Yo confieso

Quiero confesarte algo. No puedo callarlo por más tiempo porque me no me siento bien con ello dentro. He de soltarlo para que lo sepas. No pretendo que hagas nada, ni digas nada. Es simplemente un grito descarnado, una voz en el vacío. Intento que todo sea normal, que la vida transcurra como siempre, pero no lo logro. Siempre caigo en mis tentaciones. Una y otra vez. Se que no está bien hacerlo y menos a tus espaldas. Quizá debiera haberlo reconocido antes, pero… ya me conoces, soy un cobarde. Por miedo a perderte me mentiría si con eso lo evitara. Un alma débil, eso es lo que soy. Pero lo mejor será que lo sepas. Es mejor que conozcas quién tienes al lado y decidir si merece la pena alguien que día tras día roba retazos de ti.

Son mis pasiones y no puedo renunciar a ellas:

Cada noche espero a que te duermas para hacerlo. Me incorporo despacio, sin hacer ruido y me siento en la cama. Te observo desde arriba, te contemplo. Adoro la quietud de tu belleza. A veces pasa el tiempo sin darme cuenta, hasta que te mueves o despiertas y es entonces cuando vuelvo a mi lado de la cama, con la felicidad de saber que estás a mi lado. Me apodero de cada recoveco de tu rostro dormido.

Te echo de menos cuando estás. Te levantas a media noche para ir al baño, me muevo hacia tu lado de la cama e intento adueñarme del olor que has impregnado en las sábanas y en la almohada. Lo hago para echarte de menos uno instantes y disfrutar del placer de volver a tenerte junto a mi cuando regresas. Y me apodero del frío que trae tu piel, bañándote de calor.

Me aprovecho de tu sueño profundo. Con el puedo recorrer tu cuerpo de cerca, sintiendo cada centímetro de tu piel, trazando un mapa de tí que guardo en mi mente para cuando no estás. Te aprendo a escondidas, multiplicaría tus rincones, dormiría en tus pliegues…

Robo tu risa. Cada sonrisa, cada carcajada, cada gesto de alegría lo atrapo en la retina y lo convierto en mío. Un acto de egoísmo.

Utilizo tus latidos. Con frecuencia te abrazo durante casi un minuto sin un aparente porqué. Siempre me miras con gesto de comprobar que todo está bien hasta ver que te sonrío. Te estoy mintiendo. Me aprovecho de los latidos de tu corazón, acercando el mío todo lo posible al tuyo, hasta casi tocarse, para acompasarlos y que los latidos se produzcan a un mismo tiempo. Es mi particular manera de robarte el corazón.

Pero no solo eso.

También te robo parte de tu paz interior. Te utilizo para calmar mi ansiedad. Son varios los mecanismos que uso. Cada cual más vil. Uno consiste en acariciar tu pelo durante el tiempo necesario hasta que se aplaque mi angustia. Otro utiliza tus manos para que recorran mi cuerpo y vayan sanando cada espacio que tocan. Otro recorre tu cuerpo con mis manos sin tocarlo, simplemente haciendo que tu calor y el mío sean uno solo. Nunca te lo dije pero es así. Tu me sanas

Sueño con no tenerte. Supongo que no lo sabes, pero algunos días, cuando sales de casa te sigo a cierta distancia observando como la luz besa cada uno de tus pasos. Me imagino que te acabas de cruzar conmigo y que no te conozco de nada. Y pienso en la suerte que tendrá el tipo que comparte tu vida. Llego a creérmelo, lo sueño despierto. Entonces aunque consciente me despierto y disfruto del placer de saber que ese tipo afortunado soy yo. Otro acto de egoísmo puro

Perdiste una diadema aquel fin de semana que viniste a mi casa, ¿lo recuerdas? No la perdiste; yo la escabullí para esconderla bajo mi almohada y que mi mano tropiece con ella cuando estás ausente. El olor de tu pelo sigue ahí, en ella, recordándome como me conviertes en cristal cada vez que me miras.

Muchas veces de las que te dije te quiero no era verdad…. o solo a medias. Porque muchas de esas veces, después de decírtelo te he mirado a los ojos con la esperanza de que me leas el pensamiento y escuches esa voz interna que está gritando mi verdadera realidad: que quiero fundirme en tu alma. Pero soy un cobarde y no lo grito. Solo te miro.

Mil veces me he preguntado cómo lo haces. Donde está tu secreto, como demonios consigues hacer que te desee una y otra vez cada instante que te acercas a mi, haciéndome vibrar, acelerando mi pulso, provocando un jadeo que a duras penas puedo ocultar.

No es solo deseo, es poder comprobar que después de hacer el amor contigo sigo enamorado de ti.

No pude evitarlo, lo siento. Hago todas estas cosas a escondidas, en secreto, sin que lo sepas. No se si pertenecen al reino de lo permitido por la pasión o de lo prohibido por el amor. Quizá pienses en preguntarme algo, en saber algo más, en descubrir los porqués. Mejor no lo hagas. Déjame con mis mentiras, mis secretos, mis deseos ocultos…me impulsan a amarte cada vez más.

Álvaro Alcántara


 

11 comentarios
  1. Gemma Segura
    Gemma Segura Dice:

    Que precioso post el de hoy querido amigo!
    Todas y cada una de las palabras están llenas de profundidad, amor, pasión y sentimiento. Un poema narrativo.
    Felicidades y un placer contar contigo en el camino 😉
    Abrazos,

    Responder
    • Alvaro Alcántara
      Alvaro Alcántara Dice:

      ¡Viniendo de tí Lola los halagos multiplican su valor! Como puse en un post anterior, “La pasión es una emoción crónica”. Ojalá todas nuestras pasiones sean crónicas….señal de que somos felices mientras perduren

      Responder
    • Alvaro Alcántara
      Alvaro Alcántara Dice:

      Mil gracias Julia por todas tus palabras. La verdad es que no hay nada más gratificante que saber que lo que has escrito le ha provocado a alguien un instante de felicidad. Con eso me doy por satisfecho.
      No me dejas más opción que hacer una segunda parte!! :))

      Un fuerte abrazo!

      Responder

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