Feliz 2015

NO TE DETENGAS

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,

sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,

que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y las poesías

sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.

Somos seres llenos de pasión.

La vida es desierto y oasis.

Nos derriba, nos lastima,

nos enseña,

nos convierte en protagonistas

de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,

la poderosa obra continúa:

Tu puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar,

porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores:

el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes.

Huye.

“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,

dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,

pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.

Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca

tener la vida por delante.

Vívela intensamente,

sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro

y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes nos precedieron

de nuestros “poetas muertos”,

te ayudan a caminar por la vida

La sociedad de hoy somos nosotros:

Los “poetas vivos”.

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

Walt Whitman (1819-1892), el poeta de la Libertad

 


Ciudades felices

Des de hace un tiempo, aunque tampoco mucho, hemos entrado en una nueva moda: la de las ciudades inteligentes. Digo moda por aquello de tener la sensación de estar en medio de una carrera entre las distintas ciudades para poder salir en la foto de quién es más y mejor smart city, presentando innumerables proyectos con un retorno real que deja mucho que desear.

Creo que sería bueno que nos preguntáramos si esta moda, focalizada en la tecnología, realmente es capaz de dar respuesta a los retos que las ciudades se están enfrentado a día de hoy y si realmente todas estas “innovaciones” acabarán siendo útiles a los ciudadanos.

Personalmente, el adjetivo de “inteligente” me produce cierto “repelús” desde hace bastante tiempo y prefiero otros adjetivos como “sostenible”, “habitable”, “feliz” o conceptos como “bienestar”, “innovadora” o “familiar”. Os aseguro que ninguno de estos es sinónimo de “inteligente” pero mi motivación va en dirección a que todos los adjetivos descritos formen parte de lo que considero que es una smart city o ciudad inteligente.

De mi experiencia en el mundo de las ciudades, reclamo que los ciudadanos puedan indicar como quieren los entornos donde viven, qué tipos de servicios quieren consumir y de qué manera pero sobretodo, reclamo a las “ciudades” que realicen proyectos e iniciativas que contribuyan realmente a mejorar el bienestar de las personas, la calidad de vida de las mismas y que nuestras ciudades sean más habitables, sostenibles y consecuentemente, nos permitan realmente ser más felices.

Las administraciones deben aprender a renovar como interaccionan con los ciudadanos ya que los canales, las maneras y los mecanismos habituales se han quedado obsoletos, desfasados y fuera de lugar, en una sociedad que avanza a toda velocidad. Para ello, la ciudad debe tener la capacidad de sentir al ciudadano, de escucharlo, de interactuar con él… debe ser capaz de asumir la capacidad de innovación del ciudadano.

Mientras las ciudades estén lideradas por la mediocridad de la clase política actual será difícil de lograr estos objetivos. Por eso reclamo, menos “caspa”, menos “generación T”, más profesionales, más gestores, más alegría, más emoción, más talento, más corazón!


No puedes cambiar tu mundo si no cambias tú

Cientos de historias nos cuentan que todo empieza cuando ya no puedes más, que la decisión de cambiar de rumbo llega precedida de un tiempo de angustia, estrés y vacío personal. Es entonces cuando llegan las preguntas: ¿Para qué hago todo esto? ¿No hay más opciones para mí? ¿Cuándo perdí el control de mi vida? ¿Vale la pena seguir así?

Si ya te has hecho las preguntas, antes o después tendrás claro que no, que no vale la pena continuar, que no tiene sentido lo que llevas haciendo desde que decidiste que una cosa era lo que a ti te gustaba… y otra muy distinta era lo que el mercado ofrecía, lo que otras personas esperaban de ti o incluso lo que te contaban sobre ser realista.

Es entonces cuando empieza el miedo, el vértigo, la ansiedad y nuevamente el miedo.

Porque desde que eras pequeño has oído decir que más allá de la autopista no hay nada, que más vale ser cola de león que cabeza de ratón. Quizás en estos últimos tiempos has empezado a sospechar que hay mucho de engaño en esa visión única y hasta es posible que hayas adivinado alguna luz tenue en esas tierras oscuras que se supone que hay más allá de la seguridad que siempre has conocido. Pero tienta tanto sentirse arropado por las rutinas…

Sin embargo, realmente ya no puedes más y saltas al vacío. Dejas lo que siempre has conocido – y probablemente odiado en secreto – y te lanzas… o tal vez simplemente te han empujado sin tú esperarlo porque ya no sientes el falso entusiasmo, ya no te crees los falsos titulares ni aceptas que todos somos iguales.

