actualmente se predica. Vivimos en una época en la que este órgano esta siendo idolatrado en gran medida como único responsable de nuestras experiencias.

La moderna neurociencia parece en muchas ocasiones empeñada en encontrar los mecanismos cerebrales que hacen que nos sintamos de una manera determinada. Una vez descubiertos estos mecanismos se deduce una relación de causalidad directa entre ambos elementos. Pongamos, por ejemplo, que se observa que una región determinada del cerebro se activa cuando una persona siente alegría. De este hecho podría deducirse que esa alegría se produce gracias a la activación de esas áreas concretas del cerebro. En raras ocasiones se plantea otra posibilidad, sin embargo existen otras posibles interpretaciones.

Una explicación alternativa de esta causalidad nos viene dada al considerar el concepto de correlación. La correlación implica ocurrencia simultanea pero no causalidad. En este ejemplo, bajo una perspectiva de correlación, podríamos decir que cuando sentimos alegría se activan ciertas áreas cerebrales y punto Según este punto de vista la ocurrencia conjunta no implica que uno de los dos fenómenos haya sido originado por el otro.

Rizando aún más el rizo podríamos incluso afirmar que el estar alegre es lo que produce que ciertas áreas del cerebro se activen. La verdad es que en muchísimas ocasiones no hay modo alguno de saberlo: ¿estamos alegres porque se activan ciertas áreas del cerebro o el hecho de estar alegres es lo que origina que esto ocurra?

El cerebro es impaciente, egoísta, arrogante y cruel, explica el Dr. Pearsall. Por lo tanto, el cerebro mata el corazón. Por otro lado, el corazón muestra paciencia, unidad armoniosa, amenidad agradable, humilde modestia y tierna bondad.

“Si pudiéramos desbloquear el código del corazón y vivir según éste” dice Pearsall, podríamos descubrir nuevas formas de entender esas curaciones misteriosas, podríamos aumentar nuestra conciencia e incluso crear una forma de vida en torno a la alegría y la salud.

Sabemos que el corazón ama y siente pero ¿es posible que también piense, recuerde, se comunique con otros corazones, ayude a regular la inmunidad y contenga información almacenada circulando a través de nuestro cuerpo? Algunas investigaciones sobre la memoria celular apuntan a que es el corazón y no el cerebro el recipiente de los secretos que conectan la mente, el cuerpo y el espíritu. Si ponemos más corazón en nuestras vidas tal vez descubramos nuevas formas de comprender la consciencia y la sanación humana. Vivimos en un mundo regido por el cerebro. Disfrutamos de los inventos y la tecnología pero el corazón nos pregunta si podremos sobrevivir en este mundo tan cerebral.

Aunque se pueden hacer múltiples críticas a la tesis Pearsall, no se puede negar que su obra ofrece una magnífica combinación de ciencia y testimonios que permite percibir la inteligencia del propio corazón. Pearsall propone, en su libro, la práctica de la cardio-contemplación, derivada de la técnica de cuadro congelado desarrollada por investigadores del Instituto de HeartMath (California), en la que se propone que congelemos las situaciones o las escenas de estrés para poderlas considerar desde una perspectiva más calmada y centrada en el corazón. Esta técnica involucra el permanecer inmóviles, quietos y permitir que ocurra la respuesta de resonancia. Sin duda se trata de una vía interesante para silenciar nuestro agitado cerebro. La probaremos en alguna sesión de Mindfulness 😉

Retomando la idea inicial, estoy convencida que debemos reclamar y apostar por el concepto Heartfulness, porque hace referencia al corazón, a pesar de ser todavía un gran desconocido.

Gemma Segura Virella


 

Desnudos ante nuestra humilde experiencia

Tengo la impresión que a veces nos empeñamos tanto en ser proactivos que olvidamos que el universo, aquello que nos transciende, juega un papel clave en la vida.

Aunque dicen los científicos que el 40% de la felicidad deriva de las decisiones que tomamos, cuando el futuro no depende de nosotros, la única opción es recostarse y esperar a que las piezas se coloquen solas, antes de volver a coger las riendas y jugar la mejor mano posible con las cartas que hemos escogido. He descubierto que es muy agradable, en ocasiones, sentarse a ver la vida pasar. Sentarse y dejarse en paz.

La vida es un inmenso laboratorio para la atención, la sensibilidad, la admiración y la experiencia que nos permite reconocer en cada instante, por más precario y escaso que sea, la fantástica presencia.

