La raíz

Trabajo con las palabras, con su significado, con su interpretación, con sus matices, sus silencios y sus olvidos. Busco en su interior nuevos reflejos, pequeñas inspiraciones que aparecen súbitamente y te deslumbran, apenas unos instantes, de manera que, si no estás mirando, se pierden tal vez para siempre.

Vivo de las palabras y aunque de tanto en tanto me desbordan y me canso de ellas (una vez os lo conté) en realidad siempre vuelvo a por más, como un viajante sediento que descubre un manantial de agua fresca y ya nunca se aleja tanto como para no poder regresar cada noche.

No recuerdo el día que me atraparon, seguramente fue estudiando su poder para arruinar vidas o enriquecer vanidades. Fue todo un descubrimiento encontrarme con ese poder casi mágico que desprenden, con esa energía que poseen y que explota ante tus ojos cuando crees que sabes más de lo que sabes.

Una palabra sana, o mata.

O hiere, o ama.

O agradece, o desmiente.

O susurra el amor eterno.

O te despedaza.

Nadie sabe de donde surgen, ese es otro de sus misterios. Tal vez alguien las inventa todas y no nos damos ni cuenta, como si fuera uno de esos duendes ocultos que reparan zapatos por la noche o pintan el cielo de estrellas. El duende de las palabras las sabe todas, la que existen y sobre todo las que todavía no han nacido.

Tampoco nadie sabe adónde van cuando desaparecen. Cuando llega su momento, se retiran consumidas por la tristeza, como esos viejos elefantes que emprenden su última senda al sentirse viejos e inservibles. Nunca vuelven de ese sitio, las palabras se pierden en el olvido y jamás regresan.

Nos hablamos con ellas, nos amamos o nos despreciamos, pero somos palabras. En realidad, como dijo el poeta:

Nosaltres, ben mirat, no som més que paraules

Si voleu, ordenades amb altiva arquitectura.

A veces, cuando nadie me mira, me permito creer que soy yo quien las domina, que surgen de mi mente con la fuerza de un océano y se desbordan arrastrando todo aquello que me place. Y, sin embargo, sé tan poco de las palabras…

Nada de lo pueda decir, pensar o crear perdurará en el tiempo más allá de las palabras con las que construyo mis ideas, mis amores, mis deseos o mis más oscuras fabulaciones. Pasarán a través de mí y seguirán su camino sin volverse atrás, sin reconocer mi voz, sin recordar mis sueños o mis fantasías.

Entonces seré como el viento, que no necesita de las palabras para existir.

Seré como la niebla que no necesita de las palabras para esconderse.

Seré como aquello a lo que no sabemos nombrar.

Seré silencio.

Víctor Panicello


 

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