Irse no es dejar de estar

Sobrevivimos gracias al amor entre las montañas y valles de la vida. Irse no es dejar de estar, porque nunca dejarás de estar en mi, por mucho que lloré por el bonito amor que me ensañas cada día.

Amor de madre, amor de hermana, amor de amiga, amor, amor, amor… Sino no es por el amor… ¿Cómos sobrevivimos a la adversidad de la vida?

Estás y ocupas las sensaciones que acaricio, las que me bebo en cada copa de champan celebrando que seas yo.

Estás y ocupas cada brisa de aire en cada viaje, donde cruzo calles que me narran la vida.

Siempre estarás y pocos amores ocuparán el mínimo espacio que albergo en mi corazón.

He sobrevido sin saberlo la infancia más feliz, que un ser puede tener, gracias a tu amor, su amor y el amor en sí.

He cruzado puentes andando y ríos naufragando, porque la fuerza que me acompaña en cada paso, la que me quería arrastrar a la cascada, la contuve firmeza, tan firme era, como tu devoción por mi.

He llorado tu ausencia antes de que te vayas, tan solo por ponerme a imaginarme cómo me mantrendría con vida, sin poder acaricir tu piel suave, llena de pliegues. Esa piel tan vivida que tanto imploro y amo.

Vivo horas de insomnio custodiando tu salud, el aire que respiras y no siento libertad, si te vas.

Sobrevivimos gracias al amor, ese amor que no se encuentra fácilmente en esta vida.

No todos los seres de luz entran en nuestro corazón. Por eso, al encontrarte sé que algún día, también serás parte del amor.

Irse no es dejar de estar. Los vínculos son conexiones para toda la vida. Una vida que no se sobrevive a menos cero grados, sin el placer de ser la persona más amada.

El placer se sentirse así, se nutre con personas sabias que llegan a ti. Es verdad que el ser humano cuando se transforma, logra tal sabiduría. También es verdad, que muchas veces caminamos hacia el fin del camino, sin encontrar ninguna prueba de amor que nos permita sobrevivirlo de forma apacible, sino que llegamos llenos de heridas y desorientados.

Ser la mujer más amada no es lo mismo que ser la mujer más satisfecha.

Llorar de amor por quererte tanto, es un regalo de la vida. Incluso cuando cantas las canciones más románticas en la barra del bar con tus amigos, porque en ese momento activas el clico del amor que empieza de nuevo sin explicación, y de forma inconsciente. Entonces, volverán los días felices, bajo la penumbra de los amores ya vividos.

Morir de amor, ante la soledad más inmensa que es quedarse en la orfandad.

Morir de amor, ante la soledad tan intensa que es quedarse sin los proyectos de futuro soñados juntos.

Cuidar de ti, antes de que deje tu corazón de palpitar, me colma tanto, me sosiega con tanta paz, que siento la iluminación del arco iris en mi. No temas si tu mano transmite frío a la mía, porque esas horas que nos velan antes del último suspiro, te daré calor.

Irse, no es dejar de estar.

Julia Socorro


 

Esto ya no va de paciencia

Diario de una Exploradora Emocional, capítulo 19:

Escribir implica ordenar y embellecer ideas, darles forma, comprenderlas. Describir emociones y sensaciones no es fácil, por intangibles.

Ellas aparecen sin previo aviso, algunas arrollan y hay que reconocerlas antes de que te lleven por delante. Comprender que ellas no son tu mismo, que sólo hablan de como te sientes ahora con algo que acaba de ocurrir. Y que si rápidamente te disocias de ellas, las puedes observar con admiración y curiosidad.

Lo que anoche me enervó de rabia y enfado, esta mañana se ha despertado en forma de falsa calma. Y tras mi práctica meditativa y sacar la basura mental, brotaron las lágrimas de tristeza y aceptación. Dándome nuevos puntos de vista, serenidad y bienestar. Si me hubiese quedado en la primera parte, no habría descubierto nada nuevo y, con seguridad, provocaría sufrimiento a corto plazo.

Es increíble y difícil de explicar los beneficios que la meditación ha causado en mi salud mental y física. Cómo ayuda a que mi verdadera identidad sea cada vez más visible, motor de mi vida y me permita brillar.

Cuándo sabes que estás alineado con tu propósito vital, todo fluye y poco influye.

Mi reto actual es justamente ese, permitir que la vida fluya sin que siquiera yo influya. Que los miedos ni paralicen ni provoquen, que el premio sea la calmada fe de seguir en el camino adecuado, rodeada de las personas justas, confrontando las situaciones sobrevenidas con la mayor de las sonrisas por el aprendizaje y las lecciones superadas.