Siento que la vida debe ser siempre sinónimo de libertad. Una libertad inmensa, de todo, de todo el mundo y de uno mismo, que requiere la comprensión de la interdependencia que nos cuesta tanto ver: entre micro y macro, cercano y lejano, dentro y fuera, nuestro y de los demás, actividad y reposo, silencio y palabra, quietud y gesto, inmovilidad y viaje, hambre y pan, ahora y después.

Nuestro día a día está repleto de momentos en los que hay que tomar decisiones, muchas decisiones. Pero a veces, una mala decisión puede convertirse en lo mejor que te ha pasado. Cuando más aprendemos es cuando erramos y un error puede enseñarnos más que todas las decisiones acertadas juntas para formarnos como persona, como dice Dale Carnegie en su libro Cómo suprimir las preocupaciones y disfrutar de la vida.

Dijo Carlos Castaneda en su libro Las enseñanzas de Don Juan que Todos los caminos son válidos. Pero debes tener siempre presente que un camino es solamente un camino, y si crees que no debes seguirlo, no has de permanecer en él bajo ningún pretexto.

Observar cada camino detallada y deliberadamente y hacerlo tantas veces como sea necesario. La vida es una forma de no dejar nunca de caminar, con la seguridad puesta en lo que tienes, atento a cada lugar por el que pasas y a cada persona con la que te encuentras.

Pero os animo a haceros una pregunta en cada uno de esos camino: ¿Ese camino tiene corazón?… Si lo tiene, el camino es bueno; si no, es inútil.

Los caminos nos puede llevar a un deseado destino o a ninguna parte, pero unos tienen corazón y otros no. Unos otorgan un viaje placentero, y te haces uno con ellos. Los otros te confunden y te arruinan la vida. Unos te hacen fuerte, los otros te debilitan. Lo único que vale la pena es recorrer caminos con corazón.

Se necesitan vías y guías que nos proporcionen esta convergencia entre sentidos y instantes para el camino, donde lo que algunos expertos llaman la “mística del instante” se entienda como una declaración de amor a la vida y un compromiso en la construcción de un futuro común y mejor.

Y la vida solo puede ser libre cuando incorporas en ella todo lo que eres desde el corazón. Como siempre, el complejo y frágil equilibrio es la clave: mirar con el oído, palpar con la mirada, saborear el legado espiritual. Quedarnos desnudos evidenciando nuestra humilde experiencia.

Gemma Segura Virella


 

 

No eres tú, soy Yo

Decía Viktor Frankl, neurólogo, psiquiatra, sobreviviente del holocausto y fundador de la Logoterapia que “Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: La última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino, para decidir su propio camino“.

¿Quién te hace sufrir? ¿Quién te rompe el corazón? ¿Quién te lastima? ¿Quién te roba la felicidad o te quita la tranquilidad? ¿Quién controla tu vida?…

Podrías armar toda una lista de sospechosos o culpables. Probablemente sea lo más fácil. De hecho sólo es cuestión de pensar un poco e ir nombrando a todas aquellas personas que no te han dado lo que te mereces, te han tratado mal o simplemente se han ido de tu vida, dejándote un profundo dolor que hasta el día de hoy no entiendes.

Pero ¿sabes? No necesitas buscar nombres. La respuesta es más sencilla de lo que parece, y es que nadie te hace sufrir, nadie te rompe el corazón, nadie te daña o te quita la paz. Nadie tiene esa capacidad a menos que tú le permitas, le abras la puerta y le entregues el control de tu vida.

Llegar a pensar con ese nivel de conciencia puede ser un gran reto, pero no es tan difícil como parece, complejo si, pero no complicado. Se vuelve mucho más sencillo cuando comprendemos que lo que está en juego es nuestra propia felicidad, nuestra propia responsabilidad y nuestra propia identidad. Y definitivamente el peor lugar para colocar todo esto es en la mente del otro, en sus pensamientos, en sus comentarios o en sus decisiones.

Cada día vivo más desde el convencimiento que las personas sufrimos más por aquello que interpretamos, que por aquello que de verdad nos pasa. Muchas veces sufrimos por tratar de darle respuesta a preguntas que taladran nuestra mente. Lo más curioso e injusto del asunto es que la gran mayoría de las personas que nos “lastimaron”, siguen sus vidas como si nada hubiera pasado; algunas inclusive ni se llegan a enterar de todo el drama que estás viviendo en tu vida por aquello que pasó.