Y ahora has de volver a empezar… o tal vez empezar simplemente.

Si es así, si este es el momento, hay dos cosas que deberías saber:

  1. Si esperas tener lo mismo que antes (dinero, estabilidad, seguridad), olvídalo, date la vuelta si todavía puedes y vuelve a meterte en la autopista aunque sea con el coche más viejo y haciendo cola detrás de los que van más rápido.
  2. Jamás disfrutarás tanto de la vida como cuando la sientes tuya realmente. No importa lo que hagas, no importa si lo consigues o no… pero has cambiado.

Ahora eres realmente tú y el mundo es ya un lugar diferente.


El email más corto del mundo

Hace muchos años empecé a trabajar en una empresa nueva con gran ilusión. Yo debía dar servicio a muchos clientes a través del correo electrónico y es bien sabido que los emails los carga el diablo… De eso quería hablaros.

Se daba la circunstancia de que entre mis clientes había muchos latinoamericanos y empezaron a llegarme correos largos, muy largos, algunos no acababan de entrar en la bandeja de entrada de tan laaaaaaaargos que eran. Y yo allí esperando a que se descargasen.

De hecho, creo que un día recibí el email más largo que jamas se haya escrito. Fijaros que ahora me arrepiento de no haberlo guardado. Y lo peor de todo, es que venía sin petición, pero bueno, eso ya os lo contaré otro día.

Yo no entendía nada. Me preguntaba por qué me escribían emails taaaaaaan laaaaaargos: ¿que no sabían que yo tenía muchos clientes a los que atender?, ¿qué pensaban cuando se ponían a escribir, que solo los tenía a ellos?, ¿que no veían que me quitaban tiempo para atenderlos a todos como es debido?

Yo elucubraba y no entendía. Y es normal, porque si no escuchas, si no dejas de pensar tú, si no paras ese run-run, no hay forma de comprender.

Fuera del trabajo, cuando estaba con mis amigos siempre les comentaba que me llegaban correos que, para una petición sencilla, me daban antecedentes familiares de hasta tres generaciones atrás, que me parecía que vivía en Cien años de soledad.

No podía con aquello. Así que un día decidí que cuanto más largo fuera el email recibido, más escueta sería la respuesta enviada. Y acabé por escribir alguna vez algo como lo que sigue:

Hola Ana.

Sí.

Saludos.

David

Lo más corto que pude sin perder las formas y manteniendo la cortesía: el email más corto del mundo. Y sabía perfectamente que el mensaje que enviaba no sería bien recibido pero, ¿acaso no me faltaban ellos al respeto con esos emails tan largos y tan bien educados? Lo que yo quería era dar una lección y eso siempre nos hace ser desagradables, no veía que el que tenia que atender y aprender era yo.

No recuerdo cómo fue pero, con el tiempo, me fui acostumbrando. Supongo que uno no puede enfadarse todos los días. Acabé entendiendo que era su forma de expresarse, que no me querían ningún mal y que en sus países, eso era ser educado.

También aprendí técnicas como la lectura en diagonal, el releer cuando es necesario y el ir directo al último párrafo, que es donde normalmente está la petición.

Y acabé incluyendo frases de cortesía antes y después de la frase en la que explicaba la solución del problema.

Y todavía aprendí más, y es que si no puedes cambiar al otro, lo mejor es que te adaptes tú.


Conciencia Cuántica

La crisis actual nos muestra una clara necesidad de transformación de la realidad y la conciencia. Se nos ha derrumbado un mundo que ya no sirve, que pone el dinero y lo material delante de la persona y la vida.

En los últimos cien años la física cuántica y otras áreas de la ciencia y del saber nos han estado mostrando que el mundo no es como pensábamos. No está hecho de objetos sino de relaciones. Se entiende mejor con el lenguaje de la imaginación, la creatividad y el corazón que con el de las leyes, fórmulas y conceptos: Una nueva realidad está naciendo y vivimos entre dos mundos, entre dos realidades.

Lo poco que sé sobre el tema, que me parece muy interesante, lo he entendido gracias al libro de Jordi Pigem (2013): La nueva realidad. Del economicismo a la conciencia cuántica. Barcelona, Kairós.

