Cosas que no necesito

No necesito nada para seguir adelante, ni las comodidades de una vida que creía construida, ni el cariño de unos hijos que hace tiempo dejaron de serlo, ni el apoyo de una familia que murió o me abandonó o ambas cosas.

No necesito el dinero, ni el miedo a no tenerlo. No necesito respirar siempre el mismo aire creyendo que así me sentiré más seguro.

No necesito el pasado para vivir el presente.

Miro el horizonte nublado, pero ya no me asusta la tormenta. Después de vivir mi muerte, que otra cosa puede asustarme, que otra cosa me ata a mis raíces podridas. Vivo pendiente del tiempo, sintiendo como se desliza entre los rincones de mi vida y me avisa: ya no te queda mucho, ya no te queda nada.

Cada día que explota en mi ventana es como una fotografía quemada, como un cuento sin héroes, como una noche sin alba. Me siento en esa silla vacía donde surgió un día el recuerdo de quien era yo entonces. Me siento en esa silla y contemplo la nada.

Dejo caer la carga pesada que he almacenado con tiento para futuros inciertos. Y entonces despierto y descubro que jamás hubo futuro, que jamás llegaré a tocar el cielo, que nunca existió en mi un infierno. Me siento estafado y contento, confuso y abierto, frustrado y también liberado. Siento que no necesito mis sueños, que no necesito sentir ese aliento que un día creí para siempre y que ahora está frío y ausente.

No necesito mi vida para seguir viviendo.

Paseo mis horas de soledad por los parques desiertos, contemplando las risas que temo. Respiro aires nuevos y viejos momentos de soledad y de dudas, de sentir que no encajo en ese álbum ilustrado donde todo está escrito.

Vuelvo a ser aquel que luchó fieramente contra el miedo al olvido.

Pero ahora soy fuerte y más fiero. No necesito mis miedos, no necesito el dinero, ni sentirme seguro, ni amado, ni tan siquiera apreciado.

No necesito amigos que nunca lo fueron, ni amores que jamás existieron.

No necesito el sexo, ni el poder, ni la fe, ni los pensamientos oscuros, ni ese aire de misterio que en realidad era miedo.

No necesito de nada, solo algún que otro apoyo cuando las piernas flaqueen y el cansancio me llegue.

Ahora que ya no soy nadie podré, al fin, abrir mi propio camino, labrar mi propio huerto, construir mi propio barco, dormir mi propio sueño, gritar mi propio suspiro o morir en una vida que vuelve a ser mía.

No necesito el silencio, solo mirar hacia el cielo.

Víctor Panicello Monterde


 

4 comentarios
  1. Gemma Segura
    Gemma Segura Dice:

    Cada frase és plena de missatges profunds i molt potents. Són una forma de prendre consciència del que de veritat té sentit i valor a la vida. Excel·lent!!!
    Gràcies Víctor.

    Responder

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