En realidad, no se sufre por la acción de la otra persona, sino por lo que sentimos, por lo que pensamos e interpretamos de lo que hizo esa persona, como consecuencia directa de haber puesto en las manos de otra persona el control.

No podemos pasarnos la vida cediendo el poder a alguien porque si así lo hacemos terminamos dependiendo de las elecciones de otros, acabomos convertidos en personajes de otra historia, que no es la nuestra.

Definitivamente nadie puede decidir por nosotros. Nadie puede obligarnos a sentir o a hacer algo que no queremos, debemos vivir con nuestra responsabilidad, nuestro compromiso y nuestras propias decisiones. No podemos estar donde no nos necesitan ni donde en verdad no queramos estar. No podemos entregar el control de nuestra existencia para que otros escriban nuestra historia. Tal vez tampoco podamos controlar lo que pasa, pero sí decidir cómo reaccionar e interpretar aquello que nos pasa. Eso es una vida mindfulness!

La siguiente vez que pienses que alguien te lastima, que alguien te hace sufrir o que alguien controla tu vida, recuerda: No es él, no es ella… ERES TÚ quien lo permite y está en tus manos volver a recuperar tu propia vida.

Gemma Segura Virella


 

Conversando con feedbacktoday

Hace unas semanas tuve el enorme placer de ser entrevistada por Feedbacktoday.

Aunque podéis leer la entrevista y ver el vídeo desde el siguiente enlace, me gustaría reproducir algunas de las palabras y desearos, al mismo tiempo, unas felices vacaciones.

“El mindfulness, un concepto que es cada vez más conocido, tiene que ver con vivir el presente. Pero, no se crean que se trata de un vivir despreocupado e irresponsable. Al contrario, se trata de ser consciente del presente que se vive, para poder vivir más, mejor y más enfocados. Eso tiene muchos beneficios de orden físico, mental y espiritual. Y lo mejor es que sirve tanto para las personas como para las organizaciones.”

“El mindfulness nos muestra que lo importante es el modo en que vivimos, experimentamos y sentimos todo lo que nos va sucediendo en cada momento.”

“Si no somos conscientes del presente, no podemos aspirar a disfrutarlo.”

“Cuando percibimos cómo el aire entra y sale de nuestro cuerpo y nos llena de vida, comenzamos a ser conscientes de nuestro aquí y de nuestro ahora.”

“Si actúas desde la convicción de que cualquier cosa que hagas trasciende a la gratificación del momento, serás más feliz.”

“Sólo hay dos cosas que cuentan. El amor y las relaciones con los demás. Todos necesitamos que nos amen, nos acepten y nos reconozcan.”. 

Perfil de Gemma Segura Virella

Explica que en el mundo de la educación hay dos tipos de perfiles: los profesores, que enseñan, transmiten conocimiento y algunas veces emocionan, y los maestros, que tocan el alma de quien les escucha y ayudan a transformarle. Entre unos y otros, pacientemente, Gemma camina. Hoy el oficio de Gemma Segura es el de inspirar vidas, proyectos y organizaciones. Hacer que la gente sea consciente de las decisiones que toma y de los caminos por los que anda. Cosa seria.


 

Mirando las musarañas

Según el psicólogo y padre de la Terapia Centrada en la Compasión Paul Gilbert, pasamos un 47% de nuestro tiempo diario con la mente en modo piloto automático, con el cuerpo presente y la mente ausente.

Si tomamos por bueno el dato, resulta que nos pasamos poco más del 50% de nuestro tiempo siendo productivos, desde una óptima economicista y profesional, porque el resto del tiempo nos lo pasamos mirando las musarañas.

Las empresas americanas lo tienen claro, por ello dedican parte del tiempo, esfuerzo y energía en aplicar programas Mindfulness con las personas que forman parte de la empresa. Dedican tiempo y energía en incorporar el entrenamiento mindfulness para desarrollar y practicar habilidades de atención, concentración y conciencia plena. Programas que se acompañan de prácticas, programas de salud y bienestar para el cuerpo, la alimentación consciente y responsable y el entrenamiento mental y emocional. Desde trabajar algunas horas o días en casa hasta priorizar los resultados por encima de las horas de trabajo. Esa mala práctica que tenemos en nuestro país de estar en la oficina o puesto de trabajo cuantas más horas mejor, no es nada beneficiosa para nadie.