Esto ya no va de paciencia, ni del arte de saber esperar. Va de sentirse en paz con certeza infinita.

No es poca cosa, lo sé.

Pero no me achanto, a ello voy. Y a 8 días de llegar a la 90a de la meditación para lograr la Prosperidad y la Abundacia, aquí queda eso.

Patrícia Arner Gusart


 

La vida bella

Esta vez lo haré, me comprometo a tratar de ser optimista.

Cuando nazca el día, me levantaré y daré las gracias al universo por dejarme existir. Si está nublado, daré las gracias a las plantas que, con su aportación de oxígeno, me permiten respirar. Si se me han muerto algunas por no regarlas, daré gracias al gato, por serme fiel y buen compañero, aunque nunca acuda a mis llamadas o me lance la zarpa si intento jugar con él.

Saldré a la calle con una sonrisa, porque me siento vivo, aunque la tos me mata y la espalda no me deja ponerme derecho del todo. Saludaré a mis vecinos con cariño y les recordaré con amabilidad que llevo tres noches sin dormir porque a sus hijos les gusta el rap latino a todo volumen. Conduciré disfrutando del paisaje, el mismo que veré durante la próxima hora detenido en la autopista por una retención monumental, la de cada mañana.

Empatizaré con mis compañeros, mis colegas de profesión y contemplaré con ellos las dos mil fotos del fin de semana en la playa con sus hijos, suegra, amigos, hijos de sus amigos y dos nuevos novios para sus hijas adolescentes. Centraré mi atención, viviré el poder del ahora en cada expediente que pase por mis manos, a pesar de que sean siempre los mismos los que reclaman más atención social y que el mundo sea más justo con ellos.

Disfrutaré de la comida que me llena el plato y bendeciré mi suerte si consigo encontrar el trozo de carne sumergido en esa salsa oscura que me sirven cada día. Oleré el café de máquina, intenso y me transportaré con él al lavabo, con urgencia, tratando de no tocar nada de ese santuario de pequeños seres con caparazón que comparten la madre tierra con nosotros. Benditos sean los animales y los insectos que reptan.

Disfrutaré de vuelta a mi hogar, trataré de que mis hijos se den cuenta de mi presencia y hablaré con ellos entre pausa y pausa de alguna de las mil partidas que juegan a diario. Me mostraré atento y agradecido con esa persona que comparte mi vida, mis sufrimientos y que me responsabiliza de sus limitaciones y sus frustraciones con una intensidad única e incomparable.

Veré caer la luz y suspiraré en el crepúsculo que se adivina tras la capa de contaminación que cubre nuestras vidas. Elevaré con él mi espíritu mientras escuchó los gritos de agradecimiento a la vida de la banda adolescente que destroza el parque infantil. Serenaré mi alma con la Luna llena que debería estar en alguna parte de ese cielo gris que cubre nuestras cabezas. Brindaré con ella con vino del Mercadona y buscaré un Almax para la acidez que me provocará ese licor de los dioses.

Finalmente, cuando este día llegue al ocaso, me dormiré en el sofá hasta que alguien me dé un suave codazo en las costillas. Conectaré la alarma por si vuelven los ladrones que asolan el barrio y daré gracias con la posición del loto muerto de cansancio, pensando que el colchón no pasa de este trimestre.

Cuando pierda el contacto con este mundo, roncaré suavemente mientras el gato salta sobre mis partes nobles y alzaré un grito al cielo.

La vida es maravillosa, solo hay que saber mirarla con unas gafas opacas.

Víctor Panicello 


 

¿Qué más puedo pedir?

Diario de una Exploradora Emocional. Capítulo 18

Este fin de semana me he ido al Pais de las Maravillas.

He caído profundo persiguiendo un conejo mágico, harta de sus trucos y engaños.

Curiosamente su ruta ha sido un paseo por mi infancia, mostrándome momentos e instantes imposibles de volver a vivir, más que en la caja de los sueños. Sin permanecer mucho tiempo allí la primera catarsis ha llegado bajo el Faro inmóvil del recuerdo, aquel que ilumina aunque nadie esté haciendo girar su brillante y potente luz. No volverá a habitarlo nadie, pero ningún barco se estrellará por que sigue iluminando hacia dónde es posible dirigirse. Es precioso abrazar el dolor, sin caer en el sufrimiento, cuando tomas consciencia de su legado.

Viajar a lo profundo sola, sin sentirme sola, ha sido un reto fácil de superar gracias a todos los que siempre están.

Sin preverlo, cada una de las importantes personas de mi vida han aparecido en distintas formas dando aliento para seguir por este bosque encantado. ¡Que importante es compartir la vida!

