De cajas y almas

Ayer bajé al trastero en búsqueda de algo que creí haber dejado allí en algún momento, pero que tras buscar de manera anárquica, comprobé que no fue así. Antes de apagar la luz y cerrar la puerta, me fijé en un par de cajas apiladas en una esquina en las que en uno de sus lados se leía en rojo “cosas varias”. Caí en la cuenta de que formaban parte de la última mudanza realizada hace cerca de 5 años y que en algún momento dejé ahí con la intención de abrirlas más adelante, pero sin duda pasó el tiempo y continuaron durante meses olvidadas en aquel rincón frío y oscuro.

Volví a entrar en el cuarto y me dispuse a abrirlas; el polvo acumulado era notable y en alguno de los bordes la humedad había comenzado a oscurecer el cartón. Reconozco que durante un instante, me sentí como un pirata que hubiera descubierto un tesoro y me dispusiera a abrirlo, esperando encontrar cientos de monedas de oro que alguien previamente hubiera escondido. Pero no, el contenido de la caja era de un valor económico mucho menor, pero contenía cosas que formaban parte de mi pasado; billetes de avión que parecen de una época lejaníiiiisima, algunas cartas de amor, fotos de antiguos amigos, recuerdos de viajes…todo estaba ahí y nunca lo eché de menos en los últimos años. Esto me hizo pensar en esas cajas como lugares donde dejar el pasado para vivir el presente. De tal modo que puedes acudir a ellas cuando quieras recordar algo, de modo consciente, viéndolo desde la perspectiva actual y sin tratar de juzgar ni cambiar nada.

Pero esta analogía no terminó ahí, sino que otros tipos de cajas se agolparon en mi mente con su correspondiente parte espiritual. Me vinieron a la cabeza las cajas negras de los aviones, donde todo queda grabado, como los diarios de las personas que quieren dejar escritas sus vivencias, pensamientos profundos…es probable que solo las busquen otros cuando una fatalidad haya ocurrido. Al abrirlas entramos en las entrañas del pasado, ese lugar donde convergen multitud de secretos.

Las cajas fuertes, que atesoran muchas veces dinero efectivo y efectos de valor, pero que también son testigos otras muchas de pruebas de actos de los que no te sientes orgulloso..si no quién los escondería ahí, ¿verdad?

Recordé aquella caja de plástico transparente donde mi hijo pequeño pasó sus primeros 6 días de vida, luchando contra un maldito líquido que había inundado uno de sus pulmones al nacer. Incubadoras. Allí permanecían los bebés con aspecto de felicidad, aunque seguramente libraban su primera lucha con la vida. Eran cajas cerradas donde según las efermeras se emulaba el entorno del útero materno. Yo la verdad que no veía el parecido por ningún sitio.

Y al final de la vida…una caja perpétua. Un lugar de descanso eterno. Esa no la volveremos a abrir más. Nuestra última caja.

Y me di cuenta de que durante toda la vida estarán con nosotros las cajas. Pero me quedé anclado en la imagen feliz del niño que logró vencer su primera batalla a la parca. Llegué a la conclusión mientras volvía a casa de que las cajas las creamos como partes gemelas de lugares recónditos de nuestra alma. El sitio donde dejar la parte de realidad, mientras en nuestro interior guardamos las lecciones aprendidas, las sensaciones, los recuerdos intangibles…

¿cual es tu caja?

Alvaro Alcántara


 

12 comentarios
  1. Gemma Segura
    Gemma Segura Dice:

    Alvaro,

    Leyendo tu magnífico post, me has conectado con las cajas que vamos cargando en la vida, llenas de buenos y no tan buenos momentos. Cajas repletas de herramientas que la mayor parte de las veces no volveremos a utilizar jamás y, si lo hacemos, será de forma distinta. Pero resulta que tenemos esa tendencia a guardar “por si acaso”. Pero, ¿cuantas veces recuperamos algo de las cajas? Me gusta pensar que en la vida solo hay que guardar aquello que quepa en una maleta de viaje, de esas que te dejan subir al avión. Todo lo que no quepa ahí, seguramente no lo necesitas…
    Al final, en esa caja perpetua que comentas, nada de lo guardado nos llevaremos… Así que mejor hacer limpieza de cajas mientras vivimos!

    Excelente post! Abrazos y gracias!

    Gemma

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    • Alvaro Alcántara
      Alvaro Alcántara Dice:

      Totalmente de acuerdo Gemma. Yo también pienso que es imprescindible ir por el mundo casi “con lo puesto”. Cargar con demasiado peso nos puede llevar a pagar “exceso de equipaje” y eso puede salir caro…

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  2. Blythe
    Blythe Dice:

    Alvaro,

    Los has echo a posta verdad? Justo ahora mudándome de casa por décimo octava vez, así que como verás soy una experta en embalar, aunque no en acumular, porque como bien dice Gemma, nada material nos llevaremos a la tumba así que soy de las que tienen facilidad para desprenderse de los “tiestos” y me encanta vivir con lo esencial. Únicamente lo paso mal con los libros… madre mia cuantos tengo!! Y como pesan!! Ahora con la era digital por lo menos los guardo en la nube pero no es lo mismo. Adoro mi biblioteca, su olor, sus colores… la sensación de coger un libro y pasar página!! Llámame romántica pero no cambiaría mis cajas de libros por nada. Estoy contigo, nuestra vida va acompañada de cajas de todo tipo y tamaños, desde que nacemos hasta que morimos, buena apreciación, realista y práctica. Así que a tu pregunta de cuál es mi caja, te respondo que mi caja es mi alma, mi ser, mi yo verdadero, ahí es donde guardo lo verdaderamente importante para mí. Cuando muera donaran mis órganos así que mis cenizas serán esparcidas en el mar, una caja que me ahorro 😉.

