Hoy soy un mujerón, antes era solo una enterada

Diaro de una exploradora emocional: capítulo 16

Hace justo cinco días cumplí 39 años. Estoy entre el vértigo que produce la cifra y el orgullo de sentirme mejor que en toda mi vida. Se trata de una sensación de madurez dentro de la juventud difícil de explicar y muy muy divertida de vivir.

Ahora estoy en un punto en el que siempre que quiero algo lo pido sin reparos, desde la máxima que aceptaré cualesquiera que sea la respuesta. Por que ya he experimentado que sólo si marcas y verbalizas tus necesidades puedes obtener lo que deseas, que nada es imposible y que habitualmente la gente no usa las habilidades telepáticas para adivinarlas.

Ya no me callo si algo me parece mal, pongo mi marco de actuación claro y todo ello puedo hacerlo desde la calma y el amor propio y hacia el otro.
Me enfado ¡claro, como todos! Pero detecto rápidamente cuando me he disparado y me estoy dejando llevar, reconozco si me he equivocado y reparo los desperfectos si los he causado…

No me escondo detrás de la soberbia o de la falsa seguridad para demostrar mi valía personal, ya no. Ahora me doy cuenta de cuan imbécil había sido en el pasado, en ese sentido. Hoy soy un mujerón, antes sólo era una enterada con la última palabra (como diría mi madre).

Recuerdo cuando el gestor del banco me dijo un día que siempre sabía cuando había llegado por mis pasos al entrar… Ahora cuando entro en una de mis clases del gimnasio, puedo hacerlo descalza y la gente se gira igual… pero es distinto. Antes los golpes de tacón marcaban la necesidad de ser escuchada y admirada como muestra de valía y poder. Hoy mi energía de fuego natural irradia lo que soy, sin ruido, desde el corazón y el alma.

Ahora soy feliz porque he aprendido a vivir con alegría la mayor parte de los momentos de mi vida. Tengo arrugas de reírme hasta caer doblada en el suelo y de sonreírle a la vida constantemente. Me rodeo de las mejores personas que he encontrado y permito que las causalidades me sorprendan a diario.

Escucho a mi alma cuando me habla a través de la intuición durante el día a día, me dejo llevar por ella sin expectativas. Ya aprendí que éstas son innecesarias y causan frustraciones.

Hablo con las personas que amo a diario, semanalmente o cada mes y les muestro cuan grande es lo que siento por ellos. Recibo lo mismo, me siento amada y cuidada.

Sé lo que merezco, me valoro y me acerco cada día un poquito más a quien verdaderamente Soy.

Patrícia Arner


 

Mil formas de demostrar el amor

Diario de una exploradora emocional: capítulo 15

Facebook me dice hoy que hace un año que somos amigos, que curiosa incerteza…

La amistad es la forma de Amor más bella que existe, lo creo firmemente. Incluso es la primera premisa necesaria en una relación de pareja. Eliges libremente quienes forman parte de tu vida y amarles sin medida ni juicio es un regalo que das y recibes.

Hay mil formas de demostrar el amor, pero ser consciente de ello es más complicado.

Entregarse a la vida significa aceptar quien eres, qué sientes y mostrarlo sin miedos, significa amarse plenamente aún con todo. La amistad implica cuidar del otro, también compartir y compartirse.

La amistad hay que empezarla por uno mismo. Si no serías tu propio amigo, no te amas lo suficiente para amar a nadie. No debes engañar a los demás con lo que muestras de ti.

La vida es demasiado bella para perder el tiempo y la energía con personas que no se aman y no saben amar. Tampoco hay que intentar enseñarles. Se darán siempre las posibilidades necesarias para que eso ocurra y escoger hacerlo es sólo una elección personal. Amarse implica cuidar de uno mismo, por tanto alejarse de lo que nos daña es nuestra obligación.

Me gusta apreciar los matices de la amistad, poder mostrarme con absoluta naturalidad ante los que amo sabiendo que sólo si Soy, sigo cuidando de mi.

Y sabiendo que garantizo lo mismo para los míos, que conmigo pueden ser, sin máscaras, y cuidaré de ellos.

Por ello, cuando Facebook habla de amistad, sólo puedo estar agradecida por saber apreciar estos valores y seguirme amando.

Patrícia Arner Gusart


 

