Soy, somos

Miro a menudo por la ventana, la de plasma, la que tengo en el comedor de casa, y observo cómo me muestra el mundo desde todos los puntos de vista. Me fascina lo que veo a diario: desde lo más intelectual a lo más burdo, desde lo más bello a lo más abyecto, desde lo más solidario a lo más sádico, desde lo individual a lo colectivo… y ahí me detengo ahora.

Reconozco que a veces me tienta lo colectivo, ese sentimiento de “pertenecer a algo” de “sentirse parte de un todo” que parece simplificar la vida de aquellos a los que seduce. Veo esa especie de felicidad en sus rostros, ya sea en los que siguen a un equipo de futbol como si fuera una nación propia, en los que confieren a sus ideales políticos el rango de religión, en los creen tener una vida propia en la vida de personajes públicos… Compartir ideas, fanatismos, creencias o incluso intereses reconvertidos en modos de vida, nos convierte en algo colectivo.

Lo mejor que tiene eso, es que nos permite enmascarar quienes somos, diluir nuestra personalidad en algo indefinido, en ese ente colectivo que nos libera de responsabilidades y de decisiones individuales. ¡Qué bien se vive en esa zona de irresponsabilidad!

Cuando siento la presión de un vida centrada en mí mismo, en mis pensamientos, mis sentimientos, mi visión de las cosas, mis opiniones, mis fracasos, mis logros, mis frustraciones y mis miedos, a veces – solo algunas veces- me decido a dar el paso y formar parte de algo colectivo. No me importa lo que sea, un club deportivo, un partido político, una entidad solidaria, una asociación de buscadores de conchas, un club de fumadores de opio… lo que sea que me permita diluir esa presión y aceptar el dogma de lo fácil, de lo primigenio. Somos, en lugar de soy, libera mucho.

Si somos, yo no soy. Si somos, yo no decido, Si somos, yo no asumo culpa alguna.

Sin embargo, algo falla siempre que me acerco a ese momento crucial de mi vida, algo indefinido que me obliga a replantearme la situación y que me acaba llevando siempre de vuelta al huerto de lo individual, de lo cercano, de lo propio, de lo que puedo hacerme responsable aunque duela.

A menudo confundimos lo individual con lo egoísta, con el individualismo más egocentrista y eso… es un error. Pocas cosas hay más egoístas que ese “nosotros”, que esa visión unilateral y unidimensional que sale de lo colectivo. Lo digo porque, muy a menudo, frente al “nosotros” están “los otros” Y es en esa visión del “bando contrario” de donde surge el conflicto.

Desde mi mundo no hay otro bando, solo otros cientos de miles de mundos a los que conocer, entender, aprender, comprender, apreciar o incluso rechazar. Lo hago sabiendo que cometeré errores, injusticias e incluso alguna que otra estupidez, pero lo asumo.

Cuando soy yo, no soy parte de nada y lo soy todo contigo.

Víctor Panicello


 

1 comentario
  1. Gemma Segura Virella
    Gemma Segura Virella Dice:

    Para mi es posible Soy y Somos al mismo tiempo. En realidad, siento que solo desde el somos es posible el soy. Sin los otros no seriamos porque nos construimos siempre en función de nuestras relaciones (SOMOS) y nuestras emociones (SOY) y es la combinación de ambas la que configura nuestra existencia.
    Se trata de una harmonía continuada en la que en cada momento aparecen uno y otro de forma equilibrada y serena.

    Responder

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