Y tu, ¿qué quieres?

Como probablemente ya sabrás si es que hemos llegado a coincidir, ni que sea leyéndonos, o en persona, soy un tipo de ser que le da muchas vueltas a las cosas.

De hecho, una vez tuve una clase de creatividad, en que una de las cosas que intentaba el profesor era potenciar que los alumnos tuvieran más ideas a la vez. Bueno, yo habría sido feliz con justo lo contrario.

A veces me gustaría pensar mucho menos.

También, en ocasiones, me descubro teniendo conversaciones conmigo misma en la cabeza.

No estoy muy convencida de que todo el mundo lo haga, no lo sé. ¿Tú qué opinas? Espero que sí, porque si no, de aquí me mandan al loquero, fijo. Lo cual me llevó hoy a pensar en una frase que leí en un libro de Richard Branson: “Nunca nadie ha aprendido escuchándose a sí mismo” (no estoy segura si la cita era o no suya). Recuerdo que cuando la leí pensé: “¡Cuánta razón!”. Pero en estos días de introspección profunda, me he dado cuenta de que (perdona, Richard, sabes que te quiero, quiero trabajar contigo igualmente, y seguiré leyendo tu blog y tus libros) en realidad, no es tan así. A veces aprendemos mucho escuchándonos a nosotros mismos. Muchísimo, de hecho. El problema, yo creo, radica en que no nos sabemos (o atrevemos) a atender.

Tengo una teoría muy interesante (que igual comparten más personas) sobre la frase: “No sé”. Mi teoría es (fanfarrias, redoble de tambores) que realmente sí sabemos, solo que no queremos asimilarlo.

Muy pocas veces “No sé”, es tal.

Muchas veces es una frase que decimos para evitar herir a alguien. Te diré una cosa: no funciona. Haces daño igual, y también te lo hacen. Qué le vamos a hacer. Y ya que estamos metidos en esto, voy a compartir un recuerdo contigo.

Cuando iba a EGB (sí, yo ya tengo una edad), mi amigo de la infancia y yo nos fuimos al cine a ver una película, ahora no recuerdo si Terminator 2 o Parque Jurásico 1, a un cine de aquellos de los viejos, de los que tenían una cortina que se corría para dar paso a la pantalla. Era la mítica y ahora desaparecida sala Waldorf. El caso es que yo fui al cine como si tal cosa, con mi mejor amigo de aquel entonces, a disfrutar de una película. Pero en una de esas, se le dio por pedirme para salir (wtf?). Me quedé tan bloqueada, que no supe decir que no (porque, claramente la respuesta era “no”), así que bueno, opté por el plan B: “No sé”.

Uno de los grandes problemas del “No sé”, es que claro, en algún momento tienes que saber. Y yo no tenía narices a decirle que no, así que utilicé la Técnica Avestruz, que en este caso venía a ser tirarme una semana entera diciendo “No sé”. Con el paso de los días, ya se dio por aludido, y entendió que era que no. Bueno, le pilló tanta tirria a esas dos palabras, que después de aquello, cada vez que una chica le decía “No sé”, la enviaba a pastar con las vacas. Y seguimos siendo tan amigos (te quiero, Bro).

Otra cosa que he aprendido en el último año, es que llevo casi toda mi existencia viviendo la vida según cómo los demás esperaban que la viviera.

Este año conocí a una persona muy especial. Yo creo que fue un regalo, o destino, o como se quiera llamar. Esa persona me contó muchas cosas de su vida, y espero que me siga contando otras tantas más, pero una de las cosas que me dijo, y tiene en eso más razón que un santo, es que mucha gente me dirá que no haga lo que quiero hacer a lo largo de mi vida. Y no por maldad, si no más ben al contrario: por amor. Porque las personas que te quieren, no quieren verte sufrirY muchas veces, seguir tu camino y apartarte de la senda conocida, es exponerse al fracaso, al dolor, a levantarse y volver a intentarlo. Y como esas personas que nos quieren, no desean que tengamos una vida de sacrificio, prefieren con todo el cariño del mundo, decirnos que no hagamos locuras y sigamos con el rebaño. Pero lo que no saben es que a muchas personas, seguir en el rebaño, las mata poco a poco.

Yo llevo un año haciendo muchas locuras. Muchas, muchas. Y las que me quedan. Pero porque simplemente, tras tanto tiempo de hacer caso a las personas que me desean bien, me he dado cuenta que su forma de hacer no es mi forma de hacer (le doy cada disgusto a mi madre…).