Valientes que nos amen

Diario de una exploradora emocional: Capítulo 14
Día 1 de enero, llamada telefónica con mi hermana y catarsis común como acto de reflexión del presente, pasado y futuro próximo e inmediato.
No son sólo los efectos del bajón propio de dormir poco y bailar en la intimidad celebrando una nochevieja diferente.
Tras un año de exploración personal bestial dónde la orgía de emociones ha sido descomunal, hemos determinado que necesitamos Valientes que nos Amen que, a pesar de todo, se queden. Por que somos mujeres guerreras que poco nos acobarda. Y si algo lo hace, nos sostenemos las unas a las otras y nos enfrentamos a ello de cara.
No somos fáciles, seguro. Pero damos amor a borbotones, somos leales y capaces de cualquier imposibilidad para cuidar a los nuestros. La honestidad, lealtad, libertad, la familia, el amor y valentía son valores pilar en nuestra vida. Independientes y capaces de sostener nuestras vidas, hijos, disfrutando de los instantes vividos, de nuestro trabajo, de los amigos, la familia. Sobrellevando cualquier inconveniente, permaneciendo siempre, sin escapar, encajando lo que llegue.
Necesitamos valientes que nos amen, que nos cuiden a nosotras también. Que no se acobarden y nos sostengan cuando nos flojean las piernas, cuando las hormonas nos ponen contra la pared y el drama llega. Y los necesitamos por que lo merecemos. Todos merecemos vivir para dar y recibir amor, todos merecemos dar y recibir amor.
Por que ellos también son vulnerables y fuertes, son pilares familiares, son guía y sostén. Con su abrazo son capaces de borrar de un plumazo los miedos. Son niños y hombre, ellos son amor igual que nosotras. Ellos tienen dudas, se asustan y sólo si saben que tienen una mujer valiente a su lado, que les ama con sus virtudes y defectos, pueden mostrarse sin pudor, tal cual. Pueden hacerse mejores personas, también.
La vida es demasiado bonita para esconderse. Las prisas son “una mierda pinchada en un palo”. No te preocupes, ocúpate. Date tiempo, respira profundo. Medítalo, cuenta hasta diez. Ama como si fuera el último instante de vida. Ríete de ti mismo y hazlo junto a otros, también. Baila como si no te viera nadie. Besa con todo tu cuerpo.
No juzgues al otro, no sabes el drama por el que puede estar pasando. Abrázate, cuídate y déjate en paz cuando no te soportes.
Enamórate cada instante de la vida. Enamórate de un valiente que te Ame.
Patrícia Arner

Tengo la obligación de garantizar lo mismo

Diario de una exploradora emocional: capítulo 13

Llevo un par de días observando cuánto me acuerdo de mis abuelos. Es curioso, últimamente más que nunca. ¿Será que me hago mayor?
Ahora mismo escucho en Spotify la canción “Quizás, quizás, quizás” de Gregory Porter de la lista “Radar de novedades”, y puedo imaginar a mi abuelo tarareando y bailándola.

Si me observo, llevo en el anular derecho un hermoso anillo de mi abuela materna y nunca me quito de la muñeca izquierda dos esclavas: una kala de plata de la misma (regalo de mamá) y la que nos regalaron, a cada una de las primas, los abuelos paternos al celebrar sus bodas de oro.
Y ahora, más que nunca, tengo los valores que ellos representaban muy, muy presentes.

Cuando me arreglaba un poquito la cara, hace un rato, siendo domingo por la mañana. Me acordaba de mi abuelita que, aún estando muy enferma, se levantaba de la cama un poco antes de que llegara mi abuelo de la universidad para arreglarse, maquillarse y mejorar su aspecto y que : “Joaquín me vea bien y no se preocupe”. ¡Qué grande!, ¿no?

Independientemente de ser una persona presumida y coqueta ¡Qué capacidad de sacrificio y entrega hacia su compañero de vida, su amor! Que bonito estar tan comprometido con otro ser que sólo buscar su felicidad y bienestar, aún con grandes esfuerzos. Pobrecita, moría de dolores. Y ella era así con toda su familia. Cuidadora, preocupada, entregada. Un ejemplo de elegancia en el ser, estar y parecer. Impecable, hermosa, radiante. Brillaba con luz propia. Indescriptible… Ojalá llegue a la mitad de eso en esta vida.

Mi abuelo (su marido), culto, divertido, futbolero, moderno modernísimo, revolucionario, intachable, entregado a ayudar a las personas,incluso más jóvenes que él, en los últimos tiempos. Compitiendo consigo para batir records de velocidad en acabar los sudokus y crucigramas de La Vanguardia. Cuánto me gustaría que hoy siguiese conmigo, disfrutaría mucho de mi vida, de los que me acompañan. Y yo con él.

Y Tante, mi abuela paterna, mujer de armas tomar. Valiente, decidida, arraigada a la vida, viajera. De ella aprendí, entre muchas cosas, la importancia de la generosidad. Compartirlo todo, por que acompañados la vida es mucho más plena, bella y se llega más lejos. Y como buena Géminis, con su carácter ambivalente, aprendí que si algo no te gusta, no pasa nada por decirlo. Que nadie debe obligarte a nada, que la libertad de pensamiento y de acción es lo más importante a cuidar. Y con los años he comprendido que si te amas y lo haces sin miedo a perder, éso es posible.

Reflexionando, veo mi traza, reconozco mis pilares, mis valores. Aquellos que de abuelos a padres, hijos y nietos conforman quien soy. Y apoyándome en ellos, desaprendo a reaccionar y sano límites. Me acerco más a mi verdadera esencia, soy más Yo.

Gracias a ellos, a mi familia. Y tengo la obligación, como madre, de garantizar lo mismo para mis hijos y mis futuros nietos.

Patrícia Arner


 

La pérdida de un ser querido

Diario de una exploradora emocional: capítulo 12.

