Hoy soy un mujerón, antes era solo una enterada

Diaro de una exploradora emocional: capítulo 16

Hace justo cinco días cumplí 39 años. Estoy entre el vértigo que produce la cifra y el orgullo de sentirme mejor que en toda mi vida. Se trata de una sensación de madurez dentro de la juventud difícil de explicar y muy muy divertida de vivir.

Ahora estoy en un punto en el que siempre que quiero algo lo pido sin reparos, desde la máxima que aceptaré cualesquiera que sea la respuesta. Por que ya he experimentado que sólo si marcas y verbalizas tus necesidades puedes obtener lo que deseas, que nada es imposible y que habitualmente la gente no usa las habilidades telepáticas para adivinarlas.

Ya no me callo si algo me parece mal, pongo mi marco de actuación claro y todo ello puedo hacerlo desde la calma y el amor propio y hacia el otro.
Me enfado ¡claro, como todos! Pero detecto rápidamente cuando me he disparado y me estoy dejando llevar, reconozco si me he equivocado y reparo los desperfectos si los he causado…

No me escondo detrás de la soberbia o de la falsa seguridad para demostrar mi valía personal, ya no. Ahora me doy cuenta de cuan imbécil había sido en el pasado, en ese sentido. Hoy soy un mujerón, antes sólo era una enterada con la última palabra (como diría mi madre).

Recuerdo cuando el gestor del banco me dijo un día que siempre sabía cuando había llegado por mis pasos al entrar… Ahora cuando entro en una de mis clases del gimnasio, puedo hacerlo descalza y la gente se gira igual… pero es distinto. Antes los golpes de tacón marcaban la necesidad de ser escuchada y admirada como muestra de valía y poder. Hoy mi energía de fuego natural irradia lo que soy, sin ruido, desde el corazón y el alma.

Ahora soy feliz porque he aprendido a vivir con alegría la mayor parte de los momentos de mi vida. Tengo arrugas de reírme hasta caer doblada en el suelo y de sonreírle a la vida constantemente. Me rodeo de las mejores personas que he encontrado y permito que las causalidades me sorprendan a diario.

Escucho a mi alma cuando me habla a través de la intuición durante el día a día, me dejo llevar por ella sin expectativas. Ya aprendí que éstas son innecesarias y causan frustraciones.

Hablo con las personas que amo a diario, semanalmente o cada mes y les muestro cuan grande es lo que siento por ellos. Recibo lo mismo, me siento amada y cuidada.

Sé lo que merezco, me valoro y me acerco cada día un poquito más a quien verdaderamente Soy.

Patrícia Arner


 

El amor mínimo exigible

Si alguien te pide compartir su vida contigo y aceptas que sea de manera incondicional. No esperes nada, que todo fluya. Pero mira que sea capaz de ofrecerte el “mínimo exigible”. Esas cosas que, por debajo de ellas, se convierten para ti en un amor a medias. Un amor a medias…¿qué triste, no crees?

Quizá es algo pretencioso, demasiado exigente, pero es que sólo tenemos una vida ¿no vamos a pedirle a la vida aquello que nos hace felices? Si no te conformas con medio traje, una comida que esté medio buena, un cuadro medio bien pintado o una casa que te guste solo un poco, ¿por qué le vas a pedir menos al amor? Busca un amor que te llene de verdad, una persona que te quiera como a ti te gusta. ¿Es mucho pedir?

Decía Silvio Rodríguez que “los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan allí”. Y es verdad. Amiga, amigo, si te la juegas que sea con una buena mano de cartas. Si vas a saltar que sepas dónde está el fondo.

Son decisiones que marcan nuestras vidas. No pasa nada por decir las cosas que nos gustan, que queremos y buscamos para ser felices. Igual que decimos las que no nos gustan. Haz tu carta de “amor mínimo exigible” para aquel o aquella que se acerque a tu vida. Algo parecido a esto, con tu mínimo exigible:

Me encantaría que entrases en mi vida aceptando como soy. Tengo muchos defectos y no los voy a cambiar. Acepte y aprenda a convivir con ellos desde el primer día.

Sólo quiéreme cada día y dímelo, aunque sea una vez, pero sincera.

No me juzgues, no intentes cambiarme, las personas no cambiamos. Es más fácil comprender al otro y tratar de ayudarle.

Me gusta sentirme una persona amada. Los gestos son muy importantes, como también lo es la ausencia de ellos.

Te pediré que me dejes dormir en tu pecho de vez en cuando. Así charlaré un rato con tu corazón, en una conversación íntima y sin más testigos.

