Nada es lo que parece

Nada es lo que parece.

Ni tú, ni yo, ni siquiera ambos.

No somos dos, ni sumamos cuatro.

No estamos solos, ni vivimos en el mundo que soñamos.

Nada es como queríamos que fuera, todo se desfiguró con el tiempo y el cansancio.

Esperábamos demasiado o tal vez realmente nunca quisimos conocernos.

Y ahora no somos ni tú, ni yo, ni siquiera ambos cuando despertamos.

Ahora te espero sin saber si volverás a ser quien eras.

Ahora me espero sin saber quién soy.

Cuando leo estos versos que escribí el día de nuestro aniversario, me pregunto a quién obedecía mi mano cuando corría por la tinta de mis venas y el aliento de mi sueño. No entiendo cómo pude hacerlo, cómo pude creer que los leerías y olvidarías el engaño.

Me abandonaste ese día cuando dejaste caer la hoja blanca de nieve que deposité en nuestra vida junto al café de la mañana, en esa bandeja de plata que compraste a precio de oro ese verano en que todavía nos amamos junto a los mil mares del sur.

Un poema de nuestras vidas presentes que te regalé para contarte el presente de desencanto, el pasado de esperanza desvanecida y el futuro de rutina y aislamiento. Creía que era así cómo te sentías, igual que yo, suspendidos en un tiempo vacío de sentimientos y abrumado de certezas.

Creí que, si te explicaba en esos versos una verdad compartida, tal vez sentirías mi angustia, mi abandono, mi desidia, mi olvido, la falta de estímulos para seguir adelante en nuestro camino hacia ninguna parte.

Nunca pensé que marcharías con el rostro bañado en un dolor que todavía hoy me abruma. Nunca creí que te irías, con las lágrimas todavía húmedas en esa nota que me dejaste en la cama, donde vivimos y morimos cada noche hasta que dejamos de ser quienes fuimos.

Todavía recuerdo tu letra, encogida y dudosa, como temiendo dejar huella en ese momento decisivo y temido.

La leo cada mañana, cuando despierto en mi cama, cuando pienso en ti y me invade la rabia.

Nada es lo que parece, es cierto. Ni tu ni yo somos lo que fuimos porque eso solo era un espejismo. Lo supe cuando te vi, lo supe cuando te soñé despierta y te abrí todas mis puertas.

Nada es lo que parece, tu nunca lo fuiste, ni alegre, ni atento, ni siquiera consciente de todo aquello en lo que día tras día me fallaste. Ni en tu indiferencia, ni en tu abandono, ni en tu vida desencantada e insatisfecha.

Nada es lo que parece, tienes razón. Ni tú eres el que eras, porque el tiempo ha pasado, tu pelo ha caído, tu barriga ha crecido, tu aspecto se ha descuidado, tu alegría se ha perdido, tu humor se ha corrompido, tu amor se ha evaporado, tus gestos se han ofuscado y tu vida se ha desperdiciado.

Y a pesar de todo eso, siempre te he amado.

A pesar de las rutinas, de los olvidos, del sexo frustrado.

A pesar de tu apatía, de tu gesto torcido y tus quejas frustradas.

A pesar de ti mismo, te he amado.

También cuando tu no me amaste, también cuando tú me olvidaste.

Pero ahora, gracias amor, tus versos me han liberado.

Te olvido con el corazón encogido y el alma sedienta de sueños.

Víctor Panicello


 

4 comentarios
  1. Gemma Segura
    Gemma Segura Dice:

    Estimat Víctor Panicello Monterde, ahir vaig tenir clar que avui havíem de publicar aquest post… Aquesta setmana calia, només llegint el títol!
    Saps que m’agrada, m’encanta millor dit, molt com escrius i què escrius, perquè tens el do de dir allò que els altres necessitem, encara que tu no ho necessitis. No ets només un escriptor!
    Una forta abraçada amic!

    Responder

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.