Experimentar la pérdida de un ser querido es una de las oportunidades que nos da la vida para conocernos profundamente.

La perdida se da de muchas formas. Cuando la muerte física llega es muy gráfico. Independientemente de si es algo repentino o tras una larga enfermedad, hay alguien que deja de estar pero no de existir.

Porqué sigue en todas y cada una de tus células en forma de vivencias, de momentos y recuerdos, en tu genética. Y nace un antes y un después, nada será igual. La vida sigue, tu sigues y alguien (a veces tan amado) ya no estará más.

Y lo natural es dejarse llevar por la emoción del miedo, la ira, la impotencia, la tristeza. Y es humano embargarse de pensamientos, quedarse en la mente y complicarnos más la vida dejándonos llevar por esas no confortables emociones, el hastío y la apatía.
Si la naturaleza ha sido benévola te habrá ido preparando de forma progresiva para que vayas haciéndote a la idea del significado de la muerte. Si no lo ha hecho, aun sesga más tu corazón y te parte en dos.

En ocasiones la pérdida no es física ni es en presencia. Ésta es de las que cuesta darse cuenta, es de las que llega cuando ha pasado un tiempo y tiene doble mirada. Hay enfermedades en las que la persona se va marchando progresivamente, ya no está intelectual ni emocionalmente, solo queda su cuerpo físico y algunos pequeños instantes. Y un buen día te das cuenta que echas de menos a alguien que está aun cerca, pero que se fue hace ya tiempo, quizás años.

Puedes dejarte llevar por la mente, también, envolverte de un futuro incierto y aterrador. Y de una pena inmensa, enorme. Por los que están al lado, sufriéndolo. Por uno mismo y por el sino del enfermo.

En cualquier caso aparecen muchos miedos. Y con ellos la oportunidad de plantearte qué hay de ti en todos ellos, qué tiene que ver con tu modo de reaccionar automático, qué es posible sanar y cómo vas a experimentar esos cambios.

Es paradójico pensar la gran oportunidad de vivir plenamente, sin límites, que se brinda tras una muerte o pérdida.
Habrá muchos que no puedan o quieran comprenderlo. Que el dolor pese tanto que necesite más perspectiva y tiempo.
Pero esta exploradora emocional hace siempre una lectura de mejora en cada situación, tras muchas lágrimas y previo a muchas otras. Las recientes pérdidas cercanas y propias me han dado la posibilidad de evolucionar como mujer, como hija y como madre. Han abierto puertas que ni siquiera sabía que estaban cerradas. Me han dado más opciones para Amar y Amarme.

Patrícia Arner


 

Menudo veranito potente

Diario de una exploradora emocional: capítulo 11

¿Vacaciones? Técnicamente si, emocionalmente no.

Esto del desarrollo personal y la elevación de la conciencia está muy bien. Amplías perspectiva sobre ti mismo y facilita las relaciones pero, francamente, es tarea ardua y dura de cojo…

Alguien me decía el otro día que le resultaba confortable y una maravilla hablar con alguien como yo que le transmitía calma y paz. Cuando terminó su argumentación le dije que soy hiperactiva y quemó mis excesos de energía con el deporte pero que sobretodo la meditación y el kundalini yoga eran quienes me habían “salvado”. ¡Quedó sorprendida!

Os contaré que llevo hoy exactamente 102 días seguidos practicando una meditación, la Shabd Kriya, cuyos efectos dice Yogui Bhajan ser los siguientes: “Efecto estimulador del crecimiento y la personalidad. Da Brillo y el brillo da paciencia, que es la primera condición del Amor real. En el Amor, otorgas sin fijarte en todos los errores del otro, así como el sol otorga luz y calidez a las personas“.

Vamos, trabajando la paciencia y la compasión a tope.

Pero no sólo con estar 32 minutos con un patrón respiratorio concreto y un mantra se obtienen estos beneficios, no. Ésto no es ir a un súper y comprar una manzana todos los días, la manzana hay que comérsela. Y resulta que, milagrosamente, todos los astros se alinean para que trabajes la paciencia y la compasión en tu día a día y ….. que fácil era pensar sólo en los 32 minutos invertidos.

Aparecen situaciones que jamás antes hubieras imaginado y otras que ya ocurrían y tu perspectiva y reacción era otra. Situaciones que te remueven de tal manera que entras en catarsis constante. Experiencias que ayudan a transformarte, previa sensación que te estás volviendo loca.

Y todo esto amenizando tu vida cotidiana, combinando los vaivenes de tus emociones con los hijos, los dramas familiares y de pareja, el trabajo y con mis hormonas. Si señor, santas y estupendas hormonas y la variación de los 11 puntos lunares de las mujeres. Lidia tu con los dos  días y medio en los que, sabiendo que en realidad nada ha cambiado, todo parece un desastre y te caes fatal tú misma. Días en que las heridas profundas afloran y sólo sirve acallar la mente viendo Juego de Tronos o Vikings ¡Viva Ragnar Lodbrok y Ladgerda, gracias por tanto!