Desde hace un tiempo se está empezando a tener en cuenta no solo los conocimientos teóricos y técnicos y las habilidades de gestión, sino también la capacidad de atención consciente. Así, el estar atentos de forma consciente a nuestro mundo interior y exterior pasa a ser un valor más de la persona y del líder en las empresas: decidir a qué le ponemos foco en la vida y en el entorno laboral.

El valor de la atención consciente y plena nos debería ayudar a generar empresas y economías sanas, prósperas, responsables, humanas, compasivas y conscientes, que posibiliten la salud y el bienestar personal a nivel físico, mental, emocional y espiritual. El mindfulness y la plena consciencia aplicada a cualquier actividad en la vida puede ayudarnos en el camino.

La mente suele recibir la denominación de órgano del sufrimiento porque tiene la capacidad de arruinarnos la vida con su incesante deambular. La mente nos pertenece, pero no siempre hace lo que nosotros deseamos. Tal vez la mente comprenda que los pensamientos pueden ser engañosos, pero el cuerpo no suele hacerlo. El cuerpo no sabe si la mente percibe correctamente el mundo exterior o sólo está alucinando. Y responde a todos los mensajes que le envía la mente como si fueran correctos. Pero hay una manera de transformar esta aparente desventaja en ventaja.

Cualquier forma de atención mental que distrae a la persona de sus inquietudes y ansiedades habituales puede producir relajación. La respuesta de relajación es un mecanismo innato del hipotálamo y funciona con independencia de la voluntad de la persona. La capacidad de relajarse es un don natural de todos los seres humanos. Aparentemente el secreto para relajar el cuerpo, el corazón y la mente es liberarse de las preocupaciones que están de más.

Cuando nos relajamos, el pulso se vuelve más lento y la presión sanguínea disminuye. La respiración es más profunda. El cerebro deja de emitir ondas beta, las que corresponden al estado de vigilia y alerta, y comienza a emitir ondas alfa, que indican distensión. Parte del flujo sanguíneo que irrigaba los músculos se dirige al cerebro y a la piel, produciendo una sensación de calor y serenidad mental. La tensión de los músculos disminuye y nos sentimos tranquilos. Nuestra capacidad de imaginar y fantasear nos genera un estado de ansiedad permanente. La consecuencia es la angustia, una de las principales causas de las dolencias físicas y mentales que hoy padecen muchas personas.

Una herramienta eficaz para combatir la angustia es la respiración consciente, una técnica de meditación orientada a interrumpir el círculo vicioso del estrés y que utilizamos en cualquier enfoque mindfulness, desde el minuto uno. La mente y el cuerpo funcionan como una unidad psicofísica tanto para generar tensión como para permitir la relajación. Si deseamos aplicar este principio para crear estrés, será suficiente con que dejemos de respirar para que de inmediato nos sintamos ansiosos. Del mismo modo, cuando albergamos ideas que generan ansiedad, nuestra respiración se tornará agitada y superficial. El ciclo negativo de pensamientos molestos y mala oxigenación puede intensificarse hasta convertirse en un ataque de pánico.

Podemos utilizar la respiración para interrumpir ese ciclo. La respiración profunda puede aliviar la tensión y detener la ansiedad. La respiración consciente consiste simplemente en prestar atención y llevar voluntariamente el aire hacia el abdomen. Si nos concentramos en la manera de respirar, nuestra atención se dirigirá inmediatamente al aquí y ahora, y nuestra mente se aquietará. Este sencillo método es muy efectivo para gestionar el estrés.

Gemma Segura Virella


 

Imagina un lugar…

Imagina un lugar donde de un salto despegas y aterrizas al bonito punto de una nueva historia.

Imagina un lugar donde el agua es sólida, la luz es líquida, el cielo un río congelado que fluye bajo tus pies.

Imagina un lugar donde tu mente se abre sin límites, más allá de las paredes que te rodean.

Imagina un lugar donde la libertad es tan dulce com un salto de agua, ligera como una pluma que mece el aire tebio de la mañana.

Imagina un lugar donde la primavera deviene una avalancha de rosas blancas, un torrente de dulzura que inunda la tierra.

Imagina un lugar donde tu barco atesora toda la sabiduría y el horizonte ofrece todo aquello que necesitas.

Imagina un lugar donde el tiempo se cuenta con tics y tacs, pero el espacio se mide en puestas de sol.

Imagina un lugar donde cada sendero te lleva a casa.