En el libro, Jordi analiza las contradicciones de nuestra economía como caso clínico de lo obsoleto, para llevarnos a la nueva realidad que revela la neurociencia y la física. Que no es otra que la que se practicaba hace miles de años en culturas más sabias, que debería guiarnos hacia una sociedad más justa (yo diría equilibrada) y una vida más plena.

Jordi nos describe en su libro un mundo por llegar en el que veríamos:

«la prosa al servicio de la poesía,
»la razón al servicio de la intuición,
»lo material al servicio de lo personal,
»lo analítico al servicio de lo holístico,
»lo metódico al servicio de lo espontáneo,
»lo cuantitativo al servicio de lo cualitativo,
»la información al servicio de la imaginación,
»lo calculable al servicio de lo creativo,
»lo tangible al servicio de lo intangible,
»lo mecánico al servicio de lo vital,
»el poder al servicio del amor,
»el tener al servicio del ser.»

Me pido el billete de Ida a ese mundo. ¿Te consigo también el tuyo?


Mi Elemento

El Elemento, un excelente libro escrito por Sir Ken Robbinson, explica que necesitamos ser quien realmente somos y darnos la oportunidad de desarrollar nuestra pasión sin miedo, sintiendo la emoción de crear.

Según Robinson, el Elemento es ese espacio secreto donde convergen las cosas que nos apasiona hacer con las cosas que se nos da especialmente bien hacer. El elemento tiene dos características y dos condiciones. La capacidad y la vocación son las características, y la actitud y la oportunidad las condiciones. Tenemos unas características que nos definen y unas condiciones que hay que potenciar.

Para llevar a la práctica y conseguir encontrar ese espacio, existe una secuencia que nos lo permite conseguir:  lo Entiendo; me Encanta; lo Quiero y ¿Dónde está?

  • Lo entiendo es la capacidad. La facilidad para hacer una cosa, la percepción intuitiva o comprensión de qué es esa cosa, cómo funciona y cómo se utiliza. Es el hecho de encontrar y desarrollar nuestras fuerzas creativas y llegar a ser quien realmente somos.
  • Me encanta es la vocación. No es solo un tema de capacidad natura. Para estar en el Elemento necesitamos apasionarnos, encontrar placer en lo que hacemos y decir “me encanta, no puedo imaginarme haciendo otra cosa diferente”.
  • Lo quiero es la actitud. La perspectiva personal que tenemos de nosotros mismos y de nuestras circunstancias, en ángulo desde donde miramos las cosas, nuestra disposición. Es el punto de vista emocional. El éxito obtenido (o que queremos obtener, o que vamos a obtener como resultado) comparte actitudes como la perseverancia, la confianza en uno mismo, el optimismo, la ambición y el entusiasmo.
  • ¿Dónde está? es la oportunidad. Si no se dan las oportunidades necesarias es posible que nunca conozcamos nuestras aptitudes y hasta dónde nos pueden llevar. Todo depende de las oportunidades que se nos presenten, de las que seamos capaces de crear y de si sabremos aprovecharlas.

De igual forma que es imprescindible y recomendable encontrar nuestro elemento, ese espacio donde de verdad seremos nosotros mismos, es necesario que nuestro proyecto, nuestra idea innovadora o nuestra empresa encuentre su Elemento. ¿Cómo? Pues creo que nos puede servir el mismo ejemplo: atendiendo a las capacidades, descubriendo la pasión, disponiendo la actitud de acción y creando o aprovechando las oportunidades.

Pensemos en la siguiente pregunta ¿si pudiéramos hacer aquello que de verdad deseamos hacer, qué nos gustaría estar haciendo? Esa es la pregunta que cualquier persona debería saber responder.

Cuando estás en tu Elemento es cuando realmente eres consciente de aquello que te apasiona y te llena de energía. Donde eres, más que en ningún otro lugar, tú mismo. Por ello cuando estás ahí tienes más capacidad de decisión, de acción y de conexión con el resto del mundo.

El concepto de “Elemento” además es amplio y cada persona debe encontrar su propia definición para experimentarlo en libertad y desde la autenticidad. Porque nada ni nadie tiene derecho a decirte qué y qué no puedes ser o hacer.

Finalmente, si descubrimos nuestro Elemento y animamos a otros a que encuentre el suyo, las oportunidades para el crecimiento personal y colectivo serán infinitas. Por si os ayuda, yo encontré el mío 😉

¿Te atreves a descubrir el tuyo?


