Hay que ser valiente para dejar que el sufrimiento se manifieste

 

La felicidad está de moda, creo que ya lo he compartido en algún otro post. Pero la felicidad a cualquier precio ha creado una nueva clase de discriminación, la de los que sufren. Hay que ser valiente para dejar que se manifieste ese sufrimiento y luchar contra una corriente de pensamiento que promete que una se sentirá mucho mejor si genera un estado mental centrado únicamente en lo positivo.

Es cierto, no seré yo quien os lo niegue, que una actitud positiva nos permite conectar con la creatividad e incluso la responsabilidad, pero eso no asegura que el sufrimiento desaparezca o que alcancemos nuestros deseos solo por ser positivos. De vez en cuando el sufrimiento llamará a tu puerta y cada persona decide cómo lo recibe.

Considerar el lado más brillante de la vida es conectar con la luz y solo ella te permite entrar en la oscuridad, pero las emociones no confortables, como también el sufrimiento, forman parte de la vida y nos aportan información importante sobre aquello que nos rodea y sobre lo que debemos poner conciencia y atención.

Intentar suprimir estos pensamientos tiene efectos nocivos en la salud y el bienestar. Otra cosa es alargarlos, pero hay que verlos, aceptarlos y dejarlos pasar.

Se trata de tomar decisiones y actuar sabiendo y aceptando que van a suceder cosas, algunas de las cuáles no queremos que ocurran, pero no debemos permitir que nos desconectemos de la alegría y de las ganas de experimentar.

Solo desafiando nuestro propio e interno status quo podemos imaginar un mundo interior diferente y para ello hay que dejar que todo lo que somos aparezca.

Se trata de asumir responsabilidades y tener conciencia que la solución nunca la tienen los demás. La responsabilidad es tuya. Y para ello, hay que ser valiente para dejar que el malestar y el sufrimiento se manifiesten.

Gemma Segura Virella


 

Cosas que no necesito

No necesito nada para seguir adelante, ni las comodidades de una vida que creía construida, ni el cariño de unos hijos que hace tiempo dejaron de serlo, ni el apoyo de una familia que murió o me abandonó o ambas cosas.

No necesito el dinero, ni el miedo a no tenerlo. No necesito respirar siempre el mismo aire creyendo que así me sentiré más seguro.

No necesito el pasado para vivir el presente.

Miro el horizonte nublado, pero ya no me asusta la tormenta. Después de vivir mi muerte, que otra cosa puede asustarme, que otra cosa me ata a mis raíces podridas. Vivo pendiente del tiempo, sintiendo como se desliza entre los rincones de mi vida y me avisa: ya no te queda mucho, ya no te queda nada.

Cada día que explota en mi ventana es como una fotografía quemada, como un cuento sin héroes, como una noche sin alba. Me siento en esa silla vacía donde surgió un día el recuerdo de quien era yo entonces. Me siento en esa silla y contemplo la nada.

Dejo caer la carga pesada que he almacenado con tiento para futuros inciertos. Y entonces despierto y descubro que jamás hubo futuro, que jamás llegaré a tocar el cielo, que nunca existió en mi un infierno. Me siento estafado y contento, confuso y abierto, frustrado y también liberado. Siento que no necesito mis sueños, que no necesito sentir ese aliento que un día creí para siempre y que ahora está frío y ausente.

No necesito mi vida para seguir viviendo.

Paseo mis horas de soledad por los parques desiertos, contemplando las risas que temo. Respiro aires nuevos y viejos momentos de soledad y de dudas, de sentir que no encajo en ese álbum ilustrado donde todo está escrito.

Vuelvo a ser aquel que luchó fieramente contra el miedo al olvido.

Pero ahora soy fuerte y más fiero. No necesito mis miedos, no necesito el dinero, ni sentirme seguro, ni amado, ni tan siquiera apreciado.

No necesito amigos que nunca lo fueron, ni amores que jamás existieron.

No necesito el sexo, ni el poder, ni la fe, ni los pensamientos oscuros, ni ese aire de misterio que en realidad era miedo.

No necesito de nada, solo algún que otro apoyo cuando las piernas flaqueen y el cansancio me llegue.

Ahora que ya no soy nadie podré, al fin, abrir mi propio camino, labrar mi propio huerto, construir mi propio barco, dormir mi propio sueño, gritar mi propio suspiro o morir en una vida que vuelve a ser mía.

No necesito el silencio, solo mirar hacia el cielo.

Víctor Panicello Monterde


 

Estoy haciendo un reset

Diario de una exploradora emocional: capítulo 17

Algunos de los sucesos de las últimas semanas han removido mi conciencia y, con ello, el alma me habla.

Ver las situaciones con distancia supone el desafío de golpearte la cara con la realidad. Observar a las personas sin el loco filtro del enamoramiento te muestra, sin piedad, las acciones fruto de tus miedos. Reconociendo ese “modus operandi” no sólo en la pareja, sino con todos a los que das amor.
Y todos sabemos que pasa cuando nos desnudamos de ese modo. Enfado, rabia, tristeza, desasosiego, sentimiento de pérdida, de guía. Y sólo queda una opción, sostenerse, abrazarse, darse mucho amor y aprender que sólo si aceptas esos miedos, sanarás las heridas y serás más tu mismo (y menos tu mente).

Hace unos días empecé una cuarentena con una meditación de Kundalini yoga para la prosperidad y la abundancia. Aparentemente inocente y agradable ¿verdad? ¡Buahh sólo puede llegar lo bueno!

Y ¿crees que es casualidad que yo esté viendo toda mi porquería ahora? No.

Sólo vaciándome llegará la abundancia que merezco, sólo desaprendiendo me daré cuenta de los hábitos que alimentan mi estancia en el infierno, que me desdoblan y desunen. Sólo atendiéndome, escuchándome, aceptándome y perdonándome lograré todo lo que merezco, sólo así.

Y aquí estoy, reseteándome. Esforzándome cada día por ser y dar lo mejor de mí. Ya os contaré lo que llega.

Patrícia Arner Gusart


 

De cómo una maga me dio una receta mágica que me cambió la vida

Hace años, después de una larga enfermedad mental que casi destroza mi vida, decidí buscar una pócima mágica, algo que hiciera encontrarme con la paz mental.

Tengo la suerte de tener una amiga maga. Lo sé, es una suerte. Hay quien tiene amigos brokers, bomberos o científicos. Yo tengo una amiga que es maga y que se llama Gemma Segura. Los magos tienen la capacidad de meter sus manos en el pecho de las personas, sin que lo noten y acariciarles el corazón ¿no es genial? Es una capacidad que todo el mundo tiene, pero que solo los magos la desarrollan. Ojalá todos hiciéramos “la carrera” de mago. El mundo estaría plagado de personas impertérritas con sonrisas eternas. Mi amiga hizo el curso de maga y le dieron un diploma CUM LAUDE con cátedra incluida. Desde entonces se dedica a acariciar corazones por ahí, así a diestro y siniestro.

Pues escribí a mi amiga y le pregunté. Querida maga, ¿tienes algún remedio para acallar mi mente? Ella abrió su libro de maga. Un libro grande y pesado, lleno de pócimas mágicas para el alma y de conjuros para todo tipo de dolencias físicas y del corazón. Después de consultar un par de páginas, me envió un pergamino donde se hallaba la receta para acallar el ruido interior. Esa receta se llamaba meditación.

Comencé a leer los escritos que ella me había recomendado. Me retiré todos los días un buen rato en silencio y durante muchos meses seguidos. Hasta que por fin la paz fue abriéndose camino en mi mente. No desapareció el ruido interior, pero sabía lo que era y cómo tratarlo.

El ruido siempre está ahí. Ese diálogo interior que comienza cuando despiertas y no calla hasta que te acuestas. El ego, el loco del ático como yo digo. Nunca para. Es el creador de escusas, el encargado de ponerte todos los peros del mundo a cualquier atisbo de salir de tu zona de confort. Ese pesado que te recuerda lo bien que se está en el sofá viendo la tele, en lugar de comenzar ese curso que te has propuesto hacer; lo guay que es echarse la siesta en vez de dar un paseo largo que te ayude a deshacerte del michelín ese en el que te fijas al mirarte al espejo. Es su función. Es su cometido.

Pero no pasa nada. Viene de serie. Es como la radio de los coches. Está ahí aunque no la pidas. Pero eso sí, nadie te obliga a escucharla. La meditación te permite oír el ruido pero no hacerle caso. Es darte cuenta del diálogo interior pero sabiendo que no te pertenece. Tu YO esencial decidirá lo que debes hacer, no el loco del ático.

Por eso, una vez que los años han pasado y que la meditación aún forma parte de mi vida, quiero hacer 2 cosas:

  1. Recomendaros a todos que lo hagáis. Son 20 minutos al día. Pero es como barrer la mente para dejar que el polvo vuelva a acumularse pero sin que se note mucho. Es saber que hay algo en lo que aferrarse en momentos de estrés. Es no dejar llevarse por el ego y sus charlitas. Se trata de coger las riendas de tu mente y ser capaz de enfocarte. Poner foco en el momento. Pararte y saber que todo es efímero, que todo pasa y que nada se queda.
  2. Darle las gracias a mi maga, La Gemma. Porque ella me dio la cerilla para encender una vela que aún sigue encendida. Me entregó una receta mágica para el alma. Nunca sabré como agradecértelo. Tan solo se me ocurre decirte un “gracias, querida maga” que si pudiera esculpiría en lo alto de una montaña frente a tu ventana para que lo vieras cada vez que abrieses la ventana.

Me voy a meditar un rato.

Álvaro Alcántara

Ser experimento

El día comienza como la idea oculta que encuentra un explorador. Nos conocemos y nos desconocemos, encontrando las respuestas a ratos en la soledad absoluta y otras veces, en la mirada y las relaciones con los demas.

La acción de vivir es un experimento que nos permite desarrollarnos desde el aislamiento fetal, hasta el largo viaje que hacemos desde el útero parar respirar aire por primera vez, con esa fuerza singular que el bebé, aún siendo adulto, nunca pierde.

Interpretar la vida, viajar y conocer los mapas de la piel, es una de las formas más interesantes de relacionarte, aunque sea por poco tiempo.

Cada uno de nosotros somos puertas cerradas, puertas abiertas, a veces vas, tocas y entras.

El día comienza como la idea, la sensación reflexionada tras todo el cortejo inconsciente de las pildoras de la felicidad. La misma que nos diseñan en las ciudades industrializadas. Es curioso como unas personas ven pobreza en las mismas calles, donde otros ven sueños, mar o batidos de frutas.

La acción de vivir es un experimento emocional que truco a truco densenmascara los errores proyectados en ti, en mi. Mientras, afloran los recuerdos que no son más que falsas impresiones, que accionamos.

Interpretar la vida, rodar de brazo en brazo, saborear los mapas de las pieles plegadas, tersas, cosidas o inconexas, es interesarte por toda consecuencia experimentada y transformada.

Cada uno de nosotros somos ventanas cerradas, ventanas abiertas, a veces golpeas, otras no cierras y el aire entra.

La soledad absoluta transforma nuestro crecimiento, nos renueva el alma y nos permite conciliar con el silencio, los sueños sin influencias. Ser experimento.

La soledad no deseada es como un martillo que toca en todas las puertas intentando derribarlas, golpe a golpe, con estruendo olor metálico en los oídos.

La soledad, gratitud para la mente que crea, desarrolla, explora y pone en marcha proyectos que no existen y quieren florecer. Una compañera de viaje, que acompaña tanto como el perro fiel, el amante infiel o la pareja inexistente.

El día comienza negro, naranja o azul, tanto para los amantes imperfectos como para los poetas con su papel en blanco. Todo depende de la hora en la que cojas el tren.

¿Qué he de ser?

¿De ser? experimento.

Julia Socorro


 

Escoge siempre el lado donde estás tú

No es el tiempo que compartimos con una persona, ni los días, meses o años. No es lo que tiene ni lo que es. Es, sencillamente lo que compartimos. Las emociones que nos hace sentir y como atraviesan nuestro corazón para siempre.

Son las sensaciones que nos recorren desde la piel hasta el alma, con tan sólo una mirada. Son las poderosas palabras que se quedan a vivir en la comisura de nuestra sonrisa. No es el tiempo lo que marca el cruce de algunas personas a lo largo de nuestra vida. Es el amor.

¿Y si cambiamos a las personas que nos quitan el tiempo por las que nos quitan la noción del tiempo? ¿Y si cambiamos a las personas que nos hacen sentir que somos insignificantes, por aquellas que sí nos valoran, respetan, y quieren, tal y como somos? ¿Y si cambiamos aquellas personas que apagan nuestra luz y nuestra sonrisa, por aquellas que nos inspiran y consiguen sacar al exterior lo mejor que llevamos dentro? ¿Y si cambiamos a las personas que no valoran nuestro respeto, amor y consideración por aquellas que son auténticas, leales, generosas y llenas de alegría y sentimientos hermosos ?

¿Hacemos la prueba y comprobamos cómo cambia nuestra vida y se transforma nuestro mundo?

Vivimos en un mundo mágico pero la mayoría no se da cuenta. Siempre existe un pequeña grieta que nos permite cruzar casi en un suspiro al otro lado, allí donde todo es posible. Poco importa si te cuentan que el destino es un lugar vacío y sin sentido, sé seguro que es un desierto lleno de esperanza y aunque a veces esté cubierto de polvo, si te fijas bien y observas con los ojos del alma, verás como sobrevuelan tantas luces como estés dispuesto a sostener entre tus manos.

Después suelta las riendas del corazón al aire y déjalo que siga su viaje, igual que cada una de las personas que con sus experiencias cruzarán tu vida, seguirán el suyo. Que las historias que nos toca vivir sean a veces complejas y nos arrastren, no significa que no merezcan ser vividas. Da ese paso sin miedo y sigue adelante, no siempre es necesario y sano mirar atrás. Respira y continúa el viaje porque lo mejor no es que esté venir, es que lo mejor está pasando. Vivimos en un mundo mágico, pero la magia no existe si tú no crees en ella.

Y si tu mundo se desmorona, siempre puedes venir al mío 😉

Lo que está escrito para ti, tarde o temprano llega a tu vida. Hay personas que conocerás en forma de bendición o de lección, pero todas traen consigo un valioso regalo, y por duro y difícil que parezca cada experiencia que vivimos nos convierte en aquello que anhelamos ser. Sé que es mejor tener una vida llena de equivocaciones, que un corazón lleno de arrepentimientos.

Elijas lo que elijas, escoge siempre el lado de la vida donde habita la alegría. Inténtalo tantas veces como sea necesario y si te equívocas, toma el tiempo que necesite tu corazón para entender, pero para entenderte a ti, no a los demás, porque en realidad jamás llegarás a conocerlos del todo. Y ellos, los demás, nunca serán responsables de tu propia felicidad o de los sueños y propósitos que deseas alcanzar.

Así, que mejor vive tu vida y rodéate de personas que te amen y en vez de tapar con tiritas las heridas, mejor que sea el aire que las cure y las envuelva lo necesario para que la cicatriz nos permita vivir felices, aunque nos recuerde que una vez, en algún lugar de nuestra vida, tuvimos esa experiencia dolorosa.

Elijas lo que elijas, escoge siempre el lado donde estás tú. Incluso cuando te equivoques, seguirá siendo tu vida. No existen soles que te garanticen que no tendrás días nublados y algunos difíciles, pero siempre puedes encender tantas estrellas como sea necesario. Nos pasamos la vida entera buscando el amor, cuando quizá esté iluminando nuestra ventana.

Deja lo mejor de ti en cada una de las personas que cruzan tu vida. Conoce mundo, pero sobre todo trata de conocer el mundo interior de las personas que te brindan su tiempo, su amistad y su amor. Es lo más fascinante.

Sobre cualquier otra cosa en el mundo, sé tú. Y nunca dejes de utilizar tus poderes mágicos.

Gemma Segura Virella


 

Lo obvio

Cuando llueve pienso en agua, igual que cuando nieva pienso en algo blanco. Cuando aprieta el Sol pienso en hielo y cuando nace el día pienso en luz. De noche… oscuridad.

Todo es obvio en esta vida que construyo con ladrillos de piedra y armo con cemento oscuro y espeso. Todo es obvio cuando pienso en esperanza verde, gatos negros o rojo de fuego.

Avanzo por la izquierda, señalo con el índice y camino con paso vivo. Respiro profundamente, odio con inquina y abrazo con fuerza.

Todo es obvio en esta vida en la que creo en mí mismo y en la bondad de mis vecinos, en la que siento el apoyo de mi familia y la paciencia de mi pareja.

Huyo sin mirar atrás y golpeo con dureza. Hablo con reparos y prudencia y sonrío con la dulzura de una fuente cristalina. Nada en mí es especial, nada en ti es egoísta.

Resisto los deseos y amo a mis semejantes casi como a los animales a los que adoro por lo fieles que son. Sufro con las desgracias y aprovecho cuantas oportunidades se presten.

Todo es obvio cuando hablo y cuando pienso. Todo es obvio cuando miento para proteger lo que más quiero.

Sufro con los desplantes, me impaciento con las esperas, creo en todos los dioses y me desconcierto con los sinsentidos.

Disfruto con los perfumes que desprende la primavera, me encojo en el frío invierno y vuelo con cada largo verano.

Todo es obvio en esta vida mientras espero el momento de salir de ella, de morir de miedo, se temblar de pasión o de deseo.

Mientras eso sucede, mientras sueño con imposibles y reclamo los placeres que me han sido negados, viviré con lo obvio.

Después de todo, la hierba crece y el mar se mueve en su inmensa soledad.

Es obvio.

Víctor Panicello Monterde


 

Hoy soy un mujerón, antes era solo una enterada

Diaro de una exploradora emocional: capítulo 16

Hace justo cinco días cumplí 39 años. Estoy entre el vértigo que produce la cifra y el orgullo de sentirme mejor que en toda mi vida. Se trata de una sensación de madurez dentro de la juventud difícil de explicar y muy muy divertida de vivir.

Ahora estoy en un punto en el que siempre que quiero algo lo pido sin reparos, desde la máxima que aceptaré cualesquiera que sea la respuesta. Por que ya he experimentado que sólo si marcas y verbalizas tus necesidades puedes obtener lo que deseas, que nada es imposible y que habitualmente la gente no usa las habilidades telepáticas para adivinarlas.

Ya no me callo si algo me parece mal, pongo mi marco de actuación claro y todo ello puedo hacerlo desde la calma y el amor propio y hacia el otro.
Me enfado ¡claro, como todos! Pero detecto rápidamente cuando me he disparado y me estoy dejando llevar, reconozco si me he equivocado y reparo los desperfectos si los he causado…

No me escondo detrás de la soberbia o de la falsa seguridad para demostrar mi valía personal, ya no. Ahora me doy cuenta de cuan imbécil había sido en el pasado, en ese sentido. Hoy soy un mujerón, antes sólo era una enterada con la última palabra (como diría mi madre).

