Esa voz interior que solo es tuya

¿Puedes oírme?

Leer, pensar o soñar me dan vida. Con frecuencia me llaman la voz interior.

Ahora, ¿me oyes bien? ¿Qué soy? ¿Soy una sola, o muchas a la vez? Nadie lo sabe.

No está claro si me oyes como a tu propia voz.

¿Soy texto? ¿Soy sonido? ¿Ambos? ¿Ninguno?

No importa, en realidad. Muchas personas están tratando de averiguarlo. Puede que encuentren la respuesta. Puede que no. Puedo que quede como un misterio. Para siempre.

Te invito a formar parte de la conversación íntima más importante de tu vida. Puede que resulte extraño, ya que sólo incluye una voz, una sola persona y varios puntos de vista. ¿Cómo puede ser posible?

Porque soy quien siempre has llamado mi.

¿De dónde vengo? Presta atención. Escúchame con cuidado. Parece que vengo de un lugar en tu cabeza, detrás de tus ojos. No puedes silenciarme a propósito. Sólo callo cuando duermes o cuando mueres. Soy quien experimenta. Soy quien juzga. Soy quien reflexiona. Soy quien hace planes. Quien confía y se enamora. Quien anhela.

Algunos piensan que tu cerebro y tu mente me han creado para que te sitúe, a ti y a todo lo que sientes, en el centro del mundo. Otros creen que soy quien le da sentido y significado a tu vida. También soy quien puede llenarte de tristeza, de dudas, de arrepentimientos y de terror. Al igual que tus ojos no pueden verse, soy la parte de ti que no puede percibirse a sí misma. Soy la única solución a tu acertijo más complejo: ¿quien eres realmente?

Tu, en cambio, eres quien siempre has llamado yo.

¿Quién eres al que llamas yo?

Eres al que los demás pueden ver.

Eres al que los demás pueden oír.

Eres al que los demás llaman por tu nombre.

Eres quien puede ver a los demás, quien puede escucharlos.

Eres quien puede tocarlos, quien puede llamarlos por sus nombres. Puedes oler las rosas, y sentir el viento en tu cuerpo. Puedes saborear.

Eres el punto de vista desde el que te asomas al mundo.

Eres quien percibe. Me das vida. Solo tu puedes oírme. Te hago pensar. Te moldeo.

Tu has aportado todo lo que ves, oyes, tocas, saboreas y hueles cada momento de nuestros días.

Yo he respondido a esas percepciones con la ayuda de nuestros recuerdos, añadiendo coherencia y estabilidad que te aportan seguridad. He hecho que nos sintamos reales.

¿Te gustaría verme? Ponte frente al espejo.

¿Puedes ver más allá del reflejo? Cierra los ojos.

¿Somos, tu y yo, capaces de sentirnos como un todo?

¿Reconocemos, tu y yo, a quien nos ha amado toda nuestra vida?

¿Podemos darle la bienvenida a quien solo tu y yo podemos llamar nuestro ser?

Es necesario que hagamos una pausa, ahora mismo.

Reflexionemos sobre lo que querríamos ser. Mirémonos de nuevo y sorprendámonos por todo lo que podemos imaginar y expresar.

¿Qué haríamos si pudiéramos hacer lo que más nos apasiona?

¿Qué deseamos ser de verdad?

¿Qué haríamos si no tuviéramos miedos?

Seamos sinceras.

No estamos en armonía. Tú y yo hemos estado aparte durante mucho tiempo.

No somos una unidad.

Lo que yo pienso y lo que tú dices son a menudo muy diferentes. Lo que dices pocas veces tiene que ver con lo que yo espero que hagas.

Pero muchas veces te he hecho sentir débil y vulnerable. Y no siempre fui capaz de darte el coraje que necesitabas.

Todo lo que tenías que hacer era decir NO, pero permití que te conquistara el miedo.

¿Qué merece ahora ese NO?

¿Y si fuéramos libres para aceptar que somos mortales, y para comprender que lo que da sentido a la vida es justamente la muerte?

¿Y si fuéramos libres para elegir tranquilidad por encima de todo lo demás?

Libres para disfrutar de eso.

Libres para disfrutar aquí.

Libres para disfrutar ahora.

Gemma Segura Virella


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