El cerebro se rige por el amor

Leyendo una de las contras de La Vanguardia de hace un par de años, descubrí que pasamos, aproximadamente, un tercio de la vida durmiendo, unas 6h comiendo, 5h esperando a alguien (algunos menos porque siempre llegan tarde) y solo 46h sintiendo que somos felices.

Si ese dato es cierto, significa que el camino de la vida debería ser el camino del desprenderse. Desprenderse de las certezas, de los juicios, de los miedos, de los resentimientos, de los rechazos y de los apegos. Desprenderse de todo aquello que paraliza y no permite avanzar. Desprenderse de todo aquello que le resta tiempo a esas 46h de sentir la felicidad.

Pero solo es posible si recordamos que lo que de verdad importa es lo que todavía puede ser, porque lo que fue ya nada importa. Si recordamos que en cada elección también estamos apartando algo y que a veces apartar es encontrar. Ese apartar se convierte así en algo imprescindible para aprender. Apartar cosas, personas, situaciones, creencias, sentimientos. Apartar todo aquello que hace imposible lo que todavía puede ser y quedarse con lo que lo permite.

He sobrepasado mi media de 46h de felicidad en mi vida y algo que siempre hago desde hace unos años es prestar atención cada vez que aparece un segundo de felicidad y conectarlo con la conciencia.

De lo primero que te das cuenta en la práctica es de las personas que de verdad cuentan en tu vida y de las pocas cosas que tienen valor. Que lo más importante es recordar que somos moléculas conectadas unas con otras y que contribuir a la felicidad de las personas con las que te sientes conectado es hacer lo mejor para ti.

Los niños, por tanto también los adultos, necesitan amor para desarrollarse y poder crecer. Toda carencia emocional sufrida deja una impronta en el cerebro infantil que determina el adulto que será en el futuro. La naturaleza, que es mucho más sabia que nosotros, sabe que es gracias a la capacidad de conectar, conferir amor, seguridad y afecto lo que ha permitido que nuestro cerebro se haya desarrollado.

Yo creo que el cerebro humano se rige por el amor, porque somos seres sociales y nuestros transmisores y nuestras estructuras neuronales se desarrollan en base a las interacciones con las personas con las que nos relacionamos. Necesitamos afecto para crecer, necesitamos seguridad para desarrollarnos y necesitamos atención de quiénes nos rodean para atendernos cuando lo necesitamos.

La forma en la que las personas usamos el pensamiento y lo que producimos con él depende del sentimiento que lo domine, de la motivación que lo promueve y de los propósitos que haya detrás. Por ello si el egoísmo se convierte en el motivo que conduce el pensamiento, el sentir y el actuar, el amor no tiene espacio para expresarse y crecer. El amor es la única fuerza capaz de establecer un verdadero vínculo entre las personas, un sentimiento de vínculo y pertenencia que permite la vida y la supervivencia en un mundo cambiante y repleto de amenazas.

Son todas esas emociones positivas las que crean raíces y ponen los cimientos para asegurar una vida segura, tranquila y feliz.

Un precioso texto de Derek Walcott para cerrar:

Llegará el día

en qué, exultante,

te vas a saludar a ti mismo al llegar

a tu propia puerta, en tu propio espejo,

y cada uno sonreirá a la bienvenida

del otro, y dirá, siéntate aquí. Come.

Otra vez amarás al extraño que fuiste para ti.

Dale vino. Dale pan. Devuélvele el corazón

a tu corazón, a ese extraño que te ha amado

toda tu vida, a quien ignoraste

por otro, y que te conoce de memoria.

Baja las cartas de amor de los estantes,

las fotos, las notas desesperadas,

arranca tu propia imagen del espejo.

Siéntate. Haz con tu vida un festín.

Gemma Segura Virella


 

2 comentarios
  1. Julia Socorro Santana
    Julia Socorro Santana Dice:

    No se cómo lo haces, supongo que con mucho amor. Cada vez que te leo crezco de forma exponencial… un año son diez años de sabiduría contigo, con tus lecturas, reflexiones, aportaciones. Gemma Segura Virella, eres amor.

    Responder

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