Mantener mi sadhana y el contacto con mi cuerpo, ha ayudado a limpiar y sanar viejas y recientes heridas. A compadecerme de las cicatrices propias, tanto como abrazo las de los que amo.

Ha llegado el momento de aceptar y abrirle los brazos al amor propio, sin miedos. No basta con saber qué es lo que merezco, hay que dejárselo sentir. Permitir(te) que te amen bonito y disfrutarlo. Comprender que aunque el conejo corra delante mostrándote claroscuros, confías en tu alma para que te guíe. Ella ya se encarga de situarse al lado de las que vibran adecuadamente para ti, sólo hace falta reconocerlas. Cuidarse entre ellas, luego viene dado.

Parece que la meditación para conseguir mayor prosperidad y abundancia está logrando su propósito, mi cuarentena aún no ha terminado y solo está trayéndome Amor.

¿Qué más puedo pedir?

Patrícia Arner Gusart


 

Preguntas

Ella le preguntó ¿que por qué me amas?
El respondió
Porque me haces disfrutar del presente cada momento que estamos juntos
porque me encanta abrazarte antes de dormir y justo al despertar
porque vivimos cada momento con magia
porque sabemos de dónde venimos y a dónde nos dirigimos
porque me dejas quedarme en silencio entre tus brazos
porque contamos con la libertad de querernos sin esperar nada a cambio, sin apegos
porque mirarnos a los ojos es saberlo todo
porque estar contigo es estar en paz
porque amo tus abrazos de energía
porque da igual la distancia para sentirme cerca de ti
Por todo eso te amo
Y ella le respondió a él
tus ojos me lo decían, pero quería escuchar tu voz
Álvaro Alcántara

Tengo memoria de pez

Tengo memoria de pez, tanta que tienen que relatarme una historia del pasado para estar en el presente.

Esto me viene de dos constelaciones:

  • La primera, es un patrón aprendido de mi padre, que es otro pez.
  • La segunda, es muy Saura. Lo descubrí en el Festival de Cine de San Sebastian pasado: construyo la vida desde ese paréntesis donde leo el presente, miro hacia el futuro y no recuerdo el pasado.

De mis cinco hermanas, hay otra que tiene memoria pez. Lo curioso es que mi padre y ella son horoscopos de mar. Se ve que viví una metamorfósis y cambié mi habitat terraqueo por estar a su lado. Y me pinté de azul el alma, me decoré la piel con sal y navegué la vida serena admirando la paz silenciosa que no me explicaban y que sólo la vivíamos mirándola.

Tengo fría la piel, mi abuela materna, una mujer de las montañas, siempre me lo decía: “manos frías, manos frías…” Ella nunca descubrió el placer de bañarse en el invierno del Atlántico. Cuando congelas tus pechos desnudos y los peces se acercan a la orilla a cebrearte la piel.

Probar el goce del abrazo en una vibración ondulada, que desafía las normas del amor, enviándote energías a las escamas mojadas con la ternura armónica del agua.

Llevo los abrazos serenos del mar en mi aura y tengo memoria de pez.

La vida también se aprende con esa capacidad de estar en tu centro, sin recordar el ayer y queriendo nadar siempre hacia delante. Hay personas que se empeñan en relatarme historias del pasado para estar en mi presente. No entienden que lo que me importa es mojar mis escamas, dormir con el sabor de la sal y retar al mar helado.

Soy un pez de agua fría, un león soleado en las rocas, un espíritu solitario. Me viene de dos constelaciones, una es un patrón aprendido y la otra, sigo descubriéndola.

No, no es que tenga olvidos, es que cambié mi habitat terraqueo por el azul salado de la vida serena del mar. Vivo hoy, olvido el ayer y diseño el mañana. Por eso, mi hermana afirma que somos mujeres con memoria de pez y mi padre dice, que si un pez nace el agua está más adecuado e integrado en la especie, que un león, que se hace pez en vida. Eso no quiere decir que el resto de los leones no puedan ser peces.

Julia Socorro


 

Hay que ser valiente para dejar que el sufrimiento se manifieste

 

La felicidad está de moda, creo que ya lo he compartido en algún otro post. Pero la felicidad a cualquier precio ha creado una nueva clase de discriminación, la de los que sufren. Hay que ser valiente para dejar que se manifieste ese sufrimiento y luchar contra una corriente de pensamiento que promete que una se sentirá mucho mejor si genera un estado mental centrado únicamente en lo positivo.

Es cierto, no seré yo quien os lo niegue, que una actitud positiva nos permite conectar con la creatividad e incluso la responsabilidad, pero eso no asegura que el sufrimiento desaparezca o que alcancemos nuestros deseos solo por ser positivos. De vez en cuando el sufrimiento llamará a tu puerta y cada persona decide cómo lo recibe.

