La envidia

Pecados capitales

Soberbia, avaricia, ira, lujuria, gula, pereza, envidia…con estos siete nombres, el cristianismo resumió los vicios del hombre. Capitales no por su importancia, sino porque – según definió Santo Tomás de Aquino – estos 7 dan origen a todos los demás.

¿Se dan en todas las culturas y creencias?¿Todos nosotros tenemos uno o varios?¿Algún superhéroe se libra de contar con alguno de estos defectos?

Sin duda son fruto de los sentimientos del ser humano y forman parte de sus debilidades. Unos causan daños más graves que otros y no están igual de bien o de mal vistos todos por igual. Vamos a adentrarnos en las entrañas del ser humano ibérico analizando cada uno de estos: son nuestros pecados capitales.

La Envidia

Es curioso que un pueblo generoso y acogedor como el español, sea uno de los más envidiosos del universo conocido. Sin duda es nuestro principal defecto. No en vano hemos tenido “el morro” de acuñar la locución “envidia sana”…como si añadiéndole tal epíteto al sustantivo le hubiéramos dotado de ciertos poderes curativos o sanadores sobre nuestras conciencias. Por ahí van los tiros.

La envidia es un sentimiento que al que lo padece le genera desasosiego por no poder contar con parabienes con los que cuenta uno o varios de sus semejantes. Diría que en el caso español, además le añadimos un matiz que lo vuelve aún más dañino; si yo no lo puedo tener, que no lo tenga otro. Es decir, si hay algo que ansiamos tener que tiene otro, ¡deseamos que ese otro incluso lo pierda! “si total, para lo que lo va a disfrutar…” o “le viene grande”, sin olvidarnos del gran axioma: “qué mal le sienta..”. Si, o quizá al que le sienta mal es a ti que el otro lo tenga y tu no.

Creo que España es el único país, incluso yo diría rincón mundial en el que lejos de alegrarnos del éxito de nuestros paisanos, nos cabrea. Dejamos que tengan un poquito de éxito, pero eso de que triunfen…eso ya es otro asunto.

El lenguaje ha encontrado múltiples maneras de “matizar” el elogio por muy merecido que este sea, por ejemplo la expresión que pronunciamos constantemente y que sin duda no somos conscientes de lo simbólica que es: hay que reconocer que Fulano es buen cantante (o buen pintor o fontanero o lo que sea). Es decir, tenemos que hacer el esfuerzo de aceptar incluso contra nuestra voluntad que alguien posee una virtud que muy probablemente nosotros no tengamos o la tengamos en menor medida.

Otra extraña y no menos graciosa forma de elogiar sin hacerlo es utilizando la expresión negativa contraria a lo que queremos elogiar: anda que ese va descalzo (conduciendo un cochazo) o es pequeño el jodío si es un hombre corpulento…

Luego está la manía de buscar siempre una razón externa que sin duda justifica la virtud, el logro o la hazaña de nuestro paisano o bien el buscar un lado negativo que enturbie su éxito:

“Es buen político, pero como persona…” o al contrario, si es un buen hombre: “si pero como científico…”.

El caso es buscar la tara, el fallo que minimice lo logrado y nos haga sentir mejor. Si el hijo de la vecina ha sido el primero de su promoción: “si es que ese es un enchufado”. El primero de la clase: “el pelota, claro, ¡como no va a aprobar todo!”. El ataque al familiar también es frecuente: “ya quisiera su hermano escribir como el” o “los hijos no han salido igual, ¿verdad?”

También pensamos que el que logra adquirir un bien apreciado lo hace sin duda para provocar nuestra ira, por ejemplo el amigo que se compra el cochazo que nos gusta: “ese se lo ha comprado para fastidiarme a mi. Total, seguro que eso gasta un montón. Mi Seat córdoba es un mechero y me lleva igual…”

España es el único país donde decir una frase como “que bien juega al fútbol el cab….” es un elogio. La palabrota no tiene nada que ver, es como el tributo que ha de pagar el otro por ser elogiado. ¡No vamos a elogiarle gratis!

La lista de frases, chascarrillos y podría ser interminable. Otra curiosa es: “nunca segundas partes fueron buenas”, como diciendo que si has tenido éxito una vez el destino jamás permitiría que repitieras, por favor, solo faltaba eso..