Imagina un lugar donde las finas agujas de los pinos acarician la sal de mar, donde la aventura descubre un corazón que espera.

Imagina un lugar donde las palabras te cobijan, las ideas te apoyan, y los pensamientos te guian hasta el secreto escondido del laberinto.

Imagina un lugar donde los ladrillos arraigan al sol, donde los brotes se despegan suavemente como los rayos del sol y con la fortaleza de una roca.

Imagina un lugar donde el fuego te hace cosquillas y no te quema la piel, con el eco resplandeciente de una estrella.

Imagina un lugar donde la música se filtra a través del cálido oreo de una noche de verano, y el viento te invita a bailar un vals ligero y lento hasta el amanecer.

Imagina un lugar donde los castillos y las nubes se reúnen en las casillas de un tablero de ajedrez y el mundo se encuentra en la mano del ganador.

Imagina un lugar donde los flecos de espuma y la rumor de las olas salen de tu maleta para penetrar en tus sueños.

Imagina que ese lugar es ahora.

Gemma Segura Virella


 

 

¿Para qué vivimos?

¿Te has planteado para qué vivimos? Según mi opinión, todos vivimos para ser felices, para sentirnos bien en cada momento de la vida. Eso es lo que buscamos y lo que deseamos para nosotros y para cualquier persona que amamos.

Según los neurocientíficos, eso depende, en gran medida, de lo que pensamos. Por ello, hay que pensar bien para sentirse bien. Y para ello, lo primero que tenemos que saber hacer es reconocer y dar espacio a nuestras emociones y después, saberlas gestionar. Somos altamente imperfectos, forma parte de nuestra divinidad, así que cuando otros cometen errores, como hacemos nosotros mismos, hay que aceptarlo.

Pensar, a diferencia de lo que creemos, es más emocional que racional. Para pensar y hacerlo bien, hay que aprender a detectar lo que sientes, también cuando te sientes mal. Esos momentos en los que en lugar de empezar a buscar culpables fuera, debemos mirar lo que ocurre dentro, porque lo que hay que cambiar es nuestra percepción.

Mi primer consejo es que debemos aprender a pensar bien de uno mismo. Todas las personas necesitamos sabernos y sentirnos aceptados, reconocidos, valorados, queridos, respetados y ayudados; por encima de cualquier otra cosa somos seres relacionales y emocionales. Lo que no necesitamos es sentirnos cuestionados, aleccionados, reprochados e ignorados. Los pensamientos negativos hacia uno mismo y hacia otros son muy dañinos, por eso hay que mantener pensamientos positivos el máximo tiempo posible, aunque sea imaginando aquello que nos gusta y nos hace sentir bien, así conseguimos que el pensamiento negativo tenga el menor espacio y tiempo posible. Nuestro cerebro se modifica continuamente en base a aquello que hacemos, pensamos y sentimos. Así que si no queremos sentirnos mal, debemos aprender a sentirnos bien.

Ante los malos momentos, esos en los que se hace difícil pensar bien cuando la cosas van francamente mal, es el momento de hacerse la gran pregunta ¿Para qué vivo? nos ayudará a relativizar, a aceptar y a reenfocar.

¿Cuándo fue la última vez que te apasionaste por algo, que te desviviste por ello porque la emoción te consumía? ¿Dónde se han escondido la chispa que iluminaba tus ojos y la ilusión que despertaban tus palabras? ¿Dónde ha ido a parar tu pasión, tu entusiasmo, tus ganas de vivir?

Emilio Duró dice que : “El 80 ó 90% del éxito en la vida está en la actitud, el 10% es conocimiento. Lo importante es la actitud con la que te enfrentas a la vida y a los problemas. Aquí es donde entra el coeficiente de optimismo. […] La Nasa, cuando tiene que enviar un tío a la Luna, no mira la inteligencia, mira el coeficiente de optimismo. ¿Tu te imaginas ir de aquí a la Luna con un pesimista? Nos vamos a caer, se oye un ruido… ¡Lo matas, te aseguro que lo matas!”.

Tu cerebro no ve nada más que lo que tus emociones quieren, y por eso hay personas que hagan lo que hagan consiguen salir adelante, y hay gente que haga lo que haga, siempre termina por hundirse.

Antes de hundirte tus emociones radiaban optimismo, y por eso los problemas los veías como retos que siempre conseguías superar. Antes solías vivir cada día, cuando te hundes solo te conformas con sobrevivir. Por ello tienes que volver a encontrarte, cuanto antes, a ti y a la razón que te hace levantarte con ganas por las mañanas y preguntarte ¿para qué vivo?