Considerar el lado más brillante de la vida es conectar con la luz y solo ella te permite entrar en la oscuridad, pero las emociones no confortables, como también el sufrimiento, forman parte de la vida y nos aportan información importante sobre aquello que nos rodea y sobre lo que debemos poner conciencia y atención.

Intentar suprimir estos pensamientos tiene efectos nocivos en la salud y el bienestar. Otra cosa es alargarlos, pero hay que verlos, aceptarlos y dejarlos pasar.

Se trata de tomar decisiones y actuar sabiendo y aceptando que van a suceder cosas, algunas de las cuáles no queremos que ocurran, pero no debemos permitir que nos desconectemos de la alegría y de las ganas de experimentar.

Solo desafiando nuestro propio e interno status quo podemos imaginar un mundo interior diferente y para ello hay que dejar que todo lo que somos aparezca.

Se trata de asumir responsabilidades y tener conciencia que la solución nunca la tienen los demás. La responsabilidad es tuya. Y para ello, hay que ser valiente para dejar que el malestar y el sufrimiento se manifiesten.

Gemma Segura Virella


 

Cosas que no necesito

No necesito nada para seguir adelante, ni las comodidades de una vida que creía construida, ni el cariño de unos hijos que hace tiempo dejaron de serlo, ni el apoyo de una familia que murió o me abandonó o ambas cosas.

No necesito el dinero, ni el miedo a no tenerlo. No necesito respirar siempre el mismo aire creyendo que así me sentiré más seguro.

No necesito el pasado para vivir el presente.

Miro el horizonte nublado, pero ya no me asusta la tormenta. Después de vivir mi muerte, que otra cosa puede asustarme, que otra cosa me ata a mis raíces podridas. Vivo pendiente del tiempo, sintiendo como se desliza entre los rincones de mi vida y me avisa: ya no te queda mucho, ya no te queda nada.

Cada día que explota en mi ventana es como una fotografía quemada, como un cuento sin héroes, como una noche sin alba. Me siento en esa silla vacía donde surgió un día el recuerdo de quien era yo entonces. Me siento en esa silla y contemplo la nada.

Dejo caer la carga pesada que he almacenado con tiento para futuros inciertos. Y entonces despierto y descubro que jamás hubo futuro, que jamás llegaré a tocar el cielo, que nunca existió en mi un infierno. Me siento estafado y contento, confuso y abierto, frustrado y también liberado. Siento que no necesito mis sueños, que no necesito sentir ese aliento que un día creí para siempre y que ahora está frío y ausente.

No necesito mi vida para seguir viviendo.

Paseo mis horas de soledad por los parques desiertos, contemplando las risas que temo. Respiro aires nuevos y viejos momentos de soledad y de dudas, de sentir que no encajo en ese álbum ilustrado donde todo está escrito.

Vuelvo a ser aquel que luchó fieramente contra el miedo al olvido.

Pero ahora soy fuerte y más fiero. No necesito mis miedos, no necesito el dinero, ni sentirme seguro, ni amado, ni tan siquiera apreciado.

No necesito amigos que nunca lo fueron, ni amores que jamás existieron.

No necesito el sexo, ni el poder, ni la fe, ni los pensamientos oscuros, ni ese aire de misterio que en realidad era miedo.

No necesito de nada, solo algún que otro apoyo cuando las piernas flaqueen y el cansancio me llegue.

Ahora que ya no soy nadie podré, al fin, abrir mi propio camino, labrar mi propio huerto, construir mi propio barco, dormir mi propio sueño, gritar mi propio suspiro o morir en una vida que vuelve a ser mía.

No necesito el silencio, solo mirar hacia el cielo.

Víctor Panicello Monterde


 

Estoy haciendo un reset

Diario de una exploradora emocional: capítulo 17

Algunos de los sucesos de las últimas semanas han removido mi conciencia y, con ello, el alma me habla.

Ver las situaciones con distancia supone el desafío de golpearte la cara con la realidad. Observar a las personas sin el loco filtro del enamoramiento te muestra, sin piedad, las acciones fruto de tus miedos. Reconociendo ese “modus operandi” no sólo en la pareja, sino con todos a los que das amor.
Y todos sabemos que pasa cuando nos desnudamos de ese modo. Enfado, rabia, tristeza, desasosiego, sentimiento de pérdida, de guía. Y sólo queda una opción, sostenerse, abrazarse, darse mucho amor y aprender que sólo si aceptas esos miedos, sanarás las heridas y serás más tu mismo (y menos tu mente).

