La realidad es pura ficción

Hace tiempo que leo teorías que hablan de esa construcción de la realidad que nuestro cerebro, mentiroso y complaciente, va efectuando día a día y cambiando constantemente.

Readaptando.

Y yo creyendo que sé lo que pasa a mi alrededor o, peor aún, cual es mi historia, mis recuerdos, mi identidad. Al final, todo se basa en una cierta ceremonia de la confusión, en un marasmo de sensaciones que, reales o no, componen lo que creemos que nos singulariza como personas.

Y no es así.

El cerebro es adaptable, plástico, maleable, flexible, dúctil… en definitiva, falso. Maneja el caos con indigencia, con la pereza de quien no siente necesario el rigor y si en cambio la coherencia. Por eso entremezcla verdades y mentiras, sensaciones e imaginaciones, certezas y deseos. Trabaja con la tranquilidad de un constructor veterano que sabe que lo que realmente cuenta no es que cada ladrillo enganche a la perfección con el siguiente, que cada pieza ensamble limpiamente con la de al lado, con la de arriba y con la de abajo. Lo que cuenta, es que el edificio crezca y acabe aguantando muchos años. Y para eso, para unir las piezas, ya tenemos el cemento.

Hablemos del cemento.

Moldear esa pasta informe con la que enlazamos las piezas para formar un muro y los muros para formar edificios es lo que hace nuestro cerebro a todas horas. Construye muros solidos a base de medias verdades, recuerdos confusos, sensaciones ajenas y algo de realidad pasada por el tamiz del momento, de la oportunidad, del espíritu o del psicotrópico oportuno.

Por eso todo tiende a cuadrar cuando, ya solidificada la masa, nos lo presenta como verdad irrefutable de lo que somos y sobretodo de lo que fuimos, Y a eso nos aferramos, a una identidad que construimos creyendo que es una, grande y seguramente libre.

Pero vivimos en una ficción continua y apenas nos damos cuenta.

A veces, solo a veces, tenemos una pequeña intuición de que algo falla, de que nuestro Matrix particular nos está vendiendo como producto terminado y homologado algo que realmente está compuesto de retales y de cables sueltos.

Por suerte esa sensación acostumbra a durar poco.

No vaya a ser que descubramos la impostura de una historia que nos ha llevado toda la vida construir. No vaya a ser que decidamos no mentirnos más y entonces no sepamos bajo que árbol cobijarnos.

El día que descubramos que nuestro maravilloso cerebro, ese músculo (en realidad víscera, pero no suena igual) no es en realidad como un supercomputador sino más bien como una enorme planta de residuos, entenderemos que eso que llamamos realidad no es más que una película mal empalmada de lo que nos gustaría ser y nunca seremos.

Sin embargo, ¿a quién no le gusta la ficción.?

Víctor Panicello


 

1 comentario
  1. Alvaro Alcántara
    Alvaro Alcántara Dice:

    Una planta de residuos donde se recicla todo lo que llega para convertirlo en otra realidad distinta, pero compuesta por materiales que ya no sirven, como el pasado que se esfumó y el futuro que es pura ilusión….¿verdad?

    Responder

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