¿Tendrá algo que ver la envidia en que España cuente con tantos y tan largos programas del corazón donde está permitido el escarnio público? La impunidad de “poner a parir” al otro sabiendo que formas parte de una legión de insultantes anónimos produce un alivio de nuestros males diarios, seguido de una redención masiva cuando preguntamos al día siguiente en el trabajo “¿viste ayer en la tele a fulanita que está saliendo con menganito? “ y acto seguido un sinfín de críticas que demuestran que están juntos bien por algún interés económico, mediático..a este deporte de la crítica gratuita, el vituperio y la mortificación personal le hemos puesto nombre también los españoles: cortar trajes.

El criticado debería darse por aludido y rectificar su vida de inmediato, ya que el español como todo el mundo sabe se encuentra en posesión de la verdad absoluta (soberbia) y solo el sabe como dirigir correctamente los destinos de todas y cada una de las almas que habitan la piel de toro…quizá antes de criticar al otro debiéramos ponernos en sus zapatos.

Es curioso escuchar los comentarios de muchos españoles cuando salimos al extranjero. Por mucho que lo que veamos en nuestro país de destino sea mejor que lo que tenemos nosotros, siempre encontraremos “alguna cosita” para criticar lo que estamos viendo echando por tierra la magnificencia de lo que tenemos ante nuestros ojos, con tal de no aceptar que en algún lugar del planeta hay alguien más listo, avispado, manitas o lo que sea que nosotros:“como en casa en ningún sitio”, porque sin duda el que sentencia ha visitado ya todos o casi todos los países del mundo para afirmarlo… “en España se come mejor que en ningún otro lado del mundo”..si, dale tu a un chino un arroz con leche a ver lo que te dice. “en España tenemos una calidad de vida que no tiene nadie”…en fin, que somos los mejores, qué le vamos a hacer.

Decía Jorge Luis Borges que la envidia es algo muy típico de los españoles y que siempre está presente porque cuando nos referimos a algo bueno, decimos que “es envidiable”. Es decir, que ya le otorgamos a algo la capacidad de ser envidiado en cuanto alguien lo posea y nosotros no podamos.

Agustín de Foxá fue diplomático, dramaturgo, aristócrata, hombre adinerado y con gran éxito en la vida que además estrenó una obra de teatro en Madrid llamada Baile en Capitanía que llenaba noche tras noche. Al ser felicitado por un amigo suyo por tal cúmulo de éxitos le contestó: “Es demasiado, ¿verdad?. Yo ya he empezado a correr el bulo de que tengo una úlcera de estómago”. De alguna manera tenía que infligirse a si mismo un defecto para compensar un poco.

Los refranes que pueblan el acervo español son numerosos y como siempre dan reflejan una imagen certera de la idiosincrasia del español. Algunas muestras:

A buena suerte, envidia fuerte

Más vale ser envidiado que envidioso

La envidia sigue al mérito como la sombra al cuerpo

Y luego las acusaciones al pueblo de al lado (o ciudad, pedanía, barrio o región) donde a tenor del refranero pareciera que no hubiese una sola mujer decente:

En Salamanca la que no es puta en manca

De Daroca, o puta o loca

Toledanas, putas tempranas

Las redes sociales han irrumpido en todas las latitudes con fuerza y en España no iba a ser menos. En ellas podemos espiar al amigo, al cuñado, al vecino de forma legal y autorizada por ellos mismos y darle al “me gusta” cuando en realidad deberíamos cambiar el emoticono por el de “¡Jó que envidia!”

En resumen, que somos unos envidiosos y yo el primero.

Alvaro Alcántara


 

5 comentarios
  1. Blythe
    Blythe Dice:

    hahahaha… que bueno lo del emoticono de Facebook, deberías de escribir a la plataforma y aconsejarlo, es otro sentimiento verdadero que están omitiendo. Justo ayer mi madre me dijo: Blythe, a ver que fotos subes a Facebook que hay mucho envidioso suelto!! Te he dicho mil veces que no seas tan tonta, que la gente tiene que saber de tí “de la media, la mitad”, así evitarás problemas. Y que le digo yo a “la Tere”, si tiene toda la razón del mundo.