Recuerdo cuando el gestor del banco me dijo un día que siempre sabía cuando había llegado por mis pasos al entrar… Ahora cuando entro en una de mis clases del gimnasio, puedo hacerlo descalza y la gente se gira igual… pero es distinto. Antes los golpes de tacón marcaban la necesidad de ser escuchada y admirada como muestra de valía y poder. Hoy mi energía de fuego natural irradia lo que soy, sin ruido, desde el corazón y el alma.

Ahora soy feliz porque he aprendido a vivir con alegría la mayor parte de los momentos de mi vida. Tengo arrugas de reírme hasta caer doblada en el suelo y de sonreírle a la vida constantemente. Me rodeo de las mejores personas que he encontrado y permito que las causalidades me sorprendan a diario.

Escucho a mi alma cuando me habla a través de la intuición durante el día a día, me dejo llevar por ella sin expectativas. Ya aprendí que éstas son innecesarias y causan frustraciones.

Hablo con las personas que amo a diario, semanalmente o cada mes y les muestro cuan grande es lo que siento por ellos. Recibo lo mismo, me siento amada y cuidada.

Sé lo que merezco, me valoro y me acerco cada día un poquito más a quien verdaderamente Soy.

Patrícia Arner


 

El amor mínimo exigible

Si alguien te pide compartir su vida contigo y aceptas que sea de manera incondicional. No esperes nada, que todo fluya. Pero mira que sea capaz de ofrecerte el “mínimo exigible”. Esas cosas que, por debajo de ellas, se convierten para ti en un amor a medias. Un amor a medias…¿qué triste, no crees?

Quizá es algo pretencioso, demasiado exigente, pero es que sólo tenemos una vida ¿no vamos a pedirle a la vida aquello que nos hace felices? Si no te conformas con medio traje, una comida que esté medio buena, un cuadro medio bien pintado o una casa que te guste solo un poco, ¿por qué le vas a pedir menos al amor? Busca un amor que te llene de verdad, una persona que te quiera como a ti te gusta. ¿Es mucho pedir?

Decía Silvio Rodríguez que “los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan allí”. Y es verdad. Amiga, amigo, si te la juegas que sea con una buena mano de cartas. Si vas a saltar que sepas dónde está el fondo.

Son decisiones que marcan nuestras vidas. No pasa nada por decir las cosas que nos gustan, que queremos y buscamos para ser felices. Igual que decimos las que no nos gustan. Haz tu carta de “amor mínimo exigible” para aquel o aquella que se acerque a tu vida. Algo parecido a esto, con tu mínimo exigible:

Me encantaría que entrases en mi vida aceptando como soy. Tengo muchos defectos y no los voy a cambiar. Acepte y aprenda a convivir con ellos desde el primer día.

Sólo quiéreme cada día y dímelo, aunque sea una vez, pero sincera.

No me juzgues, no intentes cambiarme, las personas no cambiamos. Es más fácil comprender al otro y tratar de ayudarle.

Me gusta sentirme una persona amada. Los gestos son muy importantes, como también lo es la ausencia de ellos.

Te pediré que me dejes dormir en tu pecho de vez en cuando. Así charlaré un rato con tu corazón, en una conversación íntima y sin más testigos.

Hacer el amor mirándose a los ojos se convierte en un momento donde se responden muchas preguntas sin decir una sola palabra.

No voy a permitir ni una sola humillación, ni un gesto de fuerza, ni un insulto, ni una amenaza. Si alguna vez piensas en hacerlo no pasa nada. Sal por la puerta igual que entraste y busca otro amor que sea un amor a medias. Yo busco el amor a tiempo completo.

Si alguna vez me ves triste, distante y sin ganas de hablar no preguntes qué me pasa. Regálame un abrazo largo, donde pueda arrojar el miedo y donde encuentre comprensión por unos minutos.

Cuando alguien mira tu cuerpo como si fuese la primera vez, está recitando un poema desde el silencio.

¿Dónde te gustaría que estuviésemos dentro de 20 años? Es importante vivir sabiendo que se comparten proyectos comunes.

A veces es importarte hacer sentir único al otro. Es la forma de construir el amor cada día.

A cambio de todo esto, me comprometo a hacer lo mismo con tu mínimo exigible.

Y ya sé que no hay que exigir nada al otro, que hay que aceptar, que hay que dar amor sin esperar nada a cambio…todo eso lo sé. Pero un ejercicio así nos desnuda ante el otro. Estás diciendo: estos mis sueños ¿puedes cumplirlos?

¿Cuál es tu mínimo exigible?

 

Queriendo ser modificada

Queriendo ser modificada, me exilio del reino de la armonía para volver a probar nuevos maestros.

Quizás, nunca me moveré de mi espacio y el pasado siempre tendrá la puerta entreabierta.

Quizás los distintos amantes, no sean lo suficientemente hermosos y comprometidos.

Quizás lo que mejor voy a atesorar, será lo que más me oprima.

Dar es crear y ser es vivir. Aunque no entedamos nada, sino lo que nos cuentan de nosotros mismos los otros que nos miran, la vida debe ser modificada, por eso… “baja el sonido de lo que no deja dormir, sube el equalizador y mueve los bits con tu algorimo del amor, porque el silencio, sólo despista y el viaje es largo“.

Llegas a la conclusión de que no hay libro, ni orador ni meditación con mejores resultados que aquellos donde tú, involucras tus energías.

Llegas a la conclusión de que los maestros que nos amaron, nos hicieron renacer en la efimera felicidad elegida.

Llegas a la conclusión de que cada vez que dejas de ser constante empiezas de nuevo de cero, como si en vez de ser la espiral de un caracol fueras el bucle de un código de programación.

La vida debe ser modificada, por eso… “hacemos un paréntesis, el vinilo ya silenció, el perro se despistó y las energías no se alinearon“.

Queriendo ser modificada busco otro maestro, como si fuera un gif y no encuentro lo que busco: conocerme, adaptarme, confiarme.

Quizás es mejor a los veinte o a los treinta, que llevas las energías de la juventud y lo desconocido en el mismo coctel que bebes, porque a los entreñables cuarenta los sentimientos están más tiernos y tenemos que volver a aprender sin padres; contigo, y los mofletes se me sonrojan mientras me muestro en el camino.

Julia Socorro


 

Aprender a vivir

Alejandro Jadad, doctor en Medicina y Filosofía colombiano-canadiense explica en alguna de las muchas entrevistas que le han realizado que cuando cumplió 50 tuvo una ceremonia privada con su familia nuclear. Después de los 15 minutos encerrado en el ataúd, su familia lo abrió y le ayudó a salir. Dice que fue maravilloso y decidió que a partir de ese momento se arrojaría al mundo como un ser auténtico, consciente de su muerte y dispuesto a explorar todas las posibilidades para vivir plenamente. Desde entonces divide el tiempo en el que está despierto en periodos de una hora que él los llama unidades de vida, en las que acepta la invitación a imaginar que un ser con poderes mágicos nos ofrece la oportunidad de repetir la vida un número infinito de veces, sin poder cambiar nada, por pequeño que sea. Esto, lo hace para darse cuenta de que sería horrible repetir infinitamente lo que ya hemos vivido.

Me surgen algunas preguntas siguiendo la teoría de Jadad, estoy leyendo su libro El festín de nuestra vida, para ver si resuelvo algunas de ellas:

¿Qué significa vivir? ¿Es posible aprender a vivir, o aprender cómo vivir? Según Jadad el tiempo que nos dedicamos a nosotros mismos es el único tiempo que vivimos. Dedicamos tiempo a hacer cosas que no queremos hacer y eso conlleva desperdiciar el tiempo. Si sumamos las horas que dedicamos a hacer aquello que no queremos hacer, o aquello que ni siquiera sabemos si queremos hacer porque ni nos lo preguntamos ¿cuánto tiempo vivimos? Si vivimos poco tiempo ¿qué hacemos el resto de tiempo?

¿Aprender a morir es la mejor forma de aprender a vivir? ¿Aprender a morir significaría el final de nuestra capacidad para reconocernos como seres y dejar de percibir lo que pensamos, lo que sentimos y lo que experimentamos? La muerte, entonces ¿es una forma de dejar de escuchar nuestra voz interior? ¿La muerte sería entonces una forma de dejar de sentir y la vida una forma de comprender lo que ello significa? ¿Es ese el mido que tenemos ante la muerte, el de dejar de ser conscientes de lo que somos? ¿Es entonces el sentido de la vida una percepción que nos debería arrojar a vivir una vida plena, llena de amor y de disfrute máximo? ¿Solo aprendiendo a morir se puede vivir real, plena y libremente?

Jadad lidera la Iniciativa Global para una Buena Muerte, que busca determinar las condiciones mínimas que todo ser humano debe tener en los últimos momentos de su vida. Han identificado diez condiciones fundamentales de una buena muerte, independientemente de la cultura, de las creencias o de las condiciones socioeconómicas. Son las siguientes

  • Morir en el sitio que la gente prefiera.
  • Tener autonomía sobre las decisiones médicas.
  • Tener la posibilidad del suicidio asistido o la eutanasia.
  • Evitar las medidas artificiales innecesarias.
  • Controlar el dolor y el sufrimiento emocional.
  • Permitirse el desarrollo de la espiritualidad y las manifestaciones religiosas.
  • Estar al lado de la familia y los amigos.
  • No ser una carga para las otras personas.
  • Ser conscientes del significado de lo que está sucediendo.