Por suerte para mí, este camino no lo estoy haciendo sola. Tengo a una hermana de Alma conmigo que me ha acompañado en esta locura diaria. Me ha sostenido y ha sido la voz de mi conciencia en no pocas ocasiones. Y lo que comenzó siendo una cuarentena para eliminar un mal hábito, va camino de conseguir que el hábito sea quien yo soy. Ella fue la primera en decirme que, “al que quiera apuntarse al carro de meditar diariamente, hay que avisarle de la dureza y el compromiso personal que eso supone, que no es un paseo por la playa. Aquí se llora, y mucho…”.

Y, aún así, muy feliz de caminar este camino. Dejando el verano atrás (casi) y esperando el fresco y húmedo otoño.

Patrícia Arner Gusart


Y a eso se le llama sacrificio

Diario de una exploradora emocional: capítulo 10

Llevo un tiempo con la palabra SACRIFICIO en la cabeza, aparece por todas partes… En el trabajo, hablando con los niños sobre la escuela y las obligaciones, en forma de ofrenda en la serie que me tiene enganchadísima “Vikings”…

Tengo que reconocer que durante mucho tiempo era una palabra cuyo significado me repateaba, me ponía los pelos de punta. Y puede ser por mil motivos, probablemente alimentado por la época en la escuela de monjas y todo lo que envuelve a la religión y el sacrificio de Jesús en la cruz.

De pequeña también era una gran exploradora de experiencias y empecé muchas actividades que al cabo del tiempo me aburrían y dejaba acabado el trimestre. Y no era una cuestión de falta de interés ante las dificultades, cuando algo me cuesta más me motiva, soy “doña retos”. Era una cuestión de apasionamiento y excitación. El sacrificio tenía una connotación peyorativa que iba en contra de ese apasionamiento, lo veía como una rendición, resignación… Asignar tiempo y esfuerzo a algo que no me motiva, aguantando sólo por el compromiso personal momentáneo y decidido de cualquier manera, sin reflexión previa.

Cuando inicié la formación como profesora de Kundalini Yoga y me nombraron los 7 pasos imprescindibles de la felicidad, flipé:

  • El 1er paso es el Compromiso. En cada vida tú estás destinado a comprometerte. El compromiso te da carácter.
  • El 2º paso es el Carácter. Esto es cuando todas tus características, facetas, flaquezas y hechos, están en tu control. Yin y Yang se juntan y están equilibrados. El carácter te da dignidad.
  • El 3er paso es la Dignidad, la gente confía en ti. Te aprecia y respeta. Esto facilita la divinidad.
  • El 4º paso es la Divinidad, cuando no proyectas dualidad a la gente. Confían en ti inmediatamente y no te tienen miedo. Esto te da la gracia.
  • El 5º paso es la Gracia. Dónde hay gracia no hay interferencia, no hay brecha entre dos personas, ningún motivo oculto. La gracia te da el poder del sacrificio.
  • El 6º paso es el Sacrificio. Puedes aguantar cualquier dolor por esa persona. El sacrificio te da la felicidad.
  • El 7º paso es la Felicidad.

Me quedé bien jodida… ¿Qué significa que para ser feliz tengo que admitir y tener el sacrificio incorporado en mí como algo bueno? ¿Qué aquello que me haga sufrir me llevará a la felicidad? ¡Pero bueno! ¿Estamos locos? ¿Dónde está aquella afirmación de que si fluye todo sin trabas (ni sacrificios) es que estás en el camino adecuado?

¡Ay amiga! Que equivocada estaba… ¿Para qué unía el sufrimiento al sacrificio? Cuántas experiencias han pasado por en medio que me han hecho revisar, comprender e integrar. Algo tan, tan básico y sencillo; y tan difícil a la vez.

En primer lugar hay que comprometerse con uno mismo, con tu verdadera esencia, con sus necesidades, sus características perfectamente imperfectas, con tu propósito divino y con tu entorno, con tu área de acción e influencia. Y hacerlo desde la profunda convicción y desde el Amor.

Y cuando hay amor, no hay lugar para el sufrimiento. Puede existir el dolor, físico o emocional, pero donde haya amor no hay cabida para el miedo. Y, por tanto, no sufres, te compadeces de ti (y del otro), te cuidas (y le cuidas). Para mantener el NO sufrimiento, aliviando ese dolor en la medida de lo posible.

Y a eso se le llama SACRIFICARSE. Y esto te lleva a la felicidad, porque desde el amor sólo puede sentirse la felicidad de Ser, en tu máximo potencial creativo. Y, ¿No es el verdadero amor el deseo inevitable de ayudar al otro para que sea quien Es?

Patrícia Arner Gusart


 

Aprendo sobre mí, gracias a los otros

Diario de una exploradora emocional: capítulo 9.

Existe la creencia que permaneciendo en tu interior, sólo o aislado, es cuando mejor te conoces. Esos gurús que hablan de sentirte bien a solas para sentirte bien con los demás tienen una gran parte de razón. Yo no lo dudo, es más, sostengo que nadie puede hacerse más feliz que uno mismo en completo equilibrio. Pero si opino que depende mucho de cada uno y de su relación consigo y con su entorno.

