Vivimos, luchamos, fracasamos

De derrota en derrota hasta la victoria final. Esta frase se atribuye a Winston Churchill durante la segunda guerra mundial. Tal vez la dijo él o tal vez no, con las frases que han pasado a la memoria colectiva, nunca se sabe.

Sin embargo, sirve para ilustrar algo que me inquieta desde hace un tiempo, sobre todo desde que trabajo con chicos jóvenes que, por una u otra razón, no encajan en los modelos sociales más convencionales… vamos que tienen problemas serios que merecen una etiqueta propia.

Cuando hablo con ellos me doy cuenta de que han sido víctimas de un timo enorme, de un engaño masivo en el que, de un modo u otro, todos los adultos participamos.

Nadie les habla del fracaso.

En realidad, eso no es del todo exacto, les hablamos de sus fracasos, ya sea en los estudios, en las relaciones, en su comportamiento social, en sus trabajos… todo ello haciendo especial hincapié en sus fracasos futuros, en lo mal que le irá en el mundo sino siguen nuestro ejemplo.

Porque claro…a nosotros nos ha ido siempre bien.

No hemos fracasado en el instituto a pesar de que a menudo nos quedó alguna asignatura o nos echaban de clase por indisciplina, ni acabamos el COU sin tener la nota que necesitábamos… ¡No, claro que no!

Tampoco es cierto que, en ese momento, todo eso nos importaba un pimiento ya que le futuro era algo tan lejano que ya nos preocuparíamos por él cuando se acercara el momento.

No éramos inconscientes, inconsecuentes, incoherentes, inaplicados, insensatos, indecorosos o interesados No… ¡qué va!

Lo cierto es que hemos fracasado mil veces, hemos perdido amigos, oportunidades, relaciones amorosas, trabajos, dinero.

Hemos fracasado diez mil veces con proyectos absurdos, con intenciones nebulosas, con emociones disparatadas y con ambiciones desmedidas.

Hemos derrochado cariño, sentimientos, abrazos, mucho alcohol y algunas drogas.

La vida nos ha puesto a prueba y la mayoría de las veces hemos perdido… o hemos huido.

Cuando nos tocaba luchar, tuvimos miedo. Cuando nos tocaba amar, también lo tuvimos.

Tiramos por la borda el tiempo que perdimos, los paisajes que olvidamos, los sonidos que no escuchamos y las palabras que no dijimos.

Perdimos mucho más que ganamos.

Y, sin embargo, en nuestro cerebro nos mentimos y construimos un edificio de victorias que decoramos con las banderas de la hipocresía y allí vivimos en una madurez estable que nos vendemos como utópica.

Es entonces cuando extendemos el engaño hacia afuera, cubriendo de mala hierba las nuevas cosechas que ven el cielo azul cuando para nosotros solo es gris.

Les explicamos que su fracaso los llevará a un nuevo fracaso y así hasta la derrota final.

Porque, no nos engañemos, su derrota es nuestra victoria, la victoria de la mentira en la que muchos hemos vivido y que no debemos poner en riesgo solo para explicar la verdad.

La verdad…

Cada fracaso te hace más fuerte si lo admites, si dejas de maquillar la realidad, sin encajas el golpe sin caer o incluso si caes y eres capaz de levantarte.

Si luchas.

Si mueres una y mil veces en cada batalla.

Si fracasas y sigues caminado es que ya has vencido.

Digámoslo en voz bien alta.

La vida está hecha de fracasos: grandes, pequeños o inciertos… fracasos que duelen o que pican o que aprietan el alma o que cierran la mente.

Pero algunos aquí estamos, dispuesto de nuevo a fracasar y a vencer.

A aprender.

De fracaso en fracaso hasta la victoria final.

Víctor Panicello


 

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