Hace unos días empecé una cuarentena con una meditación de Kundalini yoga para la prosperidad y la abundancia. Aparentemente inocente y agradable ¿verdad? ¡Buahh sólo puede llegar lo bueno!

Y ¿crees que es casualidad que yo esté viendo toda mi porquería ahora? No.

Sólo vaciándome llegará la abundancia que merezco, sólo desaprendiendo me daré cuenta de los hábitos que alimentan mi estancia en el infierno, que me desdoblan y desunen. Sólo atendiéndome, escuchándome, aceptándome y perdonándome lograré todo lo que merezco, sólo así.

Y aquí estoy, reseteándome. Esforzándome cada día por ser y dar lo mejor de mí. Ya os contaré lo que llega.

Patrícia Arner Gusart


 

De cómo una maga me dio una receta mágica que me cambió la vida

Hace años, después de una larga enfermedad mental que casi destroza mi vida, decidí buscar una pócima mágica, algo que hiciera encontrarme con la paz mental.

Tengo la suerte de tener una amiga maga. Lo sé, es una suerte. Hay quien tiene amigos brokers, bomberos o científicos. Yo tengo una amiga que es maga y que se llama Gemma Segura. Los magos tienen la capacidad de meter sus manos en el pecho de las personas, sin que lo noten y acariciarles el corazón ¿no es genial? Es una capacidad que todo el mundo tiene, pero que solo los magos la desarrollan. Ojalá todos hiciéramos “la carrera” de mago. El mundo estaría plagado de personas impertérritas con sonrisas eternas. Mi amiga hizo el curso de maga y le dieron un diploma CUM LAUDE con cátedra incluida. Desde entonces se dedica a acariciar corazones por ahí, así a diestro y siniestro.

Pues escribí a mi amiga y le pregunté. Querida maga, ¿tienes algún remedio para acallar mi mente? Ella abrió su libro de maga. Un libro grande y pesado, lleno de pócimas mágicas para el alma y de conjuros para todo tipo de dolencias físicas y del corazón. Después de consultar un par de páginas, me envió un pergamino donde se hallaba la receta para acallar el ruido interior. Esa receta se llamaba meditación.

Comencé a leer los escritos que ella me había recomendado. Me retiré todos los días un buen rato en silencio y durante muchos meses seguidos. Hasta que por fin la paz fue abriéndose camino en mi mente. No desapareció el ruido interior, pero sabía lo que era y cómo tratarlo.

El ruido siempre está ahí. Ese diálogo interior que comienza cuando despiertas y no calla hasta que te acuestas. El ego, el loco del ático como yo digo. Nunca para. Es el creador de escusas, el encargado de ponerte todos los peros del mundo a cualquier atisbo de salir de tu zona de confort. Ese pesado que te recuerda lo bien que se está en el sofá viendo la tele, en lugar de comenzar ese curso que te has propuesto hacer; lo guay que es echarse la siesta en vez de dar un paseo largo que te ayude a deshacerte del michelín ese en el que te fijas al mirarte al espejo. Es su función. Es su cometido.

Pero no pasa nada. Viene de serie. Es como la radio de los coches. Está ahí aunque no la pidas. Pero eso sí, nadie te obliga a escucharla. La meditación te permite oír el ruido pero no hacerle caso. Es darte cuenta del diálogo interior pero sabiendo que no te pertenece. Tu YO esencial decidirá lo que debes hacer, no el loco del ático.

Por eso, una vez que los años han pasado y que la meditación aún forma parte de mi vida, quiero hacer 2 cosas:

  1. Recomendaros a todos que lo hagáis. Son 20 minutos al día. Pero es como barrer la mente para dejar que el polvo vuelva a acumularse pero sin que se note mucho. Es saber que hay algo en lo que aferrarse en momentos de estrés. Es no dejar llevarse por el ego y sus charlitas. Se trata de coger las riendas de tu mente y ser capaz de enfocarte. Poner foco en el momento. Pararte y saber que todo es efímero, que todo pasa y que nada se queda.
  2. Darle las gracias a mi maga, La Gemma. Porque ella me dio la cerilla para encender una vela que aún sigue encendida. Me entregó una receta mágica para el alma. Nunca sabré como agradecértelo. Tan solo se me ocurre decirte un “gracias, querida maga” que si pudiera esculpiría en lo alto de una montaña frente a tu ventana para que lo vieras cada vez que abrieses la ventana.

Me voy a meditar un rato.

Álvaro Alcántara

Ser experimento

El día comienza como la idea oculta que encuentra un explorador. Nos conocemos y nos desconocemos, encontrando las respuestas a ratos en la soledad absoluta y otras veces, en la mirada y las relaciones con los demas.

