Disculpe mi existencia

Hablo de ti y de vosotros, de los que me enterraron en el olvido cuando supieron que algo en mi estaba roto. A todos aquellos que pensaron que mi momento de esplendor pasó y que jamás recuperaré el aliento. A cuantos creyeron que todo se había acabado con el paso del tiempo, y con ese lento arrepentimiento que nace con nosotros en cuanto levantamos la cara del suelo. 

Siento decepcionar a todo aquel que, cuando me mira, cree ver el miedo al fracaso impreso en mis ojos o en mi pensamiento. El fracaso, siento decirlo gritando, ya no me impresiona, no me asusta, no me intimida, no es nada. 

Lamento profundamente seguir caminando a pesar de los tropiezos, de las caídas, de las heridas y los remiendos. Lamento el impulso que surgió con el nacimiento y acabará con la muerte. No es fuerza, ni locura, ni vanidad, solo es movimiento.

Imploro perdón por mi vida y por aferrarme a ella con todo lo que tengo. No soy quien para juzgar a los demás y no aceptó ser juzgado. No soy quien para olvidar, ni me importa ser olvidado. No perdono los desprecios ni espero ser perdonado. 

Comprendo la decepción de los que esperan que me disuelva en la pena, en el odio, en la compasión más oscura o en la duda más cruda. Lo entiendo, pero no desaparezco cuando me ignoran, no aprendo cuando me golpean, ni sonrío cuando me escupen. No soy como el viento, no voy ni vengo, solo permanezco.

Sigo aquí, de pie, de rodillas o cayendo. 

Sigo aquí, disculpad mi existencia

Víctor Panicello


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