Hacer el amor mirándose a los ojos se convierte en un momento donde se responden muchas preguntas sin decir una sola palabra.

No voy a permitir ni una sola humillación, ni un gesto de fuerza, ni un insulto, ni una amenaza. Si alguna vez piensas en hacerlo no pasa nada. Sal por la puerta igual que entraste y busca otro amor que sea un amor a medias. Yo busco el amor a tiempo completo.

Si alguna vez me ves triste, distante y sin ganas de hablar no preguntes qué me pasa. Regálame un abrazo largo, donde pueda arrojar el miedo y donde encuentre comprensión por unos minutos.

Cuando alguien mira tu cuerpo como si fuese la primera vez, está recitando un poema desde el silencio.

¿Dónde te gustaría que estuviésemos dentro de 20 años? Es importante vivir sabiendo que se comparten proyectos comunes.

A veces es importarte hacer sentir único al otro. Es la forma de construir el amor cada día.

A cambio de todo esto, me comprometo a hacer lo mismo con tu mínimo exigible.

Y ya sé que no hay que exigir nada al otro, que hay que aceptar, que hay que dar amor sin esperar nada a cambio…todo eso lo sé. Pero un ejercicio así nos desnuda ante el otro. Estás diciendo: estos mis sueños ¿puedes cumplirlos?

¿Cuál es tu mínimo exigible?

 

Queriendo ser modificada

Queriendo ser modificada, me exilio del reino de la armonía para volver a probar nuevos maestros.

Quizás, nunca me moveré de mi espacio y el pasado siempre tendrá la puerta entreabierta.

Quizás los distintos amantes, no sean lo suficientemente hermosos y comprometidos.

Quizás lo que mejor voy a atesorar, será lo que más me oprima.

Dar es crear y ser es vivir. Aunque no entedamos nada, sino lo que nos cuentan de nosotros mismos los otros que nos miran, la vida debe ser modificada, por eso… “baja el sonido de lo que no deja dormir, sube el equalizador y mueve los bits con tu algorimo del amor, porque el silencio, sólo despista y el viaje es largo“.

Llegas a la conclusión de que no hay libro, ni orador ni meditación con mejores resultados que aquellos donde tú, involucras tus energías.

Llegas a la conclusión de que los maestros que nos amaron, nos hicieron renacer en la efimera felicidad elegida.

Llegas a la conclusión de que cada vez que dejas de ser constante empiezas de nuevo de cero, como si en vez de ser la espiral de un caracol fueras el bucle de un código de programación.

La vida debe ser modificada, por eso… “hacemos un paréntesis, el vinilo ya silenció, el perro se despistó y las energías no se alinearon“.

Queriendo ser modificada busco otro maestro, como si fuera un gif y no encuentro lo que busco: conocerme, adaptarme, confiarme.

Quizás es mejor a los veinte o a los treinta, que llevas las energías de la juventud y lo desconocido en el mismo coctel que bebes, porque a los entreñables cuarenta los sentimientos están más tiernos y tenemos que volver a aprender sin padres; contigo, y los mofletes se me sonrojan mientras me muestro en el camino.

Julia Socorro


 

Aprender a vivir

Alejandro Jadad, doctor en Medicina y Filosofía colombiano-canadiense explica en alguna de las muchas entrevistas que le han realizado que cuando cumplió 50 tuvo una ceremonia privada con su familia nuclear. Después de los 15 minutos encerrado en el ataúd, su familia lo abrió y le ayudó a salir. Dice que fue maravilloso y decidió que a partir de ese momento se arrojaría al mundo como un ser auténtico, consciente de su muerte y dispuesto a explorar todas las posibilidades para vivir plenamente. Desde entonces divide el tiempo en el que está despierto en periodos de una hora que él los llama unidades de vida, en las que acepta la invitación a imaginar que un ser con poderes mágicos nos ofrece la oportunidad de repetir la vida un número infinito de veces, sin poder cambiar nada, por pequeño que sea. Esto, lo hace para darse cuenta de que sería horrible repetir infinitamente lo que ya hemos vivido.

Me surgen algunas preguntas siguiendo la teoría de Jadad, estoy leyendo su libro El festín de nuestra vida, para ver si resuelvo algunas de ellas:

¿Qué significa vivir? ¿Es posible aprender a vivir, o aprender cómo vivir? Según Jadad el tiempo que nos dedicamos a nosotros mismos es el único tiempo que vivimos. Dedicamos tiempo a hacer cosas que no queremos hacer y eso conlleva desperdiciar el tiempo. Si sumamos las horas que dedicamos a hacer aquello que no queremos hacer, o aquello que ni siquiera sabemos si queremos hacer porque ni nos lo preguntamos ¿cuánto tiempo vivimos? Si vivimos poco tiempo ¿qué hacemos el resto de tiempo?