Los monjes budistas buscan la elevación hacia la infinidad y la conexión con su verdadera identidad aislándose, retirándose como ermitaños, meditando durante horas hasta llegar al nirvana. En un mundo dónde, sin preocupaciones, desde el silencio, en el ayuno y la observación máxima consiguen, no todos, incluso levitar del suelo. Y para las personas de a pié, en un arranque de necesidad de respuestas, se producen procesos de acercamiento hacia la espiritualidad dónde se busca imitar éstas actitudes que ayudan a la elevación. Y se ponen de moda el yoga, el mindfulness, las dietas concretas, los retiros, la ropa blanca, las bicicletas, etc…

Pero yo me pregunto ¿Es esto real? ¿ Es necesario?

Yo no vivo aislada en lo alto de un monasterio, corro arriba y abajo de clase en clase evitando resbalar en chanclas cuando salgo de la piscina, me maquillo los ojos para estar más mona (waterproof, claro) a veces mi ayuno consiste en comer a las 16,15 una ensalada o un sándwich en el coche en la puerta del cole, medito en el tren con las gafas de sol puestas o hago un pranayama para calmarme porque me siento nerviosa o buceando en la mente, también grito cuando me cabreo si fallo a portería y cargo con el cuerpo haciendo falta si no llego al balón, tomo cerveza, bailo reggetón y digo estupideces y la cago.

Y medito tooooooooodos los días y practico deporte y yoga tooooodos los días y estoy más cerca de mi verdadera esencia, de lo que jamás antes había estado de forma consciente. Muestro mi amor a las personas que amo sin tapujos ni miedos y a lo grande. Y cuando el maldito miedo aparece por algo, también lo muestro y me lo miro a los ojos, cara a cara, para superarlo.

Y todo esto es posible porque vivo en comunidad, porque aprendo de cada una de las personas con las que convivo, mis compañer@s de trabajo, mis amig@s, padres, pareja e hijos. Cuando me relaciono con ellos se destapan esas creencias y límites que me he impuesto a lo largo de los años, que he heredado o simplemente me he creído sea consciente o no. Y es entonces cuando tras las fricciones, decido hacer algo con ellas, aceptarlas, superarlas y convertirme en una versión mejorada de mi misma. Algunas veces tras unos días de drama, eso si…

Y estoy segura que todo esto que aprendo de mí, no lo haría aislada. No me conocería más, ni me querría más, ni estaría más iluminada…

En Kundalini Yoga decimos que el yoga que practicamos es el yoga de la familia, el de la experiencia, el del día a día. El que se compagina con la vida cotidiana. La vida Sana, Santa y Feliz al final es la que haces con plena conciencia, meditando, corriendo, cocinando, trabajando, surfeando o bailando. Y todo eso es mucho más verdadero cuando además lo compartimos con los otros, relacionándonos.

Patrícia Arner Gusart


 

Y entonces, renaces

Diario de una exploradora emocional: capítulo 8

Esta mañana me desperté nueva. Nueva de Renovada, de Renacida. De estar Reconociendo cosas en mí que me sorprenden y estaban ocultas y, cómo no, que me encantan que salgan a la luz.

Reconfortada por que en los últimos días me estaban martirizando sensaciones y emociones que respondían a pensamientos recurrentes, tóxicos y, para mí, completamente nuevos. Y no comprendía el porqué de esa inquietud, inseguridad y ese sentir un tanto destructivo.

Hoy, tras la meditación matinal, me siento ¡Recontenta!

Las situaciones y experiencias nos llegan cuando estamos preparados para aprender sobre ellas y traspasar los límites del Ego, está claro. Hasta ese momento podemos desconocer, incluso, que existen esas creencias limitantes. Pero una vez llegan, ¡Plaas! No se pueden posponer más…

Y yo me he encontrado por primera vez, de forma consciente, con miedo a la pérdida. ¡Y tela! De repente alguien tan acostumbrado a hacer y pensar lo que quiera, a ir a por lo que se propone de forma directa y eficaz, independiente, resolutiva, “liberada” y liberal, tolerante y laxa…. De repente teme perder algo por que ha recibido uno, o varios, NO.

¡Diosmiodemivida que sensación! Y los fantasmas de brazos largos aparecen. Y con ellos la inseguridad, la indignidad, la rabia contenida, el dramatismo, la incerteza, la mente arrasando con sus “pajas mentales” ¡Toma ya, Patrícia teme perder y se muere de miedo!

Y entonces llega la parte más complicada, que es darse cuenta de que estás dejando que la mente te domine, te observas con ojo de halcón para ver si hay algo de verdad y de amabilidad en cómo te estás tratando. Para comprobar que, en realidad, el Ego te está machando. Que han saltado alarmas propias de su necesidad de mantenerte a salvo pase lo que pase, pero que éstas responden a creencias limitantes, a viejas y conservadoras ideas grabadas a fuego en tu inconsciente.

Y es entonces cuando puedes Revisarte, tratarte con amor y compasión y liberarte completamente. Y entonces, de manera clara, imperceptible y milagrosa, Renaces.

