Dejad avanzar a los que creen que sí pueden

Hay una famosa frase de Henry Ford que dice: ”tanto si crees que puedes como si crees que no puedes tienes razón”. Y hay quien añade: “por favor, dejad avanzar a los que creen que si pueden”.

Cuando uno observa su propia vida, repasando los momentos de logros y los momentos en que no lo conseguimos, es frecuente que nos encontremos con momentos en los que ante un reto importante buscamos el apoyo en los demás, creemos que la fuerza la encontraremos en otros, que esos “otros” nos convencerán que es posible ¿Te ha pasado alguna vez?

La clave para encontrar tu fuerza, tu para qué, tu motivación, en definitiva, está dentro de ti. La autentica razón para ello está en tu mente, en tu corazón, en la forma en que te miras y en la forma que te cuentas lo que ves. Buscar fuera es una opción pero no siempre es la más beneficiosa. Los otros tienen su propia forma de mirar el mundo, su propia forma de abordar los retos y posicionarse ante las circunstancias y por eso darles el poder de decidir cual debe ser tu mirada vital puede ser algo arriesgado.

Deberíamos aprender de esta ranita sorda:

Aprender que no debemos dar nada por imposible hasta que no tengamos más opciones, hasta que nos demostremos que es así. Y eso, en la mayoría de las ocasiones, es precisamente imposible… (esa es la paradoja de lo imposible).

Y deberíamos aprender a mirar a los demás y mirarnos a nosotros mismos con cariño. A encontrar en nosotros las fortalezas y las habilidades que ni siquiera sabemos que tenemos, a confiar en que ante la adversidad aparece la fuerza del reto, el gusanillo de la superación, que como hemos escuchado o leído en ocasiones, “creas aquello en lo que crees” y es cierto. Si creemos firmemente en algo y lo acompañamos con pasión y entusiasmo, aquello que soñamos termina por hacerse realidad, aunque obviamente hayamos puesto también el esfuerzo, la perseverancia y el tesón.

Te animo a que busques en tu interior, a que te rodees de las personas que confían en ti, incluso a veces más que tu mismo, y dejes fuera de tu frecuencia mental, emocional y corporal a aquellas personas que por sus propios miedos creen que todos serán como ellas, los que se crecen comparándose por abajo en lugar de mirar hacia arriba. Si miras hacia abajo te puedes tropezar.

Aprendamos de las simpáticas ranitas que confían y están motivadas y mantengamos esta enseñanza presente cuando nos relacionemos con la pareja, los hijos, la familia, los amigos, los colaboradores.

Recuerda que recibimos aquello que entregamos y si entregamos confianza y valor hacia los demás ¿Te imaginas lo que recibirás?


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