A mediados de diciembre estaba en casa de un amigo, charlando, y le decía que algún día me encantaría encontrar gente como yo, que me comprenda y no me miren raro (¡gracias, Gemma!). Con ello, claro, daba por sentado que mi amigo me entendía. Y para mi sorpresa me dijo: “No te confundas, yo tampoco lo entiendo, pero si a ti te hace feliz, yo te apoyo. Porque si no hubiera gente como tú, aún seguiríamos con piedras y palos”. Tengo que decir que hay algo de bonito en que te digan eso, creo…

Últimamente aprendo cosas muy básicas para los cánones normales.

Por ejemplo, para mí ir al cine es un evento social. No voy sola. Pero claro, por esperar a ir con gente, a veces han sacado la película de cartelera, o directamente he desestimado ir. Te diría que no sé por qué no voy sola, pero claro a estas alturas, no te voy a mentir. Es por vergüenza, por si alguien piensa, mira la chica esta que viene sola al cine… Y en el fondo, qué más da lo que piense nadie.

A lo largo de mi vida he hecho muchas estupideces, y me he perdido muchas cosas por decisiones basadas en el que dirán, o en lo que se suponía que se esperaba de mí.

Me acuerdo que cuando iba al instituto, no me iba de viaje si no era a un hotel de mínimo cuatro estrellas. Porque no molaba, claro. Y ahora, que sé que lo que me gusta es viajar, descubrir, pasear por las ciudades, ver pasar a la gente o conocerla, disfrutar de un café en una terraza, sacar fotos, leer o escribir; me he dado cuenta de que el hotel lo quiero solo para dormir, así que no necesito una cama de cuatro estrellas, en la que apenas voy a descansar.

Será la madurez, pero finalmente he comprendido que cuando ya no esté aquí, me llevaré las experiencias y no la cama. Así que quiero vivir mi vida, disfrutando de esas experiencias.

Y por ese sencillo motivo, este fin de semana me iré a ver “La teoría del todo”. Me parece una elección maravillosa para esta decisión.

La pregunta no es “Y tú qué quieres”, si no “¿Y yo qué quiero?”.

Un día antes de conocer a esa maravillosa persona que ahora mismo está disfrutando un viaje increíble por Sudamérica, conocí también a otra que dejó su trabajo porque estaba harta, no la llenaba y lo hizo de una forma bastante espectacular y original. Le escribí porque cuando vi cómo se fue, me hizo pensar. Y visto en retrospectiva, quizás no lo suficiente. Le dije que no la conocía, pero estaba orgullosa de lo que hizo, cómo lo hizo, y que era una inspiración.

Una semana más tarde me respondió un mail, y diciendo que no haga nunca caso a las personas que me digan que no haga algo a mi manera, que siga siempre mi camino, que es duro, pero al final la felicidad llega. Que siga luchando. Y eso hago.

Y te diré que creo que hay algo más triste que tener un sueño y abandonarlo porque alguien te diga que noY es que tú mismo te digas que no a algo que sabes que eres capaz de hacer, o qué demonios, igual no sabes si puedes, pero si no lo intentas jamás lo averiguarás.

No me vale un “No sé”.

En el fondo, en el fondo, en el fondo de tu ser, hay una vocecita que si la escuchas te dirá “Sí” o “No”.

Me gustaría decirte que sigas tus sueños, que los persigas y no los dejes escapar. Si te ves capaz de hacer algo, aunque el mundo te diga que no es posible, y tú lo ves claro: lucha.

Piensa más a menudo en qué quieres tú, y menos en lo que quieren los demás. No es fácil, pero vida, solo hay una para intentarlo.

Yo tengo una larga lista de cosas que tengo que hacer, y ahora que he superado que me digan que “no” los demás, me queda lo más duro: aprender a no decirme “no” a mí misma, y preguntarme a menudo “¿Qué quiero yo?”.


4 comentarios
  1. Víctor Panicello
    Víctor Panicello Dice:

    Una exposición espléndida sobre la peor de las expresiones que podemos utilizar “No se”. Cada vez que lo decimos nos hundimos un poco en ese barro de la normalidad. Siempre sabemos, siempre. Lo que necesitamos no es decisión, sino valor para seguir el camino que no conocemos

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  2. Alejandro
    Alejandro Dice:

    Un punto de vista parecido al mío, me alegro que haya gente que piensa como yo, así me hace sentir menos solo.
    Lo que he tenido que pasar por querer seguir esa supuesta realidad convencional, por esas opiniones aconsejando una cosa o la otra,( amigos, familia, etc). Al final en concluído que: o eres fiel a tí mismo o no eres feliz.
    Pero lo peor de todo ha sido la búsqueda de esa persona perdida. Hoy puedo decir que al único que le hago caso es a mi interior. Jamás me guiare por opiniones de fuera, aunque tengan muy buenas intenciones.

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