No cesaré de explorarME para estar siempre más cerca de mi verdadera identidad y esencia. Con el fin de vivir con la máxima autenticidad posible todos y cada uno de los días de mi vida.

Patrícia Arner


 

Amo con mayúsculas

Diario de una exploradora emocional: capítulo 7

Dicen que si quieres una flor la arrancas para llevártela y si la amas la riegas y la cuidas allá donde esté.

Y explorando mi vida me asombro y me sorprendo detectando esos instantes, ocasiones, situaciones o personas que dan, en mí, forma a esa cita.

Me he dado cuenta de las mil y una personas o cosas que amo, pero que AMO con mayúsculas. Amo incondicionalmente a mis hijos y creedme que a veces es difícil sostener la cordura. Amo infinitamente a mis padres, como nunca antes lo había sentido. Amo a mis hermanas de alma y de vida de un modo que no podía haber imaginado, a mis amigos, a los que amor verdaderamente, les doy y daré todo lo que soy en cualquier circunstancia y ocasión. Sin juicio, independientemente que compartamos opinión, criterio o tiempo.

Amo la vida en sobremanera, amo los momentos de conciencia plena, las canciones a gritos en el coche, bailar en medio de la cocina, ver salir el sol desde mi ventana, dejarme cuidar por la esteticista, meditar y dar gracias por lo que soy, animar al equipo de futbol de mis hijos, disfrutar de una buena comida, de una carrera bajo la lluvia, ver una puesta de sol desde el agua, reírme de algo hasta llorar y que se me doblen las piernas, tomar cervezas con los amigos, disfrutar del sexo con todos sus matices, oir el sonido vacio del mundo submarino, poner sellos en mi pasaporte. En fin, contabilizar verdadero tiempo vivido…

Y me doy cuenta de que a veces no estoy amando, estoy queriendo algo o a alguien. No permito que las cosas sean, sino que me encabrono con algo y mi niña caprichosa pelea por ello.

Y si peleo permito a mi mente y a mi ego que intervenga, que me dirija. Que aparezcan miedos y el amor no me ilumine. Soy capaz de dejar de ver al otro y sus necesidades, no respetar su voluntad o verdadera naturaleza, no le permito SER. Vamos … ¡que si fuera flor la arrancaba!

Así que me escucho y observo con delicadeza para aprender a diferenciar cuando amo o quiero, y revisarME.

Patrícia Arner Gusart


 

No soy una adulta normal

Diario de una exploradora emocional: capítulo 6

Hace unos días mi hijo mayor volvió a dejarme boquiabierta… Tiene esa capacidad abrumadora de hacerlo constantemente, a veces mi niña bien visible se cabrea como una mona con él por ello.

Íbamos al colegio en el coche y sin venir a cuento comentando la crítica hacia un musical que al parecer acaba de estrenarse me suelta que no soy una adulta normal, al uso… que no soy como la mayoría, como los que estamos escuchando por la radio, como su padre, como los profes, que soy distinta…. Divergente, como la peli. ¡Jo Der!

Tiene doce años, imagínate como vuelan sus hormonas a ratos y suelta esa perla, sin decirlo despectivamente… ¡Dios! Quiero que ese instante quede congelado en el tiempo y cuando lleguen esos días en los que me odia más veces que me ama, se acuerde que su madre la que le gruñe y le reprime cosas es divergente.

Bien, os cuento esto porque evidentemente me da para meditarlo y mucho. No obstante no sé si sois conocedores de la película “Divergente”, es una película americana del 2014 basada en una novela de Veronica Roth en la que (no contaré mucho, vale la pena verla) se divide la sociedad por facciones y en función de sus habilidades deben dedicarse a un proyecto en la vida bien concreto. Si obvias la parte fantasiosa y de efectos especiales, tiene un fondo muy, muy potente y una profundidad que mueve por dentro. Evidentemente me encanta y la he visto con ellos dos o tres veces.

Como os digo me parece brutal que alguien que me conoce tanto, que me ve en los peores y en los mejores momentos pueda calificarme de tal manera.

Yo no pretendo ser colega ni amiga de mis hijos, pero si pretendo ser y mostrarme como una persona que es madre. Y digo persona delante, porque no quiero que las creencias establecidas y estipuladas sobre las madres me pesen y me jodan su educación. Porque ser madre genera automáticamente emociones como el amor incondicional y la entrega en mil ocasiones, pero nunca debe hacerte olvidarte de quien eres tú, de tu verdadera identidad y ésta, no tiene límites de parentesco.

Quiero y me muestro como soy y mis sensaciones, emociones, pensamientos y acciones procuro que sean siempre las más mejores y más adecuadas para mí y para mí con ellos, y para mí con los demás y para mí con el mundo. Porque si soy lo más próxima a mi auténtica y verdadera identidad, desde el amor, probablemente seré la mejor versión de mi misma y por tanto de persona, de madre, de hija, amiga, compañera.