    Gran reflexión compañero… y es que los españoles somos la polla e?? Pues si enumerara las cosas de las que me siento avergonzada por pertenecer a este país no tendría papel para terminarla y boli con tinta que la finalice. Y ya no se trata si eres del Norte o del Sur (los andaluces tenemos fama de envidiosos), si no de educación y valores. Nos ocupamos de meternos y desear la vida del de al lado, en vez de cuidar y hacer lo posible para mejorar la nuestra, patético. No soy cristiana, bueno sí porque me bautizaron mis padres y por eso ya lo soy no? Me quedo con la filosofía Budista, incapaces de hacerle daño a una hormiga. Ellos no tienen pecados capitales ni mierdas inventadas para encasillarnos o justificar nuestras malas acciones.

    No existen países mejores que otros, existen personas humildes y de esas son de las que quiero rodearme. Normalmente los que menos tienen son los que más te aportan, el consumismo y materialismo están haciendo estragos y a la gente se le va la cabeza. Los 7 pecados capitales son de eso, del capitalismo, no creo que un niño de Guinea Bissau conozca la soberbia, lujuria, envidia o ira.

    Besazo enorme

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    • Alvaro Alcántara
      Alvaro Alcántara Dice:

      Pues sí, sin duda “Spain is different”. Me uno a tí en cuanto a mi cercanía con la filosofía budista. Difiero en cuanto a que ellos no tengan pecados de este tipo. Los tienen, lo que ocurre que su lucha interior está en superarlos y convertirlos en Karma positivo. Pero si no los tuvieran, no serían personas, obviamente. El ser humano se caracteriza por tener sentimientos de todo tipo, positivos y negativos, la dualidad tan nombrada en todas las culturas. Y no iba a ser menos en la nuestra: avaricia frente a largueza, pereza vs constancia, etc…
      En cuanto a la generosidad de los pueblos más humildes….pues imagino que en todos los sitios cuecen habas. Los niños son tema aparte, sean de Guinea o de Villatripas de Arriba. Pero en cuanto a adultos, yo me inclino por la idiosincrasia de los pueblos como colectivo y este es un tema que da para mucho, pero solo aportar una reflexión que seguramente podemos extender: yo también he sido partícipe de la generosidad en países pobres por parte de gente que no tenía nada o muy poco, pero también he sufrido el miedo caminando por depende que calles de esas mismas ciudades…por tanto, son muchas las aristas de este tema, apasionante desde luego, pero en el que caer en la generalización siempre es injusto.
      Gracias amiga por tus aportes, siempre interesantes y la altura de tu talento. Un besazo

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  2. Sonia
    Sonia Dice:

    Prefiero darle la vuelta al enfoque y considerarlos, en lugar de pecados o vicios, “características humanas”.
    La Iglesia se ha encargado de darles una connotación negativa, se han manipulado y, con ello, se está negando lo que también es la naturaleza humana.

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  3. Gemma Segura Virella
    Gemma Segura Virella Dice:

    Me gustaría aportar mi granito de arena al debate. Si me lo permites, querido amigo, considero que no existe la envida sana. La envidia es siempre un sentimiento de frustración por alguna carencia, una frustración por algo que no tenemos o somos y los demás si. Cuando deseamos algo que otro tiene y en lugar de alegrarnos, lo envidiamos. Es producto de la comparación, de sentirse y creerse menos y de desear algo sin saber como obtenerlo.

    ¿Por qué aparece? Porque en realidad nos sentimos insatisfechos y en vez de aceptar esa carencia y trabajar para realizar nuestros sueños y deseos nos centramos que querer destruir al otro. Críticas, rechazo, rivalidad, competencia, … son los efectos de la envidia

    ¿El antídoto? Amarnos y valorarnos; enfocarnos en positivo y trabajar por eso que deseamos. En vez de sufrir por los éxitos de otros ¿nos ponemos a trabajar para conseguir los nuestros?

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    • Alvaro Alcántara
      Alvaro Alcántara Dice:

      De acuerdo en lo de la envidia sana. Como comento en el blog es una invención española para exonerarnos de cierto sentimiento de culpa. Como decía Blythe, al final el consumismo nos lleva a intentar tener más y mejor que el de al lado, es un poco la cultura actual.
      La dificultad está en caer en la cuenta de que hay que disfrutar de lo que uno tiene e intentar conseguir nuestros objetivos olvidando los objetivos del vecino. Como bien dices, valorarnos positivamente en lugar de azotarnos con el cilicio de la culpa por lo que no hemos conseguido y el de al lado sí…

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