 

La saviesa dels contes

Si volem viure sent realment conscients de la nostra existència, cal trobar un significat a les nostres vides. Però la comprensió del sentit de la vida no s’adquireix de forma sobtada a una edat determinada, sinó quan arribem a la maduració personal. La saviesa es va formant a poc a poc i de forma progressiva, a partir de la nostra experiència en el món. Una de les tasques més importants dels pares i mares és ajudar els nens i nenes a trobar sentit a la vida, perquè es necessiten nombroses experiències durant el creixement per aconseguir-ho. El nen/a, mentre es desenvolupa, ha d’aprendre a comprendre’s millor i així fer-se més capaç de comprendre els altres i a relacionar-se amb ells de forma satisfactòria i plena de significat.

Una de les coses que ajuda a conformar el nostre sentit és la literatura, la infantil en el cas dels més petits. Perquè una història mantingui l’atenció dels nens i nenes (també dels adults) ha de ser divertida i excitar la curiositat. Ha d’estimular la imaginació, ajudar a desenvolupar l’intel·lecte i a clarificar les emocions, ha d’estar d’acord amb les seves ansietats i aspiracions, fer-li reconèixer plenament les dificultats i, alhora, suggerir solucions als problemes que els inquieten. En resum, ha d’estar relacionada amb tots els aspectes de la seva personalitat i oferir-los confiança.

I resulta que els contes (ja siguin populars o de fades) són la forma més enriquidora i satisfactòria d’aconseguir-ho, tant pels menuts com pels adults, perquè aquestes històries comencen allà on es troba la persona, en el seu ésser psicològic i emocional, perquè parlen dels impulsos interns d’una forma que podem entendre-ho inconscientment perquè ofereixen exemples de solucions temporals i permanents. Són, així, una forma de connectar amb el conscient i l’inconscient de la persona.

Els contes ens fan veure que la lluita contra les dificultats de la vida és inevitable, és part intrínseca de l’existència humana i si en comptes de fugir ens enfrontem a les privacions inesperades, de vegades injustes, arribem a dominar-les. Necessitem, sovint, suggeriments simbòlics, per créixer i evolucionar.

Generalment, els contes comencen amb el plantejament, de forma breu i concisa, d’un problema existencial i això ens permet afrontar els problemes en la seva forma essencial. Són una simplificació de qualsevol situació, sempre hi trobem el bé i el mal i això és una forma d’acceptació de la realitat. Els bons i els dolents pateixen i tots fracassen i tenen èxit.

Els nens s’identifiquen amb els herois no per la seva bondat, sinó perquè la condició d’heroi els atrau profundament i positiva. El nen no es pregunta “vull ser bo?” sinó “a qui em vull assemblar?”.

Al mateix temps que diverteix els nens (i els adults), el conte ajuda a comprendre’ns i encoratja el desenvolupament de la nostra personalitat. Ens ofereix significats a diferents nivells i enriqueix l’existència de diferents formes.

Per acabar, tinguem present que mai hem d’explicar la fascinació de cada conte. Si ho fem, destruïm l’encant de la història i allò que provoca la fascinació i, alhora, perd el potencial que té el conte d’ajudar a lluitar per nosaltres mateixos. Les interpretacions que cadascú pugui fer, per correctes que siguin, priven els altres de l’oportunitat de sentir que un mateix, sense ajuda de ningú, s’ha enfrontat sol a una situació. Tots creixem, trobem sentit a la nostra vida i seguretat en nosaltres mateixos, en comprendre i resoldre els nostres problemes personals sense que ningú ens doni massa explicacions. Gràcies als contes ens és més fàcil trobar la nostra identitat i vocació, així com les experiències que necessitem per a desenvolupar-nos.

En la medicina tradicional hindú, s’oferia un conte que donés significat a un determinat problema, quan la persona estava psíquicament desorientada, per tal que medités sobre ell. Es pretenia que, amb la contemplació de la història, la persona arribés a donar llum a la naturalesa del conflicte que vivia i per la qual estava patint. A partir de què un determinat conte implicava quant a la desesperació, a les esperances i als mètodes que el personatge utilitza per a vèncer els problemes, el pacient podia descobrir, no només un camí per sortir de l’angoixa, sinó també el camí per trobar-se a si mateix, com l’heroi de la història. El conte és, així, terapèutic perquè la persona troba les seves pròpies solucions a través de la contemplació d’allò que la història sembla al·ludir sobre ell mateix i sobre els seus conflictes interns, en aquell moment de la seva vida.