Otra de los descubrimientos es que cuando una persona comprende que le queda poco tiempo de vida decide que su prioridad es buscar la felicidad y para lograrlo es importante contar con un grupo de seres queridos que acompañen a la persona en sus últimos días. Una preciosa, humana y placentera forma de vivir y compartir el final de la vida porque se protege la capacidad de dar y recibir amor y ser feliz hasta ese final.

Una última pregunta, para la que tengo respuesta ¿le tengo miedo a la muerte?

Sí, si escucho profundamente en mi interior tengo miedo a morir, pero he decidido aprender a vivir mientras la muerte no llegue y sé  que una vida consciente tiene muchas más posibilidades de ser una vida vivida. A por ello!

Gemma Segura Virella


 

Las cosas sencillas

Cuando la vida se complica, todo se vuelve oscuro y difícil, y entonces te metes en ese laberinto del que sientes que nunca más podrás salir. Lloras de rabia e impotencia porque tú, lo que siempre has querido, es aquello que resulte sencillo, simple y transparente.

Dices que te sientes abrumado por no saber nunca dónde está en realidad el problema y por eso no encuentras las soluciones. Antes eso no era así, todo parecía fácil y claro. Cuando algo iba mal, lo cambiabas o lo ignorabas, pero no lo cargabas encima sin saber en realidad el motivo, sólo porque crees que debes hacerlo.

No quiero una vida complicada, aunque a veces todo el mundo se empeñe en cambiar de carril sin avisar, en quitar los carteles que me permiten orientarme, en disfrazar las palabras que ya no dicen lo que quieren decir, en desviar la mirada sin hacerme saber en qué les he fallado, en no escucharse ni escucharme.

Me gusta saber con quién estoy y por qué, me gusta amar cuando soy amado e ignorar cuando soy envidiado, me gusta tomar el Sol en paz, me gusta el mar y el agua en movimiento, me gustan las miradas tranquilas que se entretienen en mis ojos, me gusta el silencio cuando no es un preludio del infierno.

No sé cuándo se pasa de lo frágil a lo insensible, cuándo nos encerramos en nuestras cajas de miedo y de razón, cuándo dejamos de gritar si algo nos duele o cuándo nuestro dolor se compensa con el dolor ajeno. No sé cuándo pasó todo esto, ni si alguien me pidió participar en este juego macabro de correr hacia el vacío.

En las reglas de esta vida no está escrito que todo deba ser siempre más confuso, que todo gire sobre sí mismo hasta perder de vista el inicio y el final, que todo se difumine cuando crees que ya estas cerca de la meta.

Solo quiero vivir de cara, con la luz en el pecho y el sonido de mi propia respiración acompasado con los pasos que me llevan hacia un camino sin prejuicios, donde la vida no se retuerce, ni se para, ni se muere.

Un lugar de cosas simples, donde soy, estoy y envejezco, sabiendo que el horizonte siempre me espera para velar por mis sueños.

Soy corazón, razón y un solo cuerpo, todo eso y nada más que eso.

Si me acompañas deja atrás tus resuellos, olvídate de las promesas, no dejes que te atrape el miedo.

Si me acompañas, alza por fin el vuelo.

Cuando todo se vuelva claro, será por fin el momento, la llamada perdida de un eco que te llevará de la cima hasta el suelo.

Y allí, por fin, dejarás atrás el tiempo http://www.ien.es/ca/blog/musica-classica/

Víctor Panicello


 

El cerebro se rige por el amor

Leyendo una de las contras de La Vanguardia de hace un par de años, descubrí que pasamos, aproximadamente, un tercio de la vida durmiendo, unas 6h comiendo, 5h esperando a alguien (algunos menos porque siempre llegan tarde) y solo 46h sintiendo que somos felices.

Si ese dato es cierto, significa que el camino de la vida debería ser el camino del desprenderse. Desprenderse de las certezas, de los juicios, de los miedos, de los resentimientos, de los rechazos y de los apegos. Desprenderse de todo aquello que paraliza y no permite avanzar. Desprenderse de todo aquello que le resta tiempo a esas 46h de sentir la felicidad.

Pero solo es posible si recordamos que lo que de verdad importa es lo que todavía puede ser, porque lo que fue ya nada importa. Si recordamos que en cada elección también estamos apartando algo y que a veces apartar es encontrar. Ese apartar se convierte así en algo imprescindible para aprender. Apartar cosas, personas, situaciones, creencias, sentimientos. Apartar todo aquello que hace imposible lo que todavía puede ser y quedarse con lo que lo permite.

He sobrepasado mi media de 46h de felicidad en mi vida y algo que siempre hago desde hace unos años es prestar atención cada vez que aparece un segundo de felicidad y conectarlo con la conciencia.

De lo primero que te das cuenta en la práctica es de las personas que de verdad cuentan en tu vida y de las pocas cosas que tienen valor. Que lo más importante es recordar que somos moléculas conectadas unas con otras y que contribuir a la felicidad de las personas con las que te sientes conectado es hacer lo mejor para ti.

