Creía ser invencible y no lo soy

Diario emocional de una exploradora: capítulo 2

Llevo engañándome toda la vida, creía ser invencible y no lo soy.

Pensé que ser fuerte era parte de mi obligación. Mi cuerpo sano, fuerte y flexible trabajado para ser la mejor en todo aquello que me propusiera. Y sí he dicho la mejor, la mejor para mí, sin pisar a nadie, sin pasar por encima o por delante de los demás. La mejor para que esa voz interna que se exige el “top” se mantuviera a raya.

Pensé que podía controlarlo todo, incluso a mí misma. Que al ser responsable de lo que te sucede puedes hacer que sucedan cosas buenas y confortables la mayoría de las veces.

Pero resulta que hay ciertos conceptos que son libres… Como las emociones. Resulta que éstas pueden aparecer durante 18 segundos y dejarte el “marronazo” encima, y luego tú decides si te recreas o no en ellas y claro… vívete la emoción sólo por unos segunditos y luego déjalas pasar… Que resulta que a veces nos gusta regodearnos en ellas y eso tampoco atiende a algo que la razón comprenda, sino que simplemente puedes dejarte llevar y ¡Alé, te lo comes!

Pensé que era libre y libre tenía que mantenerme siempre. Otra mentira bien gorda.

Te parece que puedes escoger la mayoría de las cosas que te suceden y eso no es cierto, puedes escoger libremente cómo te tomas aquello que te sucede. Y tampoco es exacto, porque siempre está condicionado por las creencia genéticas, históricas, ancestrales y las propias…

Luego están esas decisiones que tomas desde la libertad y meses o años más tarde, aunque te llenen enormemente, no te permiten libertad de acción en todo momento… hijos, hipotecas, trabajos… Es decir, la libertad es etérea y está condicionada por el momento vital de cada uno.

También pensaba que el amor no duele y creedme que es lo que más me jode que no sea verdad, porque sí duele…

Duele cuando has dejado de amar y sientes que tus acciones van a hacer daño al otro. Duele aún más cuando amas a quien dejas y sabes que quién le està rompiendo el corazón eres tú misma. Duele cuando te dicen que ya no te aman, cuando sientes que ya no te aman o cuando te aman mal y existe sufrimiento. Duele cuando lo que sientes te dice “vé” y lo que te mereces dice “espera que ya pasará”. Duele el amor propio cuando te habla y te cuestiona cuanto creías que te querías, ¿de que tienes miedo ahora?

Pues eso, que el amor a mí, sí me duele…

Con lo cual llevo engañándome siempre. Y resulta que ni soy fuerte siempre, ni puedo controlarme, ni consigo abanderar la libertad constantemente y sufro en nombre del amor. Y por primera vez me doy cuenta de la magnitud de cuan vulnerable SOY.

Patrícia Arner Gusart


 

2 comentarios
  1. Álvaro
    Álvaro Dice:

    Cuando de repente tienes una dosis de “soy humano” se te cae el castillo de naipes y hay que recomponerlo. Es el dia a dia del ser humano…

    Responder

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