    Enhorabuena Mago, aquí tienes una fan incondicional.

    Blythe

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  3. Nuria Sanchez Howe
    Nuria Sanchez Howe Dice:

    Buenas tardes a tod@s,

    Alvaro tu post es excepcional porque a la vez que nos abres la puerta para que podamos adentrarnos en tu hermosa alma nos lanzas una propuesta a analizar nada sencilla de resolver.

    Mis cajas las suelo revisar como mínimo una vez al año, para hacer limpieza de lo que ya no necesito. Las cosas que me conectan a vivencias pasadas o presentes las suelo almacenar en una misma caja para poderlas llevar allí a dónde el viento me lleve.

    Como dijo Gemma a la otra vida no nos podemos llevar nada, así que yo también soy de esas que prefiere que la incineren.

    Personalmente, pienso que vida solo hay una. ¡Vivamos como nosotros dictemos para que podamos alcanzar nuestra felicidad plena!

    Saludos a tod@s y hasta la próxima,

    Nuria Howe

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  4. Javier Iñiguez
    Javier Iñiguez Dice:

    Eres una caja de sorpresas Alvaro!
    Tu post me hace pensar en esas cajas que necesitamos airear. Cuántas más abras menos pesas y te libera de ideas enquistadas que nos limitan. Un ole a aquellos que se atreven a abrir una y todos mis respetos a aquéllos que prefieren esperar un poco más.

    Un beso a los dos. Gemma y Álvaro.
    Saludos!

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  5. Sonia
    Sonia Dice:

    El problema es que las cajas esclavizan a nuestro alma. De aquellas que encontraste en el rincón oscuro, por suerte, te liberaste, porque ni siquiera las echaste de menos en años, aunque al embalar los objetos te debieron parecer esos tesoros. Seguro que tú ya sabes que los tesoros están en alma, no en las cajas.

    En los aviones… ¡qué indiscreción! Escuchan la privacidad de aquellos que nos llevan a otros sueños. Efectivamente, ignoradas hasta que ocurre una tragedia. Y, total, ¿qué más da? El alma ya ha muerto si eres el afectado (directa o indirectamente).

    La úlitima es la peor, la que más esclaviza, la que impide que ayudes a otras almas a vivir. Esa hay que eliminarla y liberar nuestra mente para que no duela nuestro alma cuando firmemos la autorización de que nuestro cuerpo salve otras almas.

    Sin embargo, esas tan pequeñitas, las de plástico, ¡esas sí que son “guays”! Esas sí que salvan almas… ¡y qué almas!

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    • Alvaro Alcántara
      Alvaro Alcántara Dice:

      Precisamente buscaba el análisis que tu has visto enseguida en cuanto a la esclavitud que muchas veces nos supone el estar recordando inutilmente pasados que ya no podemos cambiar. Hay que romper esas cadenas y centrarnos en el presente..

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  6. Patricia
    Patricia Dice:

    Que maravilloso observar cual es mi caja… Mi caja es mi cuerpo.
    Mi perfecta y preciosa maquina de la naturaleza. La que me acompaña, me mueve, me duele y vibra conmigo.
    La que contiene mi corazon y mi alma, mi mente y mi sangre que bombea.
    La que ha ayudado a crear otras dos vidas y a la que amo profundamente.

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  7. Alvaro Alcántara
    Alvaro Alcántara Dice:

    jajaja, te juro que no tenía ni la más remota idea de que te mudabas de casa por enésima vez!

    Bueno, tus libros pesan, ¡pero son tu patrimonio! y un patrimonio de un valor incalculable por todo lo que te han aportado. Aunque te supongan un esfuerzo físico a la hora de transportarlos, cuando los veas en tu nueva casa…será como estar en casa de nuevo, ¿no? esto es interesante.

    La caja donde guardas tu alma, tu ser tu verdadero yo…lo importante es saber donde está y poder acudir a ella para no perder el norte. Luego están las cajas del pasado, los recuerdos, los errores, los aciertos…si logras abrirlas tan solo para mirar dentro de ellas y contemplarlas, serás una privilegiada. Hay veces que no somos capaces de hacer solo eso y nos empeñamos en sacar todo e intentar que ocupen de nuevo un lugar en nuestra mente…error.

    Gracias Blyhe, siempre arrojas luz. Esa es parte de su esencia, un abrazo

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