Aquesta temporada 2014-2015, a Ràdio Sabadell, al programa A Bona Hora, m’he proposat explicar històries, contes, faules i mites que, a més de passar-ho bé, ens ajudin a trobar significat a les nostres vides.

Escolta’ls cada dilluns a les 10h.


Una vida llena de propósitos

“Todos tenemos un propósito en la vida, un don singular o un talento especial que podemos ofrecer a los demás. Y cuando combinamos este talento singular con el servicio a los demás, conocemos el éxtasis y la exaltación de nuestro propio espíritu, que es la finalidad última de todos los objetivos” – Deepack Chopra

Tod@s nos hemos preguntado alguna vez cuál es el sentido de nuestra vida. Personalmente, me gusta la visión del Dr. Wayne Dyer cuando dice: el propósito de la vida es una vida llena de propósitos.

Un propósito es aquella voluntad o intención de ser y de hacer, es el impulso que llevamos dentro y que nos empuja, de forma consciente o inconsciente, a la acción.

Ser humano es tener una historia que contar. Pero, para que esa historia, nuestro propósito, tenga sentido, debemos añadir algunos ingredientes:

– Que un propósito siempre debe ser voluntario, adecuado y conveniente. Adecuado y conveniente con nuestros valores, con nuestras capacidades y nuestros deseos. En realidad no es posible de otra forma. Si nuestro propósito no está alienado y es coherente con todo ello, no es nuestro propósito.

– Que nuestro propósito tiene que permitirnos ser felices. Si tu eres feliz, podrás ayudar a que otras personas también lo sean.

– Que nuestro propósito tenga un significado personal y colectivo y nos permita un mayor grado de consciencia.

– Que el propósito de cada uno de nosotros tiene que aportar valor a las personas, tiene que servir a la sociedad de una forma u otra. Como dice el libro Un Curso de Milagros “El último día de nuestra vida será importante saber cuanto hemos ofrecido”.

– Que nuestro propósito tiene que dejar un legado, tiene que contribuir a que el mundo sea un lugar mejor.

¿Cómo descubrimos nuestros Propósitos? Aquí es cuando entra en escena nuestro Mago interior. Él es el maestro, el guía interior que todo lo sabe. ¡Así que deberemos conectar con él para encontrar las respuestas!

¿Te atreves a conectar con el tuyo?


¿Quien soy?

Cuando era pequeña, quería ser muchas cosas: astronauta, ingeniera genética, superheroína, mutante, profesora, presidente, elfa, piloto de mechas. Pero lo que quería ser y en lo que acabé por convertirme, son dos cosas muy diferentes.

Yo nací en Uruguay. Cuando tenía cuatro años (allá por 1983), mis padres se embarcaron en la aventura de sus vidas, que fue emigrar, con dos mochilas y mil dólares americanos en metálico. Cumplí los cinco años en Barcelona.

En aquel entonces, ser inmigrante era algo duro. Porque habían pocos. Recuerdo que los niños en el colegio, me decían que les hablara en uruguayo. Porque claro, yo venía de un país diferente, y por lo tanto tendría que hablar otro idioma, ¿no? Se sorprendieron cuando les dije que ya estaba hablándolo, y les expliqué que en Uruguay se hablaba también castellano.

Creo que en ese momento, perdí un poco del misterio que les atrajo hacia mí. Y no sé cómo, pasé a ser la niña rara.

La convivencia vecinal también fue de lo más diversa.

Tengo bonitos recuerdos. Como los que atañen a los vecinos del tercer y cuarto piso. Me gustaba mucho jugar con Ingrid, era una chica fantástica. Y después estaba Oscar, que me pasaba cosas con una canastita que nos habíamos hecho, y así subíamos y bajábamos objetos entre pisos, porque yo vivía en un principal.

Pero también tengo malos recuerdos. Como vivíamos en el principal, teníamos un patio bastante amplio, que lindaba con el de al lado y estaba separado por una reja cuyas varas se distanciaban aproximadamente en espacios de quince centímetros. Más que suficiente para que pase una mano.

