Mi madre se hace mayor

Mi madre va camino de los setenta años, ya está cerca de cumplirlos. Yo todavía no he cumplido los cuarenta, por poco. Cuando la veo hacerse mayor, lo que más me llama la atención es que no se da cuenta de cómo están cambiando sus habilidades, sus capacidades, su forma física. O quizás sí que se da cuenta pero no lo quiere aceptar, no lo sé. Debe de ser muy duro darte cuenta de que ya no puedes hacer algo que antes hacías sin dificultad.

Mi madre está en buena forma. Hace unos meses fuimos a pasar el domingo a un pequeño pedazo de tierra que tiene, nosotros le llamamos El Trozo. Hay en El Trozo unos pocos almendros y tocaba recoger sus frutos, que se hacen cada año más escasos. Nos pusimos a ello todos los hermanos y también mamá. Uno de nosotros se subía al árbol y lo vareaba y el resto recogía las almendras del suelo.

De repente, habíamos perdido de vista a mamá y la encontramos subida a uno de los almendros que queda más apartado. Mamá siempre nos cuenta cuando era pequeña e iba con su abuelo a recoger aceitunas. Su abuelo le hacía subirse a lo más alto del árbol y le decía: “Arriba, pequeña, sube más arriba…”, hasta recoger la última aceituna, la que quedaba en la rama más alta.

No me gusta decirle a la gente mayor lo que tiene que hacer, no me gusta tratarlos como a niños, por eso no me sumé al coro de los hermanos que le pedían que bajase. Estoy de acuerdo con ellos en que mamá no debería haber subido, pero mamá es todavía una persona adulta, por eso yo no soy quién para decirle que baje.

De todos modos, episodios como este me han hecho pensar bastante en cuando yo sea mayor. Seguro que no me daré cuenta de cómo voy perdiendo habilidades, capacidades y forma física. Me estoy fijando y veo que le pasa a mucha gente. ¿Por qué no a mí?

En Barcelona, veo cada día a personas mayores, o no tan mayores pero escayoladas y con muletas que cruzan las calles por cualquier lugar. Desde que he tomado conciencia de cómo nos hacemos mayores sin darnos cuenta, he dejado de cruzar las calles por el medio e intento esperarme a que los semáforos de los peatones se pongan en verde porque estoy seguro de que no me daré cuenta cuando llegue el día en que no pueda cruzar las calles corriendo. Y estoy convencido también de que aunque llegase a darme cuenta, no por ello sería capaz de cambiar un hábito profundamente arraigado. Por eso he decidido desaprender mis malos hábitos.

David Alvarez


 

 

8 comentarios
  1. Sonia
    Sonia Dice:

    Yo ya he cumplido los 40 y no he tenido la ocasión de ver hacerse mayores a mamá ni a papá, pero estoy segura que se dan cuenta.
    Y lo afirmo porque yo, y seguramente tú también, David, vemos que la curva de nuestra vida ya va de bajada (con mis más de 40 se ve mejor que con tus casi-40). Te das cuenta que la regla ya no es como la de hace 10 años y que cuando vas a tu partido de los viernes las “niñas” de casi-30 se corren 3 veces la banda, mientras tú con una ya sacas la lengua.
    Pero da igual eso. Lo importante es vivir. Yo creo que, cada vez más, aceptamos esta temporalidad. Y, yo creo que tu madre sabía que podía subir al árbol, igual que yo sé que aún me puedo codear con las de casi-30.
    Y no podemos caer en esa sobreprotección que ella quería para nosotros cuando éramos unos mocosos. Aprendamos de esos recuerdos.
    La próxima vez le hacéis una foto, os reís después juntos y… ¡nos invitas a almendras! 🙂

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  2. Sonia
    Sonia Dice:

    “se corren”. Eso pasa por clicar “enter” antes de releer lo que has escrito. Aunque el ejemplo fantasioso también nos serviría para lo que quería decir 😛

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  3. Nuria Sanchez Howe
    Nuria Sanchez Howe Dice:

    Buenas tard@s a tod@s,

    La verdad es que se tiende a la sobreprotección, lo que acarrea graves problemas de Know-How, ejemplo claro del Health & Safety Laws in the UK y la generación de niños que por no dejar ni les permiten jugar en el patio por si se hicieran daño.