¿Aprender a morir es la mejor forma de aprender a vivir? ¿Aprender a morir significaría el final de nuestra capacidad para reconocernos como seres y dejar de percibir lo que pensamos, lo que sentimos y lo que experimentamos? La muerte, entonces ¿es una forma de dejar de escuchar nuestra voz interior? ¿La muerte sería entonces una forma de dejar de sentir y la vida una forma de comprender lo que ello significa? ¿Es ese el mido que tenemos ante la muerte, el de dejar de ser conscientes de lo que somos? ¿Es entonces el sentido de la vida una percepción que nos debería arrojar a vivir una vida plena, llena de amor y de disfrute máximo? ¿Solo aprendiendo a morir se puede vivir real, plena y libremente?

Jadad lidera la Iniciativa Global para una Buena Muerte, que busca determinar las condiciones mínimas que todo ser humano debe tener en los últimos momentos de su vida. Han identificado diez condiciones fundamentales de una buena muerte, independientemente de la cultura, de las creencias o de las condiciones socioeconómicas. Son las siguientes

  • Morir en el sitio que la gente prefiera.
  • Tener autonomía sobre las decisiones médicas.
  • Tener la posibilidad del suicidio asistido o la eutanasia.
  • Evitar las medidas artificiales innecesarias.
  • Controlar el dolor y el sufrimiento emocional.
  • Permitirse el desarrollo de la espiritualidad y las manifestaciones religiosas.
  • Estar al lado de la familia y los amigos.
  • No ser una carga para las otras personas.
  • Ser conscientes del significado de lo que está sucediendo.

Otra de los descubrimientos es que cuando una persona comprende que le queda poco tiempo de vida decide que su prioridad es buscar la felicidad y para lograrlo es importante contar con un grupo de seres queridos que acompañen a la persona en sus últimos días. Una preciosa, humana y placentera forma de vivir y compartir el final de la vida porque se protege la capacidad de dar y recibir amor y ser feliz hasta ese final.

Una última pregunta, para la que tengo respuesta ¿le tengo miedo a la muerte?

Sí, si escucho profundamente en mi interior tengo miedo a morir, pero he decidido aprender a vivir mientras la muerte no llegue y sé  que una vida consciente tiene muchas más posibilidades de ser una vida vivida. A por ello!

Gemma Segura Virella


 

Las cosas sencillas

Cuando la vida se complica, todo se vuelve oscuro y difícil, y entonces te metes en ese laberinto del que sientes que nunca más podrás salir. Lloras de rabia e impotencia porque tú, lo que siempre has querido, es aquello que resulte sencillo, simple y transparente.

Dices que te sientes abrumado por no saber nunca dónde está en realidad el problema y por eso no encuentras las soluciones. Antes eso no era así, todo parecía fácil y claro. Cuando algo iba mal, lo cambiabas o lo ignorabas, pero no lo cargabas encima sin saber en realidad el motivo, sólo porque crees que debes hacerlo.

No quiero una vida complicada, aunque a veces todo el mundo se empeñe en cambiar de carril sin avisar, en quitar los carteles que me permiten orientarme, en disfrazar las palabras que ya no dicen lo que quieren decir, en desviar la mirada sin hacerme saber en qué les he fallado, en no escucharse ni escucharme.

Me gusta saber con quién estoy y por qué, me gusta amar cuando soy amado e ignorar cuando soy envidiado, me gusta tomar el Sol en paz, me gusta el mar y el agua en movimiento, me gustan las miradas tranquilas que se entretienen en mis ojos, me gusta el silencio cuando no es un preludio del infierno.

No sé cuándo se pasa de lo frágil a lo insensible, cuándo nos encerramos en nuestras cajas de miedo y de razón, cuándo dejamos de gritar si algo nos duele o cuándo nuestro dolor se compensa con el dolor ajeno. No sé cuándo pasó todo esto, ni si alguien me pidió participar en este juego macabro de correr hacia el vacío.

En las reglas de esta vida no está escrito que todo deba ser siempre más confuso, que todo gire sobre sí mismo hasta perder de vista el inicio y el final, que todo se difumine cuando crees que ya estas cerca de la meta.

Solo quiero vivir de cara, con la luz en el pecho y el sonido de mi propia respiración acompasado con los pasos que me llevan hacia un camino sin prejuicios, donde la vida no se retuerce, ni se para, ni se muere.

Un lugar de cosas simples, donde soy, estoy y envejezco, sabiendo que el horizonte siempre me espera para velar por mis sueños.

Soy corazón, razón y un solo cuerpo, todo eso y nada más que eso.

Si me acompañas deja atrás tus resuellos, olvídate de las promesas, no dejes que te atrape el miedo.

Si me acompañas, alza por fin el vuelo.

Cuando todo se vuelva claro, será por fin el momento, la llamada perdida de un eco que te llevará de la cima hasta el suelo.

Y allí, por fin, dejarás atrás el tiempo http://www.ien.es/ca/blog/musica-classica/

Víctor Panicello


 

El cerebro se rige por el amor

Leyendo una de las contras de La Vanguardia de hace un par de años, descubrí que pasamos, aproximadamente, un tercio de la vida durmiendo, unas 6h comiendo, 5h esperando a alguien (algunos menos porque siempre llegan tarde) y solo 46h sintiendo que somos felices.

Si ese dato es cierto, significa que el camino de la vida debería ser el camino del desprenderse. Desprenderse de las certezas, de los juicios, de los miedos, de los resentimientos, de los rechazos y de los apegos. Desprenderse de todo aquello que paraliza y no permite avanzar. Desprenderse de todo aquello que le resta tiempo a esas 46h de sentir la felicidad.

Pero solo es posible si recordamos que lo que de verdad importa es lo que todavía puede ser, porque lo que fue ya nada importa. Si recordamos que en cada elección también estamos apartando algo y que a veces apartar es encontrar. Ese apartar se convierte así en algo imprescindible para aprender. Apartar cosas, personas, situaciones, creencias, sentimientos. Apartar todo aquello que hace imposible lo que todavía puede ser y quedarse con lo que lo permite.

He sobrepasado mi media de 46h de felicidad en mi vida y algo que siempre hago desde hace unos años es prestar atención cada vez que aparece un segundo de felicidad y conectarlo con la conciencia.

De lo primero que te das cuenta en la práctica es de las personas que de verdad cuentan en tu vida y de las pocas cosas que tienen valor. Que lo más importante es recordar que somos moléculas conectadas unas con otras y que contribuir a la felicidad de las personas con las que te sientes conectado es hacer lo mejor para ti.

Los niños, por tanto también los adultos, necesitan amor para desarrollarse y poder crecer. Toda carencia emocional sufrida deja una impronta en el cerebro infantil que determina el adulto que será en el futuro. La naturaleza, que es mucho más sabia que nosotros, sabe que es gracias a la capacidad de conectar, conferir amor, seguridad y afecto lo que ha permitido que nuestro cerebro se haya desarrollado.

Yo creo que el cerebro humano se rige por el amor, porque somos seres sociales y nuestros transmisores y nuestras estructuras neuronales se desarrollan en base a las interacciones con las personas con las que nos relacionamos. Necesitamos afecto para crecer, necesitamos seguridad para desarrollarnos y necesitamos atención de quiénes nos rodean para atendernos cuando lo necesitamos.

La forma en la que las personas usamos el pensamiento y lo que producimos con él depende del sentimiento que lo domine, de la motivación que lo promueve y de los propósitos que haya detrás. Por ello si el egoísmo se convierte en el motivo que conduce el pensamiento, el sentir y el actuar, el amor no tiene espacio para expresarse y crecer. El amor es la única fuerza capaz de establecer un verdadero vínculo entre las personas, un sentimiento de vínculo y pertenencia que permite la vida y la supervivencia en un mundo cambiante y repleto de amenazas.

Son todas esas emociones positivas las que crean raíces y ponen los cimientos para asegurar una vida segura, tranquila y feliz.

Un precioso texto de Derek Walcott para cerrar:

Llegará el día

en qué, exultante,

te vas a saludar a ti mismo al llegar

a tu propia puerta, en tu propio espejo,

y cada uno sonreirá a la bienvenida

del otro, y dirá, siéntate aquí. Come.

Otra vez amarás al extraño que fuiste para ti.

Dale vino. Dale pan. Devuélvele el corazón

a tu corazón, a ese extraño que te ha amado

toda tu vida, a quien ignoraste

por otro, y que te conoce de memoria.

Baja las cartas de amor de los estantes,

las fotos, las notas desesperadas,

arranca tu propia imagen del espejo.

Siéntate. Haz con tu vida un festín.

Gemma Segura Virella


 

Mil formas de demostrar el amor

Diario de una exploradora emocional: capítulo 15

Facebook me dice hoy que hace un año que somos amigos, que curiosa incerteza…

La amistad es la forma de Amor más bella que existe, lo creo firmemente. Incluso es la primera premisa necesaria en una relación de pareja. Eliges libremente quienes forman parte de tu vida y amarles sin medida ni juicio es un regalo que das y recibes.

Hay mil formas de demostrar el amor, pero ser consciente de ello es más complicado.

Entregarse a la vida significa aceptar quien eres, qué sientes y mostrarlo sin miedos, significa amarse plenamente aún con todo. La amistad implica cuidar del otro, también compartir y compartirse.

La amistad hay que empezarla por uno mismo. Si no serías tu propio amigo, no te amas lo suficiente para amar a nadie. No debes engañar a los demás con lo que muestras de ti.

La vida es demasiado bella para perder el tiempo y la energía con personas que no se aman y no saben amar. Tampoco hay que intentar enseñarles. Se darán siempre las posibilidades necesarias para que eso ocurra y escoger hacerlo es sólo una elección personal. Amarse implica cuidar de uno mismo, por tanto alejarse de lo que nos daña es nuestra obligación.

Me gusta apreciar los matices de la amistad, poder mostrarme con absoluta naturalidad ante los que amo sabiendo que sólo si Soy, sigo cuidando de mi.

Y sabiendo que garantizo lo mismo para los míos, que conmigo pueden ser, sin máscaras, y cuidaré de ellos.

Por ello, cuando Facebook habla de amistad, sólo puedo estar agradecida por saber apreciar estos valores y seguirme amando.

Patrícia Arner Gusart


 

Limitando el amor

¿hay límites para el amor?
imagina limitarlo al norte con el fin del horizonte, aquel lugar donde termina lo visible
Por qué no limitarlo al sur con las puertas del alma humana, allá donde se crean las emociones
En el este, el límite lo situaríamos allá donde comienza el dolor. Esa frontera no la cruzaremos nunca
Al oeste lo limitaremos con la humildad, la comprensión y el aquí y el ahora. Serán nuestros anclajes
¿acaso hay límites? ¿son necesarios? ¿se puede limitar el amor?
Quizá los bordes del amor se encuentren en las fronteras de uno mismo
puede que a medida que nos descubramos, esas fronteras se ensanchen como universos en expansión
o puede que todo esté marcado, que exista un umbral de amor que no debiéramos traspasar
un umbral en el que se encuentren los apegos
de momento, quiero pensar en lo infinito del amor
imaginarlo como algo inabarcable y abundante,
un derroche de bondad….
Alvaro Alcántara

Las oportunidades son la diferencia

Fue en septiembre del dos mil diecisiete cuando tras un gran incendio humano, la vida de estos pinos dejó de ser lo mismo. Llamas de hasta treinta metros asolaron los jóvenes bosques de pinares isleños en la isla de Gran Canaria, y sólo la lluvia fue capaz de controlar un fuego que nos hacía sentir fracasados, como parte del ecosistema canario.

En medio de toda perturbación se desarrollan las estrategias de la resilencia, la del Pinus Canariensis es rosa, y recibe la nieve en medio de uno invierno gélido este mes de febrero. Por eso, en esta poética fotografía que nos captan con tanta emoción podemos diferenciar los pinos más castigados por el fuego con ese rojizo-rosa que nos mira de frente.

El Pinus Canariensis ha aceptado sin saberlo el fuego tras las erupciones volcánicas y hoy acepta el fuego del ser humano. Siempre persevera, siempre está regenerándose. Al final se trata de resistir o morir, con cada perturbación que llega a nuestras vidas.

El ser humano es pura transformación en medio de mucho amor. Primero tenemos la capacidad de encontrarnos, de mirarnos y reconocernos y luego escogemos la amistad o la reproducción sexual, y todo esto para crecer “a hombros de gigantes”.

La risa es vida que nos regalan, la escucha, la convivencia, los abrazos. Todo nos regenera, nos estabiliza y lo optimizamos a través de la luz y el camino de los otros y de nuestros reflejos en ellos.

La poética fotografía del nativo pinus canariensis con su resilencia rosa, son mujeres y hombres que se autoregeneran cada día y forman parte de nuestro sistema.

El cáncer se viste de rosa y es una de las mayores muestras de resilencia tras grandes daños enigmáticos propios del ser, y por otra parte, generados por los consumos industriales de todo tipo de estrés que nos generamos.

Estremece el rosa… Te miro con tu resilencia rosa, que tras trece millones de años eres capaz de seguir comunicando.

La vida imperfecta del rosa, con raíces que se aman tanto a si mismas que no solo luchan por sus ideas y supervivencia, sino que realizan tras cada incendio el rebrote, porque aprovechan estar quemados, para estar vivos y realizan la lluvia de semillas, continuando la especie en mayor porcentaje, que si tuvieran que hacerlo por un proceso natural veraniego.

El poema hoy es rosa, porque fracasar luchando es aceptar sin saberlo.

Julia Socorro

Fotografía de Santi Blanco. Lugar de la fotografía: Pozo de las Nieves. Gran Canaria.


 

Cuando vuele con el viento

Cuando siento la presión es que ya he ido demasiado lejos.

Soy de los que aguanto el dolor, las quejas, las impertinencias, el sarcasmo e incluso que las premisas falsas.

Lo entiendo casi todo, sea injusto, inmaduro, caprichoso o aprovechado. No me importa aceptar tus argumentos, aunque sepa que se basan en algo que te has construido sin pararte a pensar en qué parte es cierta y cual solo conveniente.

Asimilo que, a veces, las personas racionales se vuelven emocionales y a la inversa y que casi nunca te avisan de que gorra llevan ese día.

Guardo silencio ante tu ira, tu egoísmo o tu falta de compromiso real. No te muestro tus debilidades ni intento meter una cuña en ellas esperando que eso me favorezca en esas mil batallas que iniciamos en otros tiempos.

Me contengo.

Subo el listón de mi muralla.

Sin embargo, cuando siento la presión, esa molestia que no me deja pensar, que no me deja sentir, que no me deja razonar, es que algo va ya muy mal. Trato a menudo de contenerme, de volver a esa paz interior que ya he perdido y que se esconde de mi porque no quiere estar presente cuando todo reviente. Y eso es lo que pasará, que llegará una señal que me dirá que ya es hora, que ha llegado el momento de iniciar mi marcha.

Y entonces me iré.

Nada de lo que digas, hagas o lamentes podrá entonces detenerme. Me iré para no gritar, para no decirte todas esas cosas que he cargado en mi mochila hasta tenerla llena a rebosar. Me iré para no decirte que te di tiempo, comprensión y cien oportunidades de aprender a quererme una vez más.

No volveré.

Aunque oiga tus lamentos, entienda tus razones y consuele tus lágrimas. No volveré y tu vida y la mía serán otra vez tu vida y la mía y no la nuestra como lo fue durante tanto tiempo. No era eso lo que querías cuando reclamabas mi atención, mis caricias y mis silencios. No era eso lo que esperabas cuando golpeabas una y otra vez nuestro deseo de sentirnos como éramos en ese entonces que nunca fue. No era eso, aunque nunca te importó si tus embates causaban heridas.

Ahora las ves reflejadas en la soledad de tus miedos, en la tristeza de tus ausencias, en ese vacío que quedó en nuestra cama.

Cuando siento la presión, ya no soy quien era ni todavía quien quiero ser. Solo sé que es momento de partir, de empezar de nuevo el viaje, de dejar atrás las despedidas, el despecho y los reproches.

Hoy abro la puerta y comienzo a caminar de nuevo.

Víctor Panicello


 

Un paseo por la vida

Vivimos dirigidos por una serie de pensamientos, conductas y reacciones emocionales memorizados (temor, culpabilidad, falta de autoestima, enfado, prejuicios…) que son muy adictivos y que funcionan como programas informáticos instalados en el subconsciente.

Aprender no es suficiente. Has de aplicar lo que aprendes, y cuando empiezas a experimentar las emociones de esa experiencia, entonces literalmente das nuevas señales a tus neuronas y creas nuevas sinapsis: a eso se le llama evolución.

Cambiar significa ir más allá del entorno, el cuerpo y el tiempo. Podemos hacer que el pensamiento sea más real que cualquier otra cosa, y lo hacemos a diario: si estamos conduciendo por una carretera pero concentrados en nuestro pensamiento, no vemos la carretera, no sentimos nuestro cuerpo y no sabemos cuánto tiempo ha pasado. Ese estado es el que utilizamos para crear.

Una vez tenemos una visión, nuestro comportamiento debe responder a las intenciones. La mente y el cuerpo deben trabajar juntos. Tenemos que escoger de manera distinta de como hemos escogido para que pueda suceder algo nuevo. Si quieres crear una nueva realidad personal, tienes que, literalmente, convertirte en otra persona.

Si podemos enseñar al cuerpo a confiar en el futuro y vivir en la alegría, creamos nuevas conexiones. Una atención clara y una emoción elevada cambian el destino.

En las diferentes prácticas que me han ayudado a esa evolución el Mindfulness tiene un papel muy importante, porque es una forma de regresar a uno mismo, de reconectar y reintegrar una práctica que hemos perdido con el transcurso de los años. En un inicio me ayudó a mejorar el bienestar y la salud y en una segunda fase me ha permitido conectar con mi esencia.

Está de moda ser feliz, pero la felicidad no es algo que nos pongamos poner y combinar con unos pantalones. En realidad ser feliz es una decisión que hay que tomar todos los días, y poco o nada tiene que ver con lo que pasa ahí afuera, fuera de nosotros.

A veces es necesario pasear de la mano con la tristeza para entender que en la otra, nos espera la alegría. La serenidad con la que afrontamos todo lo que la vida nos pone por delante y la actitud con la que damos la cara a los problemas, nos convierte en personas únicas y especiales. Una flecha puede ser disparada solamente si es tirada hacia atrás. Cuando la vida te arrastra con dificultades, que lo hará tarde o temprano, tal vez signifique que vas a ser lanzado hacia algo grande. Cuando eso suceda, que sucederá, sólo concéntrate, respira y mantén tu dirección. Deja que las cosas sucedan.

Hace ya un tiempo que descubrí que todavía estoy aprendiendo a conocerme y día a día descubro algo nuevo en mí. Algunas cosas me gustan y otras no tanto. Y en este viaje, a veces voy tan despacio que me pierdo o me aburro, en cambio otras pierdo el equilibrio. Pero también sé que la el viaje no es una carrera, es un paseo por la vida.

Gemma Segura Virella


Valientes que nos amen

Diario de una exploradora emocional: Capítulo 14
Día 1 de enero, llamada telefónica con mi hermana y catarsis común como acto de reflexión del presente, pasado y futuro próximo e inmediato.
No son sólo los efectos del bajón propio de dormir poco y bailar en la intimidad celebrando una nochevieja diferente.
Tras un año de exploración personal bestial dónde la orgía de emociones ha sido descomunal, hemos determinado que necesitamos Valientes que nos Amen que, a pesar de todo, se queden. Por que somos mujeres guerreras que poco nos acobarda. Y si algo lo hace, nos sostenemos las unas a las otras y nos enfrentamos a ello de cara.
No somos fáciles, seguro. Pero damos amor a borbotones, somos leales y capaces de cualquier imposibilidad para cuidar a los nuestros. La honestidad, lealtad, libertad, la familia, el amor y valentía son valores pilar en nuestra vida. Independientes y capaces de sostener nuestras vidas, hijos, disfrutando de los instantes vividos, de nuestro trabajo, de los amigos, la familia. Sobrellevando cualquier inconveniente, permaneciendo siempre, sin escapar, encajando lo que llegue.
Necesitamos valientes que nos amen, que nos cuiden a nosotras también. Que no se acobarden y nos sostengan cuando nos flojean las piernas, cuando las hormonas nos ponen contra la pared y el drama llega. Y los necesitamos por que lo merecemos. Todos merecemos vivir para dar y recibir amor, todos merecemos dar y recibir amor.
Por que ellos también son vulnerables y fuertes, son pilares familiares, son guía y sostén. Con su abrazo son capaces de borrar de un plumazo los miedos. Son niños y hombre, ellos son amor igual que nosotras. Ellos tienen dudas, se asustan y sólo si saben que tienen una mujer valiente a su lado, que les ama con sus virtudes y defectos, pueden mostrarse sin pudor, tal cual. Pueden hacerse mejores personas, también.
La vida es demasiado bonita para esconderse. Las prisas son “una mierda pinchada en un palo”. No te preocupes, ocúpate. Date tiempo, respira profundo. Medítalo, cuenta hasta diez. Ama como si fuera el último instante de vida. Ríete de ti mismo y hazlo junto a otros, también. Baila como si no te viera nadie. Besa con todo tu cuerpo.
No juzgues al otro, no sabes el drama por el que puede estar pasando. Abrázate, cuídate y déjate en paz cuando no te soportes.
Enamórate cada instante de la vida. Enamórate de un valiente que te Ame.
Patrícia Arner

Viviendo en sueños

En mi sueño sentía tu mirada sobre mi cuerpo dormido

mientras acariciabas cada espacio que tus dedos encontraban a tu paso.

Aprendía como hacerme el dormido en sueños

y como intentar despertar dormido.

Pero en aquel sueño decidí no moverme, no abrir los ojos

por miedo a despertar y que la realidad estuviera allí.

Decidí entonces seguir viviendo en aquel sueño,

donde la realidad la creaba yo mismo.

Podía manipularlo para que siguieras acariciándome

y aquello se convirtió en el juego perfecto,

donde yo soñaba en mi sueño que estaba despierto

Y tú, estabas despierta mirando como yo soñaba.

Pero entonces, me invadió una sensación distinta,

algo se produjo en el universo de lo real.

Las caricias eran más intensas y tus dedos transmitían el calor.

Era el despertar y con él, algo mucho mejor que el sueño,

era la realidad de tus manos, de tu cuerpo junto al mío.

Me desperté de un sueño perfecto

Y me encontré viviéndolo despierto.

No hay nada con pedirle un sueño al universo

Para que este se encargue de traerlo a tu lado.

Alvaro Alcántara


 

El pequeño Picasso

Fue el pequeño Picasso quien pintó de azul la soledad imperfecta, el momento impreciso de la aceptación de la despedida y la agonía física y moral. Desde entonces, la pena, penita pena es más azul que nunca.

“Él es joven, su familia era pura festividad y cuando su hogar se quedó vacio, el silencio le permitía escuchar el ruido de la toalla al secarse, la CPU (Unidad central de procesamiento del ordenador) del vecino y el andar de la anciana del quinto.

Empezó a sufrir estrépitos en su cabeza. Llamaba a la policía para lograr cerrar el taller de coches de toda la vida, pues el metal le dolía. Hizo cambiar la puerta del garaje de la comunidad. Aquella puerta nueva, recien pintada.

Llamaba a las casas de los vecinos y las resgitrada. La oreja la crecía, la pegaba a la nevera, a la lavadora. Media los decibilios de la wifi, del clic del ratón.

Él es joven, se había quedado solo, sin mujer, sin los dos hijos. Nunca tuvo perro. Nunca tuvo trabajo estable. Nunca abrió la puerta cuando su festividad inundaba en la hora de la siesta los sueños de la anciana del quinto.

Él no conoce a Picasso, ni su etapa azul. No sabe que lo veo azul cuando me lo encuentro en el ascensor del edificio. Tan poco sabe que lo queremos y lo aceptamos con festividad o con ruido en su cabeza. En silencio pintamos su sonrisa por unos segundos al día en los pasillos o escaleras. Lo escuchamos contándonos al estilo de la Metamorfosis de Kafka sus luces y sombras. Incluso, le abrimos la puerta de nuestro hogar, para que busque lo que le falta.

Él no está pasando por tiempos ni buenos ni malos, sólo azules. Un azul tranquilo y apacible para algunos y brutalmente doloroso para otros.

Él es joven, está aprendido y nosotros, los vecinos, más que él.”

Julia Socorro


 

El olvido

Vienes y me cuentas tus penas y yo, sin pensar que tal vez tenga otra alternativa, las absorbo, las mastico, las digiero, las hago mías.

Sin embargo, con cada confesión se abre paso algo en mi interior, una sensación a medio camino entre la compasión y el desprecio. Lo siento, es así, aunque no te lo digo porque realmente no creo que te importe, al fin y al cabo, tú solo quieres que alguien te escuche, solo necesitas un muro al que lanzarle tus piedras.

Soy tu cojín de las pesadillas, de los sueños que no te atreves a soñar, de los miedos que no te atreves a enfrentar. En esos momentos me utilizas, lo sé muy bien, aunque te escondas bajo esa capa de dolencia fingida que crees que me engaña una y otra vez.

Y otra.

Y otra.

En el fin de nuestros días de amor, apenas cumples con el ceremonial que nos impusimos cuando todo en ti era alegría, cuando todo en mi era esperanza. Me sonríes si te miro, pero dejas de hacerlo si vuelvo la cara. Y en ese momento desaparecen las sombras de nuestro mundo y dejan al descubierto que algo nació muerto en nuestra historia de silencios sin resolver.

Nadie, salvo tú ha sabido deleitarme con mi propio reflejo en el espejo de esos ojos que ya no me ven. Nadie, salvo yo, ha llorado tus ausencias mientras tu cuerpo yacía, dormido o muerto qué más da, en el lado oculto de nuestra cama. En ese lugar secreto donde tanto nos amamos, nos odiamos, nos deseamos, nos calcinamos e incluso nos fundimos en esa materia traslucida de la cual surge un mundo tras otro.

Tras nosotros, llego el olvido.

Tras cada despecho, el olvido.

Tras cada mentira, el olvido.

Vienes y me cuentas tus cosas y yo, sin pensar en nada, trato de mostrarte esa cara sin rostro mientras pienso en todo aquello que pudimos haber sido.

Tras de ti i de mí, el olvido y el fin de las brumas que nos enfrenta a lo que somos.

Víctor Panicello