El email más corto del mundo

Hace muchos años empecé a trabajar en una empresa nueva con gran ilusión. Yo debía dar servicio a muchos clientes a través del correo electrónico y es bien sabido que los emails los carga el diablo… De eso quería hablaros.

Se daba la circunstancia de que entre mis clientes había muchos latinoamericanos y empezaron a llegarme correos largos, muy largos, algunos no acababan de entrar en la bandeja de entrada de tan laaaaaaaargos que eran. Y yo allí esperando a que se descargasen.

De hecho, creo que un día recibí el email más largo que jamas se haya escrito. Fijaros que ahora me arrepiento de no haberlo guardado. Y lo peor de todo, es que venía sin petición, pero bueno, eso ya os lo contaré otro día.

Yo no entendía nada. Me preguntaba por qué me escribían emails taaaaaaan laaaaaargos: ¿que no sabían que yo tenía muchos clientes a los que atender?, ¿qué pensaban cuando se ponían a escribir, que solo los tenía a ellos?, ¿que no veían que me quitaban tiempo para atenderlos a todos como es debido?

Yo elucubraba y no entendía. Y es normal, porque si no escuchas, si no dejas de pensar tú, si no paras ese run-run, no hay forma de comprender.

Fuera del trabajo, cuando estaba con mis amigos siempre les comentaba que me llegaban correos que, para una petición sencilla, me daban antecedentes familiares de hasta tres generaciones atrás, que me parecía que vivía en Cien años de soledad.

No podía con aquello. Así que un día decidí que cuanto más largo fuera el email recibido, más escueta sería la respuesta enviada. Y acabé por escribir alguna vez algo como lo que sigue:

Hola Ana.

Sí.

Saludos.

David

Lo más corto que pude sin perder las formas y manteniendo la cortesía: el email más corto del mundo. Y sabía perfectamente que el mensaje que enviaba no sería bien recibido pero, ¿acaso no me faltaban ellos al respeto con esos emails tan largos y tan bien educados? Lo que yo quería era dar una lección y eso siempre nos hace ser desagradables, no veía que el que tenia que atender y aprender era yo.

No recuerdo cómo fue pero, con el tiempo, me fui acostumbrando. Supongo que uno no puede enfadarse todos los días. Acabé entendiendo que era su forma de expresarse, que no me querían ningún mal y que en sus países, eso era ser educado.

También aprendí técnicas como la lectura en diagonal, el releer cuando es necesario y el ir directo al último párrafo, que es donde normalmente está la petición.

Y acabé incluyendo frases de cortesía antes y después de la frase en la que explicaba la solución del problema.

Y todavía aprendí más, y es que si no puedes cambiar al otro, lo mejor es que te adaptes tú.


0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *