¿De verdad?

Hoy he leído algo que me ha hecho ver la luz: “fragmentamos el conocimiento, lo que es parcialmente cierto puede ser totalmente falso”.

Y entonces lo he entendido casi todo.

Esa debe ser la razón por la que algunos se aferran a verdades parciales para hacer de ellas un paradigma sobre el que no cabe plantear duda alguna.

Amo a Descartes (aunque algunos lo acusen de plagio) y su duda metódica. Es en el dudar de las cosas (de todo, si no, no vale) cuando se avanza hacia el conocimiento y esa verdad esquiva que se ríe de nosotros. Nada de lo que somos, creemos o amamos tiene sentido si no es verdad… o eso creía yo.

Con el tiempo, me he dado cuenta de que aceptamos la mentira porque nos aporta seguridad. Y en este mundo que vivimos, la seguridad lo es todo. Preferimos estar seguros de algo, aunque sea falso, que dudar de todo hasta que encontremos la verdad.

La certeza nos proporciona una vida cierta y estable, aunque sea un espejismo.

La incertidumbre nos emociona pero nos plantea una imagen borrosa del futuro.

Cuando alguien se atreve a inmiscuirse en nuestro precioso escenario vital (cartón piedra del malo) para mostrarnos que aquello a lo que nos aferramos es puro humo, tenemos dos opciones: aceptarlo y seguir a Descartes hasta el “cogito ergo sum” o darle la espalda y tratar de refugiarnos bajo ese establo que creíamos palacio.

En ese momento, aunque no lo creamos, aparece el carácter de cada uno, ese barro moldeable que según como se forje nos convierte en fango o en roca. Solos frente al espejo, surge una de estas dos preguntas: ¿Puedo vivir sin conocer la verdad de las cosas? Si respondes que no… a por Descartes; si respondes que sí, acepta que, después de todo, la verdad está sobrevalorada y ¿quién dijo que nos hace más felices?

Odiemos a los voceros que vienen a perturbar nuestro amable placebo y tratan de obligarnos a mirar más allá de la niebla. Linchémoslo en la plaza publica mientras nos mentimos los unos a los otros hasta aceptar que estamos en posesión de una verdad (no de la verdad, pero que nos importa al fin y al cabo, si esto son dos días).

Sera entonces cuando podremos unirnos a otros en hermandad plena y fundar un partido político, un club de fútbol, una secta o una religión o incluso, si somos menos imaginativos, un club de lectura.

Alguien dijo una vez que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad. No estoy de acuerdo: una mentira común que todos aceptamos como tal, es la verdad.

Víctor Panicello


 

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