Los niños, por tanto también los adultos, necesitan amor para desarrollarse y poder crecer. Toda carencia emocional sufrida deja una impronta en el cerebro infantil que determina el adulto que será en el futuro. La naturaleza, que es mucho más sabia que nosotros, sabe que es gracias a la capacidad de conectar, conferir amor, seguridad y afecto lo que ha permitido que nuestro cerebro se haya desarrollado.

Yo creo que el cerebro humano se rige por el amor, porque somos seres sociales y nuestros transmisores y nuestras estructuras neuronales se desarrollan en base a las interacciones con las personas con las que nos relacionamos. Necesitamos afecto para crecer, necesitamos seguridad para desarrollarnos y necesitamos atención de quiénes nos rodean para atendernos cuando lo necesitamos.

La forma en la que las personas usamos el pensamiento y lo que producimos con él depende del sentimiento que lo domine, de la motivación que lo promueve y de los propósitos que haya detrás. Por ello si el egoísmo se convierte en el motivo que conduce el pensamiento, el sentir y el actuar, el amor no tiene espacio para expresarse y crecer. El amor es la única fuerza capaz de establecer un verdadero vínculo entre las personas, un sentimiento de vínculo y pertenencia que permite la vida y la supervivencia en un mundo cambiante y repleto de amenazas.

Son todas esas emociones positivas las que crean raíces y ponen los cimientos para asegurar una vida segura, tranquila y feliz.

Un precioso texto de Derek Walcott para cerrar:

Llegará el día

en qué, exultante,

te vas a saludar a ti mismo al llegar

a tu propia puerta, en tu propio espejo,

y cada uno sonreirá a la bienvenida

del otro, y dirá, siéntate aquí. Come.

Otra vez amarás al extraño que fuiste para ti.

Dale vino. Dale pan. Devuélvele el corazón

a tu corazón, a ese extraño que te ha amado

toda tu vida, a quien ignoraste

por otro, y que te conoce de memoria.

Baja las cartas de amor de los estantes,

las fotos, las notas desesperadas,

arranca tu propia imagen del espejo.

Siéntate. Haz con tu vida un festín.

Gemma Segura Virella


 

Mil formas de demostrar el amor

Diario de una exploradora emocional: capítulo 15

Facebook me dice hoy que hace un año que somos amigos, que curiosa incerteza…

La amistad es la forma de Amor más bella que existe, lo creo firmemente. Incluso es la primera premisa necesaria en una relación de pareja. Eliges libremente quienes forman parte de tu vida y amarles sin medida ni juicio es un regalo que das y recibes.

Hay mil formas de demostrar el amor, pero ser consciente de ello es más complicado.

Entregarse a la vida significa aceptar quien eres, qué sientes y mostrarlo sin miedos, significa amarse plenamente aún con todo. La amistad implica cuidar del otro, también compartir y compartirse.

La amistad hay que empezarla por uno mismo. Si no serías tu propio amigo, no te amas lo suficiente para amar a nadie. No debes engañar a los demás con lo que muestras de ti.

La vida es demasiado bella para perder el tiempo y la energía con personas que no se aman y no saben amar. Tampoco hay que intentar enseñarles. Se darán siempre las posibilidades necesarias para que eso ocurra y escoger hacerlo es sólo una elección personal. Amarse implica cuidar de uno mismo, por tanto alejarse de lo que nos daña es nuestra obligación.

Me gusta apreciar los matices de la amistad, poder mostrarme con absoluta naturalidad ante los que amo sabiendo que sólo si Soy, sigo cuidando de mi.

Y sabiendo que garantizo lo mismo para los míos, que conmigo pueden ser, sin máscaras, y cuidaré de ellos.

Por ello, cuando Facebook habla de amistad, sólo puedo estar agradecida por saber apreciar estos valores y seguirme amando.

Patrícia Arner Gusart


 

Limitando el amor

¿hay límites para el amor?
imagina limitarlo al norte con el fin del horizonte, aquel lugar donde termina lo visible
Por qué no limitarlo al sur con las puertas del alma humana, allá donde se crean las emociones
En el este, el límite lo situaríamos allá donde comienza el dolor. Esa frontera no la cruzaremos nunca
Al oeste lo limitaremos con la humildad, la comprensión y el aquí y el ahora. Serán nuestros anclajes
¿acaso hay límites? ¿son necesarios? ¿se puede limitar el amor?
Quizá los bordes del amor se encuentren en las fronteras de uno mismo
puede que a medida que nos descubramos, esas fronteras se ensanchen como universos en expansión
o puede que todo esté marcado, que exista un umbral de amor que no debiéramos traspasar
un umbral en el que se encuentren los apegos
de momento, quiero pensar en lo infinito del amor
imaginarlo como algo inabarcable y abundante,
un derroche de bondad….
Alvaro Alcántara