La decisión de Vasili

— ¿De qué tienes miedo?

— De sentirme solo

— ¿De sentirte o de estar solo?

— No sé, de ambas cosas supongo

— ¿Acaso crees que alguna vez has dejado de estarlo?

— Bueno… no sé. Suponía que sí, pero ya lo dudo

— Piensa en cómo te sientes cuando prefieres callar a compartir un triunfo, cuando te excusas con pretextos para no volver a tu refugio, cuando exploras nuevos caminos y nuevas personas buscando lo que no encuentras, cuando recibes silencios a tus preguntas, cuando respondes silencios a los desprecios. Piensa un momento en todas esas ocasiones en las que has cogido el teléfono y has dudado sobre con quien deberías compartir una mala noticia, en todos esos momentos en los que has gritado en el coche o debajo del agua para que nadie te oyera, en las miradas perdidas, en las emociones olvidadas o en los rencores desterrados.

— Solo. Me he sentido muy solo a menudo

— Entonces, vuelvo a preguntarte ¿de qué tienes miedo?

— De que eso sea tan evidente que no pueda esconderme en mis actividades frenéticas o en mi trabajo absorbente o en mi sentimiento de culpa.

— Si, tienes miedo de encontrarte de nuevo

— Claro, porque ahora ya no sé quién soy

— ¿Quién eres?

— Soy la luz de mis días tristes, la fuerza de mis latidos, la potencia de mis besos y el dolor de mis entrañas.

— Sí, ese eres. ¿Quién más?

— Soy el más oscuro de mis miedos y el más ansioso de mis deseos. Soy lo que se ve, pero sobretodo soy lo que permanece escondido. Soy yo y mil veces yo, tan distinto a mí mismo como los matices del sufrimiento y el olvido. 

— Y eso no es todo.

— ¡Claro que no!

— ¡Venga, dime quién más eres!

— Soy mi cuerpo envejecido, mis sueños ya perdidos y también mis recuerdos confusos y vacíos. Soy la vida que he vivido y la vida que me queda. Soy mi Dios y mis demonios, mi placer y mi agonía. Soy quien ha sobrevivido…

— Ese eres tú, el que ha sobrevivido a la vida y a la muerte. Así que, dime una vez más, ¿de qué tienes miedo?

— Solo de mí

— Sí, y de ti saldrá el valor que necesitas. Porque engendrarás un único ser y ese será tu fin.

— El amor

— Sí, es justo eso. Y cuando nazca en ti, podrás responder a esa pregunta.

— Entonces ya no tendré miedo

— No, solo debes aceptarte cómo eres. Así que ámate y no esperes nada más 

— Será doloroso, pero lo haré.

— Será lo más sublime que puedas sentir. 

— Será mi fin

— Y tu principio

— Será mi muerte 

— Será la vida, espléndida y poderosa. Será la culminación de tu existencia.

— Será la vida.

Víctor Panicello Monterde


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