Ciudades felices

Des de hace un tiempo, aunque tampoco mucho, hemos entrado en una nueva moda: la de las ciudades inteligentes. Digo moda por aquello de tener la sensación de estar en medio de una carrera entre las distintas ciudades para poder salir en la foto de quién es más y mejor smart city, presentando innumerables proyectos con un retorno real que deja mucho que desear.

Creo que sería bueno que nos preguntáramos si esta moda, focalizada en la tecnología, realmente es capaz de dar respuesta a los retos que las ciudades se están enfrentado a día de hoy y si realmente todas estas “innovaciones” acabarán siendo útiles a los ciudadanos.

Personalmente, el adjetivo de “inteligente” me produce cierto “repelús” desde hace bastante tiempo y prefiero otros adjetivos como “sostenible”, “habitable”, “feliz” o conceptos como “bienestar”, “innovadora” o “familiar”. Os aseguro que ninguno de estos es sinónimo de “inteligente” pero mi motivación va en dirección a que todos los adjetivos descritos formen parte de lo que considero que es una smart city o ciudad inteligente.

De mi experiencia en el mundo de las ciudades, reclamo que los ciudadanos puedan indicar como quieren los entornos donde viven, qué tipos de servicios quieren consumir y de qué manera pero sobretodo, reclamo a las “ciudades” que realicen proyectos e iniciativas que contribuyan realmente a mejorar el bienestar de las personas, la calidad de vida de las mismas y que nuestras ciudades sean más habitables, sostenibles y consecuentemente, nos permitan realmente ser más felices.

Las administraciones deben aprender a renovar como interaccionan con los ciudadanos ya que los canales, las maneras y los mecanismos habituales se han quedado obsoletos, desfasados y fuera de lugar, en una sociedad que avanza a toda velocidad. Para ello, la ciudad debe tener la capacidad de sentir al ciudadano, de escucharlo, de interactuar con él… debe ser capaz de asumir la capacidad de innovación del ciudadano.

Mientras las ciudades estén lideradas por la mediocridad de la clase política actual será difícil de lograr estos objetivos. Por eso reclamo, menos “caspa”, menos “generación T”, más profesionales, más gestores, más alegría, más emoción, más talento, más corazón!