Tengo la obligación de garantizar lo mismo

Diario de una exploradora emocional: capítulo 13

Llevo un par de días observando cuánto me acuerdo de mis abuelos. Es curioso, últimamente más que nunca. ¿Será que me hago mayor?
Ahora mismo escucho en Spotify la canción “Quizás, quizás, quizás” de Gregory Porter de la lista “Radar de novedades”, y puedo imaginar a mi abuelo tarareando y bailándola.

Si me observo, llevo en el anular derecho un hermoso anillo de mi abuela materna y nunca me quito de la muñeca izquierda dos esclavas: una kala de plata de la misma (regalo de mamá) y la que nos regalaron, a cada una de las primas, los abuelos paternos al celebrar sus bodas de oro.
Y ahora, más que nunca, tengo los valores que ellos representaban muy, muy presentes.

Cuando me arreglaba un poquito la cara, hace un rato, siendo domingo por la mañana. Me acordaba de mi abuelita que, aún estando muy enferma, se levantaba de la cama un poco antes de que llegara mi abuelo de la universidad para arreglarse, maquillarse y mejorar su aspecto y que : “Joaquín me vea bien y no se preocupe”. ¡Qué grande!, ¿no?

Independientemente de ser una persona presumida y coqueta ¡Qué capacidad de sacrificio y entrega hacia su compañero de vida, su amor! Que bonito estar tan comprometido con otro ser que sólo buscar su felicidad y bienestar, aún con grandes esfuerzos. Pobrecita, moría de dolores. Y ella era así con toda su familia. Cuidadora, preocupada, entregada. Un ejemplo de elegancia en el ser, estar y parecer. Impecable, hermosa, radiante. Brillaba con luz propia. Indescriptible… Ojalá llegue a la mitad de eso en esta vida.

Mi abuelo (su marido), culto, divertido, futbolero, moderno modernísimo, revolucionario, intachable, entregado a ayudar a las personas,incluso más jóvenes que él, en los últimos tiempos. Compitiendo consigo para batir records de velocidad en acabar los sudokus y crucigramas de La Vanguardia. Cuánto me gustaría que hoy siguiese conmigo, disfrutaría mucho de mi vida, de los que me acompañan. Y yo con él.

Y Tante, mi abuela paterna, mujer de armas tomar. Valiente, decidida, arraigada a la vida, viajera. De ella aprendí, entre muchas cosas, la importancia de la generosidad. Compartirlo todo, por que acompañados la vida es mucho más plena, bella y se llega más lejos. Y como buena Géminis, con su carácter ambivalente, aprendí que si algo no te gusta, no pasa nada por decirlo. Que nadie debe obligarte a nada, que la libertad de pensamiento y de acción es lo más importante a cuidar. Y con los años he comprendido que si te amas y lo haces sin miedo a perder, éso es posible.

Reflexionando, veo mi traza, reconozco mis pilares, mis valores. Aquellos que de abuelos a padres, hijos y nietos conforman quien soy. Y apoyándome en ellos, desaprendo a reaccionar y sano límites. Me acerco más a mi verdadera esencia, soy más Yo.

Gracias a ellos, a mi familia. Y tengo la obligación, como madre, de garantizar lo mismo para mis hijos y mis futuros nietos.

Patrícia Arner


 

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