Córtate el pelo, vete de compras, haz ejercicio, búscate hobbies, renuévate por dentro y por fuera. Todo depende de tu perspectiva y de la felicidad interna que haya dentro de ti.

Gemma Segura Virella


 

 

 

 

Cada peldaño necesita su tiempo

El ascensor del éxito suele estar estropeado, por eso hay que subir la escalera peldaño a peldaño. Joe Girard.

Que el camino al éxito -nada más y nada menos que conseguir aquello que deseas- no pueda hacerse en ascensor y sea necesaria una escalera, no es para hacerlo difícil y doloroso. Es, simplemente, porque cada peldaño necesita su tiempo, necesita su experiencia y necesita que pases por él. En realidad, cada paso es un pequeño triunfo que te lleva al éxito final.

En realidad, nuestra vida es como una larga escalera. Peldaño a peldaño visualizamos y experimentamos los rellanos, cada peldaño nos permite ganar perspectiva para llegar al siguiente rellano. Como decía Francisco de Asís, en todo proyecto lo mejor sería comenzar con lo necesario, avanzar en la conquista de lo posible, seguir sembrando posibilidades, creando circunstancias hacia lo anhelado, y perseverando conquistaremos lo que parecía imposible cuando comenzamos a andar“.

Un cuento sufí glosado por el místico y espiritual indio Osho, entre otros, explica lo que un rey pidió a los sabios de su corte:
Me estoy fabricando un precioso anillo y quiero ocultar bajo el diamante algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de deses­peración. Tiene que ser muy breve de modo que pueda esconderlo allí.

Aquellos eruditos habían escrito grandes tratados, pero no sabían cómo darle un mensaje de solo dos o tres palabras que pudiera ayudar a su rey en esos momentos en los que él consideraba que esa ayuda podría marcar la diferencia.

Sin embargo, el monarca tenía un anciano sirviente que era como de la familia, el cual le dijo:
No soy un sabio, ni un erudito, pero conozco el mensaje que buscas, porque me lo dio un místico hace tiempo.

Dicho esto, el anciano escribió tres palabras en un pequeño papel, lo dobló y se lo entregó al rey con la advertencia.

No lo leas, mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo solo cuando todo haya fracasado y no encuentres salida a tu situación.

El momento llegó cuando el país fue invadido y el rey tuvo que huir a caballo para salvar la vida mientras sus enemigos le perseguían. Finalmente, llegó a un lugar donde el camino se acababa al borde de un precipicio.

Entonces se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró el siguiente mensaje: “Esto también pasará”.

Mientras leía aquella frase, los enemigos que le perseguían se perdieron en el bosque, al errar el camino, y pronto dejó de oír el trote de los caballos.

Tras aquel sobresalto, el rey logró reunir a su ejército y reconquistar el reino. En la capital hubo una gran celebración y el monarca quiso compartirlo con el anciano, a quien agradeció aquella providencial perla de sabiduría. El viejo le pidió entonces:

Ahora vuelve a mirar el mensaje.

Al ver la cara de sorpresa del rey, explicó:

– “No es solo para situaciones desesperadas, sino también para las placenteras. No es solo para cuando estás derrotado; también sirve cuando te sientes victorioso. No es solo para cuando eres el último, también para cuando eres el primero”.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y entonces comprendió.
Recuerda que todo pasa –le recordó el viejo sirviente–. Solo quedas tú, que permaneces por siempre como testigo.

Como en este cuento tradicional, si entendemos que las emociones no somos nosotros, sino que se trata de estados transitorios de nuestra mente para adaptarnos a la vida, dejaremos de sentirnos sobrepasados por ellas. Las emociones son una brújula, pero nosotros decidimos el rumbo de nuestra existencia.

En realidad, el futuro es presente porque el mañana es lo que construimos hoy. Por eso merece la pena no olvidar que los peldaños de lo que está por venir se asentarán sobre la firmeza que construyamos en los escalones de hoy. Y cada escalón andado es una obra en sí misma que se merece ser pisada fuerte y bien.

“No me preguntes hacia donde me dirijo,  ya que viajo por este mundo ilimitado,  donde a cada paso que doy es mi hogar”. Es una frase de la película: Zen. La vida de Dogen, de Tanmei Takahashi.

Gemma Segura Virella