Un día, la señora de al lado estaba celebrando el cumpleaños de las nietas. Hizo una fiesta preciosa, a la que invitó a los niños del edificio. Menos a mí. A mí me dio de comer pasando un plato por la reja con algunas piezas de repostería. Y cuando lo cogí, le dijo a los demás: “Mira, pero si parece un monito cuando come”. Yo no lo entendí. Pero mi madre justo estaba entrando en el patio y se lió una buena.

Ahora sí lo entiendo.

Mis padres me han inculcado muchas cosas buenas. Pero también algunas malas. Por ejemplo, crecí pensando que si no tenía dinero no sería nadie en la vida. Escuché muchas veces la frase “En esta casa no hay nada tuyo porque no lo has pagado”. La consecuencia de esos años fue que yo crecí con una gran ambición y muchísimas ganas de ganar dinero a mansalva.

Eso es un estigma que arrastré hasta los veintimuchos. Se dice por ahí que en esta vida hay que plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Bueno, yo pensaba que mis prioridades eran tener carrera, tener trabajo y tener mi casa. Me he esforzado mucho para las últimas dos cosas. La primera siempre me ha resultado sencilla. Pero las otras dos me han enseñado cosas muy importantes.

Una persona me dijo que no hay nada más importante que el trabajo. Por encima de la familia. Tal cual. ¿Sabes qué es lo fuerte? Que yo me lo creí. Porque estaba cegada con que mi lugar en el mundo dependía de mi dinero y de mi éxito profesional. Hoy veo todo con otro prisma.

La otra cosa que aprendí es que la felicidad no es tener una casa a medias con el banco. Siempre pensé que comprarme un piso sería el símbolo de mi culminación como ciudadano productivo. Lo que sucedió cuando la tuve fue muy distinto. Seguía sin poder dormir por las noches, y me asaltaban muchas preguntas. Y me pesaba no tener tiempo para mí. Porque no tener tiempo personal era el precio que yo pagaba a cambio de los euros a final de mes.

Cuando me di cuenta de todo ello, empecé a plantearme algunas cosas de mi vida. Vivir sola da para mucho, ya sabes. Te vuelves como la vieja de los gatos de los Simpson.

La primera es, cómo queriendo ser astronauta acabé de administrativa. La segunda, que el lugar de una persona en el mundo no depende del dinero. Y la tercera, que la felicidad no es algo que pueda llenarse con nada material.

Cuando alguien me decía hace diez años, algo parecido a: “la felicidad viene de dentro”, creo que no me reía por educación. Porque yo estaba convencida que felicidad era tener éxito en la vida.

Yo no sé qué es felicidad para ti.

Pero para mí es algo más parecido a tener paz interior. A saber quién soy. A serme fiel a mí misma. Es tener sueños por las mañanas, y esperanza. Y ganas de hacer cosas nuevas. Eso es lo que hace que me levante por las mañanas y tenga fuerzas para afrontar lo que venga. Lo que sea.

Todo lo demás, es pedirle al mundo que me haga feliz. Pero he aprendido a las duras en estos años, que la felicidad es como un músculo, o un arte. Hay que ejercitarlo, hay que practicar, hay que poner mucho de ti mismo. Y todo lo que venga de fuera, es un regalo.

Para mí, felicidad, es saber quién soy y ser capaz de aceptarlo.


Vencer a las sombras

Una vez, hace muchos años, le dije a mi madre: “Creo que el mundo está hecho para que yo sea feliz”.

De alguna manera, pudo sonar un poco prepotente, y tal vez daba lugar a malinterpretación… Pero para mí, era una frase que tenía todo el sentido del mundo. Porque con el paso del tiempo había ido descubriendo que las cosas que había anhelado, se habían ido cumpliendo (en rasgos generales).

Creo que, cuando deseas algo verdaderamente, de forma inconsciente trabajas sin cesar. Tu mente piensa en ello, y por lo tanto, tú actitud cambia y te esfuerzas para conseguirlo (aunque no lo sepas).

¡No te hablo de la lotería claro!

Te hablo de las cosas que dependen de tus acciones más que del azar.

Y aun a riesgo de que pueda sonar esotérico, creo que cuando encuentras tu vocación, tu pasión, tu objetivo, tu camino si así quieres llamarlo, todo se alinea.

¿Sabes eso que ocurre en muchas ocasiones, de que la sonrisa se contagia, al igual que la rabia?