La acción de vivir es un experimento que nos permite desarrollarnos desde el aislamiento fetal, hasta el largo viaje que hacemos desde el útero parar respirar aire por primera vez, con esa fuerza singular que el bebé, aún siendo adulto, nunca pierde.

Interpretar la vida, viajar y conocer los mapas de la piel, es una de las formas más interesantes de relacionarte, aunque sea por poco tiempo.

Cada uno de nosotros somos puertas cerradas, puertas abiertas, a veces vas, tocas y entras.

El día comienza como la idea, la sensación reflexionada tras todo el cortejo inconsciente de las pildoras de la felicidad. La misma que nos diseñan en las ciudades industrializadas. Es curioso como unas personas ven pobreza en las mismas calles, donde otros ven sueños, mar o batidos de frutas.

La acción de vivir es un experimento emocional que truco a truco densenmascara los errores proyectados en ti, en mi. Mientras, afloran los recuerdos que no son más que falsas impresiones, que accionamos.

Interpretar la vida, rodar de brazo en brazo, saborear los mapas de las pieles plegadas, tersas, cosidas o inconexas, es interesarte por toda consecuencia experimentada y transformada.

Cada uno de nosotros somos ventanas cerradas, ventanas abiertas, a veces golpeas, otras no cierras y el aire entra.

La soledad absoluta transforma nuestro crecimiento, nos renueva el alma y nos permite conciliar con el silencio, los sueños sin influencias. Ser experimento.

La soledad no deseada es como un martillo que toca en todas las puertas intentando derribarlas, golpe a golpe, con estruendo olor metálico en los oídos.

La soledad, gratitud para la mente que crea, desarrolla, explora y pone en marcha proyectos que no existen y quieren florecer. Una compañera de viaje, que acompaña tanto como el perro fiel, el amante infiel o la pareja inexistente.

El día comienza negro, naranja o azul, tanto para los amantes imperfectos como para los poetas con su papel en blanco. Todo depende de la hora en la que cojas el tren.

¿Qué he de ser?

¿De ser? experimento.

Julia Socorro


 

Escoge siempre el lado donde estás tú

No es el tiempo que compartimos con una persona, ni los días, meses o años. No es lo que tiene ni lo que es. Es, sencillamente lo que compartimos. Las emociones que nos hace sentir y como atraviesan nuestro corazón para siempre.

Son las sensaciones que nos recorren desde la piel hasta el alma, con tan sólo una mirada. Son las poderosas palabras que se quedan a vivir en la comisura de nuestra sonrisa. No es el tiempo lo que marca el cruce de algunas personas a lo largo de nuestra vida. Es el amor.

¿Y si cambiamos a las personas que nos quitan el tiempo por las que nos quitan la noción del tiempo? ¿Y si cambiamos a las personas que nos hacen sentir que somos insignificantes, por aquellas que sí nos valoran, respetan, y quieren, tal y como somos? ¿Y si cambiamos aquellas personas que apagan nuestra luz y nuestra sonrisa, por aquellas que nos inspiran y consiguen sacar al exterior lo mejor que llevamos dentro? ¿Y si cambiamos a las personas que no valoran nuestro respeto, amor y consideración por aquellas que son auténticas, leales, generosas y llenas de alegría y sentimientos hermosos ?

¿Hacemos la prueba y comprobamos cómo cambia nuestra vida y se transforma nuestro mundo?

Vivimos en un mundo mágico pero la mayoría no se da cuenta. Siempre existe un pequeña grieta que nos permite cruzar casi en un suspiro al otro lado, allí donde todo es posible. Poco importa si te cuentan que el destino es un lugar vacío y sin sentido, sé seguro que es un desierto lleno de esperanza y aunque a veces esté cubierto de polvo, si te fijas bien y observas con los ojos del alma, verás como sobrevuelan tantas luces como estés dispuesto a sostener entre tus manos.

Después suelta las riendas del corazón al aire y déjalo que siga su viaje, igual que cada una de las personas que con sus experiencias cruzarán tu vida, seguirán el suyo. Que las historias que nos toca vivir sean a veces complejas y nos arrastren, no significa que no merezcan ser vividas. Da ese paso sin miedo y sigue adelante, no siempre es necesario y sano mirar atrás. Respira y continúa el viaje porque lo mejor no es que esté venir, es que lo mejor está pasando. Vivimos en un mundo mágico, pero la magia no existe si tú no crees en ella.

Y si tu mundo se desmorona, siempre puedes venir al mío 😉

Lo que está escrito para ti, tarde o temprano llega a tu vida. Hay personas que conocerás en forma de bendición o de lección, pero todas traen consigo un valioso regalo, y por duro y difícil que parezca cada experiencia que vivimos nos convierte en aquello que anhelamos ser. Sé que es mejor tener una vida llena de equivocaciones, que un corazón lleno de arrepentimientos.

