No puedes cambiar tu mundo si no cambias tú

Cientos de historias nos cuentan que todo empieza cuando ya no puedes más, que la decisión de cambiar de rumbo llega precedida de un tiempo de angustia, estrés y vacío personal. Es entonces cuando llegan las preguntas: ¿Para qué hago todo esto? ¿No hay más opciones para mí? ¿Cuándo perdí el control de mi vida? ¿Vale la pena seguir así?

Si ya te has hecho las preguntas, antes o después tendrás claro que no, que no vale la pena continuar, que no tiene sentido lo que llevas haciendo desde que decidiste que una cosa era lo que a ti te gustaba… y otra muy distinta era lo que el mercado ofrecía, lo que otras personas esperaban de ti o incluso lo que te contaban sobre ser realista.

Es entonces cuando empieza el miedo, el vértigo, la ansiedad y nuevamente el miedo.

Porque desde que eras pequeño has oído decir que más allá de la autopista no hay nada, que más vale ser cola de león que cabeza de ratón. Quizás en estos últimos tiempos has empezado a sospechar que hay mucho de engaño en esa visión única y hasta es posible que hayas adivinado alguna luz tenue en esas tierras oscuras que se supone que hay más allá de la seguridad que siempre has conocido. Pero tienta tanto sentirse arropado por las rutinas…

Sin embargo, realmente ya no puedes más y saltas al vacío. Dejas lo que siempre has conocido – y probablemente odiado en secreto – y te lanzas… o tal vez simplemente te han empujado sin tú esperarlo porque ya no sientes el falso entusiasmo, ya no te crees los falsos titulares ni aceptas que todos somos iguales.

Y ahora has de volver a empezar… o tal vez empezar simplemente.

Si es así, si este es el momento, hay dos cosas que deberías saber:

  1. Si esperas tener lo mismo que antes (dinero, estabilidad, seguridad), olvídalo, date la vuelta si todavía puedes y vuelve a meterte en la autopista aunque sea con el coche más viejo y haciendo cola detrás de los que van más rápido.
  2. Jamás disfrutarás tanto de la vida como cuando la sientes tuya realmente. No importa lo que hagas, no importa si lo consigues o no… pero has cambiado.

Ahora eres realmente tú y el mundo es ya un lugar diferente.


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