Quiero un vino blanco muy dulce

Me gustan los vinos blancos muy dulces. En verano, me encanta comerme una paella acompañada de un vino blanco muy dulce. Y en invierno me gustan los tintos potentes como los que da la Denominación de Origen Montsant, que nunca falla.

Lo del tinto, claro, lo digo como disculpa: ya sé que no está bien que me gusten los vinos blancos muy dulces, que deberían de gustarme los secos, pero es mi gusto. ¿Qué le voy a hacer?

Así que un día cualquiera me acerco a una tienda de vinos y pido un vino blanco muy dulce. La persona que me atiende parece no comprender, no sabe si quiero un vino blanco o un vino dulce y yo le digo que quiero un vino blanco, que en lugar de ser seco, sea dulce.

Seco parece entenderlo, pero lo de dulce se le escapa, esa es la impresión que me da, y me empieza a hablar de que si este es muy aromático y que si el otro es afrutado y otros conceptos del ramo que más o menos conozco, pero que no son los que me interesan.

A ver, lo que yo quiero no es un vino afrutado ni aromático, esos conceptos pertenecen al ámbito del olfato y lo que a mi me interesa es que sea dulce, eso es un sabor, por decirlo de forma más clara: que tenga azúcar.

La persona que me atiende tuerce el gesto y me señala una botella de Honeymoon, un vino orgánico y biodinámico de la bodega Parés Baltà. Cuando abra la botella veré que sí, que por fin me ha entendido. Quizás es más bien que no está de acuerdo conmigo. Que considera que los vinos blancos dulces no son los buenos.

Así que la siguiente vez que tengo que comprar un vino blanco muy dulce cambio de tienda. Quiero probar otro y no me apetece tener que volver a explicar mis gustos a alguien que los desaprueba.

En otra tienda me proponen El Terrat, que no está nada mal y en otra se quedan en blanco y no me sugieren nada de nada, no saben de qué les hablo. Y por fin, en un restaurante me recomiendan el Cinclus 08, una maravilla: un blanco dulce muy dulce, con 22 gramos de azúcar residual por litro, esto es lo que yo quiero y claro, me enamoro.


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