    Por tanto, volvamos a los inicios e implantemos la prueba y error en todos los ámbitos y etapas de nuestras vidas.

    Saludos y feliz miércoles 😉,

    Nuria Sánchez Howe

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  4. Alvaro Alcántara
    Alvaro Alcántara Dice:

    Qué suerte tienes de tener a tu madre contigo viendo la subirse a los árboles porque yo la perdí hace 5 años después de 5 años que estuvo ella también luchando contra el maldito cáncer que parece la epidemia de este siglo. Es importante guardar estas imágenes de vida y de positividad de nuestros padres en nuestra retina porque son los recuerdos más bonitos que nos pueden quedar.
    En cuanto a la protección o sobreprotección de los hijos a los padres o de los padres a los hijos, solo decirte que es muy difícil marcar dónde está la línea ( que seguramente tendrán un sitio concreto ) pero desde nuestra perspectiva, muchas veces pretendemos librar del dolor, del sufrimiento y al final lo que hacemos con esto es no enfrentarles a la vida, sobre todo en el caso de los padres a los hijos.
    Lo normal es que cuando nos vamos haciendo mayores necesitemos de cierto empuje para no caer en la rutina y en la inactividad, por tanto aquellos mayores que se ven capaces de cometer ciertas locuras y seguir tan vivos como si tuvieran 30 esos tienen un seguro de vida y un seguro de felicidad para ellos y para sus hijos

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  5. Julia Socorro
    Julia Socorro Dice:

    Mi padre tiene 71 y físicamente es un roble, por dentro su sistema mayorcito y de mente má s jovén que yo misma. Si estás musculadito, eres guapo y piensas, recuerdas y te ríes. No tiene que ser fàcil reconocer que las venas, el corazón y otros, que además no ves, restán salud, capacidades… De todas formas, es mutuo, ni él quiere verse mayor, ni quiero verlo yo, ni quiero verme a mi ya cuarenta. Me ha gustado mucho tu compartir.

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  6. Gemma Segura
    Gemma Segura Dice:

    A mi, que estoy en los “casi 50” (me faltan 3 y un mes), cuando escucho que nos hacemos mayores siempre pienso que suerte que nos hacemos mayores. Hay dos cosas, con permiso de Punset, que sabemos: un día llegamos a este juego de la vida y un día dejaremos de jugar. No sabemos cómo ni cuando, pero el juego se acaba, al menos el de esta partida 🙂

    También tengo la suerte de tener a mi madre cerca y jugando conmigo, y cuando descubrí que la madre es la persona más importante en la vida de cualquier persona, me conecté todavía más con ella. Una relación sana y fluida con la madre nos permite vivir de forma más feliz, por eso seguramente nos preocupa cuando suben a un árbol a recoger almendras: no queremos perderla!

    Así que disfrutemos de las madres que se hacen mayores y disfrutemos de que nosotros también nos hacemos mayores. Algún día, alguien también pensará que “nos hacemos mayores”.

    Abrazos y feliz semana. Gracias por tus palabras David!

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  7. David Álvarez
    David Álvarez Dice:

    Sonia: Claro que me doy cuenta, aunque intento no quejarme mucho. Y es eso, mi madre se subió al árbol y está bien, y ninguno de sus hijos la podía llevar al lugar a donde ese subirse la llevó. De hecho, lo que no me gusta es decirle a un adulto lo que tiene que hacer.

    Nuria y Álvaro: Experimentar, mancharse, equivocarse… es fundamental para nuestro desarrollo y hay que dejar a los padres y a los hijos que lo hagan por su cuenta.

    Y gracias Álvaro, a veces hay que recordar lo que los vamos a echar de menos un día.

    Gracias también Julia, a mi me está pasando con las entradas, así que flequillo y a seguir tan campante : )

    Y muchísimas gracias a ti, Gemma, por tus palabras y por compartir con nosotros este espacio. A mi me gusta hacerme mayor, la alternativa no me hace mucha gracia, por lo que pueda pasar.

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  1. […] unas semanas David escribía, en uno de sus post, que su madre se hacía mayor. Ayer fue mi cumpleaños -muchas gracias […]

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