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Prólogo al post de hoy…

Ya sé que los post no llevan un prólogo, pero siempre hay una primera vez en la vida para todo. Así que he decidido tomarme el atrevimiento de prologar el post de esta semana, de Víctor Panicello.

Hace más de 15 años que conozco (nos conocemos) a Víctor. Hemos vivido algunas experiencias vitales juntos y nos quedan otras tantas por vivir. La causalidades de la vida nos llevaron a coincidir y trabajar juntos en la Universitat Oberta de Catalunya… cuantos buenos recuerdos!!!

Descubrí, por aquel entonces, que Víctor era escritor y que tenía ya un par de libros publicados. Me regaló uno de ellos, con dedicatoria incluida, que guardo con el resto de títulos que con los años ha publicado (y ya son 13). En mi biblioteca, es el autor con más referencias ;-). 

Cuando decidí crear y publicar mi página web le propuse a Víctor que formara parte de los magos del camino del blog y, sin dilaciones ,me dijo que si. Creo recordar que sus respuestas han sido siempre si a cualquiera de mis propuestas. 

El post de hoy es muy especial. Víctor ha querido regalarlos un pequeño extracto del nuevo libro“Que sientes cuando no sientes nada”, construido con un grupo de jóvenes pacientes con trastornos de la conducta alimentaria (anorexia y bulimia). El libro sale a la venta en Abril en catalán y en Septiembre en castellano. Es otro título de la Colección Solidaris, que el mismo dirige en la editorial Claret.

Víctor  tiene el don de la palabra , tanto hablada como escrita y estoy convencida que su propósito es llenar nuestras vidas de historias. Aquí tenéis el extracto. Gracias Víctor por tu generosidad!   Gemma Segura Virella.


QUE SIENTES CUANDO NO SIENTES NADA

Mientras en la tele ponen algunos estúpidos anuncios que a nadie interesan, me levanto y las piernas me tiemblan porque lo que voy a hacer no quiero hacerlo, a pesar de que sé que es lo mejor para mí, para conocer la verdad.

Entro en el pequeño lavabo de la planta baja y me pongo ante el espejo de cuerpo entero, pero no abro la luz, sería demasiado evidente. Me conformo con la penumbra que entra desde el comedor. Me desnudo pero no me miro.

No todavía.

Tengo que estar preparada porque sé que las comparaciones con ese ideal que he construido en mi mente, me harán daño.

Respiro profundamente como me ha enseñado a hacer mamá. Siempre le ha gustado hacer meditación, y a medida que papá se ha vuelto más agresivo, aun lo hace más a menudo.

Abro los ojos y primero no veo nada, sólo una imagen difusa de mí ante el espejo. Cuando los ojos se acostumbran y las pupilas se dilatan, me enfrento con aquello que soy.

Y no soy como ellas, las que pasean con su cuerpo perfecto por un mundo hecho a su medida.

Sólo soy yo, con mis muslos que se rozan cada vez que ando y mis pechos que no dejan de crecer y mis caderas que se ensanchan sin límites…No quisiera verme más, pero es mejor que sea consciente de todo lo que todavía me falta para ser cómo quiero ser.

Absorbo mi imagen, saturándome de mí misma.

Rechazándome.

De repente escucho unas llaves en la puerta y me paralizo.

No sé qué me ha pasado porque, en lugar de vestirme o simplemente cerrar la puerta del lavabo, me he quedado allí de pie, mirándome e intentando entender como había llegado hasta allí desde la niña feliz que también se miraba en este mismo espejo cuando veníamos en verano. Aquella niña que intentaba siempre peinarse el remolino que le crecía en la nuca y que no había quién lo dominara. La niña que se miraba al espejo cuando llegaba de la piscina sólo para ver como de rojos le habían quedado los ojos después de pasarse dos horas buceando.

Veo a aquella niña en el espejo y siempre sonríe.

Es feliz.

Busco a aquella niña en la imagen demacrada y con ojeras que me mira desde el espejo en penumbra…

La busco pero no la encuentro.

Entonces mi hermana Jana —suerte que era ella— aparece ante mí y se pone las manos en la boca como sí hubiera visto un fantasma. Y quizás ha sido así, quizás yo me he convertido en un fantasma.

Doy un último vistazo al reflejo por si la niña que fui vuelve para explicarme en qué momento del camino cogí el desvío equivocado.

Al final, en algún momento de esta lucha tendremos que ver quién gana.

Yo… o esta que no soy yo.

Os dejo con un vídeo promocional que se ha realizado para el lanzamiento del libro.

Víctor Panicello