Elijas lo que elijas, escoge siempre el lado de la vida donde habita la alegría. Inténtalo tantas veces como sea necesario y si te equívocas, toma el tiempo que necesite tu corazón para entender, pero para entenderte a ti, no a los demás, porque en realidad jamás llegarás a conocerlos del todo. Y ellos, los demás, nunca serán responsables de tu propia felicidad o de los sueños y propósitos que deseas alcanzar.

Así, que mejor vive tu vida y rodéate de personas que te amen y en vez de tapar con tiritas las heridas, mejor que sea el aire que las cure y las envuelva lo necesario para que la cicatriz nos permita vivir felices, aunque nos recuerde que una vez, en algún lugar de nuestra vida, tuvimos esa experiencia dolorosa.

Elijas lo que elijas, escoge siempre el lado donde estás tú. Incluso cuando te equivoques, seguirá siendo tu vida. No existen soles que te garanticen que no tendrás días nublados y algunos difíciles, pero siempre puedes encender tantas estrellas como sea necesario. Nos pasamos la vida entera buscando el amor, cuando quizá esté iluminando nuestra ventana.

Deja lo mejor de ti en cada una de las personas que cruzan tu vida. Conoce mundo, pero sobre todo trata de conocer el mundo interior de las personas que te brindan su tiempo, su amistad y su amor. Es lo más fascinante.

Sobre cualquier otra cosa en el mundo, sé tú. Y nunca dejes de utilizar tus poderes mágicos.

Gemma Segura Virella


 

Lo obvio

Cuando llueve pienso en agua, igual que cuando nieva pienso en algo blanco. Cuando aprieta el Sol pienso en hielo y cuando nace el día pienso en luz. De noche… oscuridad.

Todo es obvio en esta vida que construyo con ladrillos de piedra y armo con cemento oscuro y espeso. Todo es obvio cuando pienso en esperanza verde, gatos negros o rojo de fuego.

Avanzo por la izquierda, señalo con el índice y camino con paso vivo. Respiro profundamente, odio con inquina y abrazo con fuerza.

Todo es obvio en esta vida en la que creo en mí mismo y en la bondad de mis vecinos, en la que siento el apoyo de mi familia y la paciencia de mi pareja.

Huyo sin mirar atrás y golpeo con dureza. Hablo con reparos y prudencia y sonrío con la dulzura de una fuente cristalina. Nada en mí es especial, nada en ti es egoísta.

Resisto los deseos y amo a mis semejantes casi como a los animales a los que adoro por lo fieles que son. Sufro con las desgracias y aprovecho cuantas oportunidades se presten.

Todo es obvio cuando hablo y cuando pienso. Todo es obvio cuando miento para proteger lo que más quiero.

Sufro con los desplantes, me impaciento con las esperas, creo en todos los dioses y me desconcierto con los sinsentidos.

Disfruto con los perfumes que desprende la primavera, me encojo en el frío invierno y vuelo con cada largo verano.

Todo es obvio en esta vida mientras espero el momento de salir de ella, de morir de miedo, se temblar de pasión o de deseo.

Mientras eso sucede, mientras sueño con imposibles y reclamo los placeres que me han sido negados, viviré con lo obvio.

Después de todo, la hierba crece y el mar se mueve en su inmensa soledad.

Es obvio.

Víctor Panicello Monterde


 

Hoy soy un mujerón, antes era solo una enterada

Diaro de una exploradora emocional: capítulo 16

Hace justo cinco días cumplí 39 años. Estoy entre el vértigo que produce la cifra y el orgullo de sentirme mejor que en toda mi vida. Se trata de una sensación de madurez dentro de la juventud difícil de explicar y muy muy divertida de vivir.

Ahora estoy en un punto en el que siempre que quiero algo lo pido sin reparos, desde la máxima que aceptaré cualesquiera que sea la respuesta. Por que ya he experimentado que sólo si marcas y verbalizas tus necesidades puedes obtener lo que deseas, que nada es imposible y que habitualmente la gente no usa las habilidades telepáticas para adivinarlas.

Ya no me callo si algo me parece mal, pongo mi marco de actuación claro y todo ello puedo hacerlo desde la calma y el amor propio y hacia el otro.
Me enfado ¡claro, como todos! Pero detecto rápidamente cuando me he disparado y me estoy dejando llevar, reconozco si me he equivocado y reparo los desperfectos si los he causado…

No me escondo detrás de la soberbia o de la falsa seguridad para demostrar mi valía personal, ya no. Ahora me doy cuenta de cuan imbécil había sido en el pasado, en ese sentido. Hoy soy un mujerón, antes sólo era una enterada con la última palabra (como diría mi madre).

