Semáforos rojos

Ayer, parada en un semáforo rojo, me preguntaba qué sería si todas las personas consiguieran aquello que se proponen, qué sería si todas hicieran para avanzar sin tener miedo a lo que vendrá, qué sería de un mundo donde el tiempo y espacio no importaran. Un mundo donde lo importante fuera SER.

Ayer, parada en un semáforo rojo, me preguntaba si la vida está llena de personas que esperan que alguien les diga qué uniforme deben ponerse, si la vida está llena de personas que esperan que les digan a qué hora se tienen que levantar, si la vida está llena de personas apresuradas por la vida, personas que caminan tan deprisa que no pueden parar para percibir cómo se sienten.

Ayer, parada en un semáforo rojo me preguntaba si vamos tan a prisa que ni somos conscientes de que el semáforo se ha puesto verde. ¿Nos habremos convertido en alguien que no queremos ser? ¿Vamos apresurados sin saber hacia dónde nos dirigimos? ¿Es la rutina nuestra dirección de cabecera?

Ayer, parada en un semáforo rojo, intuí que la vida está hecha para vivirla despacio, tan despacio que me de tiempo a llegar a su fin y estar siempre satisfecha de ella.  La vida está hecha para salir de casa, que alguien te sonría y te digas a ti mismo que todo está bien, a pesar de percibir que el resto del mundo vive apresurado.

Dice el maestro Thich Nhat Hanh, en uno de sus libros :

considerar que el semáforo en rojo es como una campana de conciencia que nos recuerda que debemos regresar al presente. La próxima vez que os encontréis con un semáforo en rojo, sonreídle, por favor, y volved a vuestra respiración. Inspirando tranquilizo mi cuerpo. Espirando sonrío. Es fácil transformar un sentimiento de irritación en un sentimiento placentero. Aunque sea el mismo semáforo en rojo, será distinto. Se habrá convertido en un amigo que os ayudará a recordar que solo podéis vivir vuestras vidas en el presente. 

La vida está llena de semáforos rojos. Pero la magia de ese momento y espacio nos ofrece un instante para sonreír, para inspirar y para agradecer ese momento de intimidad y presencia. Los semáforos rojos nos pueden recodar que solo existe el presente, el aquí y ahora.

Gemma Segura Virella


 

11 comentarios
  1. Nuria Sanchez Howe
    Nuria Sanchez Howe Dice:

    Buenos días,

    Que preciosidad de post! Nada más puedo añadir, además de que todos necesitamos un semáforo rojo en el transcurso de nuestra existencia 😉.

    #Felizmiercoles a tod@s.

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  2. Cath
    Cath Dice:

    Muchas gracias por llenar de positivismo ese semáforo rojo, que me parecía una.pared frente a mi. Pero fue genial la idea de espirar y convertir la irritabilidad por un sentimiento placentero. Es estar consciente y seguir nuestros objetivos.

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  3. Alvaro Alcántara
    Alvaro Alcántara Dice:

    Qué fácil es caer en la rutina y el dejarse llevar. Se hace imprescindible parar unas cuantas veces al dia, bien en un semáforo o cualquier situación que nos lo permita, respirar unas cuantas veces y parar la máquina mental para poder continuar conscientes de que somos dueños de cada instante.
    Un beso Gemma

    Responder
  4. Jordina
    Jordina Dice:

    Gemma ara miraré els semàfors en vermell d’una altra manera! En comptes de tenir ganes que es posin verds els gaudiré! Molt xula la reflexió i a més…efectiva.

    Responder

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