Un motín en la estantería

Llegué a casa en el momento en que la luz es escasa y la penumbra comienza a adueñarse de todo. Aprovecho entonces para caminar descalzo pisando las sombras, porque es en ese instante donde la realidad recoge sus cosas, se pone el abrigo y apaga la luz hasta mañana, dejando paso al universo de la semirealidad, de la desconexión, de los sueños….

En una de las habitaciones, donde habitan los libros, media docena de ellos se habían dejado caer al suelo, quedando desparramados, abiertos por la página que el azar y las circunstancias de la caída habían decidido. Algunos incluso habían terminado encima de otros, tapándose entre sí con sus páginas, como si la caída hubiera dejado entrever su ropa interior y su amigo hubiera corrido a taparle.

Cuando los libros caídos se recuperaron del golpe, algunas palabras comenzaron a salir de ellos…sospecho que han sido estas las que urdieron el motín para darse una vuelta por la realidad. Es comprensible, muchas viven en ficción y no saben lo que hay “ahí fuera” y otras en cambio son puro ensayo, lo cual se vuelve bastante aburrido con el tiempo y lleva a las palabras a llenarse de un deseo incontenido de pasar a la acción.

Fueron despegándose de sus hojas y saltando desde el borde de la página hasta el suelo, agrupándose todas junto al grupo de libros que había quedado tirado en el suelo. Cuando estuvieron unas frente a otras, comenzaron una discusión en torno a qué hacer en ese momento; las propuestas eran de lo más diverso: “libertad” propuso que cada una tomase un camino, cediendo al puro azar la responsabilidad de su aventura; “prudencia” decidió que lo mejor era caminar todas juntas y evitar problemas, que aquello era nuevo para todos; “miedo” asintió con la cabeza, sus ojos reflejaban cierto arrepentimiento y ganas de volverse a su libro…”incertidumbre” y “rutina” estaban en ese grupo también. Poco a poco se fueron dividiendo en dos bandos, los partidarios de caminar juntos y aquellos que creían que lo mejor era separarse para poder así dar más emoción a su aventura.

Finalmente, cada una cogió un camino distinto y durante un tiempo indeterminado fueron dando significado a su propia existencia, defendiendo el poder de su significado. Pero enseguida se fueron dando cuenta de que por sí mismas eran importantes, pero lo eran más aún cuando se unían por grupos de palabras y daban otro significado a su existencia apoyadas incluso por otras palabras que por sí solas no tenían ningún significado, como “y”, “pero”, “aunque”, “también”….pero que haciendo de hilo conductor entre unas y otras, terminaban por adornar la cadena de palabras, reforzando su significado. Así fueron dando paso a grupos de palabras, que a su vez dieron paso a grupos aún mayores que produjeron largos textos de temáticas de lo más dispar.

Entonces ocurrió que todos estos textos ocuparon un grupo de folios en blanco, dando lugar a nuevos libros que buscaron un lugar en aquellas estanterías de las que una vez saltaron…..pero ¿qué ocurrió con los libros que perdieron las palabras y que yacían abiertos en el suelo? Desgraciadamente quedaron heridos para siempre. Donde otrora habitaban frases con significado, ahora se leían textos llenos de huecos, párrafos tildados de espacios en blanco, frases inconexas, páginas enteras de incoherencias….

Quizá algún día nuevas palabras adopten a estos libros carentes de significado y terminen por asentarse en ellos, creando nuevos conceptos, nuevas historias, nuevos sueños…..

Entro en la habitación donde habitan los libros y recojo unos cuantos que hay en el suelo. Ignoro como habrán llegado hasta allí. Tomo entre mis manos uno de ellos y comienzo a leerlo….no entiendo nada. Lo dejo en el suelo de nuevo, apago la luz. Me voy a la cama.

Alvaro Alcántara


 

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