Vencer las sombras

Vencer a las sombras

Una vez, hace muchos años, le dije a mi madre: “Creo que el mundo está hecho para que yo sea feliz”.

De alguna manera, pudo sonar un poco prepotente, y tal vez daba lugar a malinterpretación… Pero para mí, era una frase que tenía todo el sentido del mundo. Porque con el paso del tiempo había ido descubriendo que las cosas que había anhelado, se habían ido cumpliendo (en rasgos generales).

Creo que, cuando deseas algo verdaderamente, de forma inconsciente trabajas sin cesar. Tu mente piensa en ello, y por lo tanto, tú actitud cambia y te esfuerzas para conseguirlo (aunque no lo sepas).

¡No te hablo de la lotería claro!

Te hablo de las cosas que dependen de tus acciones más que del azar.

Y aun a riesgo de que pueda sonar esotérico, creo que cuando encuentras tu vocación, tu pasión, tu objetivo, tu camino si así quieres llamarlo, todo se alinea.

¿Sabes eso que ocurre en muchas ocasiones, de que la sonrisa se contagia, al igual que la rabia?

Creo que cuando encuentras tu vocación, eres capaz de afrontar las dificultades con optimismo, y a pesar de los días malos, y de los obstáculos, en alguna parte de tu ser sientes que tienes la fuerza necesaria para seguir adelante, pese al sacrificio que pueda representarte.

Pero lo más maravilloso es que ese optimismo, esa alegría, se contagia. Y gracias a ella conoces a otras personas que te acompañarán en tu camino de un modo u otro: a tu lado para guiarte, a tu lado para apoyarte, a tu lado para escucharte o a tu lado para inspirarte.

Por eso hoy es un día muy especial para mí. Porque después de mucho tiempo y esfuerzo, encontré mi camino, y en él coincidí con una persona maravillosa, gracias a la cual ahora mismo tengo el placer (y el honor), de  compartir esta porción de ciberespacio: Gemma Segura, quien me ha brindado esta oportunidad. Y también la oportunidad de compartirlo contigo, que estás ahí leyendo.

Y como es una ocasión especial, quiero compartir un recuerdo.

Un par de años antes de cumplir los treinta (quienes estén cerca de cumplirlos tal vez puedan entenderlo, porque a veces uno pasa verdadera mala racha), alguien me dijo algo en una conversación.  No recuerdo bien por qué estaba molesto. El caso es que lo estaba. Me dijo una frase que no se me olvidará en la vida: “Porque tú te crees que eres muy inteligente, pero estás rodeada de gente muchísimo más inteligente que tú. Y tienes la autoestima muy alta, y sé que oír esto te jode”.

Y tenía razón.

Me jodió. Me jodió mucho. Me jodió tanto, que empecé a caer en espiral a un agujero negro que empezaría a engullir mi autoestima en los tiempos venideros. Me hizo daño. Y cuando lo recuerdo, me da mucha rabia. Y te digo que hace unos seis años de aquello, pero lo recuerdo como si fuera ayer.

Pero lo que no te mata, te hace más fuerte. Y créeme cuando te digo, que yo saqué mucha fuerza de aquello. Empecé a mirar mi entorno con otros ojos.

En estos tiempos convulsos que corren, creo que uno de los mayores logros de aquellas personas y organismos que ostentan el poder, es hacerle creer a la gente que no tiene la capacidad de cambiar nada.Que da igual lo mucho que se esfuercen: todo permanecerá tal como está. Educar y criar a alguien, con el convencimiento de que podrá tener una vida “digna”,  siempre que permanezca dentro de la norma, es una gran victoria presente y futura.

Y es que el precio de esa “normalidad” son los sueños, los deseos, la esperanza. La condena a la “mediocridad”.

Sinceramente pienso que todas las personas, y  digo TODAS las personas, tienen un don que las hace especiales. Pero muy pocas se sienten así, ni se sienten capaces, porque el mundo industrializado y jerarquizado en el que vivimos ha dado prioridad a una serie de habilidades y aptitudes que engloban más el pensamiento racional, y relega la creatividad y el resto de capacidades a un plano inferior. Y por lo tanto, nunca han recibido el apoyo necesario para desarrollarse.

Hay quienes son buenos matemáticos, buenos físicos, buenos médicos, buenos profesores… Pero también hay buenos músicos, y bailarines. Y cocineros. Y amas de casa. Y educadores… Y la lista sigue y sigue. El mundo nunca funcionará si alguno de esos elementos (que nos pasan desapercibidos) falla.

Ninguna habilidad es mejor que otra.

Mejor y peor, bueno y malo, grande y pequeño; son conceptos muy subjetivos y que vienen impuestos de fuera.

A veces hay que caer muy bajo para encontrar esa cosa que te distingue de los demás, esa habilidad que te hace brillar. Y cuando la encuentras (salvo que seas un fan de Jack el Destripador), hay que aferrarse a ella y cultivarla. Sin avergonzarse.

Lo mío no es el pensamiento racional. Es un hecho. No seré un Einstein, ni un Hawkins, porque yo tengo otras cualidades. A mí lo que me apasiona es cocinar y hacer pasteles (y desde luego, comérmelos). Me apasionan los trabajos creativos, y motivar a los demás para sacar a relucir lo mejor de ellos. Quiero aportar mi granito de arena para que la vida sea más consciente, plena y feliz. Y a veces el camino a la felicidad pasa por senderos desconocidos.

¡Nos vemos pronto!


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