Eres tú y el camino

Pronto llegará el momento, ese día de reflejos perdidos que ya nunca trucarán los sueños y será entonces cuando ya nada se interpondrá entre lo que eres y lo que quisiste ser.

Puede que te sientas abandonado por la vida, puede que requieras esa muleta de ayuda que siempre rechazaste porque nunca creíste ser más débil que el peor de tus pecados.

Te cuesta aguantar tu propia mirada porque no llegaste allí donde jamás se pone el sol y donde la felicidad se cuece a fuego lento. No conquistaste la tierra del sabor a sal y del perpetuo viento del sur, allí donde los suaves perfumes esconden la podredumbre que crece en tu interior.

Y, sin embargo, nunca fuiste más libre, más fuerte, más pleno. Nunca como ahora tuviste la posibilidad de tomar el camino más suave y pasear tus deseos por la tierra roja de sangre y de miedo. Nunca como ahora fuiste tú y esa soledad que te acompaña, te mima y te consuela cuando el dolor es demasiado intenso.

Atrévete a salir de la jaula y enfréntate a todo aquello que cargas con el dolor de los deseos perdidos. Mastica tu ira, déjala fluir por tus venas y siente como se abre paso por tu cuerpo, despertándolo, con dolor, con deseo, con esperanza, con la decepción del tiempo perdido y los errores omitidos.

El tiempo ha barrido el camino de tu regreso y ya nada ni nadie te espera.

Las lágrimas han sembrado el huerto de tus quimeras y el fruto de tus ambiciones explota saciándote de calma y de una extraña indiferencia ante las miradas ajenas.

Eres tú, con tus manos, con tu sexo olvidado, con tu cuerpo formado, con las heridas sanadas, con los gritos oscuros, con el placer recibido, con la sonrisa abierta, con el puño cerrado, con el corazón abierto y calmado.

Eres tú, solo eso.

Eres tú, solo eso.

Solo eso.

Tú.

Víctor Panicello


 

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