Y seguramente la cagaré una y otra vez, como todos. Seré el peor espectáculo y la más negativa de las compañías, en ocasiones. Porque en ese momento no seré capaz de estar mejor. Pero eso, y el aprendizaje que estaré realizando, será lo mejor que me podrá pasar, lo mejor que podrán vivir, porque es la realidad de todos y de todas. Seamos madres o no, porque somos personas. Con sensaciones, emociones, pensamientos y acciones que son siempre cambiantes, que deben ser siempre auténticas y que amorosamente son las mejores que pueden estar ocurriendo en ese instante.

Ser divergente para mí significa no encasillarse en ningún lugar que no sea mi verdadera identidad y tampoco permitir que nadie lo haga por mí. Trabajarme para permitirme Ser y para que los demás sean quienes ya son, aunque a veces no lo recuerden, o aunque el proceso de Re-conocimiento sea difícil o duela.

Mis hijos son unos maestros y….. también son divergentes 😉

Patrícia Arner Gusart

Fotografía: Miquel Gassull


 

La importancia de la palabra

Diario de una exploradora emocional: capítulo 5

Me he dado cuenta que cuando el amor falla no Soy.
En cualquier parcela de mi vida, pero especialmente cuando falla el amor hacia mi misma.
Si no lo siento, estoy vendida. Y me hablo mal y me pienso mal y, por consiguiente, hablo mal y pienso mal a los demás.
Mi maestro de yoga, Ardaas Singh, me explicó la importancia de la palabra. Su vibración es tan potente que va más allá de lo tangible. Tiene efectos en ti y también en los demás y hay varias cosas a tener en cuenta antes de soltar una “perla” por la boquita.
Aquello que digas debe ser verdad, pero verdad objetiva no un “a mi me parece que…” Tiene que ser necesario, por que si no va a contribuir a un futuro mejor, para qué?. Y, sobretodo, debe ser amable. Por que si es amable  sale desde el amor, el amor hacia el otro y el Amor propio que no ha reaccionado a nada, el que sabe responder desde la mente neutral.
Y te diré algo que no había pensado jamás: si es verdad, es necesario y es amable, resulta que ni te justificas ni te quejas. Por que va implícito en amarte tanto que no necesitas explicarte más. No te quejas por que lo que te ocurre ya que comprendes que está bien como llega y debe ser. Y amas tanto al otro, que no hay nada que reclamar.
Entonces no te permites caer en esos juegos mentales de víctima-acosador que nublan, limitan y hacen sufrir. Por que si hablo bien, mido mis palabras en función a esas bases creo un buen pensamiento y me amo.
Y es importante amarse bien, si estoy en paz conmigo lo estoy con el mundo exterior. Emano y recibo buenas energías.
Y poco a poco consigo que la opinión personal de mi misma sea la más importante a tener en cuenta. Porque es fuerte, segura y se ama hasta con aquellas cosas que le gustan menos, aceptándolas igualmente.
Y si siento ese amor, Soy.
Patrícia Arner Gusart

Llorando por las esquinas

Diario de una exploradora emocional: capítulo 4.

Llevo cinco días llorando por las esquinas. He encontrado un cajón cerrado en mi escritorio y tengo que lograr la manera de abrirlo y descubrir que hay dentro de él.
Ese cajón me ha dejado sorprendida, no sabía de su existencia. De hecho, me dedico a echar un cable a los demás a descubrir, explorar e indagar en sus cajones. Para que los revisen tiren lo que les sobra y ya no sirve, ordenen con amor aquello que quieren  conservar y vacíen los bolsillos de chatarras pesadas.
Y es probable que haya llegado el momento que descubriera que tengo uno cerrado con candado.
Es como aquella trampilla secreta, el cajón con doble fondo, el oculto que sólo un restaurador descubre cuando esta rascando la madera sucia o alisando astilla y busca la pulcritud en su trabajo.
La autoexigencia hacia los sentimientos y emociones y la búsqueda del control es lo que me ha llevado aquí. Realmente me he pegado un buen baño de humildad, es una ostia en toda la cara para que me despierte del todo. Queda mucho camino aún. Almenos sé de su existencia, ya es un primer paso…
Hace pocos días, enfrascada en el recuerdo de lo que había sentido pillando olas en Bali, me encontré paralizada en la orilla de Portugal sintiendo la potencia y la energía del Océano Atlántico. No podía moverme, no creía ser capaz de entrar y no lo hice. Sudé el neopreno con la boca abierta y mi tabla en el suelo, mientras observaba lo que sucede cuando el mar está embravecido. Cuando hay que remar luchando para llegar “al pico” y para salir del agua. Cuando no aciertas al levantarte en el momento adecuado y la rompe engulléndote. Vi como cabalgaban las olas y sentía el miedo y el respeto hacia él. Me enfadé mucho. Me sentía incapaz y pequeña, poca cosa, nada. Sí, es cierto que hay olas tan perfectas que ni se sufre para llegar a ellas, ni se lucha para cogerlas. Eso flipa, engancha y engaña. Porque sí es una realidad, pero sólo es parte de ella. Y no se es surfista por cabalgarlas.
El mar te enseña cuan cambiante es, que hay corrientes y mareas, que es duro y también agradecido. Te muestra que hay que ser humilde y compasivo con uno mismo para conseguir navegarlo en cualquier escenario. O sencillamente, para observarlo desde la orilla con calma y dignidad.
Me he marcado el firme propósito de vencer mis miedos, voy a llevarlo a cabo y pasaré a la acción y superar-ME. Y no es casual que aparezca justo ahora ese “cajón desastre” en mi escritorio.
Quiero abrirlo, voy a abrirlo, y remar las espumas fuertes que haya dentro. Por que no sólo de cajones ordenados con bellas plumas y papeles pintados hacen un escritorio. Los que están cerrados también son parte de la realidad. La vida como el mar, bravo y sereno, amoroso y desafiante. Todo ES, completo.
Patrícia Arner Gusart