Creo que cuando encuentras tu vocación, eres capaz de afrontar las dificultades con optimismo, y a pesar de los días malos, y de los obstáculos, en alguna parte de tu ser sientes que tienes la fuerza necesaria para seguir adelante, pese al sacrificio que pueda representarte.

Pero lo más maravilloso es que ese optimismo, esa alegría, se contagia. Y gracias a ella conoces a otras personas que te acompañarán en tu camino de un modo u otro: a tu lado para guiarte, a tu lado para apoyarte, a tu lado para escucharte o a tu lado para inspirarte.

Por eso hoy es un día muy especial para mí. Porque después de mucho tiempo y esfuerzo, encontré mi camino, y en él coincidí con una persona maravillosa, gracias a la cual ahora mismo tengo el placer (y el honor), de  compartir esta porción de ciberespacio: Gemma Segura, quien me ha brindado esta oportunidad. Y también la oportunidad de compartirlo contigo, que estás ahí leyendo.

Y como es una ocasión especial, quiero compartir un recuerdo.

Un par de años antes de cumplir los treinta (quienes estén cerca de cumplirlos tal vez puedan entenderlo, porque a veces uno pasa verdadera mala racha), alguien me dijo algo en una conversación.  No recuerdo bien por qué estaba molesto. El caso es que lo estaba. Me dijo una frase que no se me olvidará en la vida: “Porque tú te crees que eres muy inteligente, pero estás rodeada de gente muchísimo más inteligente que tú. Y tienes la autoestima muy alta, y sé que oír esto te jode”.

Y tenía razón.

Me jodió. Me jodió mucho. Me jodió tanto, que empecé a caer en espiral a un agujero negro que empezaría a engullir mi autoestima en los tiempos venideros. Me hizo daño. Y cuando lo recuerdo, me da mucha rabia. Y te digo que hace unos seis años de aquello, pero lo recuerdo como si fuera ayer.

Pero lo que no te mata, te hace más fuerte. Y créeme cuando te digo, que yo saqué mucha fuerza de aquello. Empecé a mirar mi entorno con otros ojos.

En estos tiempos convulsos que corren, creo que uno de los mayores logros de aquellas personas y organismos que ostentan el poder, es hacerle creer a la gente que no tiene la capacidad de cambiar nada.Que da igual lo mucho que se esfuercen: todo permanecerá tal como está. Educar y criar a alguien, con el convencimiento de que podrá tener una vida “digna”,  siempre que permanezca dentro de la norma, es una gran victoria presente y futura.

Y es que el precio de esa “normalidad” son los sueños, los deseos, la esperanza. La condena a la “mediocridad”.

Sinceramente pienso que todas las personas, y  digo TODAS las personas, tienen un don que las hace especiales. Pero muy pocas se sienten así, ni se sienten capaces, porque el mundo industrializado y jerarquizado en el que vivimos ha dado prioridad a una serie de habilidades y aptitudes que engloban más el pensamiento racional, y relega la creatividad y el resto de capacidades a un plano inferior. Y por lo tanto, nunca han recibido el apoyo necesario para desarrollarse.

Hay quienes son buenos matemáticos, buenos físicos, buenos médicos, buenos profesores… Pero también hay buenos músicos, y bailarines. Y cocineros. Y amas de casa. Y educadores… Y la lista sigue y sigue. El mundo nunca funcionará si alguno de esos elementos (que nos pasan desapercibidos) falla.

Ninguna habilidad es mejor que otra.

Mejor y peor, bueno y malo, grande y pequeño; son conceptos muy subjetivos y que vienen impuestos de fuera.

A veces hay que caer muy bajo para encontrar esa cosa que te distingue de los demás, esa habilidad que te hace brillar. Y cuando la encuentras (salvo que seas un fan de Jack el Destripador), hay que aferrarse a ella y cultivarla. Sin avergonzarse.

Lo mío no es el pensamiento racional. Es un hecho. No seré un Einstein, ni un Hawkins, porque yo tengo otras cualidades. A mí lo que me apasiona es cocinar y hacer pasteles (y desde luego, comérmelos). Me apasionan los trabajos creativos, y motivar a los demás para sacar a relucir lo mejor de ellos. Quiero aportar mi granito de arena para que la vida sea más consciente, plena y feliz. Y a veces el camino a la felicidad pasa por senderos desconocidos.

¡Nos vemos pronto!