Placeres irrenunciables

Dicen que la felicidad está en la búsqueda de la felicidad…esto es, que donde encontramos momentos de verdadero encuentro con uno mismo es donde la paz nos invade el alma y se acalla nuestra mente. Momentos, lugares, acciones, pequeños placeres conforman las entretelas del alma plena. Mejor si no cuestan dinero y si cuesta, que sea poco.

Voy a confesar algunos de mis placeres…

  • Levantarme el domingo muy tarde, desayunar y volverme a la cama cuando esta aún guarda el calor de la noche. En invierno el placer se multiplica; el calor del café en mi estómago me lleva de nuevo al sopor y otro rato de sueño termina por absorberme…
  • Mirarla cuando no me mira. Observar sus movimientos, como analizando los porqués de cada uno de ellos. Cuando la gente no se siente observada actúa de manera natural, sin filtros.
  • Mirar el mar de frente y cada ola que rompe en la orilla; como esos pensamientos que surgen, te envuelven unos instantes y desaparecen. Son infinitas, no terminan nunca y siempre hay una y le sucede otra y otra… Mirar el mar calma la mente, aquieta las ideas, libera nuestra cabeza de ese ruido interior constante que hemos de soportar por culpa de la mochila de los problemas. La terapia de mirar el mar durante un rato, debería estar dentro de los manuales médicos para atajar enfermedades relacionadas con el stress. Mejor que muchas pastillas. Lástima que no lo tengamos cerca muchos de nosotros..
  • Un buen vino….adoro el vino. Creado a partir de una fruta que se transforma en un elixir compuesto por la esencia de todo aquello que ha formado parte de su vida…¿no es mágico?
  • Conducir con mi música favorita, despacio, disfrutando, viviendo el instante sin pensar en el destino, ese espacio entre el desde y el hasta donde. Disfrutar del viaje no es solo disfrutar del destino…
  • Andar durante horas por la montaña y sentarte una hora en un lugar donde solo se escuche el sonido del silencio y cerrar los ojos para fundirte en el entorno…
  • El abrazo largo y cálido, de más de diez segundos, el tiempo suficiente para que se acompasen los latidos de ambos corazones y latan al mismo tiempo.
  • Pagar tus deudas. ¿El dinero no da la felicidad?…yo creo que la ausencia de dinero te quita la felicidad. No deber nada a nadie (malditas hipotecas) es una sensación placentera, que te aporta un plus de tranquilidad.
  • Ver felices a los tuyos. La felicidad de aquellos que están a mi lado me contagia de optimismo y me llena de paz. Sobre todo a mis niños.

¿Cuáles son los tuyos?

Alvaro Alcántara


 

3 comentarios
  1. Julia Socorro
    Julia Socorro Dice:

    Alvaro ante todo me gusta tu reflexión. Un placer especial es al caer la tarde llevar el cuerpo a sumergirse en el mar y que al sacar la cabeza del agua puede ver el crepúsculo. Llegar a sentir inseguridad por los peces y las corrientes taciturnas y superar el reto de dejar la sal en la piel. Me produce placer con todos los sentidos en el silencio porque también es un placer la soledad en el ritual. No es para la noche de San Juan, sino para otras noches.

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    • Alvaro Alcántara
      Alvaro Alcántara Dice:

      Los atardeceres en el mar son especiales. Que bueno que puedas hacerlo a menudo. Los que estamos lejos del mar lo echamos de menos a menudo, o a mi al menose ocurre.
      El mar es solidario y ecuánime, trata a todos por igual, para lo bueno y para lo malo…
      Gracias por tu comentario!! Un beso

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  2. Gemma Segura Virella
    Gemma Segura Virella Dice:

    Querido amigo,
    Mi lista de placeres es muy larga y me he dado cuenta con la lectura de tu maravilloso post que en mi lista de placeres, algunos son placeres postergados 🙁
    Así que voy a tener que ponerme en acción y que pasen a ser de Postergardos a Irrenunciables desde ya 😉
    Gracias por la reflexión compañero y abrazos.

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