Sintiendo el ahora

Diario de una exploradora emocional: capítulo 3

He dejado lastre atrás, he borrado de la memoria RAM las limitaciones y también del disco duro.
Ahora voy como un Kamikaze, una loca que no le teme a (casi) nada por que ha borrado a lo que tenerle miedo. Un animal que se mueve a su antojo en busca únicamente de cubrir sus necesidades básicas: físicas, mentales y espirituales. A lo loco …
O quizás estoy mucho más cuerda…
Verás, ahora no pretendo nada. Disfruto más de vivir sin expectativas marcadas, así tampoco me exijo que el resultado sea uno concreto, no fuerzo ninguna situación.
Voy por el mundo con la mirada de una niña que llega por primera vez a un aeropuerto para volar. Me maravillo de las gentes, las sonrisas y el brillo de los ojos. No espero que me roben, no tengo miedos ni prejuicios y como soy feliz, atraigo felicidad.
No sufro, no juzgo, fluyo y dejo ser. ¿De verdad que ésto es ser una loca?
Ahora es todo mas sencillo, sólo vivo lo que me está pasando. No recuerdo aquello que me hizo feliz y que ahora anhelo por que lo añoro. No proyecto deseos de futuro que me inquieten y me impulsen a la frustración.
Ahora vivo, siento, río, lloro, salto, corro, duermo, sueño, leo, canto, bailo, grito, escribo, medito. Ahora soy.
Y a veces, muchas veces, me permito reconocer que no estoy en el presente. Que me encuentro en mi mente recordando, proyectando, anhelando y frustrándome.
Y es solo entonces cuando me puedo volver a dar la oportunidad de Re-conectarme con mi ahora.
Patrícia Arner Gusart

Creía ser invencible y no lo soy

Diario emocional de una exploradora: capítulo 2

Llevo engañándome toda la vida, creía ser invencible y no lo soy.

Pensé que ser fuerte era parte de mi obligación. Mi cuerpo sano, fuerte y flexible trabajado para ser la mejor en todo aquello que me propusiera. Y sí he dicho la mejor, la mejor para mí, sin pisar a nadie, sin pasar por encima o por delante de los demás. La mejor para que esa voz interna que se exige el “top” se mantuviera a raya.

Pensé que podía controlarlo todo, incluso a mí misma. Que al ser responsable de lo que te sucede puedes hacer que sucedan cosas buenas y confortables la mayoría de las veces.

Pero resulta que hay ciertos conceptos que son libres… Como las emociones. Resulta que éstas pueden aparecer durante 18 segundos y dejarte el “marronazo” encima, y luego tú decides si te recreas o no en ellas y claro… vívete la emoción sólo por unos segunditos y luego déjalas pasar… Que resulta que a veces nos gusta regodearnos en ellas y eso tampoco atiende a algo que la razón comprenda, sino que simplemente puedes dejarte llevar y ¡Alé, te lo comes!

Pensé que era libre y libre tenía que mantenerme siempre. Otra mentira bien gorda.

Te parece que puedes escoger la mayoría de las cosas que te suceden y eso no es cierto, puedes escoger libremente cómo te tomas aquello que te sucede. Y tampoco es exacto, porque siempre está condicionado por las creencia genéticas, históricas, ancestrales y las propias…

Luego están esas decisiones que tomas desde la libertad y meses o años más tarde, aunque te llenen enormemente, no te permiten libertad de acción en todo momento… hijos, hipotecas, trabajos… Es decir, la libertad es etérea y está condicionada por el momento vital de cada uno.

También pensaba que el amor no duele y creedme que es lo que más me jode que no sea verdad, porque sí duele…

Duele cuando has dejado de amar y sientes que tus acciones van a hacer daño al otro. Duele aún más cuando amas a quien dejas y sabes que quién le està rompiendo el corazón eres tú misma. Duele cuando te dicen que ya no te aman, cuando sientes que ya no te aman o cuando te aman mal y existe sufrimiento. Duele cuando lo que sientes te dice “vé” y lo que te mereces dice “espera que ya pasará”. Duele el amor propio cuando te habla y te cuestiona cuanto creías que te querías, ¿de que tienes miedo ahora?

Pues eso, que el amor a mí, sí me duele…

Con lo cual llevo engañándome siempre. Y resulta que ni soy fuerte siempre, ni puedo controlarme, ni consigo abanderar la libertad constantemente y sufro en nombre del amor. Y por primera vez me doy cuenta de la magnitud de cuan vulnerable SOY.

Patrícia Arner Gusart