Recuerdo cuando el gestor del banco me dijo un día que siempre sabía cuando había llegado por mis pasos al entrar… Ahora cuando entro en una de mis clases del gimnasio, puedo hacerlo descalza y la gente se gira igual… pero es distinto. Antes los golpes de tacón marcaban la necesidad de ser escuchada y admirada como muestra de valía y poder. Hoy mi energía de fuego natural irradia lo que soy, sin ruido, desde el corazón y el alma.

Ahora soy feliz porque he aprendido a vivir con alegría la mayor parte de los momentos de mi vida. Tengo arrugas de reírme hasta caer doblada en el suelo y de sonreírle a la vida constantemente. Me rodeo de las mejores personas que he encontrado y permito que las causalidades me sorprendan a diario.

Escucho a mi alma cuando me habla a través de la intuición durante el día a día, me dejo llevar por ella sin expectativas. Ya aprendí que éstas son innecesarias y causan frustraciones.

Hablo con las personas que amo a diario, semanalmente o cada mes y les muestro cuan grande es lo que siento por ellos. Recibo lo mismo, me siento amada y cuidada.

Sé lo que merezco, me valoro y me acerco cada día un poquito más a quien verdaderamente Soy.

Patrícia Arner


 

El amor mínimo exigible

Si alguien te pide compartir su vida contigo y aceptas que sea de manera incondicional. No esperes nada, que todo fluya. Pero mira que sea capaz de ofrecerte el “mínimo exigible”. Esas cosas que, por debajo de ellas, se convierten para ti en un amor a medias. Un amor a medias…¿qué triste, no crees?

Quizá es algo pretencioso, demasiado exigente, pero es que sólo tenemos una vida ¿no vamos a pedirle a la vida aquello que nos hace felices? Si no te conformas con medio traje, una comida que esté medio buena, un cuadro medio bien pintado o una casa que te guste solo un poco, ¿por qué le vas a pedir menos al amor? Busca un amor que te llene de verdad, una persona que te quiera como a ti te gusta. ¿Es mucho pedir?

Decía Silvio Rodríguez que “los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan allí”. Y es verdad. Amiga, amigo, si te la juegas que sea con una buena mano de cartas. Si vas a saltar que sepas dónde está el fondo.

Son decisiones que marcan nuestras vidas. No pasa nada por decir las cosas que nos gustan, que queremos y buscamos para ser felices. Igual que decimos las que no nos gustan. Haz tu carta de “amor mínimo exigible” para aquel o aquella que se acerque a tu vida. Algo parecido a esto, con tu mínimo exigible:

Me encantaría que entrases en mi vida aceptando como soy. Tengo muchos defectos y no los voy a cambiar. Acepte y aprenda a convivir con ellos desde el primer día.

Sólo quiéreme cada día y dímelo, aunque sea una vez, pero sincera.

No me juzgues, no intentes cambiarme, las personas no cambiamos. Es más fácil comprender al otro y tratar de ayudarle.

Me gusta sentirme una persona amada. Los gestos son muy importantes, como también lo es la ausencia de ellos.

Te pediré que me dejes dormir en tu pecho de vez en cuando. Así charlaré un rato con tu corazón, en una conversación íntima y sin más testigos.

Hacer el amor mirándose a los ojos se convierte en un momento donde se responden muchas preguntas sin decir una sola palabra.

No voy a permitir ni una sola humillación, ni un gesto de fuerza, ni un insulto, ni una amenaza. Si alguna vez piensas en hacerlo no pasa nada. Sal por la puerta igual que entraste y busca otro amor que sea un amor a medias. Yo busco el amor a tiempo completo.

Si alguna vez me ves triste, distante y sin ganas de hablar no preguntes qué me pasa. Regálame un abrazo largo, donde pueda arrojar el miedo y donde encuentre comprensión por unos minutos.

Cuando alguien mira tu cuerpo como si fuese la primera vez, está recitando un poema desde el silencio.

¿Dónde te gustaría que estuviésemos dentro de 20 años? Es importante vivir sabiendo que se comparten proyectos comunes.

A veces es importarte hacer sentir único al otro. Es la forma de construir el amor cada día.

A cambio de todo esto, me comprometo a hacer lo mismo con tu mínimo exigible.

Y ya sé que no hay que exigir nada al otro, que hay que aceptar, que hay que dar amor sin esperar nada a cambio…todo eso lo sé. Pero un ejercicio así nos desnuda ante el otro. Estás diciendo: estos mis sueños ¿puedes cumplirlos?

¿Cuál es tu mínimo exigible?